[T8, P.A.] Una tormenta sobre Hachinosu
#18
Aquel hombre había firmado su día de muerte en cuanto volvió a recoger la botella del suelo en vez de actuar como le había ordenado. Me preparé para partirlo a la mitad... Hasta que mi haki, como un sonar activo me alertó de la hostilidad que subía por las escaleras, un ejercitó subía encendido de furia y ganas de combate.

- ¿Hmm? - 

Me giré hacia mi espalda viendo subir a un montón de piratas, demasiados como para contarlos, yo solo sabía contar dinero. Sentí su vacilación al verme, aunque por mucho que vacilaran parecía que la promesa que había tras derrotarnos era mucho más interesante e impresionante que una muerte asegurada. Mientras Quetzalli se enfrentaba a un grupo de ellos otro de los grupos se abalanzó hacia mi. Sus armas me traspasaron, sin daño, sin haki eran hormigas que que se enfrentaba a la oscuridad de mi bota tapando su cielo. 

Quetzalli agarró al viejo borracho, aunque no era necesario, ya había decidido que lo mataría igual, pero... Quizá que muriera solo y con conocimiento de que su vida había terminado no era una mala opción. Salió con calma mientras un arma tras otra me impactaban, haciendo que mi forma se perdiera y volviera con pequeñas pulsaciones y columnas de humo, sentí el alma de mi general volar alejada, y digo sentir por que de un momento a otro parecía haberse teletransportado gracias a su velocidad endiabla,. de nosotros y cuando solo yo estaba dentro de aquel infesto lugar, después de la primera acometida de aquellos imbéciles les hablé. 

- Ni todo el oro del mundo podría pagar vuestra ofensa -  no había emoción, furia o miedo. Solo la decepción, la decepción de saber que esas vidas se habían perdido sin una causa tangible. La decepción de su debilidad. La decepción de las promesas que les habían matado, esos hombre podrían haber muerto bajo mi mano, pero decidieron morir por ella. 

- Deflagración - 

Mi cuerpo estalló por completo, el humo empujó desde mi hacia fuera como una onda expansiva. Todo a su paso se reventó, los cuerpos se machacaron contra el suelo y las paredes, a su vez la barra se astillaba y destruía golpeando con la metralla que generaba a los camareros, todo lo que estaba en mi radio de acción fueron desolados por mi explosión de 80 metros a mi alrededor. Todos, y cuando digo todos es cualquiera que estuviera cerca de mi en aquel momento murieron. Los que no murieron por la explosión inicial murieron por el empuje, y todos los que ascendía por las escaleras, que parecía ser que venían más, se encontrarían con mi humo avanzando hacia abajo llenando cualquier hueco que pudiera llenar y los cuerpos de los compañeros tiradores que eran empujados hacía ellos cayendo escaleras abajo, apilándose hasta taponar las subida con todas aquellos cuerpos cayendo unos tras otros empujados o despedazados sin control.

Todo el lugar aulló con la fuerza del golpe, como si su vejez no fuera suficiente maltrato. Las vigas y la estructura rechinaron. 

Avancé hacia la puerta que Quetzalli había dejado abierta y caminé por ella, saliendo como una figura oscura entre el humo que empezaba disiparse, pasé por el portón y sin girarme golpeé con mi espada la puerta, sin esforzarme ni hacer más fuerza, sin emitir un golpe de combate, simplemente un movimiento natural, como el que intenta alejar una mosca de un manotazo. Corté el portón en dos y como si ese último movimiento fuera más que suficiente, quizá el último empujón  fuera suficiente, para aquel lugar que antes se había debido al culto y la fe y hoy no era más que el recuerdo de lo patéticos que eran tanto sus antiguos como sus nuevos moradores, el edifico colapso. Destruyéndose por completo a mi espalda sin que ni siquiera le dedicase una mirada, un sonido brutal de maderas partiéndose y piedras cayendo rugió en la ciudadela. 

Una nube de polvo se levantó y me azotó a mi espalda, disipando y suplantando a la de humo que había generado. La caída del edifico levantó un poderoso vendaval que movió mi pelo hacia delante y mis ropas como si soplasen con fuerza desde mi espalda. Elevé la mirada al cielo buscando a Quetzalli, había alguien en Hachinosu que venía a por nosotros, un golpe de estado... Quizá otro grupo pirata, pero lo quera seguro es que nos quería despedazar desde dentro, y ese edificio había sido parte del plan, nadie dentro de allí merecía respirar el aire del paraíso pirata, no mientras lo gobernásemos.

- Déjalo caer - le hablé sobre el borracho - que sus huesos se partan contra el suelo. Qué lo último que vea es la tierra que traicionó tragándoselo por completo - 

smokoff rol
[Imagen: 51pnN8x.png]
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RE: [T8, P.A.] Una tormenta sobre Hachinosu - por Ashura - 29-06-2026, 10:21 AM

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