29-06-2026, 11:04 AM
Las 8:30 de la mañana nos encontraba a bordo del Eidfrost en uno de los últimos días de invierno que pasaríamos en Risky Red luego de haber completado la misión de terminar con el reino de terror de Nimda Leyos. Era una mañana fría, con el cielo despejado, y los rayos del sol bañando a las tropas que al final no habían tenido la necesidad de participar durante la misión pero que habían hecho bien en quedarse cuidando el navío de Viktor. El mar se encontraba apacible y cercano, luego de sentirlo tan distante en aquel hermoso desierto escarlata que se expandía por toda la isla volver a tener el mar tan de cerca era ciertamente reconfortante. Me encontraba a bordo de la corbeta apoyando con las tareas de preparación para la partida, levando el ancla, hinchando las velas, y apoyando en la coordinación en la cubierta del navío para que todo observara esa vigilancia militar de la que tanto disfrutaba. Atrás habían quedado los días de vestir la gabardina verde esmeralda, zapatos y sombrero a juego; ahora, nuevamente lucia mi traje de Vicealmirante con la capa que confirmaba mi rango montada sobre mis hombros me generaba la segunda sensación de familiaridad que había extrañado durante nuestra estancia en Risky Red.
A pesar de nuestra corta estadía, habíamos hecho buenas relaciones con varios de los habitantes de Ciudad Esmeralda por lo que la partida me dejaba una sensación agridulce. Intenté reclutar a Jack para que se uniera a la marina con el mismo éxito que tuve en vencerle jugando a las cartas: ninguno. Con Colt ni siquiera lo plantee, pues era la figura de máxima autoridad de la isla y alguien que ahora valoraba la labor de la marina, definitivamente sería un contacto importante a mantener en la isla. El par de hermanos dueños de los establos eran inseparables de sus caballos, seres tan libres como imponentes, pedirles que se hicieran a la mar era ridículo y cuando lo plantee a modo de broma apenas y me tomaron en serio, ellos eran incluso mas libres que sus propios corceles. Pork y Billy eran tan desastrosos que sabía que sería incapaz de inculcarles la diciplina militar tan necesaria para ser parte de la marina, por lo que luego de varias semanas estudiando la posibilidad desistí sin tan siquiera planteárselas. Al final, volvíamos los mismos que habíamos partido desde Marineford en el verano y eso ya era buena noticia por si sola.
La voz de Apolo resonó por todo el barco, transportada gracias a los den den mushi que formaban parte del mismo, y nos confirmó que estábamos listos para navegar. Estábamos listos para volver a casa.
A pesar de nuestra corta estadía, habíamos hecho buenas relaciones con varios de los habitantes de Ciudad Esmeralda por lo que la partida me dejaba una sensación agridulce. Intenté reclutar a Jack para que se uniera a la marina con el mismo éxito que tuve en vencerle jugando a las cartas: ninguno. Con Colt ni siquiera lo plantee, pues era la figura de máxima autoridad de la isla y alguien que ahora valoraba la labor de la marina, definitivamente sería un contacto importante a mantener en la isla. El par de hermanos dueños de los establos eran inseparables de sus caballos, seres tan libres como imponentes, pedirles que se hicieran a la mar era ridículo y cuando lo plantee a modo de broma apenas y me tomaron en serio, ellos eran incluso mas libres que sus propios corceles. Pork y Billy eran tan desastrosos que sabía que sería incapaz de inculcarles la diciplina militar tan necesaria para ser parte de la marina, por lo que luego de varias semanas estudiando la posibilidad desistí sin tan siquiera planteárselas. Al final, volvíamos los mismos que habíamos partido desde Marineford en el verano y eso ya era buena noticia por si sola.
La voz de Apolo resonó por todo el barco, transportada gracias a los den den mushi que formaban parte del mismo, y nos confirmó que estábamos listos para navegar. Estábamos listos para volver a casa.
Resumen

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