30-06-2026, 11:03 PM
Kagura encontraría a las cinco cocineras que se intercambiaban miradas entre ellas por unos segundos, era como si coincidieran en un mismo pensamiento y claro que esa era la situación, la imagen de una niña se les había aparecido en la cabeza. La jefa de la cocina apoyó finalmente la caja de remolachas sobre la mesa de la cocineta y dejó escapar un leve suspiro antes de acercarse a la soldado de la sombrilla.
—- Si… La vimos hace un rato, no estoy segura sí es ella a quien buscas o si se trata de la misma niña —- Expresaría dudosa mientras las demás jovencitas asintieron casi al mismo tiempo como también caminaban hacia la mesa para dejar todas las demás compras.
—- Es una niña muy pequeñita, ¿verdad? — comentó una de ellas mientras intentaba poner un costal de harina sobre la tabla de moldeado, ella no tenía ni idea que Kagura no sabía nada respecto a la niña, ni su edad ni su apariencia, podrían fácilmente hablar de otra chiquilla. —- Se quedó varios minutos mirando el horno mientras salían los panes, parecía tener muchísima hambre, y estaba repleta de tierra y lodo en su ropa.
—- Pero salió corriendo en cuanto nos vio entrar — agregó otra de las jovencitas qué ahora se encargaba de acomodar latas de fruta en almíbar sobre el espacio de la mesa, cerca de la tabla de moldeado, quizás estaban por hacer alguna tartaleta de frutillas.
—- Tomó el camino hacia la zona mercantil del pueblo, si se apresura seguramente todavía pueda encontrarla por allí, es una niña muy escurridiza… Me pregunto quiénes son sus padres y porque la dejan sola sin cuidado.
La bulliciosa zona mercantil de Baquella estaba presente en cada rincón y esto era debido por sus comerciantes, pescadores y marineros que iban y venían transportando mercancía recién desembarcadas, el aroma del pan recién horneado se mezclaba con el olor salado de los mariscos, de frutas maduras y especias traídas de lejanos mares, entre el constante murmullo de compradores negociando precios y carcajadas provenientes de establecimientos cercanos, una escena comenzaba a llamar la atención de los visitantes y transeúntes.
— ¡Pequeña ladrona! — la exclamación resonó por encima del sonido del mercado casi logrando silenciar a la mayoría. Cinco hombres de aspecto tosco, vestidos con ropas de navegantes curtidas por el sol y su sudor, uno de ellos sostenía alto a una diminuta niña de apenas cuatro años de edad, la sujetaba por la parte trasera de la ropa como si se trata de un gatito travieso que acababan de sorprender robando comida.
Las pequeñas piernas de la infante se agitaban en el aire mientras gruesas lágrimas descendían por sus mejillas, tenía el rostro completamente rojo por el llanto y el miedo de haber sido capturada, de su boca simplemente salían el gimoteo de su llanto.
Frente a la mesa donde aquellos hombres habían estado comiendo solo quedaban algunas migajas de lo que parecían evidencias de panes, la responsable de ese camino de migajas era más que evidente al verse reflejado en las comisuras diminuta de la infante de rubios cabellos y ojos esmeralda. El hambre había vencido su juicio aunque a decir verdad… el que sea tan mimada era la razón verdadera de su actuar tan soñadora y aventurera.
—- ¡Se comió nuestro almuerzo! — gruñó uno de los hombres mientras la zarandeaba ligeramente en el aire sin soltarla. — ¿Quién demonios será los padres de esta mocosa?
—- Esto no puede quedar así, ¡Se llenó la boca de nuestra comida! — respondió el segundo, cruzándose de brazos con evidente molestia — Alguien tendrá que compensarnos por el hurto…
— ¿Y si nadie aparece? —- Preguntó un tercero mientras cuestionaba las palabras de sus compañeros.
Quién la sostenía observó detenidamente a la pequeña como si estuviera valorando una mercancía. —- Siempre podríamos llevarnosla con nosotros, hay personas que pagan bien por tener esclavos desde muy pequeños.
— Eso suena mejor, es dinero fácil. - Diría uno de ellos que desenvainaba la espada frente a la pequeña niña. — Será mejor que cierres la boca niña.
Los cincos pretendían iniciar su viaje como futuros piratas esclavistas, siendo aquella reunión de ellos cuatro el inicio de su unión, una tripulación de piratas del cuál no valía la pena mencionar. No eran nombres capaces de infundir terror en los mares ni poseían recompensas sobre sus cabezas apenas unos neófitos en ese nuevo mundo al que decidieron tomar ese día. Alrededor de ellos comenzaba a reunirse un pequeño círculo de curiosos, algunos observaban con incomodidad, otros murmuraban entre sí sin saber si debían intervenir o simplemente les dejaban la tarea a que llegaran los de la Marine temiendo correr peligro ya que estas personas estaban equipados con palos y espadas de mala calidad.
Mientras tanto la pequeña únicamente lloraba desconsolada y gritaba el nombre de su padre, nadie sabia que esa pequeña niña curiosa y traviesa, era la hija de un sargento de la marina.
—- Si… La vimos hace un rato, no estoy segura sí es ella a quien buscas o si se trata de la misma niña —- Expresaría dudosa mientras las demás jovencitas asintieron casi al mismo tiempo como también caminaban hacia la mesa para dejar todas las demás compras.
—- Es una niña muy pequeñita, ¿verdad? — comentó una de ellas mientras intentaba poner un costal de harina sobre la tabla de moldeado, ella no tenía ni idea que Kagura no sabía nada respecto a la niña, ni su edad ni su apariencia, podrían fácilmente hablar de otra chiquilla. —- Se quedó varios minutos mirando el horno mientras salían los panes, parecía tener muchísima hambre, y estaba repleta de tierra y lodo en su ropa.
—- Pero salió corriendo en cuanto nos vio entrar — agregó otra de las jovencitas qué ahora se encargaba de acomodar latas de fruta en almíbar sobre el espacio de la mesa, cerca de la tabla de moldeado, quizás estaban por hacer alguna tartaleta de frutillas.
—- Tomó el camino hacia la zona mercantil del pueblo, si se apresura seguramente todavía pueda encontrarla por allí, es una niña muy escurridiza… Me pregunto quiénes son sus padres y porque la dejan sola sin cuidado.
La bulliciosa zona mercantil de Baquella estaba presente en cada rincón y esto era debido por sus comerciantes, pescadores y marineros que iban y venían transportando mercancía recién desembarcadas, el aroma del pan recién horneado se mezclaba con el olor salado de los mariscos, de frutas maduras y especias traídas de lejanos mares, entre el constante murmullo de compradores negociando precios y carcajadas provenientes de establecimientos cercanos, una escena comenzaba a llamar la atención de los visitantes y transeúntes.
— ¡Pequeña ladrona! — la exclamación resonó por encima del sonido del mercado casi logrando silenciar a la mayoría. Cinco hombres de aspecto tosco, vestidos con ropas de navegantes curtidas por el sol y su sudor, uno de ellos sostenía alto a una diminuta niña de apenas cuatro años de edad, la sujetaba por la parte trasera de la ropa como si se trata de un gatito travieso que acababan de sorprender robando comida.
Las pequeñas piernas de la infante se agitaban en el aire mientras gruesas lágrimas descendían por sus mejillas, tenía el rostro completamente rojo por el llanto y el miedo de haber sido capturada, de su boca simplemente salían el gimoteo de su llanto.
Frente a la mesa donde aquellos hombres habían estado comiendo solo quedaban algunas migajas de lo que parecían evidencias de panes, la responsable de ese camino de migajas era más que evidente al verse reflejado en las comisuras diminuta de la infante de rubios cabellos y ojos esmeralda. El hambre había vencido su juicio aunque a decir verdad… el que sea tan mimada era la razón verdadera de su actuar tan soñadora y aventurera.
—- ¡Se comió nuestro almuerzo! — gruñó uno de los hombres mientras la zarandeaba ligeramente en el aire sin soltarla. — ¿Quién demonios será los padres de esta mocosa?
—- Esto no puede quedar así, ¡Se llenó la boca de nuestra comida! — respondió el segundo, cruzándose de brazos con evidente molestia — Alguien tendrá que compensarnos por el hurto…
— ¿Y si nadie aparece? —- Preguntó un tercero mientras cuestionaba las palabras de sus compañeros.
Quién la sostenía observó detenidamente a la pequeña como si estuviera valorando una mercancía. —- Siempre podríamos llevarnosla con nosotros, hay personas que pagan bien por tener esclavos desde muy pequeños.
— Eso suena mejor, es dinero fácil. - Diría uno de ellos que desenvainaba la espada frente a la pequeña niña. — Será mejor que cierres la boca niña.
Los cincos pretendían iniciar su viaje como futuros piratas esclavistas, siendo aquella reunión de ellos cuatro el inicio de su unión, una tripulación de piratas del cuál no valía la pena mencionar. No eran nombres capaces de infundir terror en los mares ni poseían recompensas sobre sus cabezas apenas unos neófitos en ese nuevo mundo al que decidieron tomar ese día. Alrededor de ellos comenzaba a reunirse un pequeño círculo de curiosos, algunos observaban con incomodidad, otros murmuraban entre sí sin saber si debían intervenir o simplemente les dejaban la tarea a que llegaran los de la Marine temiendo correr peligro ya que estas personas estaban equipados con palos y espadas de mala calidad.
Mientras tanto la pequeña únicamente lloraba desconsolada y gritaba el nombre de su padre, nadie sabia que esa pequeña niña curiosa y traviesa, era la hija de un sargento de la marina.
Resumen
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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