14-08-2023, 11:22 PM
(Última modificación: 14-08-2023, 11:27 PM por Terence Blackmore.)
No sabía muy bien que estaba haciendo con aquella gente, un masivo individuo medio bestia con donaires de salvador de la libertad, y un hombre hosco y con una desgana total por hacer cualquier otra cosa que no sea estar con los animales, el único momento donde se le ve un poco de humanidad en sus ojos carentes de vida. Me intrigaba la vida de este último, pero aún era pronto para realizar algún tipo de pregunta sobre su vida.
El caso es que, tras nuestro extraño encuentro en el Barolé, decidí seguirlos a ver su periplo, pues a pesar de ser una persona usualmente ocupada, mi siguiente encargo me llevaría a Loguetown y aún tenía tiempo, por lo cual podía explorar alguna de las islas que no conozco y quizá así obtener algún tipo de rédito.
Total, la Isla Gecko estaba de camino en esa dirección, y gracias, no sé si a la pericia, pero sí a la bondad de Legan, habíamos podido acceder como favor en un barco comercial. Era curioso aquello de viajar como un transeúnte corriente, utilizando cualquier resquicio de oportunidad para obtener una vida mejor, quizá debería practicarlo aún más.
La Villa Syrup era básicamente un pueblo de índole maderera, donde la mayor parte de su población tenía que ver con los oficios típicos de campo, y ya desde la cubierta, se podía divisar los grandes prados verdes y numerosa población forestal de todo tipo de árboles que rodeaban el pueblo.
Sería difícil encontrar algo de provecho en este lugar, pero los sitios más pequeños son también los más necesitados y quizá podía aprovechar la situación demográfica para tornar la balanza de mi lado.
Durante nuestra aventura, había conocido un poco más a Legan Zaid, un hombre bonachón, pero de férreos ideales y suma pasión por el pasado, ya que parece que el comienzo de su viaje tenía que ver con las historias de un antepasado suyo. A mí al principio me parecieron necedades, pero bien es cierto que, aunque muchas tenían un componente de fábula, otras tenían bastante precisión con lo poco que conocía aún de los eventos históricos.
El semioni, aún no me acostumbraba a nombrarlos así, era un pésimo jugador de cartas y ya me había acostumbrado a picarle. Me dejaba ganar una partida de cada tres aproximadamente, y luego doblaba la apuesta; era divertido, aun sin acceder a apostar más que pocos berries.
Mihasy Junsho tenía un lado oscuro muy internado en él, algo que no dejaba salir, pero que en algunas ocasiones asomaba, y lo cierto es que casi hasta generaba cierta sensación de explosividad contenida, pero al margen de eso era un caballero tranquilo, malhablado y con una capacidad social incluso más limitada que la mía, pero parecía un hombre de honor. Sin embargo, jamás nos llegó a contar nada de su pasado, aunque de la misma manera yo tampoco lo hice muy abiertamente.
La temperatura del exterior hacía unos largos minutos que había descendido, no para ser algo extremo, pero sí para encontrar las cumbres de la pequeña cadena montañosa de la isla algo nevada, a pesar de no encontrarse ahora con ningún tipo de precipitación.
Me había vestido para la ocasión, con un largo tabardo de corte marinero y cruzado, de lana de color gris claro, y por debajo, apenas asomando por el cuello, podía divisarse una camisa de franjas anchas de color morado y blanca. Para finalizar, unos pantalones de corte corporativo, y unos botines con espuelas remataban mi vestimenta.
- "¡Tomaremos tierra en 2 minutos!" – vociferó uno de los tripulantes del navío mercantil en el que nos encontrábamos, hallándome perdido en mis pensamientos mientras observaba el horizonte y trayéndome con ello al presente.
Estaba bien pertrechado y gracias a ello no encontré el frío que Legan si obtuvo por sus veraniegas prendas, ya que se acercó próximo a mi ubicación y yo me adelanté interceptándole en un punto medio, junto con Junsho.
- “Voy a adelantarme un poco, que si no me muero de frío jajaja” – comentó rápidamente – “Voy directo al Meshi. Un tripulante me comentó que es el restaurante del lugar, así que supongo que habrá una buena chimenea y comida jajaja”
- “¿Es que no has pensado en comprarte algo para el frío?”- intercedí de forma similar a como una madre lo haría, pero de una manera mucho más burlona –“No creo que ser un pirata esté reñido con abrigarse y con tener un poco de gusto”- finalicé con cierta sorna, dejándole vía libre y quedándome en una especie de silencio incómodo con Mihasy.
Tras una breve pausa, le hablé.
-“¿Sabes? He oído que en esta isla hay mucha vida campestre y creo que, debido a los grandes bosques, quizá puedas encontrar muchas especies de pájaros”- comenté mostrando cierto interés en agradarle –“De hecho, no soy ningún tipo de experto ornitólogo, pero lo leí en el pasado. A veces llegan expertos a aprender sobre las aves”- finalicé, rascándome la parte trasera de la cabeza, arremolinando mi pelo un poco y guiñándole en señal de complicidad.
Pasaron unos minutos, y apenas arribando, el gargantuesco hombre de cabello cano, saltó y se internó a pasos agigantados, como no podía ser de otra manera, hacia el interior del pueblo.
- “Joder, si es como un niño”- pensé, mientras me excusaba con un gesto de inclinación sutil de cabeza ante Junsho, y ponía movimiento a mis piernas hacia el interior del pueblo una vez hubimos terminado de atracar para buscar el local que había comentado la tripulación.
No me interesaba mucho el calor, pero sí un buen té y buscar algún tipo de interés comercial.
El caso es que, tras nuestro extraño encuentro en el Barolé, decidí seguirlos a ver su periplo, pues a pesar de ser una persona usualmente ocupada, mi siguiente encargo me llevaría a Loguetown y aún tenía tiempo, por lo cual podía explorar alguna de las islas que no conozco y quizá así obtener algún tipo de rédito.
Total, la Isla Gecko estaba de camino en esa dirección, y gracias, no sé si a la pericia, pero sí a la bondad de Legan, habíamos podido acceder como favor en un barco comercial. Era curioso aquello de viajar como un transeúnte corriente, utilizando cualquier resquicio de oportunidad para obtener una vida mejor, quizá debería practicarlo aún más.
La Villa Syrup era básicamente un pueblo de índole maderera, donde la mayor parte de su población tenía que ver con los oficios típicos de campo, y ya desde la cubierta, se podía divisar los grandes prados verdes y numerosa población forestal de todo tipo de árboles que rodeaban el pueblo.
Sería difícil encontrar algo de provecho en este lugar, pero los sitios más pequeños son también los más necesitados y quizá podía aprovechar la situación demográfica para tornar la balanza de mi lado.
Durante nuestra aventura, había conocido un poco más a Legan Zaid, un hombre bonachón, pero de férreos ideales y suma pasión por el pasado, ya que parece que el comienzo de su viaje tenía que ver con las historias de un antepasado suyo. A mí al principio me parecieron necedades, pero bien es cierto que, aunque muchas tenían un componente de fábula, otras tenían bastante precisión con lo poco que conocía aún de los eventos históricos.
El semioni, aún no me acostumbraba a nombrarlos así, era un pésimo jugador de cartas y ya me había acostumbrado a picarle. Me dejaba ganar una partida de cada tres aproximadamente, y luego doblaba la apuesta; era divertido, aun sin acceder a apostar más que pocos berries.
Mihasy Junsho tenía un lado oscuro muy internado en él, algo que no dejaba salir, pero que en algunas ocasiones asomaba, y lo cierto es que casi hasta generaba cierta sensación de explosividad contenida, pero al margen de eso era un caballero tranquilo, malhablado y con una capacidad social incluso más limitada que la mía, pero parecía un hombre de honor. Sin embargo, jamás nos llegó a contar nada de su pasado, aunque de la misma manera yo tampoco lo hice muy abiertamente.
La temperatura del exterior hacía unos largos minutos que había descendido, no para ser algo extremo, pero sí para encontrar las cumbres de la pequeña cadena montañosa de la isla algo nevada, a pesar de no encontrarse ahora con ningún tipo de precipitación.
Me había vestido para la ocasión, con un largo tabardo de corte marinero y cruzado, de lana de color gris claro, y por debajo, apenas asomando por el cuello, podía divisarse una camisa de franjas anchas de color morado y blanca. Para finalizar, unos pantalones de corte corporativo, y unos botines con espuelas remataban mi vestimenta.
- "¡Tomaremos tierra en 2 minutos!" – vociferó uno de los tripulantes del navío mercantil en el que nos encontrábamos, hallándome perdido en mis pensamientos mientras observaba el horizonte y trayéndome con ello al presente.
Estaba bien pertrechado y gracias a ello no encontré el frío que Legan si obtuvo por sus veraniegas prendas, ya que se acercó próximo a mi ubicación y yo me adelanté interceptándole en un punto medio, junto con Junsho.
- “Voy a adelantarme un poco, que si no me muero de frío jajaja” – comentó rápidamente – “Voy directo al Meshi. Un tripulante me comentó que es el restaurante del lugar, así que supongo que habrá una buena chimenea y comida jajaja”
- “¿Es que no has pensado en comprarte algo para el frío?”- intercedí de forma similar a como una madre lo haría, pero de una manera mucho más burlona –“No creo que ser un pirata esté reñido con abrigarse y con tener un poco de gusto”- finalicé con cierta sorna, dejándole vía libre y quedándome en una especie de silencio incómodo con Mihasy.
Tras una breve pausa, le hablé.
-“¿Sabes? He oído que en esta isla hay mucha vida campestre y creo que, debido a los grandes bosques, quizá puedas encontrar muchas especies de pájaros”- comenté mostrando cierto interés en agradarle –“De hecho, no soy ningún tipo de experto ornitólogo, pero lo leí en el pasado. A veces llegan expertos a aprender sobre las aves”- finalicé, rascándome la parte trasera de la cabeza, arremolinando mi pelo un poco y guiñándole en señal de complicidad.
Pasaron unos minutos, y apenas arribando, el gargantuesco hombre de cabello cano, saltó y se internó a pasos agigantados, como no podía ser de otra manera, hacia el interior del pueblo.
- “Joder, si es como un niño”- pensé, mientras me excusaba con un gesto de inclinación sutil de cabeza ante Junsho, y ponía movimiento a mis piernas hacia el interior del pueblo una vez hubimos terminado de atracar para buscar el local que había comentado la tripulación.
No me interesaba mucho el calor, pero sí un buen té y buscar algún tipo de interés comercial.
