01-07-2026, 08:37 PM
No insitió, se limitó a seguirlo en un silencio sepulcral, al menos después de pagar la cuenta y terminar de tomar las cosas. Lo siguió tras la orden, con las manos llenas prácticamente. Recordaba más o menos el camino, sabía que se estaban dirigiendo al Jagd Hund, por donde habían venido antes de llegar al restaurante donde cenaron juntos. Seguía algo impactado, desde luego. Miró al hombre de vuelta al escucharlo. —También los odio... sobre todo los que huelen a humedad. — Le traían recuerdos del pasado que prefería no recordar, ni mucho menos mencionar. Esa cicatriz ya hablaba de ello todos los días en secreto.
Sus ojos azules se volvieron directamente hacia el hombre de cabello rosa al volver a captar su atención de nuevo. Sus palabras tenían sentido, pero... Incluso así, nunca se sabía. Los ojos del hombre volvieron a mirar a la caja que sostenía con su diestra. —Agradezco que tengas en cuenta mis servicios, Jefe. No te defraudaré. — Tampoco dudaba en que fuera a cumplir al pie de la letra sus amenazas. Prefería mantener su vida en lo que pudieran darle sus pulmones. La mención de Viktor y Shoto captó su atención. Eran otras dos grandes figuras, famosas... Especialmente Viktor. No lo había visto combatir nunca en persona, pero sabía bien que ese hombre tenía unas técnicas que adoraría poder usar. La mención del hombre le estremeció. —Lo comprendo perfectamente, Jefe. Me encantaría conocer a los otros dos Ejecutivos y Jefes algún día. — Miró su brazo, de reojo, con un recuerdo de las palabras de Sohem. Aquel brazo que le hizo perder “su mejor amigo”, alguna vez recordó que lo mencionó. Quiso preguntar, pero por el momento no consideró que fuera oportuno. —Sin duda, el señor Viktor y el señor Shoto son mis superiores, como tú. Lo tengo muy presente.
Prueba de fuego... Es decir, esa no solo era una misión más, era la prueba de oro. Apretó sus labios entre sí, ahora sintiéndose más nervioso. Era el todo o nada... Y además, solo. —Estoy eternamente agradeci-... — Y, una vez más, se silenció.
—Este es mi último regalo hacia ti —
Veía el Jagd Hund, había ignorado, hasta entonces, el Jackpot, considerando que podría ser de alguien más en Jaya, alguien nuevo, alguien rico, alguna empresa importante... Pero...
No supo qué decir, quería preguntar tantas cosas, pero fue incapaz. La mujer en la zona frontal, el nombre del barco, los colores tan impactantes y el enorme tamaño. Por mucho que resultara ser una inversión, eso era demasiado. Ni siquiera había tenido tiempo de asimilarlo cuando apareció Kajimodo, ese hombre con facciones nada agraciadas. Su rostro y expresión se mostraban amables, casi inocentes, alegres, pero él solo se encontraba en shock. Abrió la boca, pero solo podía balbucear sin sentidos. Tuvo que carraspear, tomar un par de bocanadas de aire, no podía verse así frente a alguien más que no fuera su Jefe. Colocó la caja en su brazo, extendiendo su diestra para apretar la mano del hombre, luchando internamente con los nervios en los que se encontraba.
Elevó la mirada, evitando ahora la de ambos en un nuevo carraspeo. Supo a qué se refería; nada de mantener relaciones sexuales con el pobre hombre. —Lo tendré en cuenta, Jefe. No te preocupes. — Sintió el brazo de Emperor sobre su hombro, volteando la mirada en dicha dirección, descendiendo la mirada ahora hacia el contrario, quien era más bajo que él por más de diez centímetros. Escuchaba las palabras, cómo enumeraba todo lo que, en un día, había cambiado por completo en su vida después de haber dejado atrás tantas cosas, cuando estuvo en los Blues. “No cagarla.” Estaba emocionado, pero no quería mostrarlo como un signo de debilidad. Por el contrario, hizo algo que nunca antes había hecho con nadie, ni siquiera Raigo, su viejo jefe y hombre que lo adoptó en secreto; Se inclinó, no solo la cabeza, sino su torso.
—Jefe, realmente... No tengo palabras para todo esto. Estoy gratamente agradecido por todo... Todo. Darme una oportunidad, darme estos regalos tan importantes, y darme la confianza para poder seguir adelante, especialmente por tener en cuenta mi fidelidad. Prometo dar todo lo que pueda de mí mismo, al máximo, intentaré no cagarla en esta misión y demostrarte que tu confianza no es en vano. Realmente... Muchísimas gracias por todo, Jefe.
Elevó su rostro, todavía temblando de la emoción, de no ser por saber mantener su compostura, probablemente estaría temblando como una hoja. Respiró profundamente, ahora retirando su propio Den-Den Mushi. —Le entrego mi número, para poder ponernos en contacto y actualizarle en caso de ser necesario. Mi número es 296-552-3326. — Si lo aceptaba, esperaba que le pudiera ser útil. Respiró profundamente, ahora viendo a Sohem a su lado. Caminó hasta los hombres, haciendo el debido traslado del Jagd Hund al Jackpot de todas sus pertenencias, viejas cosas, ropas, armas... Todo lo que había estado acumulando en ese viaje y, por supuesto, los regalos de ese mismo día.
Eso fue lo último que mencionó antes de, al fin, separarse de Sohem y caminar, explorando el Jackpot. La madera perfectamente tallada que pasaba por sus dedos, el increíble orden, aunque vacío... Tendría que comenzar a llenar ese barco en algún momento, reclutar personas, ponerse con todo lo que pudiera... Todo. Necesitó algunas horas para poder poner todo en orden, hablar mejor con Kajimodo antes de la partida... Ahora con un solo objetivo en mente; Cumplir la misión tan importante que le habían encomendado.
Ahora, en solitario, contemplaba la caja, de brazos cruzados, en silencio absoluto. Esa noche había sido una carga de sorpresas, algo que nunca antes llegó a esperarse. Suspiró largamente, contemplando la madera que contenía, como mencionó el propio Sohem, la Numa Numa No Mi. Sabía el significado de esto, más que ninguno; cambiaría por completo su vida, estaba entregando por completo su fidelidad a ese hombre, al banquero. Dudó por algunos segundos, recordando a Raigo, su viejo jefe, quien le había enviado hasta donde se encontraba y, a su vez, recordando el motivo principal por el que estaba allí. Quería llegar lejos, muy lejos, tanto como pudiera. Todavía tenía que escalar, pero estaba llegando, por primera vez en todos esos años... Elevó su diestra, paseando su mano por aquella caja de madera, acariciándola con la yema de sus dedos. Respiró profundamente, cerrando los ojos, para elevar la mirada hacia la nueva arma. Esos detalles negros y rojos que le recordaron tanto a su propia aura cuando la vio por primera vez con el Kenbunshoku. Recordó entonces a alguien, aquel rubio por el que había tomado el valor de zarpar, separándose todo ese tiempo de él, buscando ser más fuerte, saber protegerlo... Suspiró, cerrando los ojos una vez más, descendiendo la mirada hacia la caja, apartando su diestra al fin, solo usándola para abrir el contenido.
Miró fijamente lo que tenía delante, aquella fruta de un tono marrón, haciendo una mueca. No olía, no sabía cómo algo así se podía comer. No había marcha atrás, no había llegado tan lejos solo para dudar en el último segundo. Si lograba sus objetivos, su sueño... no era más que seguir adelante con eso. Retiró entonces la fruta, observándola fijamente, nervioso en un inicio. ¿Dolería? ¿O ni lo iba a sentir? ¿Cómo iba a ser todo eso? Respiró profundo, cerrando los ojos. Era ahora o nunca, maldita sea... Ahora o nunca. Ni siquiera miró, cerró los ojos, mientras devoraba la Akuma No Mi en los primeros bocados, luego le resultó un sabor repugnante e hizo una mueca. Sin embargo, el resto pudo hacerlo con los ojos abiertos, hasta que la fruta fue completamente consumida.
No sintió nada, no parecía doler... lejos del nauseabundo sabor que le había causado, por supuesto. No notaba nada. ¿En serio había funcionado? ¿O había salido algo mal? Miró sus propias manos, volteándolas de delante hacia atrás, pero no sentía nada. ¿Quizás iba a tardar en hacer efecto? Ya más tarde se iba a encargar de eso, por el momento, quiso tomar la caja en la que estuvo la Akuma hasta entonces, pero que ahora se encontraba vacía... Si no fuera por algo, un pequeño problema inesperado. Sus manos no parecían sentir el peso. ¿No? Volteó la mirada, viendo que la caja seguía en el mismo lugar, pero en esta ocasión, algo manchada. —¿Qué demonios...? — Estaba convencido de haberlo intentado tocar. Trató de usar sus dos manos para tomar la caja, pero las mismas comenzaron a derretirse en una forma líquida, similar al propio barro. Ni siquiera podía tocarlo directamente sin que sus dedos se deshicieran con aquello. Ah mierda, esto no era tan fácil como creyó... Pensaba que eso se dominaba al instante, pero no... —Mierda. — Lo intentó una vez más, pero sus brazos ahora se derretían por el traje, y no solo el traje, él mismo, por completo, parecía tener problemas, convirtiéndose en un charco de barro que se arrastraba por la cama hasta caer al suelo. Suspiró. Ahora le tocaba ponerse a saber cómo controlar eso... ¿Cómo no se le ocurrió que podría pasar algo así? ¿Cómo lo habían logrado otros? Por desgracia, no tenía ni siquiera cómo tomar el Den-Den Mushi, aparentemente, es algo que iba a aprender mientras fuera a zarpar hasta Skypea. Bueno, mientras Kajimodo no mencionara al respecto, no iba a quedar en ridículo ante nadie.
Sus ojos azules se volvieron directamente hacia el hombre de cabello rosa al volver a captar su atención de nuevo. Sus palabras tenían sentido, pero... Incluso así, nunca se sabía. Los ojos del hombre volvieron a mirar a la caja que sostenía con su diestra. —Agradezco que tengas en cuenta mis servicios, Jefe. No te defraudaré. — Tampoco dudaba en que fuera a cumplir al pie de la letra sus amenazas. Prefería mantener su vida en lo que pudieran darle sus pulmones. La mención de Viktor y Shoto captó su atención. Eran otras dos grandes figuras, famosas... Especialmente Viktor. No lo había visto combatir nunca en persona, pero sabía bien que ese hombre tenía unas técnicas que adoraría poder usar. La mención del hombre le estremeció. —Lo comprendo perfectamente, Jefe. Me encantaría conocer a los otros dos Ejecutivos y Jefes algún día. — Miró su brazo, de reojo, con un recuerdo de las palabras de Sohem. Aquel brazo que le hizo perder “su mejor amigo”, alguna vez recordó que lo mencionó. Quiso preguntar, pero por el momento no consideró que fuera oportuno. —Sin duda, el señor Viktor y el señor Shoto son mis superiores, como tú. Lo tengo muy presente.
Prueba de fuego... Es decir, esa no solo era una misión más, era la prueba de oro. Apretó sus labios entre sí, ahora sintiéndose más nervioso. Era el todo o nada... Y además, solo. —Estoy eternamente agradeci-... — Y, una vez más, se silenció.
—Este es mi último regalo hacia ti —
Veía el Jagd Hund, había ignorado, hasta entonces, el Jackpot, considerando que podría ser de alguien más en Jaya, alguien nuevo, alguien rico, alguna empresa importante... Pero...

—...
No supo qué decir, quería preguntar tantas cosas, pero fue incapaz. La mujer en la zona frontal, el nombre del barco, los colores tan impactantes y el enorme tamaño. Por mucho que resultara ser una inversión, eso era demasiado. Ni siquiera había tenido tiempo de asimilarlo cuando apareció Kajimodo, ese hombre con facciones nada agraciadas. Su rostro y expresión se mostraban amables, casi inocentes, alegres, pero él solo se encontraba en shock. Abrió la boca, pero solo podía balbucear sin sentidos. Tuvo que carraspear, tomar un par de bocanadas de aire, no podía verse así frente a alguien más que no fuera su Jefe. Colocó la caja en su brazo, extendiendo su diestra para apretar la mano del hombre, luchando internamente con los nervios en los que se encontraba.

—Es un placer, Kajimodo. Cuento con que el señor Sohem habrá hecho una gran elección contratándolo.
Elevó la mirada, evitando ahora la de ambos en un nuevo carraspeo. Supo a qué se refería; nada de mantener relaciones sexuales con el pobre hombre. —Lo tendré en cuenta, Jefe. No te preocupes. — Sintió el brazo de Emperor sobre su hombro, volteando la mirada en dicha dirección, descendiendo la mirada ahora hacia el contrario, quien era más bajo que él por más de diez centímetros. Escuchaba las palabras, cómo enumeraba todo lo que, en un día, había cambiado por completo en su vida después de haber dejado atrás tantas cosas, cuando estuvo en los Blues. “No cagarla.” Estaba emocionado, pero no quería mostrarlo como un signo de debilidad. Por el contrario, hizo algo que nunca antes había hecho con nadie, ni siquiera Raigo, su viejo jefe y hombre que lo adoptó en secreto; Se inclinó, no solo la cabeza, sino su torso.
—Jefe, realmente... No tengo palabras para todo esto. Estoy gratamente agradecido por todo... Todo. Darme una oportunidad, darme estos regalos tan importantes, y darme la confianza para poder seguir adelante, especialmente por tener en cuenta mi fidelidad. Prometo dar todo lo que pueda de mí mismo, al máximo, intentaré no cagarla en esta misión y demostrarte que tu confianza no es en vano. Realmente... Muchísimas gracias por todo, Jefe.
Elevó su rostro, todavía temblando de la emoción, de no ser por saber mantener su compostura, probablemente estaría temblando como una hoja. Respiró profundamente, ahora retirando su propio Den-Den Mushi. —Le entrego mi número, para poder ponernos en contacto y actualizarle en caso de ser necesario. Mi número es 296-552-3326. — Si lo aceptaba, esperaba que le pudiera ser útil. Respiró profundamente, ahora viendo a Sohem a su lado. Caminó hasta los hombres, haciendo el debido traslado del Jagd Hund al Jackpot de todas sus pertenencias, viejas cosas, ropas, armas... Todo lo que había estado acumulando en ese viaje y, por supuesto, los regalos de ese mismo día.

—Espero volver a verte pronto, Jefe.
Eso fue lo último que mencionó antes de, al fin, separarse de Sohem y caminar, explorando el Jackpot. La madera perfectamente tallada que pasaba por sus dedos, el increíble orden, aunque vacío... Tendría que comenzar a llenar ese barco en algún momento, reclutar personas, ponerse con todo lo que pudiera... Todo. Necesitó algunas horas para poder poner todo en orden, hablar mejor con Kajimodo antes de la partida... Ahora con un solo objetivo en mente; Cumplir la misión tan importante que le habían encomendado.
[...]
Ahora, en solitario, contemplaba la caja, de brazos cruzados, en silencio absoluto. Esa noche había sido una carga de sorpresas, algo que nunca antes llegó a esperarse. Suspiró largamente, contemplando la madera que contenía, como mencionó el propio Sohem, la Numa Numa No Mi. Sabía el significado de esto, más que ninguno; cambiaría por completo su vida, estaba entregando por completo su fidelidad a ese hombre, al banquero. Dudó por algunos segundos, recordando a Raigo, su viejo jefe, quien le había enviado hasta donde se encontraba y, a su vez, recordando el motivo principal por el que estaba allí. Quería llegar lejos, muy lejos, tanto como pudiera. Todavía tenía que escalar, pero estaba llegando, por primera vez en todos esos años... Elevó su diestra, paseando su mano por aquella caja de madera, acariciándola con la yema de sus dedos. Respiró profundamente, cerrando los ojos, para elevar la mirada hacia la nueva arma. Esos detalles negros y rojos que le recordaron tanto a su propia aura cuando la vio por primera vez con el Kenbunshoku. Recordó entonces a alguien, aquel rubio por el que había tomado el valor de zarpar, separándose todo ese tiempo de él, buscando ser más fuerte, saber protegerlo... Suspiró, cerrando los ojos una vez más, descendiendo la mirada hacia la caja, apartando su diestra al fin, solo usándola para abrir el contenido.
Miró fijamente lo que tenía delante, aquella fruta de un tono marrón, haciendo una mueca. No olía, no sabía cómo algo así se podía comer. No había marcha atrás, no había llegado tan lejos solo para dudar en el último segundo. Si lograba sus objetivos, su sueño... no era más que seguir adelante con eso. Retiró entonces la fruta, observándola fijamente, nervioso en un inicio. ¿Dolería? ¿O ni lo iba a sentir? ¿Cómo iba a ser todo eso? Respiró profundo, cerrando los ojos. Era ahora o nunca, maldita sea... Ahora o nunca. Ni siquiera miró, cerró los ojos, mientras devoraba la Akuma No Mi en los primeros bocados, luego le resultó un sabor repugnante e hizo una mueca. Sin embargo, el resto pudo hacerlo con los ojos abiertos, hasta que la fruta fue completamente consumida.
No sintió nada, no parecía doler... lejos del nauseabundo sabor que le había causado, por supuesto. No notaba nada. ¿En serio había funcionado? ¿O había salido algo mal? Miró sus propias manos, volteándolas de delante hacia atrás, pero no sentía nada. ¿Quizás iba a tardar en hacer efecto? Ya más tarde se iba a encargar de eso, por el momento, quiso tomar la caja en la que estuvo la Akuma hasta entonces, pero que ahora se encontraba vacía... Si no fuera por algo, un pequeño problema inesperado. Sus manos no parecían sentir el peso. ¿No? Volteó la mirada, viendo que la caja seguía en el mismo lugar, pero en esta ocasión, algo manchada. —¿Qué demonios...? — Estaba convencido de haberlo intentado tocar. Trató de usar sus dos manos para tomar la caja, pero las mismas comenzaron a derretirse en una forma líquida, similar al propio barro. Ni siquiera podía tocarlo directamente sin que sus dedos se deshicieran con aquello. Ah mierda, esto no era tan fácil como creyó... Pensaba que eso se dominaba al instante, pero no... —Mierda. — Lo intentó una vez más, pero sus brazos ahora se derretían por el traje, y no solo el traje, él mismo, por completo, parecía tener problemas, convirtiéndose en un charco de barro que se arrastraba por la cama hasta caer al suelo. Suspiró. Ahora le tocaba ponerse a saber cómo controlar eso... ¿Cómo no se le ocurrió que podría pasar algo así? ¿Cómo lo habían logrado otros? Por desgracia, no tenía ni siquiera cómo tomar el Den-Den Mushi, aparentemente, es algo que iba a aprender mientras fuera a zarpar hasta Skypea. Bueno, mientras Kajimodo no mencionara al respecto, no iba a quedar en ridículo ante nadie.
Cajita De Tabaco
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