02-07-2026, 05:05 PM
Cada huella en el camino dejaba una historia que contar.
Y estaba listo para caminar en los cielos.
Se aferraba a un mañana nunca visto, atesorando sueños que durante instantes supieron pertenecer a nadie. Por ello entendió que llegar a los juegos del Soberano le abriría puertas que jamás habría imaginado en su crecimiento de oro tras la protección del lejano Reino de Sorbet, isla donde aprendió a ponerle nombre otra vez a esos objetivos distantes que habían muerto con Himari, apoderándose de lo que él creía, era su destino.
El periódico en sus manos resultaba muy claro con ello, y no era la primera vez que leía anuncios sobre lo que se pretendía llevar a cabo en Skypea, pues el Shichibukai mismo, Zarutsuki, había informado a la Marina sus deseos por concretar otro evento deportivo y respetuoso de cara a todos los asistentes, y si bien, nunca le gustó ese cargo puntual, teóricamente debía ser algo llevado por el Gobierno Mundial, y no una rama descaradamente corrupta, como lo sucedido antes de cruzar hacia el Grand Line. Bajo ese contexto, la División Setentaicinco debería ponerse en marcha, con orden directa del Comandante Hasegawa Shin, al frente del grupo al instante en que los barcos con el estandarte de la compañía Nozama hicieron acto de presencia ante los puertos de Matsuri.
Obvio, el albino ya se había encargado de informárselo al resto.
Recapitulación de los hechos
—Ayudemos a esta gente con los preparativos. Yo voy a cargar nuestro equipaje, luego veré qué más necesitan. Intenten no olvidarse de nada, si de verdad iremos hasta allá arriba, hay que contar con que quizás no bajaremos pronto. —les guiñó un ojo a ambos, y se dio la vuelta para cumplir con su palabra, aferrándose a su collar por debajo de la camisa, un fiel recuerdo de todo lo que había pasado en Matsuri, y claro, los eventos que en primer lugar los llevaron hasta allí.
No tardarían al final en abordar uno de los barcos de la empresa Nozama. Al menos Shin intentó que sea un proceso dinámico, tanto con el personal como cualquier posible carga, siendo de los últimos en subirse, cerciorándose de que todo esté correcto y en condiciones. Desde ese punto, abandonarían aquella isla de la corriente Akai hasta quién sabe cuando, imaginaba que quizás no volverían nunca, pero estaba bien con ello.
Al final, su sueño lo seguía movilizando, una y otra vez.
El viaje sería más largo de lo que acostumbraba, y entre baños obsesivos y el estreno de nuevas colonias igual de intensas pero agradables (y caras) Shin se movía por la totalidad de la embarcación. Inquieto, ansioso pero sobre todo, hiperactivo, pocos eran los momentos en donde se sentaba a hacer algo más que molestar al resto de personas, o incluso ligar como pasatiempo con alguna de las trabajadoras, aunque sin concretar nada, pues estaba aburrido y poco más.
Y en uno de esos instantes atípicos, a no mucho de llegar hasta el punto en donde las nuevas generaciones convergerían, se dignó a repasar otra vez el periódico, sumando una re-lectura de los wanted actualizados. Entre la noticia del asesinato de un Shichibukai y la ejecución de Yojimbo, o relatos sobre la valerosa División Sesenta, sus ojos cerúleos siguieron repasando aquellas hojas hasta ver el abultado número que una de las personas más especiales que jamás conoció poseía a modo de recompensa por su cabeza.
Sintió un flechazo en el pecho, pero del negativo. Lo que observaba detrás de sus gafas de sol era el bello rostro de María Merlot, confirmando la punzada de sospecha que tuvo respecto a Maki y a ella, siendo que la primera tenía un wanted todavía más alto. Suspiró con pesadez, ¿cómo se le había pasado algo así? Si bien, eran tiempos ya lejanos en distancia a su presente, en donde habían aparecido nuevos enemigos y responsabilidades prioritarias, ese ansiado reencuentro con la mujer que lo había dejado plantado ahora encontraba un nuevo significado.
Sentado en una silla sobre la cubierta del transporte dispuesto por Nozama, suspiró, y abruptamente exclamó sus sentimientos —¡AAAAAAH! ¡Eres una tramposa, María Merlot! —las gafas no ocultaban su resignación, dejándose caer en la superficie que lo sostenía como si fuese un trapo que se arrastraba a causa de la gravedad. Pero con un gesto totalmente decidido, e ignorando el fracaso tras la promesa que se hacía a sí mismo, exteriorizó su voluntad, poniéndose recto y apretando el periódico a modo de... hacer drama, para qué mentirnos. Shin sonrió, escondiendo hasta de él la incertidumbre y el miedo que sentía por la vida que la pirata peliazul había decidido vivir, lo que explicaba el motivo tras sus intenciones.
—Bien, seré yo quien te capture.
Otro motivo para bajar vivo de Skypea.
Desde que se cruzaron aquel cordón militar se mantuvo en las afueras del barco, observando todo lo que sus ojos pudiesen captar. Lo cierto es que nunca había visto tantas embarcaciones marines juntas como con aquel bloqueo del Gobierno Mundial, una demostración de lo bien coordinados que pueden ser si las órdenes vienen de una cadena de mando alta. Cierto orgullo comenzó a recorrerlo ante ello, sin embargo, no fue más alto que sus expectativas por llegar hasta el punto más elevado del mundo, pues la entrada al reino de los cielos se encontraba más allá de aquella barricada de barcos, sitio por el cual pudieron pasar sin muchos problemas al tener todo en regla.
No distinguió el momento en que comenzó a llover, pero las gotas lo empaparon rápidamente. Su cabello albino ondulaba ante el viento, y el cielo negro hacía parecer que la entrada al reino oculto más allá tendría como última prueba un pequeño infierno.
Hasegawa se mantuvo sonriente, confiando en quien dirigiese aquel barco al sitio designado. A medida que se acercaban seguía recordando todo lo que los llevó hasta allí, cada buen momento o nueva habilidad haciéndolo sentirse un paso más cerca del objetivo final. Esa luz que lo envolvía cuando brillaba más que nadie había dejado de ser sólo un poder, especialmente cuando su sueño contemplaba la idea de iluminar el mundo entero. Era un fulgor que sostenía entre sus manos y al mismo tiempo, encendía su corazón. Y por ello debía protegerla.
Entre esos pensamientos, y a la expectativa de una extraña ebullición del mar, habían llegado al Knock Up Stream, un sitio desde donde ese punto marítimo parecía querer hervir, o levantarse súbitamente como si fuese un géiser. Su uniforme estaba inundado de agua, pero al mismo tiempo se abrigó bien aún portando los símbolos de la marina, junto a un bolso con su equipamiento médico, y fue en ese momento, cuando ya no sabía qué esperar, que algo fue distinto, extremadamente inusual en comparación de todo lo que acostumbraba. Imaginaba la misma sensación en las personas a bordo de los navíos en los alrededores, pero Hasegawa estaba centrado en el cielo, pues de ahí caía el oleaje de sonidos, incluso tuvo que ajustarse las gafas debido a la incredulidad, acomodándolas sobre sus ojos y protegiéndolo de la lluvia.
Cantos tenores, prácticamente angelicales, venidos desde el cielo y apoderándose del mismísimo sonido. Nada más que el vibrar de las nubes era percibido por sus oídos, abriendo la boca a modo de sorpresa y tratando de encontrar explicaciones a la música ofrecida por el reino en la cima del mundo. Por supuesto que no descubriría el origen de aquello, no al menos si se quedaban en el agua, y por ello a medida que la inspiradora música iba rompiendo sus notas, en una intimidante bienvenida (o eso quería creer), el mar realizó otra de sus inenarrables proezas, alzándose hacia Skypea con una fuerza que no podría explicar, y sólo encontraba un equiparable cercano en los relatos que sus compañeros le regalaron del Reverse Mountain. —¡Nyri, Kael, abróchense el cinturón, esto tiene pinta de que será increíble! —con una sonrisa desafiante, y plena confianza de sus capacidades, se tomó unos segundos adicionales para observar esa maravilla en lo que llegaba el turno de la embarcación donde iban.
![[Imagen: 2363a0aa-c383-4786-8266-1a1041258516.png]](https://i.ibb.co/Kjyk3xHX/2363a0aa-c383-4786-8266-1a1041258516.png)
—Esta vez no me lo voy a perder.
Iba a grabar en su memoria el momento en que cruzaran los cielos a diferencia del paso hacia el Grand Line, donde estaba inconsciente. De esa manera, y cuando el barco por fin se puso en movimiento, se aferró con fuerza a una de las tantas barandillas, experimentando el acercamiento al mayor hito que había vivido hasta ese instante, deseando convertirse en otro caminante de los cielos.
Cayeron en la órbita de la Knock Up Stream, y la adrenalina desbordante en su pecho fue súbita, elevándolos hasta lo desconocido con una fuerza descomunal. No tenía idea de que un barco podía someterse a semejantes fuerzas, pero desde luego, la emoción vibrante en todos sus sentidos, acompañados de la melodía, se convertía en la experiencia no combativa más adrenalínica de su existencia, expresándolo en la emoción de sus exclamaciones —¡WUUUUUUJUUUUU! ¡BAJEN DE NUEVO, QUIERO REPETIR ESTO! —parecía un niño pequeño disfrutando de un parque de atracciones, en primera fila de los juegos más peligrosos.
Sin comprender del todo, que todavía faltaba lo mejor.
Un paso directo por los juegos del Soberano.
Let there be light
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![[Imagen: 2098a722-2562-4f6f-9de3-ebe4c16bb55b.png]](https://i.ibb.co/1YTfc1Tg/2098a722-2562-4f6f-9de3-ebe4c16bb55b.png)