03-07-2026, 06:54 AM
La subida a Skypiea…un proceso tan estrambótico como excepcional. Imaginarse el proceso de subida llegaba a poner los pelos del soldado de punta, ¿y quién le diría que alguna vez subiría hasta una isla situada en lo alto de los cielos? No sonaba en absoluto creíble. No recuerda la vez que llegó a escuchar hablar de las historias sobre la ciudad dorada de Shandora, o los pequeños objetos conocidos como diales; leyendas sin sentido que contaban en medio de una taberna con alguna relación a aquella tierra de los cielos. Por supuesto, el marine nunca le dió la importancia suficiente como para prestar atención al detalle, ya que en lugares como aquellos tan solo se hablan de historias sin sentido, y leyenda o no, aquello era incapaz de cambiar el hecho más fundamental de aquella misión:
El Shichibukai y gobernante de aquel impresionante lugar, Zarutsuki, había solicitado ayuda de la Marina, buscando que, con su imprescindible labor, se llevasen a cabo una vez más los conocidos como Juegos del Cielo.
No tuvo la capacidad de informarse sobre qué actividades se desempeñarían durante esos eventos, y seguramente serían informados próximamente tras su llegada en días posteriores. ¿Importaba? En absoluto. Ellos poseían una nueva misión, y su única labor era cumplir el deber impuesto que, cómo muchos otros marines en todas y cada una de las corrientes del Grand Line, y provenientes de océanos más lejanos incluso, acudirían a la llamada para ayudar en la custodia de ese grandioso lugar.
“Espero que esos marines de los que tanto he oído hablar estén allí”.
Y es que meses atrás, el nombre de Saint Vangelis Enji, así como el de Stroud Nanashi, que cubrieron el periódico de una estación atrás junto con el de Shin, fueron aquellos que más interés habían generado en aquel que ahora, cargado con su equipaje más esencial mientras su amigo se ocupaba de todo lo demás, comenzaba a embarcar en el navío de la empresa Nozama, observando cómo sus rostros muestran algo más de confianza al saber que algunos marines viajarían junto a ellos en aquel barco. Quizás, si tenía suerte y encontraba al primero, podría volver a ver a Juan Sebastián después de tanto tiempo, mostrándole sus nuevos avances.
Kael lo observa con calma caracterizada dentro de su ser, aprobando su mensaje.
—¿Vas a poder con todo el equipaje tú sólo? Mira que es más rápido si lo llevo yo.—Una pequeña broma, tratando de animar un ambiente que desde hacía semanas se había visto alicaído por la partida de dos compañeros. La persona que más lo exterioriza, por supuesto, terminaba siendo la Humink del equipo, pero intuye sin miedo a cometer un error que su amigo tampoco lo está llevando con el mejor ánimo.—Nyra, antes de que te marches. ¿Tienes un momento?
Demasiadas semanas atrás se habían sucedido en lo que había tratado de entregarle aquel regalo a su compañera. En un principio creyó haber podido hacerlo durante la mascarada de Matsuri, pero necio de él, solo mostró la poca precaución que puede llegar a proceder en su ser si consiguen entrometerse en lo más profundo de sus defensas.
Saber que podía caer tan fácilmente ponía sus nervios de punta, y ese pequeño placer de cabellos rojizos…pudo haber tenido un coste demasiado alto.
—He visto que no te manejas del todo mal con la katana, pero…—Entregó a su compañera lo que tanto tiempo tuvo consigo. Ella ya pudo intuirlo desde el momento en que lo vió tratar de embarcar, siendo estos casi tan altos como el propio hombre que los cargaba consigo.—Tus habilidades encajan mejor con estos Bos de aquí. Quizás no te acostumbres tan rápido a ellos como lo harías con uno comprado en una tienda, pero los he estado haciendo para ti. Estoy seguro de que sabrás sacarles mucho provecho.
La calma y seriedad en su tono de voz hacían imposibles diferenciar la preocupación de la disciplina como marine, el apoyo a una compañera, y el deber como guardián de los suyos. Ha comprobado como su amigo, lejos de tener alguna dificultad que mejorar, mostraba de lejos la potencia física que el control de su akuma y su entrenamiento fructífero habían entregado en él. Aún así, no apartaría la vista de su lado tampoco, pues el combate contra aquel teniente de la marina en Kutsukku les dejó en claro que, por muy fuertes que ellos jamás llegasen a ser, siempre terminaría existiendo alguna persona más poderosa que ellos.
—Ah, otra cosa. Te voy a llenar de equipaje, pero necesito que tú también estés preparada.—Sacó de aquella mochila que llevó durante su expedición en Baterilla hasta Kutsukku tres botiquines pequeños y uno mediano, ofreciéndoselos para asegurarse de que con eso, los tres miembros de la división estuviesen lo más prevenidos posibles.
Entre los suministros que el más corpulento de los tres tenía en su equipaje, asomó el arma que Hae-Won le había cedido a él; un pequeño regalo de despedida para su división, y un mensaje que denotaba como aquellos dos jóvenes enamorados habían encontrado la paz en un lugar que, lejos de sus hogares, ahora podrían mantener cómo propio en Matsuri.
O al menos, eso quería llegar a creer.
—Si necesitas alguna otra cosa, avísame. Yo voy a realizar comprobaciones en el cargamento.—Cerró la mochila, sacando primeramente su libreta de anotaciones de la misma junto con algo para escribir, y como si de un operario se tratase, dejó a Nyra tan solo si ella, al menos, no tenía nada más que añadir en aquella conversación.
Kael, lejos de centrarse únicamente en el cargamento, no sólo revisó el método de trabajo de los operarios de la compañía, apuntando con discreción y naturalidad toda aquella información que llegó a tener a su disposición, sino también los nombres de aquellos que se identificasen como trabajadores directos de la compañía, y no los que fueran subcontratados temporalmente de la misma. Tan sólo hablaría con aquellos que le dirigieran la palabra primero, y por supuesto, en ningún momento llegó a dificultar u obstaculizar ni un sólo movimiento de aquel duro trabajo de carga. Cómo marine, debía caminar con naturalidad y sin mostrar indicios de ocultarse, pero al mismo tiempo, tratar de no llamar la atención de aquellos cerca del mismo era algo que, sin lugar a dudas, trataría de lograr conforme la oportunidad se lo permitiese en los días venideros.
Toda precaución es poca para mantener a su división a salvo.
Los destinos de todas aquellas embarcaciones marítimas, portando -sino en su totalidad- la gran mayoría las banderas de aquella gran empresa de renombre mundial, Nozama, esperaban en un área tan enorme y con tanta cantidad de embarcaciones que era imposible observar más allá. La tormenta que caía sobre todos ellos no parecía dificultar lo que se observaba como una titánica tarea de reunión, esperando todos al fenómeno de ascenso que, en cualquier momento, permitiría a todos ellos abandonar aquella lluvia torrencial que empapaba los uniformes y ropajes de todos los trabajadores, marines, y aquellos que decidieron unirse a aquella expedición hacia los juegos del cielo. Resulta más que evidente pensar que para la correcta participación del mismo, muchas personas al igual que ellos vendrían embarcándose en uno de esos navíos.
A pesar del temporal, todo parecía genuinamente en calma. El agua azotaba los mascarones de proa y los costados de los barcos, salpicando en los que permanecían más alejados mientras ahora, con un movimiento mucho más firme y precavido, el marine se prepara para el ascenso.
Una sinfonía celestial, proveniente de más allá de las nubes se abrió paso entre las mismas, haciéndose notar a través de un gran eco por todo el lugar. Pero aquel sonido no era relajante.
El corazón de Kael no mantuvo la entereza que se mostraba en la firmeza de su semblante. Su cuerpo se mantenía recto, cruzando los brazos mientras comprueba de reojo el estado de todos y cada uno de los que a sus ojos llegaban a pasar. Cada latido retumbaba en el interior de su cuerpo, pero pronto…todos esos sonidos fueron acallados por el retumbar de la música en la tormenta, silenciando todos los ruidos y las voces de lo que allí en aquel momento se podía observar.
Todo quedó en nada…menos la música.
Y entonces, llegó el gran evento.
El conocido como Knock Up Stream, un chorro de agua de forma perpendicular que arrastraría todas las embarcaciones de forma simultánea hacia el cielo, comprobando así el conocimiento de quiénes participan en la subida con tal constancia y regularidad para hacer que todos se reunieran en el punto exacto de subida, se hizo presente. Solo su sonido llegó a interrumpir las notas musicales del coro celestial durante apenas unos momentos, hasta que el sonido, como si compitiera contra todo lo que no fuera su melodía, reuniera en sus esfuerzos un sonido aún más apabullante, acallando una vez más todo…excepto esa música.
Kael recordó aquellas palabras en Sabakun durante apenas un instante, y su postura se deshizo al instante. Buscó a Nyra y a Shin, olvidándose de todo lo demás. Sabe que no tiene capacidad de reacción suficiente como para hacer algo si la fuerza de los vientos y la explosión terminaban por hacerlos salir disparados. Él podía aguantar, pues sabía dios que haría pedazos el barco con tal de mantener sus pies sobre la madera hasta terminar el ascenso, pero…
No podía volver a cometer el mismo error.
Acercó sus pasos como pudo en su tarea hasta sus dos compañeros, manteniendo la distancia entre ellos tan mínima como le fuese posible. No puede, debe…ni tampoco quiere estar lejos de ninguno. Él era el guardián, y debe asegurarse de que ambos estén bien ahora y siempre.
El Shichibukai y gobernante de aquel impresionante lugar, Zarutsuki, había solicitado ayuda de la Marina, buscando que, con su imprescindible labor, se llevasen a cabo una vez más los conocidos como Juegos del Cielo.
No tuvo la capacidad de informarse sobre qué actividades se desempeñarían durante esos eventos, y seguramente serían informados próximamente tras su llegada en días posteriores. ¿Importaba? En absoluto. Ellos poseían una nueva misión, y su única labor era cumplir el deber impuesto que, cómo muchos otros marines en todas y cada una de las corrientes del Grand Line, y provenientes de océanos más lejanos incluso, acudirían a la llamada para ayudar en la custodia de ese grandioso lugar.
“Espero que esos marines de los que tanto he oído hablar estén allí”.
Y es que meses atrás, el nombre de Saint Vangelis Enji, así como el de Stroud Nanashi, que cubrieron el periódico de una estación atrás junto con el de Shin, fueron aquellos que más interés habían generado en aquel que ahora, cargado con su equipaje más esencial mientras su amigo se ocupaba de todo lo demás, comenzaba a embarcar en el navío de la empresa Nozama, observando cómo sus rostros muestran algo más de confianza al saber que algunos marines viajarían junto a ellos en aquel barco. Quizás, si tenía suerte y encontraba al primero, podría volver a ver a Juan Sebastián después de tanto tiempo, mostrándole sus nuevos avances.
Intenten no olvidarse de nada, si de verdad iremos hasta allá arriba, hay que contar con que quizás no bajaremos pronto.
Kael lo observa con calma caracterizada dentro de su ser, aprobando su mensaje.
—¿Vas a poder con todo el equipaje tú sólo? Mira que es más rápido si lo llevo yo.—Una pequeña broma, tratando de animar un ambiente que desde hacía semanas se había visto alicaído por la partida de dos compañeros. La persona que más lo exterioriza, por supuesto, terminaba siendo la Humink del equipo, pero intuye sin miedo a cometer un error que su amigo tampoco lo está llevando con el mejor ánimo.—Nyra, antes de que te marches. ¿Tienes un momento?
Demasiadas semanas atrás se habían sucedido en lo que había tratado de entregarle aquel regalo a su compañera. En un principio creyó haber podido hacerlo durante la mascarada de Matsuri, pero necio de él, solo mostró la poca precaución que puede llegar a proceder en su ser si consiguen entrometerse en lo más profundo de sus defensas.
Saber que podía caer tan fácilmente ponía sus nervios de punta, y ese pequeño placer de cabellos rojizos…pudo haber tenido un coste demasiado alto.
—He visto que no te manejas del todo mal con la katana, pero…—Entregó a su compañera lo que tanto tiempo tuvo consigo. Ella ya pudo intuirlo desde el momento en que lo vió tratar de embarcar, siendo estos casi tan altos como el propio hombre que los cargaba consigo.—Tus habilidades encajan mejor con estos Bos de aquí. Quizás no te acostumbres tan rápido a ellos como lo harías con uno comprado en una tienda, pero los he estado haciendo para ti. Estoy seguro de que sabrás sacarles mucho provecho.
La calma y seriedad en su tono de voz hacían imposibles diferenciar la preocupación de la disciplina como marine, el apoyo a una compañera, y el deber como guardián de los suyos. Ha comprobado como su amigo, lejos de tener alguna dificultad que mejorar, mostraba de lejos la potencia física que el control de su akuma y su entrenamiento fructífero habían entregado en él. Aún así, no apartaría la vista de su lado tampoco, pues el combate contra aquel teniente de la marina en Kutsukku les dejó en claro que, por muy fuertes que ellos jamás llegasen a ser, siempre terminaría existiendo alguna persona más poderosa que ellos.
—Ah, otra cosa. Te voy a llenar de equipaje, pero necesito que tú también estés preparada.—Sacó de aquella mochila que llevó durante su expedición en Baterilla hasta Kutsukku tres botiquines pequeños y uno mediano, ofreciéndoselos para asegurarse de que con eso, los tres miembros de la división estuviesen lo más prevenidos posibles.
Entre los suministros que el más corpulento de los tres tenía en su equipaje, asomó el arma que Hae-Won le había cedido a él; un pequeño regalo de despedida para su división, y un mensaje que denotaba como aquellos dos jóvenes enamorados habían encontrado la paz en un lugar que, lejos de sus hogares, ahora podrían mantener cómo propio en Matsuri.
O al menos, eso quería llegar a creer.
—Si necesitas alguna otra cosa, avísame. Yo voy a realizar comprobaciones en el cargamento.—Cerró la mochila, sacando primeramente su libreta de anotaciones de la misma junto con algo para escribir, y como si de un operario se tratase, dejó a Nyra tan solo si ella, al menos, no tenía nada más que añadir en aquella conversación.
Kael, lejos de centrarse únicamente en el cargamento, no sólo revisó el método de trabajo de los operarios de la compañía, apuntando con discreción y naturalidad toda aquella información que llegó a tener a su disposición, sino también los nombres de aquellos que se identificasen como trabajadores directos de la compañía, y no los que fueran subcontratados temporalmente de la misma. Tan sólo hablaría con aquellos que le dirigieran la palabra primero, y por supuesto, en ningún momento llegó a dificultar u obstaculizar ni un sólo movimiento de aquel duro trabajo de carga. Cómo marine, debía caminar con naturalidad y sin mostrar indicios de ocultarse, pero al mismo tiempo, tratar de no llamar la atención de aquellos cerca del mismo era algo que, sin lugar a dudas, trataría de lograr conforme la oportunidad se lo permitiese en los días venideros.
Toda precaución es poca para mantener a su división a salvo.
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Algunos días después…
Los destinos de todas aquellas embarcaciones marítimas, portando -sino en su totalidad- la gran mayoría las banderas de aquella gran empresa de renombre mundial, Nozama, esperaban en un área tan enorme y con tanta cantidad de embarcaciones que era imposible observar más allá. La tormenta que caía sobre todos ellos no parecía dificultar lo que se observaba como una titánica tarea de reunión, esperando todos al fenómeno de ascenso que, en cualquier momento, permitiría a todos ellos abandonar aquella lluvia torrencial que empapaba los uniformes y ropajes de todos los trabajadores, marines, y aquellos que decidieron unirse a aquella expedición hacia los juegos del cielo. Resulta más que evidente pensar que para la correcta participación del mismo, muchas personas al igual que ellos vendrían embarcándose en uno de esos navíos.
A pesar del temporal, todo parecía genuinamente en calma. El agua azotaba los mascarones de proa y los costados de los barcos, salpicando en los que permanecían más alejados mientras ahora, con un movimiento mucho más firme y precavido, el marine se prepara para el ascenso.
Y entonces, sonó la gran orquesta.
ost
Una sinfonía celestial, proveniente de más allá de las nubes se abrió paso entre las mismas, haciéndose notar a través de un gran eco por todo el lugar. Pero aquel sonido no era relajante.
El cielo les estaba dando la bienvenida
y su melodía intimidante
desgastaba incluso
el ALMA
El corazón de Kael no mantuvo la entereza que se mostraba en la firmeza de su semblante. Su cuerpo se mantenía recto, cruzando los brazos mientras comprueba de reojo el estado de todos y cada uno de los que a sus ojos llegaban a pasar. Cada latido retumbaba en el interior de su cuerpo, pero pronto…todos esos sonidos fueron acallados por el retumbar de la música en la tormenta, silenciando todos los ruidos y las voces de lo que allí en aquel momento se podía observar.
Todo quedó en nada…menos la música.
Y entonces, llegó el gran evento.
![[Imagen: zLdaJW7.jpeg]](https://i.imgur.com/zLdaJW7.jpeg)
El conocido como Knock Up Stream, un chorro de agua de forma perpendicular que arrastraría todas las embarcaciones de forma simultánea hacia el cielo, comprobando así el conocimiento de quiénes participan en la subida con tal constancia y regularidad para hacer que todos se reunieran en el punto exacto de subida, se hizo presente. Solo su sonido llegó a interrumpir las notas musicales del coro celestial durante apenas unos momentos, hasta que el sonido, como si compitiera contra todo lo que no fuera su melodía, reuniera en sus esfuerzos un sonido aún más apabullante, acallando una vez más todo…excepto esa música.
No sé lo que ocurrirá. No sé si sufriremos una emboscada, si caeré del barco en una tormenta o si dentro de unos años me llevará una enfermedad.
Kael recordó aquellas palabras en Sabakun durante apenas un instante, y su postura se deshizo al instante. Buscó a Nyra y a Shin, olvidándose de todo lo demás. Sabe que no tiene capacidad de reacción suficiente como para hacer algo si la fuerza de los vientos y la explosión terminaban por hacerlos salir disparados. Él podía aguantar, pues sabía dios que haría pedazos el barco con tal de mantener sus pies sobre la madera hasta terminar el ascenso, pero…
No podía volver a cometer el mismo error.
Acercó sus pasos como pudo en su tarea hasta sus dos compañeros, manteniendo la distancia entre ellos tan mínima como le fuese posible. No puede, debe…ni tampoco quiere estar lejos de ninguno. Él era el guardián, y debe asegurarse de que ambos estén bien ahora y siempre.
Por aquellos que ya se fueron,
debe mantener su promesa.
debe mantener su promesa.
marines a los cielos
![[Imagen: jGxJg3p.png]](https://i.imgur.com/jGxJg3p.png)
