03-07-2026, 07:42 AM
♫♪♫♪
¡OH!, perdóname, Señor...
¡OH!, soy una buena chica...
Nunca le haría daño ni a una mosca, pero tengo muros que escalar.
¡OH!, perdóname, Señor...
¡OH!, un acorde menor...
Me pusiste en esta trampa, pero tuve que arañar para escapar.
¡OH!, perdóname, Señor...
¡OH!, soy una buena chica...
Nunca le haría daño ni a una mosca, pero tengo muros que escalar.
¡OH!, perdóname, Señor...
¡OH!, un acorde menor...
Me pusiste en esta trampa, pero tuve que arañar para escapar.
Las aventuras suelen llegar de las maneras más inesperadas y casi siempre vienen en bandejas de platas, algunas nacen de sueños puros que en su momento aguardaron solo un instante para aparecer latentes en el momento de tomar esa precisa decisión entre refugiarnos en la monotonía o de atrevernos a convertir en realidad quello que el corazón nos grita siempre en su agonía, y cuando llega el momento de tomar el valor, porque claro que llega... la solución es simple, tomas el timón del barco y con la frente en alto deberás desplegar las velas hacia ese horizonte.
Mi suerte siempre ha sido incierta desde que me hice a la mar, tras verme recorrer valles cuya cima parecían imposibles de alcanzar, pero… ¿acaso no valía la pena sentir esta felicidad sin haber atravesado primero la maldición que me condujo hasta ella?, sí, guardé todas mis incertidumbres en el silencio de mis noches, cuando la soledad proyectaba los recuerdos de mis manos manchadas por la sangre, por mis decisiones que jamás imaginé verme obligada a tomar, y mis promesas, mis juramentos, y todos mis credos, fueron arrebatados el mismo día en que no fui capaz de medir mi propia fuerza por proteger a quienes creí… debían ser protegidos. Y juro que nunca quise herirlos.
Sí, mi suerte siempre ha sido incierta pero tampoco podría decir que no me siento agradecida de haber recorrido ese camino, en cada viaje, en cada aprendizaje y aun en medio de mi infortunio… encontré personas tan sinceras como maravillosas, a todas ellas las llevo conmigo resguardadas en el corazón como pilares que me recuerdan quién soy, quién siempre he sido, todas ellas me impiden perder el rumbo, a cada una... incluso en las sombras de aquellos recuerdos lejanos, los aprecio como joyas preciosas en la esperanza de que el destino me conceda volver a encontrarlas algún día.
¡La resonancia llegó! ¡El eco llamó! Así se presentó… la canción ya había sido declarada.
Y yo debía… no, ¡Yo anhelaba!
formar parte de aquella sinfonía que el propio cielo había invitado a escuchar.
Días antes me había unido a un grupo de personas que, como yo, compartían un profundo amor por la música, eran artistas que buscaban hacer de sus oficios un estilo de vida, abriendo sus puertas a todo aquel que deseara recorrer ese mismo sendero. Fue una experiencia tan maravillosa como inesperada, a su lado descubrí la dicha de compartir nuestras melodías en pequeños recintos y caminos olvidados, sintiéndome por fin parte de algo más grande que sentimientos frágiles, sí… al fin la suerte parecía sonreírme.
Pero aquello no sería el final de mi suerte puesto que quien encabezaba aquella gira de artistas errantes había conseguido lo impensable, un pase que nos permitiría llegar a aquellas tierras que solo pueden recorrerse entre el cielo y las nubes.
Nos ofreceríamos como parte de una tripulación mercantil, primero como ayudantes y luego como un grupo de artistas dispuestos a agradar a los soberanos de Skypiea, los navíos eran identificados con las banderas de la flota Nozama, contaban con salvoconductos aprobados por sus representantes, y con todo un pronóstico prometedor, Dona consiguió que nos aceptaran bajo aquella fachada, era colaborar en las labores del viaje a cambio de llegar a nuevas tierras donde podríamos ofrecer pequeños homenajes al gran evento que atraía a quienes soñaban con convertir de esa isla en la mayor de sus aventuras.
Pero claro…no todo era tan sencillo como parecía, había un pequeño inconveniente que no podíamos pasar por alto, en aquella dotación no aceptaban piratas. Cuando creí que mi viaje terminaba antes de comenzar, Dona decidió transformar mi apariencia, no fue un cambio drástico como tal pero sí suficiente para volverme "irreconocible", me vistió con prendas de inspiración helénica adornadas con delicados accesorios dorados que descansaban sobre mi cuerpo y mi cabeza, y para ocultar parte de mi rostro más el inconfundible tono anaranjado de mi cabello, cubrió mi figura con finas telas de seda. Gracias a ello pasaría desapercibida.
Dona y los demás habían decidido ayudarme, sabían que había una recompensa sobre mi cabeza y que muchos me consideraban un “peligro mortal” pero también habían escuchado mi historia, aun con todo eso, eligieron creer en mí y verme por quien realmente era… una violinista que desea conquistar el mundo con su propia melodía.
Aquella joven de pelo azulado albergaba la esperanza de reencontrarse con su hermana, Mara, otra doncella profundamente enamorada del mundo artístico, nunca llegó a decirme si su talento provenía de un instrumento o de alguna otra orientación del arte como el baile, actuación o pintura, aunque supongo que esa respuesta llegará a su debido tiempo pero no tengo dudas de que presenciar el reencuentro entre Mara y Dona será una experiencia tan conmovedora como inolvidable.
Tras días de preparación, ensayos y arduo trabajo, todos los navíos que portaban las credenciales e insignias de la flota aguardaban el momento más esperado, la increíble vertiente conocida como Knock Up Stream, la misma que era capaz de elevar embarcaciones hasta los cielos, y desde cada cubierta la expectación era casi palpable a simple vista, todos esperábamos presenciar aquel fenómeno que marcaría el inicio de una aventura irrepetible. Cuando la columna de agua emergió pronto hizo demostración de su violenta presión en todos los barcos que habían esperado a su aparición, y con la experiencia de haber atravesado antes una vertiente así, la mayoría se aferró a lo primero que estaba cerca para no ser arrojados por la borda, yo me sujeté del mástil más cercano mientras otros se mantenían firmes en la proa, decididos a contemplar de frente cómo el navío atravesaba las nubes, siguiendo el camino que el océano abría hacia un mundo que ninguno de nosotros conocía.
No sentía miedo de descubrir qué se ocultaba más allá de aquel vestíbulo de nubes negras, ni de la incesante sinfonía de los rayos que devoraba cualquier sonido que se atreviera a nacer, ni siquiera la melodía más hermosa que Amphitrite pudiera interpretar habría sido capaz de imponerse al torrencial estruendo de aquella tormenta que entonaban un coro de tenores celestiales mientras los huracanados vientos reclamaban el cielo como suyo, fue entonces cuando el velo que cubría mi rostro salió despedido por el vendaval y… con él también se fue mi amado sombrero.
Otra vez…
Pero nada de eso importó, en ese instante era libre… sin esconderme, sin cadenas, sin ataduras, me permití reír a todo pulmón mientras el viento me empapaba con gotas saladas, ahí estaba, ansiosa por descubrir lo que que había en los cielos.
Amphitrite Toca la Canción
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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