Kyodania, tiempo atrás...
Los tiempos tranquilos no hacen hombres débiles; los tiempos tranquilos hacen hombres que deben pensar para cuando los tiempos dejen de tener paz, pues la paz no es eterna, al menos no en este plano, no en este mundo. Dharma, el oriundo de Wano, el cruel espadachín, el cegador de vidas... sus historias eran muchas, los mitos y cuentos eran más. Catalogado como uno de los piratas más fríos y crueles, o el más malvado de todos ellos, le daba igual el nombre o la historia que otros pudieran pintar sobre él. Al final solo forjaba su camino conforme era necesario, conforme su mente y su espíritu le indicaban. Conveniente en la mayoría de las veces, pues era una persona inteligente, fría y sin sentimientos que pudieran ser catalogados como humanos. El tiempo de quietud en la isla de Kyodania había llegado a su fin y, con eso, daba inicio la promesa de algo más.
La curiosidad era lo que la mayoría de las veces movía al pelinegro, pues sabiendo que su destino estaba en algún punto del Nuevo Mundo y con base en sus investigaciones como erudito, entendía que había cosas ocultas alrededor de todo lo que alguien pudiera pensar o creer de manera común. Ahora la oportunidad de avanzar había llegado. Las maneras de enterarse habían sido varias, pero principalmente el periódico, convocando a quien quisiera probarse en competir en algún deporte. ¿Cuáles? Al menos Dharma no lo sabía, pero comprendía que era una buena oportunidad de llegar a ese lugar tan mítico, tanto como sus propias historias de malignidad que cuentan el periódico y la gente. Entendiendo esto y sabiéndose solo; tras la desaparición de su último nakama como miembro de los piratas Rakshasa, se vio en la posibilidad y obligación de por fin moverse en solitario. Ahora dependía más que nunca del propio universo y su magnánimo creador, el cual, como siempre, daba de una u otra forma las maneras para que él lograra continuar su epopeya personal.
Con el pasar de los últimos días había mucho ajetreo en algunos puntos de interés de Kyodania: recolectores de animales, pieles, carnes, diversas frutas y verduras; todo lo que pudiera habitar en esta isla desolada y a la vez llena de vida. Todo tenía una bandera, una señal, un símbolo que incluso parecían presumir. Nozama, la compañía de entregas y otras cosas que por ahora no le importaban mucho, pero que sin duda alguna le serviría para moverse con ellos. Entre balbuceos, un poco de extorsión y un par de asesinatos, Dharma logró tener la información necesaria para poder moverse con naturalidad como un empleado más de esta compañía.
La muerte de un par de trabajadores en una isla tan caótica como Kyodania era un daño colateral y nada más. Así era como Dharma conseguía inmiscuirse como un empleado más dentro de uno de los varios navíos que se encargaban de la recolección; por su parte, él llevaba frutas y verduras, un par de cajas llenas de estos alimentos, logrando entrar así sin mayor problema y comenzar su viaje. Aunque claramente su vestimenta por ahora era diferente, haciéndose con los ropajes de uno de los dos empleados finados. Las prendas le cubrían parte del rostro y también servían para pasar como uno más de los cientos de empleados que se paseaban entre los barcos. Parecía que poco o nada se conocían la mayoría, pues para este tipo de encargos solo necesitaban gente con la capacidad de cargar y que necesitara una paga.
Día 2 de Primavera del año 18
Cerca de la Knock Up Stream
El día prometido había llegado tras haberse embarcado como un empleado más de uno de los navíos bajo el contrato de la empresa de paquetería Nozama. Dharma había pasado desapercibido como uno más, sin dilema alguno, asomándose por ahora en la parte de los barandales del lado diestro del navío, recargado ahí sin más, mirando que el punto de inflexión para llegar a Skypea parecía acercarse. No es que él fuese experto en navegación, pero todos en el barco repartidor hablaban de este día como uno de los más importantes y cruciales. Menos mal todo corría a cargo de alguien más, pues la habilidad y calidad del navegante era algo que ya se tenía contemplado en un tipo de navío como este. Al fin y a cabo, no estarían dispuestos a fallar, y menos la gente de Nozama.
Ahora el espadachín pasaba desapercibido, todo esto con el propósito de ahorrarse buenos inconvenientes y evitar peleas innecesarias, puesto que tenia toda la intención de llegar al solicitado y famoso evento que estaba por suceder. También sus armas debían pasar desapercibidas, con sus espadas ocultas como si fueran un par de banderas recubiertas de cintas negras, de las que se utilizan para seguir indicaciones de carga y descarga. Pasaba de lo más natural, más ahora que portaba una gorra de color negro y un chaleco que hacía el uniforme completo. El día comenzaba a avanzar en su itinerario; se encontraban en el punto de inflexión. Tras haber cruzado el punto de vigilancia por parte del Gobierno Mundial, ahora seguía la parte en la que llegarían a la isla del cielo, cosa que desconocía de manera total el pirata. Pero lo que podía entender es que, de alguna forma, el mismo mar los llevaría al cielo; no le parecía una idea tan descabellada si ya había pasado por cosas insólitas y tenía conocimiento de los poderes que existen en este mundo, poderes que incluso él puede poseer.
El lienzo celestial había cambiado a una tonalidad gris de forma un tanto brusca, demostrando que los fenómenos meteorológicos seguían una especie de lógica; al menos eso era lo que él podía analizar al respecto. Tras eso, podía verse cómo otra decena de barcos y demás navíos se aglomeraban en un amplio radio. El mar parecía más vivo que nunca. El agua comenzaba a golpear con más fuerza conforme se acercaba el tiempo límite, y el cielo en su estruendo demostró un acto único. Incluso parecía idílico, entre sonidos angelicales, por decirlo de alguna manera y sin querer crear un cliché. Dharma prestaba atención a lo que sucedía mientras la tormenta que se generaba seguía incrementando su fuerza y, tomado de la baranda del barco, ajustó sus manos con firmeza. No entraría a protegerse como muchos otros empleados: su curiosidad y deseo de ver algo diferente le mantuvieron ahí, acompañado de esa música celestial.
| Bro... |
Musitó, anticipando algo extraordinario, hablando para sí mismo, pues solo se tenía a él y a nadie más. Y comenzó a subir, como si fuesen lanzados por un gigante, por un dios, pero era solo el mar y la naturaleza demostrando su complejidad. Elevándose el navío donde el espadachín yacía y sujetándose con firmeza, su fuerza y resistencia le permitían mantenerse estable sin ningún agravio, mientras todo parecía oscurecerse más y más. La presión atmosférica, de igual forma, aumentaba por el cambio de velocidad y altitud.
La curiosidad era lo que la mayoría de las veces movía al pelinegro, pues sabiendo que su destino estaba en algún punto del Nuevo Mundo y con base en sus investigaciones como erudito, entendía que había cosas ocultas alrededor de todo lo que alguien pudiera pensar o creer de manera común. Ahora la oportunidad de avanzar había llegado. Las maneras de enterarse habían sido varias, pero principalmente el periódico, convocando a quien quisiera probarse en competir en algún deporte. ¿Cuáles? Al menos Dharma no lo sabía, pero comprendía que era una buena oportunidad de llegar a ese lugar tan mítico, tanto como sus propias historias de malignidad que cuentan el periódico y la gente. Entendiendo esto y sabiéndose solo; tras la desaparición de su último nakama como miembro de los piratas Rakshasa, se vio en la posibilidad y obligación de por fin moverse en solitario. Ahora dependía más que nunca del propio universo y su magnánimo creador, el cual, como siempre, daba de una u otra forma las maneras para que él lograra continuar su epopeya personal.
Con el pasar de los últimos días había mucho ajetreo en algunos puntos de interés de Kyodania: recolectores de animales, pieles, carnes, diversas frutas y verduras; todo lo que pudiera habitar en esta isla desolada y a la vez llena de vida. Todo tenía una bandera, una señal, un símbolo que incluso parecían presumir. Nozama, la compañía de entregas y otras cosas que por ahora no le importaban mucho, pero que sin duda alguna le serviría para moverse con ellos. Entre balbuceos, un poco de extorsión y un par de asesinatos, Dharma logró tener la información necesaria para poder moverse con naturalidad como un empleado más de esta compañía.
La muerte de un par de trabajadores en una isla tan caótica como Kyodania era un daño colateral y nada más. Así era como Dharma conseguía inmiscuirse como un empleado más dentro de uno de los varios navíos que se encargaban de la recolección; por su parte, él llevaba frutas y verduras, un par de cajas llenas de estos alimentos, logrando entrar así sin mayor problema y comenzar su viaje. Aunque claramente su vestimenta por ahora era diferente, haciéndose con los ropajes de uno de los dos empleados finados. Las prendas le cubrían parte del rostro y también servían para pasar como uno más de los cientos de empleados que se paseaban entre los barcos. Parecía que poco o nada se conocían la mayoría, pues para este tipo de encargos solo necesitaban gente con la capacidad de cargar y que necesitara una paga.
Uniforme random de empleado de Nozama
Día 2 de Primavera del año 18
Cerca de la Knock Up Stream
El día prometido había llegado tras haberse embarcado como un empleado más de uno de los navíos bajo el contrato de la empresa de paquetería Nozama. Dharma había pasado desapercibido como uno más, sin dilema alguno, asomándose por ahora en la parte de los barandales del lado diestro del navío, recargado ahí sin más, mirando que el punto de inflexión para llegar a Skypea parecía acercarse. No es que él fuese experto en navegación, pero todos en el barco repartidor hablaban de este día como uno de los más importantes y cruciales. Menos mal todo corría a cargo de alguien más, pues la habilidad y calidad del navegante era algo que ya se tenía contemplado en un tipo de navío como este. Al fin y a cabo, no estarían dispuestos a fallar, y menos la gente de Nozama.
Uniforme con chaleco y gorra
Ahora el espadachín pasaba desapercibido, todo esto con el propósito de ahorrarse buenos inconvenientes y evitar peleas innecesarias, puesto que tenia toda la intención de llegar al solicitado y famoso evento que estaba por suceder. También sus armas debían pasar desapercibidas, con sus espadas ocultas como si fueran un par de banderas recubiertas de cintas negras, de las que se utilizan para seguir indicaciones de carga y descarga. Pasaba de lo más natural, más ahora que portaba una gorra de color negro y un chaleco que hacía el uniforme completo. El día comenzaba a avanzar en su itinerario; se encontraban en el punto de inflexión. Tras haber cruzado el punto de vigilancia por parte del Gobierno Mundial, ahora seguía la parte en la que llegarían a la isla del cielo, cosa que desconocía de manera total el pirata. Pero lo que podía entender es que, de alguna forma, el mismo mar los llevaría al cielo; no le parecía una idea tan descabellada si ya había pasado por cosas insólitas y tenía conocimiento de los poderes que existen en este mundo, poderes que incluso él puede poseer.
El lienzo celestial había cambiado a una tonalidad gris de forma un tanto brusca, demostrando que los fenómenos meteorológicos seguían una especie de lógica; al menos eso era lo que él podía analizar al respecto. Tras eso, podía verse cómo otra decena de barcos y demás navíos se aglomeraban en un amplio radio. El mar parecía más vivo que nunca. El agua comenzaba a golpear con más fuerza conforme se acercaba el tiempo límite, y el cielo en su estruendo demostró un acto único. Incluso parecía idílico, entre sonidos angelicales, por decirlo de alguna manera y sin querer crear un cliché. Dharma prestaba atención a lo que sucedía mientras la tormenta que se generaba seguía incrementando su fuerza y, tomado de la baranda del barco, ajustó sus manos con firmeza. No entraría a protegerse como muchos otros empleados: su curiosidad y deseo de ver algo diferente le mantuvieron ahí, acompañado de esa música celestial.
| Bro... |
Musitó, anticipando algo extraordinario, hablando para sí mismo, pues solo se tenía a él y a nadie más. Y comenzó a subir, como si fuesen lanzados por un gigante, por un dios, pero era solo el mar y la naturaleza demostrando su complejidad. Elevándose el navío donde el espadachín yacía y sujetándose con firmeza, su fuerza y resistencia le permitían mantenerse estable sin ningún agravio, mientras todo parecía oscurecerse más y más. La presión atmosférica, de igual forma, aumentaba por el cambio de velocidad y altitud.
OFF ROL:
| D e v i l s | N e v e r | C r y |
