03-07-2026, 11:25 AM
Tobías no tardó en aparecer. El jaleo que había armado Garnet al despertar había alertado a todos los miembros de la tripulación. Como si nada, el tirador hizo que una mesa y varias sillas se aproximaran al centro de la cubierta. Me costaba acostumbrarme a aquellas habilidades, incluso a las mías propias, y en muchas ocasiones incluso olvidaba de lo que era capaz. Tobías parecía animado por nuestro “éxito” del día anterior. La verdad era que no había salido tan mal como podría haber salido, pero me fastidiaba que todo se hubiese debido a una autodestrucción. Lo bueno era que, de todas maneras, habíamos conseguido nuestro objetivo y a mí no me habían llevado de vuelta con mi madre a la fuerza. Ahora debíamos recuperarnos y ponernos al día antes de iniciar nuestros próximos movimientos.
Kenzo también acudió a la cubierta al escuchar los gritos de Garnet. Estaba muy hablador, como siempre, y eso era buena señal. Lo primero que me preguntó era cuántos puros me había fumado. Llevé mis ojos hacia arriba como respuesta. También preguntó por Jolyne y me pidió que le revisase las heridas. Ya lo había hecho con todos y, por suerte, ninguno estaba herido de gravedad. Nos recuperaríamos rápidamente. —Jolyne era la que más fresca estaba. Estará enseñándole algún truco a la gallina esa o plantando algún tomate —le contesté para que no se preocupase. La verdad era que me gustaría que también se uniese a nosotros para que me contase cómo narices había sobrevivido sin apenas un rasguño de su enfrentamiento y cómo había conseguido llegar tan rápido a mi sala.
Cuando Garnet comenzó a hablar supe que aquello iba para largo, así que cogí una de las sillas que Tobías había acercado y me senté en ella con las piernas cruzadas mientras continuaba fumándome el puro. Garnet también se había percatado de que aquel doctor chalado parecía conocernos a la perfección y haber utilizado nuestros puntos débiles a su favor. Me sorprendió escuchar que él se había enfrentado a dos robots, uno de ellos con la personalidad de uno de sus enemigos del pasado. Eso era ya extremadamente concreto y enfermizo. Por si fuera poco, sus dos robots se fusionaron en una especie de gorila que, por algún motivo, Garnet veía atractiva. Sus niveles de lujuria ya llegaban a límites insospechados y era preocupante. —Esto ya es el colmo. ¿Un gorila robot? ¡¿Qué narices te pasa?! —le espeté esperando que los demás no actuasen con tanta naturalidad como él —. ¿Veis eso normal?
Respiré profundamente antes de responder a su pregunta y a lo que todos esperaban, para eso estábamos aquí. —Evidentemente no. No tuvimos ningún robot sexual con forma de gorila. Bueno, no sé los demás, pero apostaría a que eras el único al que se lo pusieron. En mi sala estaba el doctor, más bien su cerebro. Era un maldito cerebro metido en un tarro en una sala llena de máquinas. También había otro robot que era duro de cojones. Las máquinas de la sala me afectaron, emitían un sonido molesto y no podía utilizar el haki. Mi fruta tampoco parecía afectarle. Si no llega a ser por Jolyne y Tobías habría conseguido capturarme. ¿Cómo os fue a vosotros? —pregunté a Tobías y a Kenzo.
Kenzo también acudió a la cubierta al escuchar los gritos de Garnet. Estaba muy hablador, como siempre, y eso era buena señal. Lo primero que me preguntó era cuántos puros me había fumado. Llevé mis ojos hacia arriba como respuesta. También preguntó por Jolyne y me pidió que le revisase las heridas. Ya lo había hecho con todos y, por suerte, ninguno estaba herido de gravedad. Nos recuperaríamos rápidamente. —Jolyne era la que más fresca estaba. Estará enseñándole algún truco a la gallina esa o plantando algún tomate —le contesté para que no se preocupase. La verdad era que me gustaría que también se uniese a nosotros para que me contase cómo narices había sobrevivido sin apenas un rasguño de su enfrentamiento y cómo había conseguido llegar tan rápido a mi sala.
Cuando Garnet comenzó a hablar supe que aquello iba para largo, así que cogí una de las sillas que Tobías había acercado y me senté en ella con las piernas cruzadas mientras continuaba fumándome el puro. Garnet también se había percatado de que aquel doctor chalado parecía conocernos a la perfección y haber utilizado nuestros puntos débiles a su favor. Me sorprendió escuchar que él se había enfrentado a dos robots, uno de ellos con la personalidad de uno de sus enemigos del pasado. Eso era ya extremadamente concreto y enfermizo. Por si fuera poco, sus dos robots se fusionaron en una especie de gorila que, por algún motivo, Garnet veía atractiva. Sus niveles de lujuria ya llegaban a límites insospechados y era preocupante. —Esto ya es el colmo. ¿Un gorila robot? ¡¿Qué narices te pasa?! —le espeté esperando que los demás no actuasen con tanta naturalidad como él —. ¿Veis eso normal?
Respiré profundamente antes de responder a su pregunta y a lo que todos esperaban, para eso estábamos aquí. —Evidentemente no. No tuvimos ningún robot sexual con forma de gorila. Bueno, no sé los demás, pero apostaría a que eras el único al que se lo pusieron. En mi sala estaba el doctor, más bien su cerebro. Era un maldito cerebro metido en un tarro en una sala llena de máquinas. También había otro robot que era duro de cojones. Las máquinas de la sala me afectaron, emitían un sonido molesto y no podía utilizar el haki. Mi fruta tampoco parecía afectarle. Si no llega a ser por Jolyne y Tobías habría conseguido capturarme. ¿Cómo os fue a vosotros? —pregunté a Tobías y a Kenzo.
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