03-07-2026, 02:14 PM
Su curiosidad duró apenas un suspiro. No por falta de interés en el libro o en la mujer que lo sostenía, para nada, sino porque la muchacha, de pronto, se levantó dispuesta a cerrar la distancia entre ambas.
Ciertamente era extraño —y quizás incluso rocambolesco—; sin embargo, el aura que emanaba la recién llegada la desarmó de inmediato. Había en ella tal naturalidad, una extroversión tan genuina, que incluso un acto tan invasivo como lo es el abandonar la propia mesa para abordar a una desconocida, cobró un aire de absoluta legitimidad para Mudan.
—Oh... —dejó escapar Bai, mientras bajaba la mirada hasta su mano.
Acto seguido, movió su silla intentando no arrastrarla por el suelo y le hizo espacio a la forastera.
—No... No sé quién es ese tal Gnomel —respondió con cierta timidez.
No es que fuera tímida por naturaleza sino que, desde que había escapado de su isla, se había sumido en una especie de solipsismo que la hacía rozar la introversión hasta el punto de que se le hacía extraño mediar palabra con los demás.
Abrió la boca para contestar, pero su mente, ligeramente entumecida por tanto tiempo de soledad, tuvo que esforzarse para procesar que, finalmente, alguien no solo la estaba escuchando, sino que esperaba una respuesta.
—Un castigo... demasiado severo para una travesura tan pequeña, ¿no crees? —se aventuró a decir en un hilo de voz, mientras extendía la mano, pidiéndole el libro en un gesto despreocupado—. Aunque entiendo el punto. Supongo que es una forma efectiva de asegurar el respeto.
A decir verdad, la birkiniana, por mucha hambre de conocimiento que tuviera, apenas conocía el pasado de su propio pueblo y un puñado de relatos que los suyos habían traducido de la lengua común a la suya. Sin embargo, su memoria rescató un viejo manuscrito.
—Aunque... me recuerda un poco al mito de Erisictón. Es una fábula que se le cuenta a los niños para que no sean glotones y respeten la comida que da la tierra —Bai hizo un breve silencio, sopesando la crueldad de sus propias palabras—. Vaya... Creo que es un final incluso más terrible que el de tu abuela Gno-Gno. Al final, maldito por un hambre insaciable, Erisictón terminó devorándose a sí mismo en un ataque de locura.
Se llevó la mano al mentón uy achicó los ojos meditando sobre lo que acababa de decir.
—Pero bueno, no hay nada que temer. No es como que yo estuviera maltratando la comida.
Ciertamente era extraño —y quizás incluso rocambolesco—; sin embargo, el aura que emanaba la recién llegada la desarmó de inmediato. Había en ella tal naturalidad, una extroversión tan genuina, que incluso un acto tan invasivo como lo es el abandonar la propia mesa para abordar a una desconocida, cobró un aire de absoluta legitimidad para Mudan.
—Oh... —dejó escapar Bai, mientras bajaba la mirada hasta su mano.
Acto seguido, movió su silla intentando no arrastrarla por el suelo y le hizo espacio a la forastera.
—No... No sé quién es ese tal Gnomel —respondió con cierta timidez.
No es que fuera tímida por naturaleza sino que, desde que había escapado de su isla, se había sumido en una especie de solipsismo que la hacía rozar la introversión hasta el punto de que se le hacía extraño mediar palabra con los demás.
Abrió la boca para contestar, pero su mente, ligeramente entumecida por tanto tiempo de soledad, tuvo que esforzarse para procesar que, finalmente, alguien no solo la estaba escuchando, sino que esperaba una respuesta.
—Un castigo... demasiado severo para una travesura tan pequeña, ¿no crees? —se aventuró a decir en un hilo de voz, mientras extendía la mano, pidiéndole el libro en un gesto despreocupado—. Aunque entiendo el punto. Supongo que es una forma efectiva de asegurar el respeto.
A decir verdad, la birkiniana, por mucha hambre de conocimiento que tuviera, apenas conocía el pasado de su propio pueblo y un puñado de relatos que los suyos habían traducido de la lengua común a la suya. Sin embargo, su memoria rescató un viejo manuscrito.
—Aunque... me recuerda un poco al mito de Erisictón. Es una fábula que se le cuenta a los niños para que no sean glotones y respeten la comida que da la tierra —Bai hizo un breve silencio, sopesando la crueldad de sus propias palabras—. Vaya... Creo que es un final incluso más terrible que el de tu abuela Gno-Gno. Al final, maldito por un hambre insaciable, Erisictón terminó devorándose a sí mismo en un ataque de locura.
Se llevó la mano al mentón uy achicó los ojos meditando sobre lo que acababa de decir.
—Pero bueno, no hay nada que temer. No es como que yo estuviera maltratando la comida.
Karma usado
Bai Mudan
PROCESAMIENTO DEL VACÍO
⚖️ Capitana del Wu Wei
฿105,000,000
Nv.23 — Silogista
Virtudes
Vicios
