03-07-2026, 06:12 PM
(Última modificación: 03-07-2026, 06:24 PM por Zhang Guolao.)
Los Juegos del Soberano - 2 de Primavera del año 18
Pero no necesitaba un buen par de ojos para ello. A su edad, las corrientes y los cielos le habían curtido un sexto sentido... Que lo habían convertido en un viejo mañoso... Solo había que saber escuchar para entender el mundo, para llegar a cualquier lugar.
El Wu Wei crujía bajo sus pezuñas. Llevaban ya varias semanas en alta mar, habiendo sido contratados para transportar suministros hacia un evento insólito. Zhang alzó la vista hacia el cielo, observando la bandera de "Nozama" ondeando en el mástil.
¿Por qué estaban allí? El viejo burro soltó un soplido mientras maniobraba suavemente el timón. Estaban a punto de llegar y, como pudieron, los tres habían amarrado y almacenado la carga de la mejor forma posible. La habilidad de Mahou era muy útil en general, y evitaba que nos sobre esforzáramos.
Silencio dio un salto hasta acomodarse en su hombro, y Zhang logró vislumbrar cómo el pequeño mono llevaba puesta una ridícula gorra de repartidor de la compañía Nozama... Estaban vestidos con una ropa diferente a la habitual, intentando de algún modo pasar desapercibido. Pero parecía que no hubiese sido necesario.
Como Erudito (No por chismoso), había escuchado un par de cosa de aquella flota y de como esa empresa trabajaba. Las malas lenguas, decían que pertenecía a un tal Beff Jezos, "era el dueño del transporte". Su nombre era uno de los mas sonados en el mundo.
Su nombre tenía un poder que ahora Zhang podía atestiguar con su único ojo. A pesar de los peligros que alvergaba el recibir extraños en otras tierras, los buques de la Marina pasaban de largo y parecían ignorarlos por completo al ver esa bandera, incluso parecían ser la "escolta". Todo era extrañamente sencillo.
—Hmmm, no cualquiera puede lograr algo como esto, calmar la "Justicia"... —dijo en voz tranquila a sus compañeras, a este paso esperaba que Bai le entendiese un poco, pero hablo en el idioma de la mujer —Los marinos están durmiendo, ¿Qué estarán tramando?.
A Zhang no le gustaba colaborar con ese tipo de personas que asfixiaban el mundo, esas personas eran el opio de los mares, y no el que le gustaba al burro. Soltó un soplido, la vida algunas veces te obligaba a ensuciarte un poco las pezuñas... Sea lo que sea que estuviesen transportando, era su billete al cielo.
Luego de otro poco mas de trayecto, el cielo se tornó oscuro; habían llegado al punto exacto, justo a tiempo. Podía escucharse la tensión en el aire, el romper de las olas y el crujir de... ¿El Wu Wei soportaría la presión? Zhang se aferró con fuerza al timón, preparándose para el impacto.
El pelaje de Zhang se erizó, mientras el barco comenzaba a sacudirse violentamente... La primera en reaccionar fue Bai, quien alertó a la tripulación justo a tiempo. Zhang no podía permitirse distracciones; tenía que estar concentrado para que todos sobrevivieran.
Con su único ojo, el viejo burro logró captar cómo Bai se lanzaba rápidamente para atrapar a la pequeña Mahou antes de que aquel estallido que los lanzaria por los aires. Su capitana sabía perfectamente lo que hacía. El trabajo de Zhang, era llevar ese barco hasta las nubes.
—Hmmmm, ¡Agárrense fuerte, muchachas! ¡Hoy tomaremos el té en las nubes! —gritó, aunque manteniendo ese tono sereno y suave que lo caracterizaba.
El mar se levantó, creando una gigantesca columna de agua que arrastró a todos los barcos a su paso. Caer ahora era una sentencia de muerte. Y el tiempo pareció detenerse por unos instantes, donde incluso el sonido del silencio había desaparecido.
El velero se colocó en una posición vertical; las velas, sirvieron para darle un poco de estabilidad pero todo parecía salirse de control. ¿Era posible navegar un chorro de agua ascendente? El viejo burro, al menos, lo intentaría.
Zhang se aferró con toda su fuerza, y clavando sus pezuñas con firmeza se mantuvo allí. La rueda del timón intentaba girar salvajemente, amenazando con romper los brazos del burro, pero agradecía el poder de su fruta en situaciones como aquella.
Sintió a Silencio dentro de su ropa; a estas alturas, el pequeño mono ya parecía acostumbrado a todo tipo de locuras a su lado. El viejo burro resistió, manteniendo el Wu Wei en línea recta, apuntando directo hacia el cielo.
Y en ese instante, fue que noto que algo no cuadraba del todo, el burro se vio inmerso en un sonido angelical. No era algo que Zhang hubiese escuchado antes. Aquella melodía comenzó a silenciarlo todo y a todos. Era hermoso... El canto lo hizo olvidar la tormenta por un instante, el mar los empujaba hacia aquel manto blanco.
La bitácora del burro
Zhang Guolao
"El vacío no se mueve, pero lo contiene todo"
❄ La Calma del Vacío
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