La partitura de un lejano recuerdo con ojos color océano :: Pasado :: Privado
#5
Narrador / María Merlot (Kasandra)



Primavera (67).
Año 15.
11:26 p. m.
Habitación de Miyori Hoshino, Selva, South Blue.

Los orbes ámbar se centraron en la oyente, una a la que no dejaba hablar con sus diatribas. Las personas solían pensar que divagaba sin razón, una tonta muñeca para el placer del más afortunado. No necesitaban de su cabeza, solo del cascarón precioso que la vida le regaló. Lo que pocos entendían sobre la mestiza, era que en su interior albergaba un complejo laberinto de pensamientos dispersos que si lograban descifrar encontrarían un tesoro sin igual… porque ella poseía astucia, inteligencia y sabía utilizar su apariencia para salirse con la suya para bien o para mal, propio o ajeno.

Las frases a medio decir de la pelinaranja la divirtieron, aumentando su sonrisa y el desborde de su charlatanería. Le dio la impresión en el salón de que se trataba de una persona introspectiva aunque ahora parecía más bien introvertida. ¡Cualquiera de sus amos ya la hubiera golpeado para hacerla callar! Lo que generó en la celeste el aumento de su sonrisa, el brillo en sus ojos y la alegría en su alma. ¿Por qué se sorprendió sobre el fondo del mar? ¡Cierto! Los humanos se ahogaban tan fácilmente pero ella no dejaría que eso sucediera… solo debía concentrarse y no olvidarse que Vivi no podía respirar bajo el agua.

Veamos… espero poder responder a todo…

La voz amable y cálida pudo formar al fin una idea entre la avalancha de la semi sirena. Las manos de María seguían sujetas en su espalda, y la mirada sobre la joven de su, sin miedo a equivocarse, misma edad. El gesto de llevar la mano al mentón pensativa, la hizo parpadear… ¿Cómo había terminado alguien como ELLA en ese lugar? ¿Fue obligada? ¿Necesidad? ¿Engañada? La chica, de ojos color océano no sabía el nido de víboras que las rodeaban, o más bien, de peces venenosos. Tal vez, estuvieran a tiempo aún… de que ella viera otro amanecer.

Si la dejaba ahí, si ellos colocaban sus sucias manos sobre aquella dulce flor… la marchitarían. ¡No, nunca los dejaría! ¡JA! Como si ella puede hacer algo, no podía ni salvarse a si misma, no pudo salvar a su padre, menos a la peli naranja… pero, lo intentaría. Solo necesitaban un poco de suerte y más suerte.

… La música me encanta… solo que cuando es obligada se siente vacía…

Los ojos de María se abrieron por la sorpresa de aquella confesión. Lo cierto es que no imaginó que respondería, o eso pensó que hacía. Se dejo caer sobre sus rodillas, viéndola desde el suelo, ya que la fémina continuaba sentada en el borde la cama. La gustaba la cotilla, no iba a mentir sobre eso pero más allá buscaba el trasfondo real, porque le gustaba entender y conocer el significado de todo, de las acciones de cada individuo.

… cuando la música nace con libertad es mucho más hermosa…

¿Libertad? Solo dentro de su cabeza la obtenía, en los sueños de lejanos recuerdos con un cangrejo rojo. La mirada de la mestiza se desvió a sus manos, unas manos que intentaron alcanzar a su padre pero fue imposible, la distancia y las circunstancia los separaron de la peor manera. Ahora lo entendía, por esa razón sonaba tan melancólica su interpretación, no lo estaba disfrutando… María imaginó que era como tener sexo, quizás si nacía con libertad seria hermoso. En su caso, nacía de la subyugación de un gyojin poderoso, obsesivo y miserable.

— … ¿Bailar? Si, creo que si… porque es divertido. A las personas les suele gustar mirarme, entonces cuando bailo pueden distraerse, olvidarse por un momento de lo que sea que pase por sus cabezas — le respondió con alegría uniendo sus manos frente a ella. La verdad no sabía qué le gustaba, qué no le gustaba. La vida que llevaba fue impuesta, no la eligió… entonces ¿cómo sabría si realmente disfrutaba de bailar, de sonreír, de… vivir? No, no tenía forma de saberlo pero por suerte los grillos en su cabeza no la dejaban pensar demasiado —… lo que tocaron... fue nostálgico, hizo latir mi corazón. ¿Es lo que significa, no? Ser un artista… es llegar a los corazones de otros a través del… arte — inclinó la cabeza unos pocos grados mirándola directamente a aquellos pozos marinos, la voz fue bajando en intensidad hasta finalizar siendo un susurro que envolvía sus propios anhelos: ser normal.

¿Tú has ido?, ¿No te ahogas?, ¿Puedes aguantar tanto la respiración…

Las preguntas ahora venían desde su dirección, aquel torrente la hizo formar una perfecta “O” en sus labios por la sorpresa. La introvertida calidez anterior, dio paso a una simpática calidez que no espero… las mujeres, las que estaban a su alrededor en el Nenúfar la trataban bien pero siempre la miraban con envidia en sus ojos: era joven, era hermosa, era la favorita del Capitán; en cambio, esta dama violinista parecía genuinamente encantada con su presencia, esa la hizo sonreír más. Se levantó y se sentó a su lado en el borde de la cama, seguía chorreando agua… pero ni cuanta se daba —… Vivi — la llamo colocando las manos a cada lado de su cintura y levantando el mentón como las viejas matronas cuando van a educar a una novata — … por supuesto que he ido, es un lugar maravilloso… tiene agua por allá, y tiene agua por acá, y todo es agua… yo soy agua, tu eres agua, todos somos agua — la seriedad que intento fingir se rompió con sus ideas confusas, luego le sonrió acercándose sin invadir su espacio personal — … claro que puedo aguantar la respiración… nunca lo he contado pero creo que serían… — cerró los ojos, estaba contando… hasta que recordó la cifra exacta —… siempre — sus ojos brillaron con diversión, como mestiza podría vivir allá abajo por la eternidad si quisiera — … prometo llevarte, un día de estos… será un perfecto día normal — la ultima palabra lo dijo con el anhelo que su corazón sentía. Si convivía con personas normales, como esa amable chica, ella podría fingir serlo también… y tener por un momento su inalcanzable deseo de libertad.

el color de mi violín es homenaje al mismo océano…

María asintió con la cabeza, la historia de su instrumento era muy bonita. ¿Así que un recuerdo familiar? Ella nunca tuvo oportunidad de tenerlo, algo que pudiese recordarle a su padre y hablar con tanto amor de él… pero no tenia muchas cosas, y seguía adelante igual; sus memorias lo mantenían vivo, no necesitaba de más, mientras viviera en su corazón todo estaría bien.

Sí tengo un hogar en la isla aunque debo decir que no es como este palacio… es más humilde…

La celeste entrecerró los ojos observando a su oyente hilar la historia más extraordinaria que escuchó en meses, la sonrisa que le dedicó, no llegó a sus ojos pero mostró su deseo legítimo de que su vida continuará siendo tan pacífica —… suena increíble… un tesoro sin dudas — confirmó con su voz y con el brillo en sus ojos. Ella no tenía hermanos, y su padre fue asesinado por sus captores actuales… pero no le diría eso. El sonrojo en sus mejillas, fue inesperado — ¿Cómo que no tienes novio? ¡Si eres tan bonita! E inspiras paz con tu mera presencia, me siento cobijada por una llama que me mantiene caliente mientras te escucho hablar. ¡Te conseguiré uno! Será guapo, será divertido, será afable, será alguien que valore tu corazón y lo cuide de quienes se atrevan a hacerte daño. ¡Un caballero de brillante armadura! En un corcel blanco — cuestionó con indignación luego empezó a divagar con alegría imaginado al prospecto de Vivi, se levantó de la cama — … o un príncipe de una isla muy lejana que busca una princesa para compartir su reino, para protegerla de los tipos malos, para que nunca llore, para que reparé con amor las piezas de tu alma… — la emoción de antes fue bajando la intensidad, como si más que hablar de Vivi estuviera reflejando sus propios deseos en esas palabras —… o tal vez, solo un pescador de gran corazón con quien veas la puesta de sol, con quien te sientas segura y en un hogar… — si fuera María, solo buscaría a alguien que la quisiera tal y como era, y no se refería a su apariencia, sino al desastre de su alma… alguien que pudiese… erradicar el terror que sentía cuando cerraba los ojos y aparecía Pedro Francesco Ruiz De León Madrigal, su hombre del saco  —… aunque, que no ronque ni tenga mal aliento sería un gran inicio — la luz volvió a sus ojos por la broma, mandando a volar lo que fuera que sintió en ese momento de vulnerabilidad.

Mi nombre es Miyori Hoshino, ¿Puedo saber el tuyo?, ¿Por qué me dices Vivi?....

— Miyori Hoshino, suenas más a como una Vivi. Te digo así porque eres una Vivivivivivi-olinista — se llevo las manos a la boca y rio angelicalmente ante la broma — Soy Ma… — empezó a decir pero se calló de pronto, en ese breve instante, el condicionamiento de años le paso factura… si decía ese nombre y alguien la escuchaba, metería en problemas a la mujer — Kassandra — como odiaba que le dijeran así, lo detestaba con cada gramo de su ser…

¿Te gustaría que te contase historias de la isla?

— ¡Yeheiiiiii! — la exclamación salió de su corazón con la sinceridad de la emoción que la embargo, le gustaban las historias, quería escuchar todas las que tuviera que decir la dama violinista — ¿Confundir sal con azúcar? Lo hago todo el tiempo, como mi derecha e izquierda, o el norte con el sur… sería una terrible navegante — comentó entre risas esperando aquella esos relatos, inesperados pero que le resultarían tan “normal”… y eso era lo que lo hacía increíble para ella.

MUSIQUITA

La lluvia seguía cayendo a torrentes, ahora acompañada de truenos. Antes de que pudiera decir nada más un estruendo, no un trueno, sino algo más… humano y bélico, se escuchó. Eso hizo saltar a María de la cama mirando a la chica, al violín, luego al closet. Corrió sin decir nada, saco dos mantas impermeables. Le lanzo una a Vivi, luego tomo el estuche de “Amphitrite”, coloco la otra manta como si de un bebe se tratara  — … sígueme, no mires atrás, nunca los veas a los ojos, no les hables… y si no tienes salida… mil veces… elige… morir  — la voz de la celeste sonó asustada, un matiz muy distinto a lo que vivieron antes. Sus manos temblaron, y sus ojos mostraban un miedo irracional… ¿A qué? A los que estaban… y no se podía equivocar, masacrando a todos en ese palacio selvático. Sin esperar respuesta, y sin soltar el estuche, salió por la ventana, la lluvia la recibió, amo mojarse… entonces, miro atrás  — corre… Vivi… vámonos… seamos libres para besar a las ranas y conseguir a nuestros príncipes salvadores de princesas en aprietos  — comentó con un matiz amargado, nunca le iba a suceder, estaba condenada desde que esos fríos ojos color hielo se posaron sobre ella… pero Miyori Hoshino, aun tenía una oportunidad…

Sin esperar respuesta, la joven corrió… hacia cualquier lugar lejos de la mansión. El camino de ladrillos dio paso a un salto al vacío, no tan alto, cualquiera podría hacerlo y salir ileso. Así entro a la selva, y sabía que la mujer venia detrás suyo. A lo lejos la sinfonía de gritos mezclada con la precipitación orquestaba un escenario irreal.

Lodo, ramas y agua. No le importaba nada, si lograban alejarse lo suficiente podrían evitar la catástrofe. ¿Ella podría ayudarla? ¿Le daría refugio en su humilde casa? ¡La sola idea le emocionaba! Pero su hombre del saco nunca lo permitiría, y más allá de cualquier sonido, su voz llego hasta ella, haciéndola detenerse en seco.

“KASSAAAAAAAAAAAAANDRAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA”

Se volteo, la pelinaranja venia detrás. Cumplió su promesa, vino personalmente a buscarla. No… no podría escapar, estaba condenada, siempre lo estuvo pero la ojiazul era libre, ella podría… vivir su vida normal, conseguir a su príncipe azul, ser lo que María nunca seria. Cuando Miyori estuvo lo suficientemente cerca la mestiza empujó el estuche envuelto en el impermeable contra su pecho — … corre, corre lo más rápido que puedas, no mires atrás… no regreses nunca… rápido, rápido… vete — la insto, y tal vez fue el pánico en la semi sirena que la mujer hizo lo ordenado… y que inteligente fue, porque justo la sombra de las pesadillas la alcanzó su objetivo…

Lo primero que sintió fue el reverso de su mano masculina sobre su delicada mejilla…
Lo segundo el sabor particular metálico de la sangre en su boca, motivado al labio roto...
Lo tercero como la gravedad, forzada por ÉL la llevo al piso, estampandola contra el suel lodoso...

— ¿Intentabas escapar? — la voz fría y desalmada la hizo temblar, estaba en problemas — … vengo a buscarte como te lo prometí, matando a todos estos bastardos que pusieron la mirada sobre ti… ¿Y así me pagas?  — se inclinó tomándola por el largo, y empapado, cabello celeste, ejerciendo tanta fuerza que la hizo gemir de dolor — … Kassandra. Mira cómo me haces actuar, como un monstruo. Es tu culpa, si solo hicieras las cosas bien, esto no pasaría… — acerco su rostro al de la joven intentando descifrar esos ojos ámbar que tanto lo retaban.

En cualquier otra circunstancia, le hubiera respondido, igual iba a castigarla, así que solía ganárselo a pulso pero hoy fue diferente, si él se concentraba en ella… nunca encontraría a Vivi. Vivi podría vivir, ser feliz, tener lo que ella nunca tendría…

— … lo siento, Capitán, tenia miedo y asco en partes iguales. Tenias razón, ese tipejo y sus fetiches peculiares me hicieron querer huir. Tardaste mucho en venir por mi… yo pensé que me habías olvidado — la voz aterciopelada salió baja, migajera, a él le gustaba sumisa, ella solo jugaba el papel — … acepto el castigo pero sácame de aquí primero, solo quiero regresar a casa, por favor… — le suplicó alzando diestra y acariciando la mejilla del tritón, el toque de María lo hizo gemir… de ¿placer?

— … regresemos al Nenúfar — coincidió tirando de ella hacia arriba y arrastrándola consigo sin ningún tipo de delicadeza.

María suspiro, iban en sentido contrario de Vivi.

Si ella era retenida por el villano, estaba segura de que Vivi conseguiría al héroe, y eso la hizo feliz, porque alguien tendría lo que… tanto anheló.


Continuará….



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RE: La partitura de un lejano recuerdo con ojos color océano :: Pasado :: Privado - por Maria Merlot - 04-07-2026, 05:18 AM

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