04-07-2026, 10:23 PM
Caos. Terror. Locura.
Kiyoshi se aferra con fuerza a la baranda, mientras que su cabeza comienza a doler debido a todo lo que ocurre a su alrededor. Ruido, destrucción, lluvia, música; es demasiado para él. Sin embargo, su mente… No, su corazón le indica que todo saldrá bien. Se necesita mucho más para derribar el espíritu de los Piratas de la Sepultura. Mantiene la cabeza en alto y el cuello estirado. No se centra en los barcos que son destrozados y caen los quién sabe cuántos metros que hay hacia abajo, sino en el objetivo final: el cielo. Llega un punto en el que parece que chocarán de frente contra la tormenta, esperándoles un final en donde sus vidas acaban electrocutados y empapados. Pero, como mencionamos en el capítulo anterior, una etapa debe cerrarse para comenzar otra. Este cielo oscuro es justamente eso.
Así, se hizo la luz.
Como si se hubiesen transportado a un mundo completamente distinto, las nubes oscuras ahora son un sol que parece estar a punto de quemarlos. — ¿Vamos a…? — No, afortunadamente no. El Black Widow se encarga se aterrizar en lo que parece ser un nuevo océano, uno que se encuentra en las alturas. Claro, aún Kiyoshi se mantiene mirando hacia arriba, no arruinando la sorpresa que se encuentra debajo de ellos, ni siquiera el frente. — ¿Llegamos? — ¿Será? No suena muy convencido. — ¿Hemos llegado al cielo, tontos? ¿Pero vivos? — Kiyoshi no cree en la vida después de la muerte, ni en el cielo o en el infierno. El hecho de que haga esta última pregunta se debe únicamente a lo impactado que está por lo que acaban de vivir.
La respuesta debe encontrarla el propio Kiyoshi, no escucharla de parte de sus compañeros. Ver para creer, como dicen. Procede a girar su cuerpo para quedar paralelo a la baranda, apoyando su cadera en la misma e inclinándose hacia el frente, encontrándose no con agua, sino con nubes, auténticas nubes en las que su barco está navegando. — Es imposible… — Créelo, Kiyoshi. — No era una leyenda. No era una tontería. Realmente estamos aquí arriba. — Ambas manos se las lleva a la cabeza, presionando con sus dedos y luego revolviendo el cabello, despeinándolo. Es demasiado para procesarlo de un momento a otro. Pero tanto él como sus compañeros necesitan que no pierda la cabeza. — Relájate, Kiyoshi… Eres un hombre que crea burbujitas, todo es posible. — Respira profundo varias veces, de forma lenta y controlada. Aplica todos los trucos médicos que conoce para volver a ser el de siempre.
Pasados los segundos, se voltea y se encuentra con sus compañeros. Durante este tipo de asimilación, el barco ha seguido su curso y los ha llevado hasta la costa en la que se detiene. — ¿Se encuentran todos bien? Si alguno se siente indispuesto, puedo darles algún medicamento. — Aunque, hasta ahora, el que se ve en peor estado es él, pero intenta mantener su imagen como médico. Primero está la salud del resto, luego la suya.
Menos mal porta aquella mascarilla que oculta gran parte de su rostro, pues tal como Eros, él también sonríe. Desconoce que son varios los que han llegado hasta esa isla, pero en su mente, acaba de lograr algo que ni en sus mejores sueños imaginó. No es el Kiyoshi adulto el que reboza de alegría por dentro, sino aquel Kiyoshi infante. Uno más inocente, con sueños, con ilusiones, que escuchaba cuentos fantásticos que le contaban sus padres. Ese muchacho es el que hoy está gozando por el sitio al que llegó. Sin duda, en este momento, se da cuenta que haberse convertido en pirata fue la mejor decisión de su vida. Durante mucho tiempo tuvo dudas, quiso retirarse, regresar a su vida anterior. — Gracias… — No lo dice en voz alta, pero se siente extremadamente agradecido con sus compañeros, pues son ellos los que han estado en todo momento a su lado, impulsándolo a ser mejor y a seguir adelante.
Nuevamente, durante este periodo de emoción, Kiyoshi quedó atrás, pues el resto se encuentra escuchando al hombre que habla a través de las caracolas. — Quizás de ahí sonaba la música antes. Qué loco. — Se acerca hasta la zona delantera del barco, sin descender aún, pues las caracolas eran bastante grandes, demasiado, como para escuchar claramente lo que se dice. — No seas tonto, topo. Dijo que es una grabación, no te está escuchando. — Con estas palabras, en las que insulta un poco a su capitán, podemos entender que Kiyoshi ya se encuentra mejor.
— Conque Skypiea. Realmente no conocíamos nada acerca de adónde podía llegar el mundo cuando estábamos en el South Blue. — También significa que puede haber mucho más que descubrir conforme sigan en su aventura. — Eros, no solo des órdenes y ayuda a descargar. Hay que dejar todo limpio antes de ir a explorar. — Durante los siguientes minutos, el médico de la tripulación se pone en la labor de dejar las provisiones fuera del barco. Quizás alguien pase por ellas luego. Quizás no.
Quién sabe.
En medio de su actividad, imposible es que sus ojos no se desvíen hacia los costados, observando los restos de barcos que hay sobre el mar de nubes. — Seguramente, nosotros hace un año habríamos terminado en esa situación. Hemos mejorado. — Y no solo ellos, sino que obviamente también el Black Widow, MVP total de esta primera parte del viaje. Sin ese navío tan espectacular que poseen, probablemente no habrían soportado un ascenso tan rudo como el que vivieron hace tan poco. La subida hasta la isla duró minutos, pero en sus mentes, y, sobre todo, en sus recuerdos, quedará como si hubiese sido la eternidad misma.
Una vez la primera tarea está terminada, desciende del barco. Querría lanzarse sobre las nubes para ver si se ahogaría, caería, o qué sucedería. Pero decide mantenerse como un adulto responsable y solo camina por la arena. — No nos queda de otra. Ese tonto dijo que debemos seguir la ruta para llegar a esos juegos. ¿Serán divertidos o solo será una tontería? Espero que esté todo perfectamente higienizado o me enfadaré. — “Juegos” es una palabra muy amplia, y ya vemos cómo es Kiyoshi, no parece que su concepto de diversión sea similar al del resto de personas. — ¿Qué opinas, Varo? A ti te encanta apostar. Quizás puedas ganar algo de los que nos quedó debiendo el tonto de Pegasus en Drum.
El camino escogido por Eros, el primero, ubicado a la izquierda de todas las antorchas —aunque Kiyoshi solo ve una—, es el que decide seguir. Bien vestido aunque algo húmedo producto del agua, y el rifle en su espalda, avanza a paso tranquilo desde la retaguardia del hombre topo, ahora en forma humana. Un francotirador siempre debe estar detrás, cuidando al resto, sobre todo si es un médico como nuestro apático amigo. Aun así, la distancia con Eris es de únicamente dos metros. — Me pregunto si los tontos del Gobierno también vendrán hasta acá. — O quién sabe con quiénes podrán encontrarse en esta nueva aventura, una que recién comienza.
Kiyoshi se aferra con fuerza a la baranda, mientras que su cabeza comienza a doler debido a todo lo que ocurre a su alrededor. Ruido, destrucción, lluvia, música; es demasiado para él. Sin embargo, su mente… No, su corazón le indica que todo saldrá bien. Se necesita mucho más para derribar el espíritu de los Piratas de la Sepultura. Mantiene la cabeza en alto y el cuello estirado. No se centra en los barcos que son destrozados y caen los quién sabe cuántos metros que hay hacia abajo, sino en el objetivo final: el cielo. Llega un punto en el que parece que chocarán de frente contra la tormenta, esperándoles un final en donde sus vidas acaban electrocutados y empapados. Pero, como mencionamos en el capítulo anterior, una etapa debe cerrarse para comenzar otra. Este cielo oscuro es justamente eso.
Así, se hizo la luz.
Como si se hubiesen transportado a un mundo completamente distinto, las nubes oscuras ahora son un sol que parece estar a punto de quemarlos. — ¿Vamos a…? — No, afortunadamente no. El Black Widow se encarga se aterrizar en lo que parece ser un nuevo océano, uno que se encuentra en las alturas. Claro, aún Kiyoshi se mantiene mirando hacia arriba, no arruinando la sorpresa que se encuentra debajo de ellos, ni siquiera el frente. — ¿Llegamos? — ¿Será? No suena muy convencido. — ¿Hemos llegado al cielo, tontos? ¿Pero vivos? — Kiyoshi no cree en la vida después de la muerte, ni en el cielo o en el infierno. El hecho de que haga esta última pregunta se debe únicamente a lo impactado que está por lo que acaban de vivir.
Ost de ambientación
La respuesta debe encontrarla el propio Kiyoshi, no escucharla de parte de sus compañeros. Ver para creer, como dicen. Procede a girar su cuerpo para quedar paralelo a la baranda, apoyando su cadera en la misma e inclinándose hacia el frente, encontrándose no con agua, sino con nubes, auténticas nubes en las que su barco está navegando. — Es imposible… — Créelo, Kiyoshi. — No era una leyenda. No era una tontería. Realmente estamos aquí arriba. — Ambas manos se las lleva a la cabeza, presionando con sus dedos y luego revolviendo el cabello, despeinándolo. Es demasiado para procesarlo de un momento a otro. Pero tanto él como sus compañeros necesitan que no pierda la cabeza. — Relájate, Kiyoshi… Eres un hombre que crea burbujitas, todo es posible. — Respira profundo varias veces, de forma lenta y controlada. Aplica todos los trucos médicos que conoce para volver a ser el de siempre.
Pasados los segundos, se voltea y se encuentra con sus compañeros. Durante este tipo de asimilación, el barco ha seguido su curso y los ha llevado hasta la costa en la que se detiene. — ¿Se encuentran todos bien? Si alguno se siente indispuesto, puedo darles algún medicamento. — Aunque, hasta ahora, el que se ve en peor estado es él, pero intenta mantener su imagen como médico. Primero está la salud del resto, luego la suya.
Menos mal porta aquella mascarilla que oculta gran parte de su rostro, pues tal como Eros, él también sonríe. Desconoce que son varios los que han llegado hasta esa isla, pero en su mente, acaba de lograr algo que ni en sus mejores sueños imaginó. No es el Kiyoshi adulto el que reboza de alegría por dentro, sino aquel Kiyoshi infante. Uno más inocente, con sueños, con ilusiones, que escuchaba cuentos fantásticos que le contaban sus padres. Ese muchacho es el que hoy está gozando por el sitio al que llegó. Sin duda, en este momento, se da cuenta que haberse convertido en pirata fue la mejor decisión de su vida. Durante mucho tiempo tuvo dudas, quiso retirarse, regresar a su vida anterior. — Gracias… — No lo dice en voz alta, pero se siente extremadamente agradecido con sus compañeros, pues son ellos los que han estado en todo momento a su lado, impulsándolo a ser mejor y a seguir adelante.
Nuevamente, durante este periodo de emoción, Kiyoshi quedó atrás, pues el resto se encuentra escuchando al hombre que habla a través de las caracolas. — Quizás de ahí sonaba la música antes. Qué loco. — Se acerca hasta la zona delantera del barco, sin descender aún, pues las caracolas eran bastante grandes, demasiado, como para escuchar claramente lo que se dice. — No seas tonto, topo. Dijo que es una grabación, no te está escuchando. — Con estas palabras, en las que insulta un poco a su capitán, podemos entender que Kiyoshi ya se encuentra mejor.
— Conque Skypiea. Realmente no conocíamos nada acerca de adónde podía llegar el mundo cuando estábamos en el South Blue. — También significa que puede haber mucho más que descubrir conforme sigan en su aventura. — Eros, no solo des órdenes y ayuda a descargar. Hay que dejar todo limpio antes de ir a explorar. — Durante los siguientes minutos, el médico de la tripulación se pone en la labor de dejar las provisiones fuera del barco. Quizás alguien pase por ellas luego. Quizás no.
Quién sabe.
En medio de su actividad, imposible es que sus ojos no se desvíen hacia los costados, observando los restos de barcos que hay sobre el mar de nubes. — Seguramente, nosotros hace un año habríamos terminado en esa situación. Hemos mejorado. — Y no solo ellos, sino que obviamente también el Black Widow, MVP total de esta primera parte del viaje. Sin ese navío tan espectacular que poseen, probablemente no habrían soportado un ascenso tan rudo como el que vivieron hace tan poco. La subida hasta la isla duró minutos, pero en sus mentes, y, sobre todo, en sus recuerdos, quedará como si hubiese sido la eternidad misma.
Una vez la primera tarea está terminada, desciende del barco. Querría lanzarse sobre las nubes para ver si se ahogaría, caería, o qué sucedería. Pero decide mantenerse como un adulto responsable y solo camina por la arena. — No nos queda de otra. Ese tonto dijo que debemos seguir la ruta para llegar a esos juegos. ¿Serán divertidos o solo será una tontería? Espero que esté todo perfectamente higienizado o me enfadaré. — “Juegos” es una palabra muy amplia, y ya vemos cómo es Kiyoshi, no parece que su concepto de diversión sea similar al del resto de personas. — ¿Qué opinas, Varo? A ti te encanta apostar. Quizás puedas ganar algo de los que nos quedó debiendo el tonto de Pegasus en Drum.
El camino escogido por Eros, el primero, ubicado a la izquierda de todas las antorchas —aunque Kiyoshi solo ve una—, es el que decide seguir. Bien vestido aunque algo húmedo producto del agua, y el rifle en su espalda, avanza a paso tranquilo desde la retaguardia del hombre topo, ahora en forma humana. Un francotirador siempre debe estar detrás, cuidando al resto, sobre todo si es un médico como nuestro apático amigo. Aun así, la distancia con Eris es de únicamente dos metros. — Me pregunto si los tontos del Gobierno también vendrán hasta acá. — O quién sabe con quiénes podrán encontrarse en esta nueva aventura, una que recién comienza.
Lávense las manos
![[Imagen: u2oxCl9.png]](https://i.imgur.com/u2oxCl9.png)
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