05-07-2026, 11:51 PM
(Última modificación: 06-07-2026, 12:30 AM por Giogio Giant.)
El calor en la zona era infernal, nunca mejor dicho. Aquella altísima temperatura, sumada al contraste con la que había en el lugar del que acababa de salir y donde había estado encerrado durante generaciones, hicieron que el gigante comenzara a sudar. A aquel sudor se le unió el agua proveniente del hielo que todavía quedaba en la cabeza de la gargantuesca criatura, la cual formaba hilos de agua que culminaban en enormes gotas que se precipitaban sobre los presos que buscaban aferrarse al coloso como método de escape, haciendo que terminaran completamente empapados.
Instintivamente, el coloso conocido como The Giant alzó la mirada hacia el techo del ardiente piso cuatro de la prisión de Impel Down, ignorando por completo a quienes se reunían a su alrededor. Tan pronto los ojos de aquel primitivo ser pudieron vislumbrar el agujero que conectaba con el piso superior, The Giant estiró su mano izquierda, aferrándose con ella a la rígida pared de la prisión. Un desagradable crujido resonó por los alrededores mientras el brazo derecho del gigante ancestral proyectaba una sombra sobre quienes se encontraban en el cuarto piso. Otro desagradable crujido hizo a todos entender que el gigante estaba sujeto a la pared con ambas manos. El coloso comenzó a ascender, haciendo que toda la estructura se sacudiera con cada uno de sus movimientos. Los presos se aferraban como podían a las sudorosas piernas del gigante, trepando por sus músculos con todas sus fuerzas con la esperanza de obtener su tan ansiada libertad. Podría decirse que a Giogio Giant no le importaba que los presos trataran de utilizarle como billete de salida, que lo único que pasaba por su cabeza era la idea de escapar. Pero eso sería mentira. Nada pasaba por la cabeza de The Giant. Él era un ser que se movía por puro instinto. No hacía nada con el creciente número de presos sobre su espalda porque simplemente ni siquiera sentía que se estuvieran agarrando a él.
En bastante menos tiempo del que cabría imaginar, la cabeza de The Giant asomó en el desértico nivel tres de la prisión más segura del mundo. La enorme luz del nivel cegó por unos instantes al gigante, quien cerró los ojos tratando de acostumbrarse, mientras su cuerpo seguía emergiendo por el agujero.
Antes de que el coloso abriera los ojos para buscar la salida de aquel lugar, una punzada en su frente hizo que se precipitara por el agujero por el que estaba intentando entrar. El ser estiró la mano derecha, viendo como la luz se alejaba de él, sin comprender siquiera por qué. De esa forma cayó, cruzando todo el inferno ardiente y el infierno congelante, causando un enorme cráter en el helado suelo de este último. La brutalidad de aquel impacto fue tal que los árboles e incluso las celdas cercanas salieron volando, e incluso el capitán de la guardia terminó a treinta metros del coloso.
Un devastador grito disipó la gran nube de polvo que se había formado, congelando los corazones de todos quienes se encontraran a su alrededor, si es que quedaba alguien con vida, e incluso haciendo retroceder al capitán de la guardia otros seis metros, quedando a treintaiseis del gigante.
Apoyándose en su mano izquierda, The Giant se irguió, proyectando su sombra sobre aquel que no solo le había herido en la frente, herida que no dejaba de sangrar profusamente, si no que lo había alejado de aquella luz que perseguía.
Sin perder un instante, el gargantuesco pirata comenzó a correr hacia el humano, haciendo que el suelo temblara con cada uno de sus pasos, para finalmente propinar una destructiva patada a aquel humano, quien ahora era el único objetivo de toda su violencia.
Instintivamente, el coloso conocido como The Giant alzó la mirada hacia el techo del ardiente piso cuatro de la prisión de Impel Down, ignorando por completo a quienes se reunían a su alrededor. Tan pronto los ojos de aquel primitivo ser pudieron vislumbrar el agujero que conectaba con el piso superior, The Giant estiró su mano izquierda, aferrándose con ella a la rígida pared de la prisión. Un desagradable crujido resonó por los alrededores mientras el brazo derecho del gigante ancestral proyectaba una sombra sobre quienes se encontraban en el cuarto piso. Otro desagradable crujido hizo a todos entender que el gigante estaba sujeto a la pared con ambas manos. El coloso comenzó a ascender, haciendo que toda la estructura se sacudiera con cada uno de sus movimientos. Los presos se aferraban como podían a las sudorosas piernas del gigante, trepando por sus músculos con todas sus fuerzas con la esperanza de obtener su tan ansiada libertad. Podría decirse que a Giogio Giant no le importaba que los presos trataran de utilizarle como billete de salida, que lo único que pasaba por su cabeza era la idea de escapar. Pero eso sería mentira. Nada pasaba por la cabeza de The Giant. Él era un ser que se movía por puro instinto. No hacía nada con el creciente número de presos sobre su espalda porque simplemente ni siquiera sentía que se estuvieran agarrando a él.
En bastante menos tiempo del que cabría imaginar, la cabeza de The Giant asomó en el desértico nivel tres de la prisión más segura del mundo. La enorme luz del nivel cegó por unos instantes al gigante, quien cerró los ojos tratando de acostumbrarse, mientras su cuerpo seguía emergiendo por el agujero.
Antes de que el coloso abriera los ojos para buscar la salida de aquel lugar, una punzada en su frente hizo que se precipitara por el agujero por el que estaba intentando entrar. El ser estiró la mano derecha, viendo como la luz se alejaba de él, sin comprender siquiera por qué. De esa forma cayó, cruzando todo el inferno ardiente y el infierno congelante, causando un enorme cráter en el helado suelo de este último. La brutalidad de aquel impacto fue tal que los árboles e incluso las celdas cercanas salieron volando, e incluso el capitán de la guardia terminó a treinta metros del coloso.
Un devastador grito disipó la gran nube de polvo que se había formado, congelando los corazones de todos quienes se encontraran a su alrededor, si es que quedaba alguien con vida, e incluso haciendo retroceder al capitán de la guardia otros seis metros, quedando a treintaiseis del gigante.
Apoyándose en su mano izquierda, The Giant se irguió, proyectando su sombra sobre aquel que no solo le había herido en la frente, herida que no dejaba de sangrar profusamente, si no que lo había alejado de aquella luz que perseguía.
Sin perder un instante, el gargantuesco pirata comenzó a correr hacia el humano, haciendo que el suelo temblara con cada uno de sus pasos, para finalmente propinar una destructiva patada a aquel humano, quien ahora era el único objetivo de toda su violencia.
Resumen
Bélico
