Las normas ya estaban expuestas sobre la mesa, el juego aunque parecía ser sencillo a simple vista, realmente escondía un riesgo que podía marcar el inicio de una nueva experiencia, ¿Cual de los dos caerá primero? ¿Sería yo? ¿Sería él?, nuestras sonrisas se reflejaron como un acto reflejo de complicidad ¿Realmente seriamos capaz de llegar hasta el final y afrontar las consecuencias?, El silencio de Shin se hizo casi eterno tenía la certeza de que la idea de dejar el resultado en manos del azar y el alcohol le provocaba cierta inquietud, hasta podría jurar que mis oídos lograron escuchar el instante cuando trago saliva, aunque él era astuto, lo disimuló perfectamente detrás de una sonrisa cautivadora…pero no podía engañar a mis sentidos.
Finalmente dejó salir su opinión acerca de la dinámica impuesta, su voz melosa logró captar mi atención por completo, logrando erizar mi piel y haciendo latir mi corazón de una manera casi frenética como si estuviera delante de un lobo a punto de dar su primera mordida. Con un comentario que casi me retaba a querer llevarle la contraria, todas mis intenciones quedaron atrás al momento de escuchar nuevamente aquel extraño apodo, El eco de su voz envuelto entre una cortina de sensualidad y peligro,hizo que mi mirada se fijara en sus facciones, en su esencia, en él. Contemplando desde un punto poético como ese maldito descarado me tenía entre sus manos, con unas cuantas palabras logró tomar por unos instante el mando de este descabellado juego de poder, ¿Ahora que tramaba?, Me puse en alerta en el momento que lo vi ponerse de pie, no pude evitar alzar una ceja con total curiosidad permaneciendo inmóvil desde mi asiento, ¿A dónde quería huir ahora? Pensé que la idea de jugar aquel peligroso juego de azar le resultaba especialmente entretenida.
Colocándose a mi lado con total tranquilidad, sus acciones lograron confundirme por unos instante, pero ahora podría jurar que durante un breve instante sentí algunas miradas posarse sobre nosotros, como si nos juzgarán en silencio o estuvieran a la espera de algún escándalo. Pero esas reacciones solo duraron unos cuantos segundos pues parecian entender que nada estaba pasando pero en realidad entre nosotros habia una guerra fria, Pero en el momento en que se inclinó hacia mí; comprendiera que ahora era él...quien imponía o cambiaba las reglas del juego, Como era de esperarse no me iba a dejar intimidar, ciertamente no quería perder. Mi mirada se clavó en sus orbes celestes y nuevamente desafiándolo con mi espíritu de guerra, Al igual que él me incliné un poco más hasta quedar a escasos centímetros de su bello rostro. Sin romper ese contacto visual, lo escuché hablar con una seducción tan natural que parecía haber puesto al ambiente entero de su lado, esa personalidad que emanaba tanto poder y soberbia, era hipnotizante. Su aroma era embriagador, exquisito; su voz grave aturdía mis sentidos y esa maldita sonrisa tan galante que deseaba borrarla de un golpe, sin duda era capaz de robar el corazón de cualquiera dama. Un efecto que hasta ahora me había negado rotundamente a sucumbir...—¿Ah, sí...? —repliqué con el mismo tono meloso y seductor. No iba a dejarme vencer por unas tácticas tan sucias,Aunque debía admitir que por dentro sentía que me estaba derritiendo por completo.
Yo no estaba acostumbrada a este tipo de situaciones pero sobrevivía a ello por mi orgullo, pero el albino propuso cambiar las reglas del juego, invitandome a que las condiciones fueran las mismas para los dos, ciertamente sentí que su propuesta estaba a punto de abrir una puerta prohibida que hasta ahora nunca me había planteado en cruzar esa línea invisible, esa que bailaba entre el placer y la locura, tan pronto vi su mano subir, mi ceño se frunció levemente ante la tensión acumulada y si…mis mejillas comenzaron a sonrojarse levemente, esperando que aquel toque llegará a su cometido, juraría que estaba a punto de quemarme entre sus dedos pero frenó de golpe, el roce nunca llegó y ante la duda lo observé más atenta, su mirada podía ver el reflejo de un deseo a punto de consumar, ¿Era un deseo mutuo? o simplemente…¿Era mi deseo?, cuando se alejo mi rostro se giro hacia un costado por inercia, no dude en subir mi diestra para cubrir sutilmente mi boca sintiendo mis mejillas arder ante las ideas generadas por este idiota –Maldito…tramposo– maldije por bajo mientras cerraba mis ojos por unos instante.
Cuando se acomodo sobre su asiento, lo vi tomar ventaja al momento que apoyó el codo sobre la mesa, su mano sobre su mentón y de nuevo esa maldita sonrisa, si, sentí que ahora mi vergüenza se convertia en rabia, pero rabia por permitirme sentir cosas por este descarado, así que ahora me dejaría de payasadas y le devolveria la misma sonrisa –Está bien– haciendo una pausa, nuevamente volvi hacer contacto visual con esos ojos de cielo –El ganador, le pedirá lo que sea al perdedor…– dejando salir un suave suspiro sabía perfectamente que debía de ser cuidadosa con la información que soltaría a partir de ahora –Como soy una dama…– haciendo énfasis en la última palabra, cruce sutilmente las piernas mientras para ahora colocar los brazos en jarra –Comenzaré la primera ronda…así que atento a mis palabras– No conocía nada de él y él no conocía nada de mí, las condiciones estaban parejas para ambos, la suerte determina al verdadero ganador.
¿Soy una prostituta? ¿Soy una virgen? o ¿Simplemente soy una bella y ejemplar Marine? – Sonriendo de oreja a oreja, ¿cuál sería su respuesta?, la botella estaba sobre la mesa, la copa a sus costados, ¿sería Shin el primero en tomar?, los segundos comenzaron a correr a una lentitud breve –Dos verdades…una mentira…– volví a recalcar la respuesta que debía buscar, Para él…¿Cuál sería la mentira?
Finalmente dejó salir su opinión acerca de la dinámica impuesta, su voz melosa logró captar mi atención por completo, logrando erizar mi piel y haciendo latir mi corazón de una manera casi frenética como si estuviera delante de un lobo a punto de dar su primera mordida. Con un comentario que casi me retaba a querer llevarle la contraria, todas mis intenciones quedaron atrás al momento de escuchar nuevamente aquel extraño apodo, El eco de su voz envuelto entre una cortina de sensualidad y peligro,hizo que mi mirada se fijara en sus facciones, en su esencia, en él. Contemplando desde un punto poético como ese maldito descarado me tenía entre sus manos, con unas cuantas palabras logró tomar por unos instante el mando de este descabellado juego de poder, ¿Ahora que tramaba?, Me puse en alerta en el momento que lo vi ponerse de pie, no pude evitar alzar una ceja con total curiosidad permaneciendo inmóvil desde mi asiento, ¿A dónde quería huir ahora? Pensé que la idea de jugar aquel peligroso juego de azar le resultaba especialmente entretenida.
Colocándose a mi lado con total tranquilidad, sus acciones lograron confundirme por unos instante, pero ahora podría jurar que durante un breve instante sentí algunas miradas posarse sobre nosotros, como si nos juzgarán en silencio o estuvieran a la espera de algún escándalo. Pero esas reacciones solo duraron unos cuantos segundos pues parecian entender que nada estaba pasando pero en realidad entre nosotros habia una guerra fria, Pero en el momento en que se inclinó hacia mí; comprendiera que ahora era él...quien imponía o cambiaba las reglas del juego, Como era de esperarse no me iba a dejar intimidar, ciertamente no quería perder. Mi mirada se clavó en sus orbes celestes y nuevamente desafiándolo con mi espíritu de guerra, Al igual que él me incliné un poco más hasta quedar a escasos centímetros de su bello rostro. Sin romper ese contacto visual, lo escuché hablar con una seducción tan natural que parecía haber puesto al ambiente entero de su lado, esa personalidad que emanaba tanto poder y soberbia, era hipnotizante. Su aroma era embriagador, exquisito; su voz grave aturdía mis sentidos y esa maldita sonrisa tan galante que deseaba borrarla de un golpe, sin duda era capaz de robar el corazón de cualquiera dama. Un efecto que hasta ahora me había negado rotundamente a sucumbir...—¿Ah, sí...? —repliqué con el mismo tono meloso y seductor. No iba a dejarme vencer por unas tácticas tan sucias,Aunque debía admitir que por dentro sentía que me estaba derritiendo por completo.
Yo no estaba acostumbrada a este tipo de situaciones pero sobrevivía a ello por mi orgullo, pero el albino propuso cambiar las reglas del juego, invitandome a que las condiciones fueran las mismas para los dos, ciertamente sentí que su propuesta estaba a punto de abrir una puerta prohibida que hasta ahora nunca me había planteado en cruzar esa línea invisible, esa que bailaba entre el placer y la locura, tan pronto vi su mano subir, mi ceño se frunció levemente ante la tensión acumulada y si…mis mejillas comenzaron a sonrojarse levemente, esperando que aquel toque llegará a su cometido, juraría que estaba a punto de quemarme entre sus dedos pero frenó de golpe, el roce nunca llegó y ante la duda lo observé más atenta, su mirada podía ver el reflejo de un deseo a punto de consumar, ¿Era un deseo mutuo? o simplemente…¿Era mi deseo?, cuando se alejo mi rostro se giro hacia un costado por inercia, no dude en subir mi diestra para cubrir sutilmente mi boca sintiendo mis mejillas arder ante las ideas generadas por este idiota –Maldito…tramposo– maldije por bajo mientras cerraba mis ojos por unos instante.
Cuando se acomodo sobre su asiento, lo vi tomar ventaja al momento que apoyó el codo sobre la mesa, su mano sobre su mentón y de nuevo esa maldita sonrisa, si, sentí que ahora mi vergüenza se convertia en rabia, pero rabia por permitirme sentir cosas por este descarado, así que ahora me dejaría de payasadas y le devolveria la misma sonrisa –Está bien– haciendo una pausa, nuevamente volvi hacer contacto visual con esos ojos de cielo –El ganador, le pedirá lo que sea al perdedor…– dejando salir un suave suspiro sabía perfectamente que debía de ser cuidadosa con la información que soltaría a partir de ahora –Como soy una dama…– haciendo énfasis en la última palabra, cruce sutilmente las piernas mientras para ahora colocar los brazos en jarra –Comenzaré la primera ronda…así que atento a mis palabras– No conocía nada de él y él no conocía nada de mí, las condiciones estaban parejas para ambos, la suerte determina al verdadero ganador.
¿Soy una prostituta? ¿Soy una virgen? o ¿Simplemente soy una bella y ejemplar Marine? – Sonriendo de oreja a oreja, ¿cuál sería su respuesta?, la botella estaba sobre la mesa, la copa a sus costados, ¿sería Shin el primero en tomar?, los segundos comenzaron a correr a una lentitud breve –Dos verdades…una mentira…– volví a recalcar la respuesta que debía buscar, Para él…¿Cuál sería la mentira?
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