08-07-2026, 07:08 AM
El nombre de una mujer gritado era todo lo que escucho, se puso en guardia, alzo su mente, su piel casi se volvió esmeralda. Su centro de gravedad bajo y como si le dispararan en el pecho puso a sus amigos detrás de si con la mano en sus espadas. —Quien eres tú!! No… no me alejo jamás de ella ni de él no más… nunca más… … … he?... Hyak… que sucede aquí?... quién diablos es ella… espero que la recuerdes… … … a quien engaño… seguro no tienes idea. — Guardo algo de distancia, pero abandono su ímpetu amenazante. —A ver niña, deja el arco de lado y acércate con cuidado… quien eres y de donde conoces a estos dos no me mientas... lo sabre?— Cuando parecía que todo se resolvía medianamente vio a un enorme hombre, le parecía conocido… Gi.. ganton? Si, era el enorme hombre que les había ayudado hace meses en Whisky pero su nombre?... no lo recordaba y no le importaba pues para ella ya era reconocible. Se agacho en las antorchas como queriendo reconocer alguna pista o rastro. —Hey… tu eres… ese hombre que nos ayudo cuando raptaron al atún no?— Menciono acariciándose la cabeza rapada, el calor comenzaba a ser intenso en la playa y ahora sentía que le quemaba más que nunca. Sep… esa carcajada sí que la recordaba. Maki se medio contagio de la risa excéntrica del hombre y quiso estallar en carcajadas. —Si, María… María Merlot… quizás la confundes… no se llama… … … como sea que le llamaste. No soy buena recordando nombres, pero ella es mi navegante… o artista… da igual es mi pez— Dijo cuando alrededor vio más gente. Mucha.
Desde hace tiempo no se fiaba de nadie. Sobre todo, ahora que debía proteger a sus nakamas. Lo mas importante del mundo entero, pero este tipo sí que había sido uno desinteresado y había con su ayuda “Salvado” a la Mestiza. ¿Ahora portaba a colores diferentes? —Estas… ¿Estas en una tripulación?, no te habíamos preguntado la otra vez. Que despistadas somos. ¿Un Torneo?... no se de ningún torneo… solo queremos avanzar por Paraiso, llegar al final e ir más allá. Donde ninguna otra hubiera navegado— Dijo inspeccionado un poco la vestimenta del colosal hombretón. Pronto comenzó a ver a un montón de personas más. Un tipo que le parecía extremadamente familiar… como… como si fuera una versión tergiversada de ella misma. Pero obvio. Mas débil. También parecía portar dos inmensas armas como ella. Aunque seguro su arsenal era más variado.
También encontró a una chica enorme… que carajos era primera vez que veía a una mujer tan hermosa, tan grande y angelical, de piel de bronce esculpida seguramente por un dios enamorado. Y sin previo aviso y de pronto, sintió como su mano se encaminaba a ella… Maki le devolvió el saludo con una sonrisa nerviosa. Había aprendido con su mala memoria a responder los saludos de la gente que le llamaba por su nombre… a su lado… un… un… mierda un furro. No le gustaban para nada los hombres bestias pero este lucia fuerte. Se había enfrentado a pocos, ¿Podría derrotarlo?, y entrecerrando los ojos… —HEY!!! Les ha seguido un mono!! Chu chu mono de mierda!! No te robaras mi den den mushi!!!— Dijo tratando de ahuyentar a un pequeño primate que venía con los otros dos. pero después se rasco la nuca algo perdida por que al ver sus ropas descubrió que era compañera de los demás. Aunque había visto un sinfín de videos donde primates como estos robaban los caracoles de turistas desistidos no… no le robarían el suyo.
A pesar de todo comenzaron a caminar, no les quedaba otra. Un ave de hermosos colores salió disparada al vuelo con un hermoso y resonante piar y Maki junto sus labios como si alguna fuerza increíble le forzara… le respondió silbándole una melodía con una gran sonrisa.
Después de un tiempo tomo la delantera, no quería que sus aliados tuvieran problemas en él, ni que se perdieran. Podía ver un rio al costado derecho del camino y la selva se volvía tupida, pero sacando su espada comenzó a cortar poco a poco toda la vegetación que estorbaba —Mer… Hyak… y los demás… Si algo aprendí en Little Garden fue a no tocar flores, plantas o hiervas desconocidas que tengan colores inusuales… no las toquen. — Advirtió mientras se sobaba el brazo derecho con una cicatriz horrenda mientras recordaba aquella aventura donde fue rota. Abandonada y también su día más doloroso del mundo. Cuando descubrió que era una escoria que nadie quería. Pero.
Esperaba haber cambiado en este tiempo. El rio que recorrían era poco más de veinticinco o treinta metros, atenta a que no saliera alguna bestia como también vio en sus anteriores aventuras. Quiso tomar el extremo de este camino por la posibilidad de un ataque, pero poco a poco comenzó a relajarse, parecía mas un paseo. Un paseo por las nubes. Y de pronto la voz de la calva comenzó a elevarse a medida que se sentía más cómoda. Mirando cada cierto tiempo a su hermana Merlot disfrutando sobre el gigante paseando como una niña pequeña. A Hyak caminado bajo el sol, siendo el mas hermoso de todos los presentes. Casi tanto como Merlot. Aunque cantase a todo pulmón, Maki sintió algo… dolor… miro sus manos, sus brazos se rozó el rostro y recordó el monstruo que era. Aquel que apenas podía ver en el espejo de la mañana, uno que reflejaba sus errores, sus pecados y sus marcas de traición.
Era horrenda por dentro y por fuera, mezquina, malvada, desinteresada por la vida ajena y el bienestar de otros. No le importaba tomar vidas ajenas y ahora se daba cuenta que no encajaba en nada de esta belleza que se desplegaba ante ella. solo podía contarse como una asesina. Aunque a veces se consideraba artista se contaba más como un bufón, aquella de la que todos se burlaban, ya sea en secreto o de frente. No pertenecía a los Valar, seres endiosados, en sus cuentos estos eran dioses, hermosos, dotados de dones y con pocos o ningún defecto y ella… ella tenía un millar.
De pronto pensamientos oscuros y sombríos comenzaron a invadirle. Morir. Desaparecer. Quizás unirse a otros monstruos como ella y ser derrotada en algún campo de batalla o en algún lugar donde su muerte podría significar quizás algo. La pena y el dolor regresando a su mente comenzó a demacrar y herir su rostro. Pero cuando sus ojos se enfrentaron por un segundo con los de María Merlot. Decidió hacer todo para que no se diera cuenta de sus sombríos pensamientos. Se acerco a Hyak —Claramente tenemos un camino frente a nosotros... Crees que encontremos algún tesoro antes de llegar a ese que nos habló por las caracolas?— Dijo apagándose a él. —Y tú? ¿No habías pasado antes por aquí? He gigantón?— Apretó el trote un poco para adelantarles el paso a todos, aunque parecía que su animo había cambiado para bien por dentro comenzaba a hundirse más y más en su propia miseria. Como si en su interior la oscuridad se arremolinara intensamente y de manera inversamente proporcional a lo bello del paisaje. Necesitaba ayuda y nadie se daba cuenta.
Poco después de avanzar varios kilómetros aproximadamente tres horas llegan a la salida del bosque. Maki se adelanta como una niña pequeña y se agazapa en el mismo linde para inspeccionar el lugar, emergieron por el sur este de la ciudad lo que parecía una gran arena, un estadio parecido a una pista de atletismo. En el norte la pirámide… enorme dorada y más de cuatrocientos metros de alto. Muchas ventanas. Muchas… mierda… por más que intentaba no podía ver muchos más detalles, pero si podía ver muchas casas todas también doradas. Mierda era una ciudad que valía más que ciudades o islas completas? Los ojos codiciosos de Maki se abrieron de par en par. Oro… mucho oro. —Si? eso que es… que más ves gigantón? No tengo la vista tan aguda… … … ya veo… torneo— Menciono mientras ponía su palma sobre su frente para intentar ver mas lejos y mejor. Y al escuchar torneo. Quiso llevar su mano al cinto donde escondía una espada corta. Un tanto, le emocionaba mostrar su verdadero arte. El de la muerte.
Sus ojos se abrieron… la emoción, el brillo, todo volvió y Maki y su pecho se insuflaron de valor verdadero. ¿Podría quizás demostrar que este monstruo podría proteger, ser útil?... si… esa era la clave. Lo importante no es si se es un monstruo, sino un monstruo capaz de contener y proteger a este grupo de gente. Sus dedos se cerraron sobre el tanto hasta hacer crujir el cuero del mango al ver la posibilidad de demostrar que todo este sufrimiento que le marco la piel solo sirvió para curtir su temple y su alma para ser una guardiana de estos dioses.
Quizas…
Los Valar eran dioses.
Maki jamás podría ser uno de verdad.
Pero quizá…
Podría ser un demonio, uno dispuesto a ensuciarse las manos por ellos. Una sombra encadenada a sus sueños y anhelos. Ella podría serlo. Y darlo todo… todo por ellos. La ciudad… carajo sí que era hermosa, cada construcción, cada casa, parecía el conjunto de algo mucho mas grande, todo pensado con un objetivo, mirar un espectáculo, algo construido con un sentido, como artesana, como artista como forjadora del mañana sintió que esta ciudad estaba construida para las pruebas. No físicas, sino mentales. Construida para ser un reino poderoso. Un imperio en los cielos. Era… verdaderamente un proyecto magnifico y sublime, casi onírico.
Desde hace tiempo no se fiaba de nadie. Sobre todo, ahora que debía proteger a sus nakamas. Lo mas importante del mundo entero, pero este tipo sí que había sido uno desinteresado y había con su ayuda “Salvado” a la Mestiza. ¿Ahora portaba a colores diferentes? —Estas… ¿Estas en una tripulación?, no te habíamos preguntado la otra vez. Que despistadas somos. ¿Un Torneo?... no se de ningún torneo… solo queremos avanzar por Paraiso, llegar al final e ir más allá. Donde ninguna otra hubiera navegado— Dijo inspeccionado un poco la vestimenta del colosal hombretón. Pronto comenzó a ver a un montón de personas más. Un tipo que le parecía extremadamente familiar… como… como si fuera una versión tergiversada de ella misma. Pero obvio. Mas débil. También parecía portar dos inmensas armas como ella. Aunque seguro su arsenal era más variado.
También encontró a una chica enorme… que carajos era primera vez que veía a una mujer tan hermosa, tan grande y angelical, de piel de bronce esculpida seguramente por un dios enamorado. Y sin previo aviso y de pronto, sintió como su mano se encaminaba a ella… Maki le devolvió el saludo con una sonrisa nerviosa. Había aprendido con su mala memoria a responder los saludos de la gente que le llamaba por su nombre… a su lado… un… un… mierda un furro. No le gustaban para nada los hombres bestias pero este lucia fuerte. Se había enfrentado a pocos, ¿Podría derrotarlo?, y entrecerrando los ojos… —HEY!!! Les ha seguido un mono!! Chu chu mono de mierda!! No te robaras mi den den mushi!!!— Dijo tratando de ahuyentar a un pequeño primate que venía con los otros dos. pero después se rasco la nuca algo perdida por que al ver sus ropas descubrió que era compañera de los demás. Aunque había visto un sinfín de videos donde primates como estos robaban los caracoles de turistas desistidos no… no le robarían el suyo.
A pesar de todo comenzaron a caminar, no les quedaba otra. Un ave de hermosos colores salió disparada al vuelo con un hermoso y resonante piar y Maki junto sus labios como si alguna fuerza increíble le forzara… le respondió silbándole una melodía con una gran sonrisa.
Después de un tiempo tomo la delantera, no quería que sus aliados tuvieran problemas en él, ni que se perdieran. Podía ver un rio al costado derecho del camino y la selva se volvía tupida, pero sacando su espada comenzó a cortar poco a poco toda la vegetación que estorbaba —Mer… Hyak… y los demás… Si algo aprendí en Little Garden fue a no tocar flores, plantas o hiervas desconocidas que tengan colores inusuales… no las toquen. — Advirtió mientras se sobaba el brazo derecho con una cicatriz horrenda mientras recordaba aquella aventura donde fue rota. Abandonada y también su día más doloroso del mundo. Cuando descubrió que era una escoria que nadie quería. Pero.
Esperaba haber cambiado en este tiempo. El rio que recorrían era poco más de veinticinco o treinta metros, atenta a que no saliera alguna bestia como también vio en sus anteriores aventuras. Quiso tomar el extremo de este camino por la posibilidad de un ataque, pero poco a poco comenzó a relajarse, parecía mas un paseo. Un paseo por las nubes. Y de pronto la voz de la calva comenzó a elevarse a medida que se sentía más cómoda. Mirando cada cierto tiempo a su hermana Merlot disfrutando sobre el gigante paseando como una niña pequeña. A Hyak caminado bajo el sol, siendo el mas hermoso de todos los presentes. Casi tanto como Merlot. Aunque cantase a todo pulmón, Maki sintió algo… dolor… miro sus manos, sus brazos se rozó el rostro y recordó el monstruo que era. Aquel que apenas podía ver en el espejo de la mañana, uno que reflejaba sus errores, sus pecados y sus marcas de traición.
Era horrenda por dentro y por fuera, mezquina, malvada, desinteresada por la vida ajena y el bienestar de otros. No le importaba tomar vidas ajenas y ahora se daba cuenta que no encajaba en nada de esta belleza que se desplegaba ante ella. solo podía contarse como una asesina. Aunque a veces se consideraba artista se contaba más como un bufón, aquella de la que todos se burlaban, ya sea en secreto o de frente. No pertenecía a los Valar, seres endiosados, en sus cuentos estos eran dioses, hermosos, dotados de dones y con pocos o ningún defecto y ella… ella tenía un millar.
De pronto pensamientos oscuros y sombríos comenzaron a invadirle. Morir. Desaparecer. Quizás unirse a otros monstruos como ella y ser derrotada en algún campo de batalla o en algún lugar donde su muerte podría significar quizás algo. La pena y el dolor regresando a su mente comenzó a demacrar y herir su rostro. Pero cuando sus ojos se enfrentaron por un segundo con los de María Merlot. Decidió hacer todo para que no se diera cuenta de sus sombríos pensamientos. Se acerco a Hyak —Claramente tenemos un camino frente a nosotros... Crees que encontremos algún tesoro antes de llegar a ese que nos habló por las caracolas?— Dijo apagándose a él. —Y tú? ¿No habías pasado antes por aquí? He gigantón?— Apretó el trote un poco para adelantarles el paso a todos, aunque parecía que su animo había cambiado para bien por dentro comenzaba a hundirse más y más en su propia miseria. Como si en su interior la oscuridad se arremolinara intensamente y de manera inversamente proporcional a lo bello del paisaje. Necesitaba ayuda y nadie se daba cuenta.
Poco después de avanzar varios kilómetros aproximadamente tres horas llegan a la salida del bosque. Maki se adelanta como una niña pequeña y se agazapa en el mismo linde para inspeccionar el lugar, emergieron por el sur este de la ciudad lo que parecía una gran arena, un estadio parecido a una pista de atletismo. En el norte la pirámide… enorme dorada y más de cuatrocientos metros de alto. Muchas ventanas. Muchas… mierda… por más que intentaba no podía ver muchos más detalles, pero si podía ver muchas casas todas también doradas. Mierda era una ciudad que valía más que ciudades o islas completas? Los ojos codiciosos de Maki se abrieron de par en par. Oro… mucho oro. —Si? eso que es… que más ves gigantón? No tengo la vista tan aguda… … … ya veo… torneo— Menciono mientras ponía su palma sobre su frente para intentar ver mas lejos y mejor. Y al escuchar torneo. Quiso llevar su mano al cinto donde escondía una espada corta. Un tanto, le emocionaba mostrar su verdadero arte. El de la muerte.
Sus ojos se abrieron… la emoción, el brillo, todo volvió y Maki y su pecho se insuflaron de valor verdadero. ¿Podría quizás demostrar que este monstruo podría proteger, ser útil?... si… esa era la clave. Lo importante no es si se es un monstruo, sino un monstruo capaz de contener y proteger a este grupo de gente. Sus dedos se cerraron sobre el tanto hasta hacer crujir el cuero del mango al ver la posibilidad de demostrar que todo este sufrimiento que le marco la piel solo sirvió para curtir su temple y su alma para ser una guardiana de estos dioses.
Quizas…
Los Valar eran dioses.
Maki jamás podría ser uno de verdad.
Pero quizá…
Podría ser un demonio, uno dispuesto a ensuciarse las manos por ellos. Una sombra encadenada a sus sueños y anhelos. Ella podría serlo. Y darlo todo… todo por ellos. La ciudad… carajo sí que era hermosa, cada construcción, cada casa, parecía el conjunto de algo mucho mas grande, todo pensado con un objetivo, mirar un espectáculo, algo construido con un sentido, como artesana, como artista como forjadora del mañana sintió que esta ciudad estaba construida para las pruebas. No físicas, sino mentales. Construida para ser un reino poderoso. Un imperio en los cielos. Era… verdaderamente un proyecto magnifico y sublime, casi onírico.
Play Me!

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