Nyxara sin duda era una hermosa mujer que destacaba al igual que una diosa terrenal, conocida por ser una mujer cautelosa y totalmente serena, mostraba ser paciente ante la incertidumbre de esta noche, sin duda ella irradiaba una determinación que era imposible de ignorar y cualidades que no pasaron por alto ante los superiores del cuartel, la Marina ha decidido proyectar sus esperanza en la joven novicia, pues ella destacaba un potencial a punto de desarrollar, un diamante en bruto, Por esa misma razón no era de extrañarse que la joven azabache estudiará a primeras cada rincón de aquel puerto, memorizando gestos, huellas y pequeños detalles que quizás otros no lograron encontrar, si, ella estaba buscando evidencia que pudiera revelar la verdad oculta, esos factores que le permitirán anticiparse a los hechos.
Mientras la joven se abría paso en su camino, algunas miradas comenzaron a posarse sobre ella, en su figura y sobre en ese uniforme que presentaba la Marna, navegantes, capitanes e incluso modestos comerciantes de rango bajo, todos ellos interrumpieron sus labores para seguirle con cautela sin decir nada hasta el momento, pero de pronto los murmullos no tardaron en extenderse entre todos los presentes, alimentados por la incertidumbre, el desdén y el enojo de varios poblerinos, era evidente que más de uno cuestionó la decisión de la Marina, tomándolo como un insulto a su necesidad –¿Solo enviaron a un marine?...y encima…¡Es mujer!-- comentó una voz femenina a sus espaldas, ella proveniente de un grupo de mujeres andrajosas que observaban a Nyxara con evidente chusmerio, La joven azabache cuanto más avanzaba, más era la desilusión de los aldeanos que estaban a la espera de un buen ejército para encontrar a los ladrones. Por otra parte desde la proa de un barco comerciante, algo antiguo y desgastado por los años, ahi mismo se encontraba sentado un hombre de increible complexión robusta, torso musculoso y expresión descarada, el tipo no dejó pasar el momento para dejar salir un silbido apenas vio a la doncella –Vaya vaya...¿Mandaron a una gatita como compensación de los robos?...Bueno…no me quejaría si tu me compañas esta noche mamasita…– sus palabras estaban recargadas de absoluta insolencia, sin duda cualquier dama se sentiría ofendida.
Si la joven decidió hacerle de frente al hombre asqueroso, estaba en todo su derecho de reclamarle pero si decidía continuar con su ruta entonces notaría los primeros indicios de una posible pista, antes de llegar al sendero se daría cuenta que había otro camino que conduce hacia el interior del bosque, una zona un poco más alejada del puerto y del pueblo, se tenía entendido que más allá no habitaba nadie más que animales salvajes y algunos campesinos que disfrutaban de la vida aislada de las zonas comerciales y del ruido del pueblo. Si la chica prestaba atención al terreno, podría observar las marcas de una carreta que conduce hacia ese lugar, huellas de caballo y la clara evidencia de que esa ruta ha sido transitada recientemente pero esas misma marcas tambien se podian apreciar en el sendero que conllevaba al faro, ¿Sería una vista importante?, quien sabe, pero por ahora ella debía llegar hacia su cometido, El Faro.
Al levantar la mirada notaría que un señor de unos sesenta a setenta años de edad, salía del interior del faro, con la espalda curvada, caminaba a paso lento mientras trataba de mantener el equilibrio con un pequeño bastón de madera, acompañado por otras dos personas, una de ella se acercó casi apresurada para atender al señor esperando que no se cayera en el camino, se trataba de una rubia, de tez clara y orbes celeste, vestida con prendas elegantes en tonos celeste, el anciano se limitó a sonreír a la joven mientras se unía el otro integrante, era un hombre de tez casi morena, cabello oscuro, orbes verdes y de complexión escuálida, parecía que el viento podía barrer con él en cualquier momento.
Por favor Richard…por nada del mundo abandones el faro esta noche, no podemos permitirnos que estos robos sigan ocurriendo…– Comentó el anciano mirando al hombre que quedaría de guardia, parecía sereno, tranquilo, como si tuviera el control de la situación –No se preocupe señor…no lo voy a decepcionar– mencionó con total seguridad, dejando que el anciano se marchara, pero cuando venía en descenso se encontró con la joven novicia. Solo ver su uniforme, sus katanas y su semblante, pudo deducir que la joven era enviada de la Marina.
Buenas noches señorita…¿Ha venido por el asunto del faro? – Cuestionó el señor mientras colocaba ambas manos sobre su bastón, la joven que lo acompañaba se limitó a quedar en silencio, esperando que la joven se presentara como era debido, el anciano comenzó a toser un poco antes de empezar a brindarle información —Comprendo sus razones…como verá señorita, esta mañana hemos llamado al ingeniero que se encarga de darle mantenimiento al faro, él mismo nos indico que no había falla alguna que posiblemente esto se trataba de alguna jugarreta o quizás…– explicando con algo de dificultad el anciano comenzó a toser quedándose en silencio por unos instante, se podía observar que había indignación y coraje de parte del señor, con un gesto de dulzura y de mucho amor, su acompañante posó su mano sobre la espalda del señor mientras le hablaba de una forma tan apacible y armonioso –Tranquilo abuelo…la joven sabrá qué hacer…– haciendo una pequeña pausa, pronto la mujer miraría a Nyxara con una sonrisa angelical –Buenas noches joven…mi nombre es Patricia y él es mi abuelo Rodrigo, ambos venimos en representación del alcalde, se ha hecho varias evaluaciones en el faro…y todo indica que posiblemente se trate de alguien que usa el faro para su beneficio…– menciono la joven tras mirar de reojo el farol para luego volver a ver la doncella –Dentro del faro dejamos provisiones para pasar la noche, comida, bebidas calientes, cobijas….todo lo que necesite– decia la joven quien ahora le cedia la palabra a su abuelo.
Señorita…el encargado del faro se llama Richard, estoy seguro que él le explicará mejor la situación, por ahora nosotros debemos retirarnos…confiamos en usted y por favor…tenga cuidado…– Mencionó el señor tras continuar su camino junto a su bella y adorada nieta. Con ese resumen y esa nueva información, ¿Que hará Nyxara ahora? ¿Las vías comenzaban a cerrarse?, es algo que ella debía determinar, cuando finalmente llegó a la cima se encontraría con Richard quien se movía de un lado a otro notándose totalmente molesto, nervioso, se mordía los labios mientras fruncia el ceño como si tratara de encontrar respuesta a su dilema —¿Qué haré?...seguramente vendrán esta noche de nuevo…– él aun no se percataba de la presencia de la chica, ¿acaso dijo algo que no debia?, ¿Que haras Nyxara?...¿QUE HARAS?
Mientras la joven se abría paso en su camino, algunas miradas comenzaron a posarse sobre ella, en su figura y sobre en ese uniforme que presentaba la Marna, navegantes, capitanes e incluso modestos comerciantes de rango bajo, todos ellos interrumpieron sus labores para seguirle con cautela sin decir nada hasta el momento, pero de pronto los murmullos no tardaron en extenderse entre todos los presentes, alimentados por la incertidumbre, el desdén y el enojo de varios poblerinos, era evidente que más de uno cuestionó la decisión de la Marina, tomándolo como un insulto a su necesidad –¿Solo enviaron a un marine?...y encima…¡Es mujer!-- comentó una voz femenina a sus espaldas, ella proveniente de un grupo de mujeres andrajosas que observaban a Nyxara con evidente chusmerio, La joven azabache cuanto más avanzaba, más era la desilusión de los aldeanos que estaban a la espera de un buen ejército para encontrar a los ladrones. Por otra parte desde la proa de un barco comerciante, algo antiguo y desgastado por los años, ahi mismo se encontraba sentado un hombre de increible complexión robusta, torso musculoso y expresión descarada, el tipo no dejó pasar el momento para dejar salir un silbido apenas vio a la doncella –Vaya vaya...¿Mandaron a una gatita como compensación de los robos?...Bueno…no me quejaría si tu me compañas esta noche mamasita…– sus palabras estaban recargadas de absoluta insolencia, sin duda cualquier dama se sentiría ofendida.
Si la joven decidió hacerle de frente al hombre asqueroso, estaba en todo su derecho de reclamarle pero si decidía continuar con su ruta entonces notaría los primeros indicios de una posible pista, antes de llegar al sendero se daría cuenta que había otro camino que conduce hacia el interior del bosque, una zona un poco más alejada del puerto y del pueblo, se tenía entendido que más allá no habitaba nadie más que animales salvajes y algunos campesinos que disfrutaban de la vida aislada de las zonas comerciales y del ruido del pueblo. Si la chica prestaba atención al terreno, podría observar las marcas de una carreta que conduce hacia ese lugar, huellas de caballo y la clara evidencia de que esa ruta ha sido transitada recientemente pero esas misma marcas tambien se podian apreciar en el sendero que conllevaba al faro, ¿Sería una vista importante?, quien sabe, pero por ahora ella debía llegar hacia su cometido, El Faro.
Al levantar la mirada notaría que un señor de unos sesenta a setenta años de edad, salía del interior del faro, con la espalda curvada, caminaba a paso lento mientras trataba de mantener el equilibrio con un pequeño bastón de madera, acompañado por otras dos personas, una de ella se acercó casi apresurada para atender al señor esperando que no se cayera en el camino, se trataba de una rubia, de tez clara y orbes celeste, vestida con prendas elegantes en tonos celeste, el anciano se limitó a sonreír a la joven mientras se unía el otro integrante, era un hombre de tez casi morena, cabello oscuro, orbes verdes y de complexión escuálida, parecía que el viento podía barrer con él en cualquier momento.
Por favor Richard…por nada del mundo abandones el faro esta noche, no podemos permitirnos que estos robos sigan ocurriendo…– Comentó el anciano mirando al hombre que quedaría de guardia, parecía sereno, tranquilo, como si tuviera el control de la situación –No se preocupe señor…no lo voy a decepcionar– mencionó con total seguridad, dejando que el anciano se marchara, pero cuando venía en descenso se encontró con la joven novicia. Solo ver su uniforme, sus katanas y su semblante, pudo deducir que la joven era enviada de la Marina.
Buenas noches señorita…¿Ha venido por el asunto del faro? – Cuestionó el señor mientras colocaba ambas manos sobre su bastón, la joven que lo acompañaba se limitó a quedar en silencio, esperando que la joven se presentara como era debido, el anciano comenzó a toser un poco antes de empezar a brindarle información —Comprendo sus razones…como verá señorita, esta mañana hemos llamado al ingeniero que se encarga de darle mantenimiento al faro, él mismo nos indico que no había falla alguna que posiblemente esto se trataba de alguna jugarreta o quizás…– explicando con algo de dificultad el anciano comenzó a toser quedándose en silencio por unos instante, se podía observar que había indignación y coraje de parte del señor, con un gesto de dulzura y de mucho amor, su acompañante posó su mano sobre la espalda del señor mientras le hablaba de una forma tan apacible y armonioso –Tranquilo abuelo…la joven sabrá qué hacer…– haciendo una pequeña pausa, pronto la mujer miraría a Nyxara con una sonrisa angelical –Buenas noches joven…mi nombre es Patricia y él es mi abuelo Rodrigo, ambos venimos en representación del alcalde, se ha hecho varias evaluaciones en el faro…y todo indica que posiblemente se trate de alguien que usa el faro para su beneficio…– menciono la joven tras mirar de reojo el farol para luego volver a ver la doncella –Dentro del faro dejamos provisiones para pasar la noche, comida, bebidas calientes, cobijas….todo lo que necesite– decia la joven quien ahora le cedia la palabra a su abuelo.
Señorita…el encargado del faro se llama Richard, estoy seguro que él le explicará mejor la situación, por ahora nosotros debemos retirarnos…confiamos en usted y por favor…tenga cuidado…– Mencionó el señor tras continuar su camino junto a su bella y adorada nieta. Con ese resumen y esa nueva información, ¿Que hará Nyxara ahora? ¿Las vías comenzaban a cerrarse?, es algo que ella debía determinar, cuando finalmente llegó a la cima se encontraría con Richard quien se movía de un lado a otro notándose totalmente molesto, nervioso, se mordía los labios mientras fruncia el ceño como si tratara de encontrar respuesta a su dilema —¿Qué haré?...seguramente vendrán esta noche de nuevo…– él aun no se percataba de la presencia de la chica, ¿acaso dijo algo que no debia?, ¿Que haras Nyxara?...¿QUE HARAS?
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Cita:¡Felicidades por ascender a nivel 6!
Se han colocado 3 rutas de acciones, segun la decisiones que tome Nyxara se determinara el desarrollo de la aventura, ¡suerte!

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