08-07-2026, 11:40 PM
Tras el conflicto, viene la reconciliación. Ambos, mi hermano y yo, decidimos tomar el camino central y dejarnos de bobadas de un lado u otro. Pronto dejamos el mar de nubes atrás y nos adentramos en la selva, cambiando la arena fina por una vegetación intensa.
Avanzamos a paso ligero, aunque sin mucha prisa. Nuestros hombres, ansiosos de aventura, nos cubren las espaldas mientras Ubbe lidera al pelotón conmigo, a mí izquierda. Yggdrasil, tan fiable como cualquier otro, descansa en mi hombro diestro mientras manejo el mango con la derecha. Así uno se siente bien protegido.
Pasados unos minutos, el verde se va perdiendo para dar paso a un camino gris y áspero. Un sendero plagado de roca y granito que se dificulta todavía más por la inclinación del mismo. Para orgullosos Buccaneers como nosotros, esto no es más que un ligero contratiempo. Ubbe, todavía convertido en un titánico monstruo acorazado, aparta piedras y monolitos como si se trataran de meros escombros. Yo, fiel a mi estilo, decido sacar a pasear el hacha, que barre y rebana los sólidos peñascos como mantequilla derretida, allanando el sendero. Para nuestros hombres la cosa se pone más difícil. Una roca que me llega a la cintura equivale a dos o tres hombres puestos uno sobre otro para ellos. Pero si quieren formar parte de la tripulación más temida de los mares, han de demostrar que pueden con cualquier adversidad. -Vamos cabrones, no quiero escuchar ni una queja.- no he escuchado ninguna. De hecho, parecen más motivados que nunca. Aún así, hay que animarles como es debido. El que se quede atrás, se convertirá en el hazmerreír del resto, ¡¡VAMOS!!- no me hace falta ni mirar para atrás. Un rugido de guerra es la respuesta que me dan. Es la respuesta que busco.
Voy caminando tranquilo, inmerso en mis pensamientos de guerra y conquista hasta que siento un picotazo en el bíceps izquierdo. Es el Kaiju, me está llamando. -¡¿Eh?!- capta mi atención mientras doy un pequeño respingo sobresaltado. Algo me dice, pero de la frase, solo entiendo la mitad. -No sé que estás viendo pero habla en cristiano, ¿quieres?- me giro en la dirección en la que está mirando.
Ubbe estalla en éxtasis, y no es para menos. Al parecer nos está siguiendo el ritmo una especie de criatura trajeada. Un nacido del mar con chaquetilla y corbata, demasiado bien vestido para esta situación, pero demasiado molón como para preocuparme por ello. -¡¡JARUL JUL JUL JUL...!!- me río, tomando por el hombro a mi compañero para enderezarlo, después de que se presentara y le dijera con todas sus palabras inventadas lo fascinado que estaba. -Dale al freno, madaleno. Vas a aplastar al chaval, y podría servir de cena.- bromeo con un tono humorístico, aunque excesivamente ácido para el que no me conoce. Probablemente porque es verdad. -Sigurd Haakon, capitán del Ragnarok.- extiendo mi mano hacia él, que en comparación es gigantesca. -¿Vienes con nosotros entonces, peZqueñín?- No hay razón para pasar de él, y menos con lo interesado que está mi hermano. No representa ninguna amenaza y siempre puede sernos útil una mano más. Además, me pica la curiosidad con este sujeto. No es lugar para perderse y mucho menos para ir tan elegante. No me termina de gustar la gente elegante.
Los minutos se convierten en horas antes de que nos demos cuenta. El camino cada vez se inclina más y se comienza a convertir para la tripulación en un verdadero desafío de resistencia y voluntad, aún y con esas, nos vamos turnando para motivar a las tropas y que sigan avanzando. Yo mismo empiezo a sentir que me fallan las fuerzas, a respirar con más intensidad , fatigado. Pero la premisa es clara... Nadie se queda atrás. Nadie tiene la osadía de defraudar al resto. Prefieren morir antes de decepcionar a los demás, de traicionar los valores de la bandera que defienden. En este sitio no hay lugar para la debilidad. Yo lo tengo claro. Ubbe también lo sabe, y lo resalta orgulloso. Con esta gente vamos a desafiar a los mismísimos ángeles.
Con el recién llegado, la conversación es más sencilla. Es tan charlatán como cualquiera de nosotros, y eso no me desagrada en absoluto. Mi hermano es quien más interesado está en darle a la lengua. Parece hasta enamorado el desgraciado. Ni que fuera una sirena-tiburon guerrera. Tampoco voy a juzgar sus gustos, por muy de blancos o negros que sea yo... Me limito a respetar su opinión equivocada. Yo voy respondiendo a las preguntas y entrando a la conversación como siempre, altanero y sin nada que esconder. Por el contrario, yo solo tengo una pregunta que hago a mitad del camino. -Y dime una cosa, tío... ¿Como se mantiene tan limpio tu traje?- me limito a preguntar. Obvio de dónde viene o qué hace en mitad del cielo me genera curiosidad, aunque me la trae floja. Nosotros hemos venido a conquistar el cielo, y fuera de eso, todo es apoyo y obstáculo en el camino. Él decide cuál de las dos ser.
Y cuando el Sol llega a lo más alto, nosotros alcanzamos nuestra meta, el final del sendero que culmina en un risco pedregoso, como un balcón con vistas a la grandeza celestial. Frente a nuestras narices, la vista más gloriosa que mis ojos de viejo lobo de mar han visto jamás. Una ciudad de oro, más brillante que el mismísimo Sol. Un reino áureo y celestial que hace palidecer a todo aquel que se aproxima o se compara. Jamás he visto nada similar ni nada que se le acerque. Belleza y grandeza en su estado más puro. A su alrededor diferentes caminos que convergen en la cuna celestial. Todo desde aquí te hace sentir más grande de lo que uno es en realidad. Como un ser superior.
Sus palabras resuenan como un trueno en la tormenta, como un volcán en erupción. Cada pirata allí presente se infunde en una armadura de coraje y voluntad, capaces de doblegar a cualquier adversario.
Así es Ubbe, nacido para ser líder, para cargar con la responsabilidad y el honor, dándolo todo en los momentos importantes, desafiando lo imposible. La historia tienes los ojos puestos en él.
Cada uno de los Hijos del Ragnarok rasga sus vestiduras, se golpea el pecho con violencia y demuestran su verdadera naturaleza. Están dispuestos a todo, y siguen a su comandante con absoluta lealtad y devoción. Yo no puedo estar más orgulloso.
Recojo el hacha rápidamente. El sentimiento positivo se marcha rápido y me invade una sensación amarga de vergüenza. Había cedido por unos segundos. Si no hubiera sido por mi hermano, tal vez habría palidecido. Nunca más. Con un tirón violento, desgarro todo rastro de disfraces y muestro los verdaderos colores del Ragnarok, marcados en mi piel. -¡¡YA LE HABÉIS OIDO, CARGAD, HIJOS DEL RAGNAROK!!- elevo a Yggdrasil al frente y empiezo a correr hacia el vacío, saltando aquel risco sin temor ninguno, con una furia y valor renovados en mí. Tras de mí, una lluvia de hombres y mujeres dispuestos a todo. Habíamos llegado a aquel lugar para robar su brillo, ya no hay marcha atrás. Tan solo queda llegar a la ciudad y hacernos con la gloria.
Gloria... Yo les mostraré gloria. Las leyendas no se forjan en un día. Has de navegar cada vez un poco más, hasta la cima del mundo. Pero donde hay una voluntad inamovible, hay un camino que tomar. Tan solo hay que arrasar un par de ciudades o tres para que los débiles comiencen a obedecer. Si lo queremos, lo tomamos. El mundo nos pertenece. Y así mi nombre podrá brillar. Brillar con más intensidad que las ciudades de oro que reinan sobre las nubes. El Ragnarok y la raza Buccaneer brillarán más que el Sol y todos quedarán cegados por su grandeza
Avanzamos a paso ligero, aunque sin mucha prisa. Nuestros hombres, ansiosos de aventura, nos cubren las espaldas mientras Ubbe lidera al pelotón conmigo, a mí izquierda. Yggdrasil, tan fiable como cualquier otro, descansa en mi hombro diestro mientras manejo el mango con la derecha. Así uno se siente bien protegido.
Pasados unos minutos, el verde se va perdiendo para dar paso a un camino gris y áspero. Un sendero plagado de roca y granito que se dificulta todavía más por la inclinación del mismo. Para orgullosos Buccaneers como nosotros, esto no es más que un ligero contratiempo. Ubbe, todavía convertido en un titánico monstruo acorazado, aparta piedras y monolitos como si se trataran de meros escombros. Yo, fiel a mi estilo, decido sacar a pasear el hacha, que barre y rebana los sólidos peñascos como mantequilla derretida, allanando el sendero. Para nuestros hombres la cosa se pone más difícil. Una roca que me llega a la cintura equivale a dos o tres hombres puestos uno sobre otro para ellos. Pero si quieren formar parte de la tripulación más temida de los mares, han de demostrar que pueden con cualquier adversidad. -Vamos cabrones, no quiero escuchar ni una queja.- no he escuchado ninguna. De hecho, parecen más motivados que nunca. Aún así, hay que animarles como es debido. El que se quede atrás, se convertirá en el hazmerreír del resto, ¡¡VAMOS!!- no me hace falta ni mirar para atrás. Un rugido de guerra es la respuesta que me dan. Es la respuesta que busco.
Voy caminando tranquilo, inmerso en mis pensamientos de guerra y conquista hasta que siento un picotazo en el bíceps izquierdo. Es el Kaiju, me está llamando. -¡¿Eh?!- capta mi atención mientras doy un pequeño respingo sobresaltado. Algo me dice, pero de la frase, solo entiendo la mitad. -No sé que estás viendo pero habla en cristiano, ¿quieres?- me giro en la dirección en la que está mirando.
Ubbe estalla en éxtasis, y no es para menos. Al parecer nos está siguiendo el ritmo una especie de criatura trajeada. Un nacido del mar con chaquetilla y corbata, demasiado bien vestido para esta situación, pero demasiado molón como para preocuparme por ello. -¡¡JARUL JUL JUL JUL...!!- me río, tomando por el hombro a mi compañero para enderezarlo, después de que se presentara y le dijera con todas sus palabras inventadas lo fascinado que estaba. -Dale al freno, madaleno. Vas a aplastar al chaval, y podría servir de cena.- bromeo con un tono humorístico, aunque excesivamente ácido para el que no me conoce. Probablemente porque es verdad. -Sigurd Haakon, capitán del Ragnarok.- extiendo mi mano hacia él, que en comparación es gigantesca. -¿Vienes con nosotros entonces, peZqueñín?- No hay razón para pasar de él, y menos con lo interesado que está mi hermano. No representa ninguna amenaza y siempre puede sernos útil una mano más. Además, me pica la curiosidad con este sujeto. No es lugar para perderse y mucho menos para ir tan elegante. No me termina de gustar la gente elegante.
Los minutos se convierten en horas antes de que nos demos cuenta. El camino cada vez se inclina más y se comienza a convertir para la tripulación en un verdadero desafío de resistencia y voluntad, aún y con esas, nos vamos turnando para motivar a las tropas y que sigan avanzando. Yo mismo empiezo a sentir que me fallan las fuerzas, a respirar con más intensidad , fatigado. Pero la premisa es clara... Nadie se queda atrás. Nadie tiene la osadía de defraudar al resto. Prefieren morir antes de decepcionar a los demás, de traicionar los valores de la bandera que defienden. En este sitio no hay lugar para la debilidad. Yo lo tengo claro. Ubbe también lo sabe, y lo resalta orgulloso. Con esta gente vamos a desafiar a los mismísimos ángeles.
Con el recién llegado, la conversación es más sencilla. Es tan charlatán como cualquiera de nosotros, y eso no me desagrada en absoluto. Mi hermano es quien más interesado está en darle a la lengua. Parece hasta enamorado el desgraciado. Ni que fuera una sirena-tiburon guerrera. Tampoco voy a juzgar sus gustos, por muy de blancos o negros que sea yo... Me limito a respetar su opinión equivocada. Yo voy respondiendo a las preguntas y entrando a la conversación como siempre, altanero y sin nada que esconder. Por el contrario, yo solo tengo una pregunta que hago a mitad del camino. -Y dime una cosa, tío... ¿Como se mantiene tan limpio tu traje?- me limito a preguntar. Obvio de dónde viene o qué hace en mitad del cielo me genera curiosidad, aunque me la trae floja. Nosotros hemos venido a conquistar el cielo, y fuera de eso, todo es apoyo y obstáculo en el camino. Él decide cuál de las dos ser.
Y cuando el Sol llega a lo más alto, nosotros alcanzamos nuestra meta, el final del sendero que culmina en un risco pedregoso, como un balcón con vistas a la grandeza celestial. Frente a nuestras narices, la vista más gloriosa que mis ojos de viejo lobo de mar han visto jamás. Una ciudad de oro, más brillante que el mismísimo Sol. Un reino áureo y celestial que hace palidecer a todo aquel que se aproxima o se compara. Jamás he visto nada similar ni nada que se le acerque. Belleza y grandeza en su estado más puro. A su alrededor diferentes caminos que convergen en la cuna celestial. Todo desde aquí te hace sentir más grande de lo que uno es en realidad. Como un ser superior.
-....Por todos los dioses...-
Ubbe y yo nos fascinamos al mismo tiempo, dejando caer a Yggdrasil al suelo, que en vez de clavarse en la tierra, resbala y cae de canto.Por unos segundos, solo se me viene un pensamiento a la cabeza, uno que ni siquiera yo imaginaba tener jamás. El de marcharme. El de abandonar la idea de arrasar con todo y preservar la reliquia de esta arquitectura celestial, de proteger sus murallas con mi vida. Solo el crujir de las telas y el rugido vigoroso del titán que me acompaña me hacen volver en mí.Sus palabras resuenan como un trueno en la tormenta, como un volcán en erupción. Cada pirata allí presente se infunde en una armadura de coraje y voluntad, capaces de doblegar a cualquier adversario.
Así es Ubbe, nacido para ser líder, para cargar con la responsabilidad y el honor, dándolo todo en los momentos importantes, desafiando lo imposible. La historia tienes los ojos puestos en él.
Cada uno de los Hijos del Ragnarok rasga sus vestiduras, se golpea el pecho con violencia y demuestran su verdadera naturaleza. Están dispuestos a todo, y siguen a su comandante con absoluta lealtad y devoción. Yo no puedo estar más orgulloso.
Recojo el hacha rápidamente. El sentimiento positivo se marcha rápido y me invade una sensación amarga de vergüenza. Había cedido por unos segundos. Si no hubiera sido por mi hermano, tal vez habría palidecido. Nunca más. Con un tirón violento, desgarro todo rastro de disfraces y muestro los verdaderos colores del Ragnarok, marcados en mi piel. -¡¡YA LE HABÉIS OIDO, CARGAD, HIJOS DEL RAGNAROK!!- elevo a Yggdrasil al frente y empiezo a correr hacia el vacío, saltando aquel risco sin temor ninguno, con una furia y valor renovados en mí. Tras de mí, una lluvia de hombres y mujeres dispuestos a todo. Habíamos llegado a aquel lugar para robar su brillo, ya no hay marcha atrás. Tan solo queda llegar a la ciudad y hacernos con la gloria.
Outfit ---- Sigurd de Los Juegos y Los Hijos del Ragnarok
Gloria... Yo les mostraré gloria. Las leyendas no se forjan en un día. Has de navegar cada vez un poco más, hasta la cima del mundo. Pero donde hay una voluntad inamovible, hay un camino que tomar. Tan solo hay que arrasar un par de ciudades o tres para que los débiles comiencen a obedecer. Si lo queremos, lo tomamos. El mundo nos pertenece. Y así mi nombre podrá brillar. Brillar con más intensidad que las ciudades de oro que reinan sobre las nubes. El Ragnarok y la raza Buccaneer brillarán más que el Sol y todos quedarán cegados por su grandeza
En efecto, cajita feliz
Importante --- Tropas

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