09-07-2026, 03:00 AM
(Última modificación: 09-07-2026, 03:34 AM por Zhang Guolao.)
Era bastante extraño estar allí. Pese a encontrarse a miles de metros en el cielo, eso era literalmente una isla de verdad. Zhang sintió la arena sobre sus pezuñas, y mientras terminaba de bajar las últimas cajas del Wu Wei se limitó a observar lo verde que era la selva. ¿De verdad una masa de tierra podía sobrevivir flotando en el aire?
Había escuchado historias claro, pero al ser relatos tan viejos pocos lograban confirmar que todo esto existiera. Silencio, como siempre, estaba mas que feliz de pisar tierra firme, y sin dudarlo ni un segundo salió disparado a disfrutar de los arboles perdiéndose de vista para hacer sus cosas de mono.
Tardaron un poco en bajarlo todo, pero por suerte algunos habitantes alados de por ahí les echaron una mano para acomodar las cajas. Al parecer el torneo ese empezaría pronto. Viendo la destrucción de barcos que quedó abajo en las nubes, Zhang por fin entendió por qué habían citado a tanta gente... solo un porcentaje muy pequeño lograría la azaña de subir vivos, y ahí estaban ellos.
Esperaron unos minutos en el camino. Mientras terminaban de organizarse empezaron a aparecer diferentes personas y tripulaciones a su alrededor. Zhang prefirió mantenerse un poco alejado de los demás personajes, esperando a que su capitana, Bai, terminara de arreglarse. Eran un grupo bastante pintoresco.
Aunque el ermitaño no estaba muy acostumbrado a tanta gente desconocida y prefería estar alerta, la cortesía es lo primero. Cuando estuvo frente a ellos hizo una pequeña venia a modo de saludo y levantó la mano. —Hmmm... Zhang Guolao, mucho gusto. —les dijo presentándose.
De pronto, la mujer calva pegó un grito que hizo que la sangre del burro hirviera al instante. Por lo general era un Mink muy tranquilo, pero no iba a permitir que se burlaran de Silencio así como así. —Le vuelves a decir mierda al mono y te enseño a respetar a tus mayores... Hmmm —le soltó a la mujer sin inmutarse. Luego hizo un pequeño chasquido, logrando que su amiguito bajara de las ramas y se pusiera en su hombro. —Su nombre es Silencio, y un pirata puede robar lo que quiera. —le respondió, acariciándole la cabeza al macaco para que se calmara. Todo esto sin percatarse de que la mujer lo decía por Mahou, que era mitad mono.
Sin embargo, se tranquilizó rápido al ver que Bai la saludaba, parece que se conocían de antes. Zhang soltó un soplido al aire dejando escapar el enojo y, sin prestarle mucha más atención a los que lo rodeaban, empezó a caminar por el sendero. —¡Muy bien Mahou, vamos por ese entonces! —le respondió a su compañera, mientras buscaba un durazno entre sus ropas para lanzárselo.
Comenzaron a avanzar por la selva. Para Zhang que era un curioso por naturaleza, fue toda una experiencia ver las plantas raras del lugar. Mientras caminaban le dio un par de caladas a la pipa que había heredado de Lan, soltando el humo despacio para tranquilizarse. ¿A dónde demonios llevaría este camino?
Zhang vio como los demás se iban adelantando, parecía que se conocían todos y la emoción se palpaba en el aire. El viejo burro se alegró de ver tanta vitalidad en la juventud y por un momento se contagió de eso, así que apretó el paso para no perder de vista a sus compañeras ni a Silencio, que andaba persiguiendo a Mahou por ahí.
Pasaron varios minutos así, y pese a tener el sol pegando fuerte Zhang ni se enteró del tiempo invertido. El calor no le molestaba para nada, de hecho ni lo sentía, y con su cuerpo acostumbrado a los entrenamientos duros tampoco se cansaba fácil. Finalmente después de unas tres horas de caminata llegaron a la salida del bosque.
El brillo de esa ciudadela era una locura. Zhang abrió la boca sin poder creer que en serio habían terminado en un lugar así... Los cuentos siempre hablaban de una ciudad de oro, y ahora la tenían ahí enfrente. —Hmmm... —murmuró, para luego darle un golpe al suelo con su pezuña emocionado, soltando un pequeño relincho de asombro.
La sonrisa de Bai era contagiosa, y esa felicidad pronto se le pegó al burro, que intentó agudizar la vista sin mucho éxito la verdad. Pero lo que sí logró ver fue a la guerrera calva, que de pronto no parecía nada feliz.
Zhang se acercó a ella. Después de las horas de caminata ya había reflexionado y entendió que a veces su instinto animal le jugaba malas pasadas. —Buen día señorita, le pido disculpas por mi comportamiento de antes. —le dijo con tono suave—[b]. Me llamo Zhang Guolao y soy médico. En Zou tenemos una medicina muy buena para la alopecia, si quiere luego le enseño a prepararla.[/b]
El burro sonrió de forma inocente, sin medir mucho lo que sus palabras podrían causarle al orgullo de la mujer. Le dio una palmadita en el hombro en plan abuelo y se fue acercando a sus nakamas.
Estando ya en la entrada observó de nuevo a todos los presentes; se veían fuertes. El torneo ese estaba a punto de empezar, y aquel lugar donde se llevaría a cabo el torneo, apareceria frente a sus ojos, aquel matadero se veía peligroso. Zhang tensó el cuerpo y su pelaje se erizó un poco al pensarlo, el Guerrero del Mar no iba a poner las cosas fáciles.
Pero bueno, ya estaban ahí. Salió corriendo un poco torpe detrás de Bai, pues él también quería ver los secretos de la ciudad y obvio tenían que mantenerse unidos. [b]—¡Vamos Mahou, de pronto por acá hay buenos duraznos! —[/b]sonrió Zhang, ya más emocionado por lo que estaba a punto de pasar.
Había escuchado historias claro, pero al ser relatos tan viejos pocos lograban confirmar que todo esto existiera. Silencio, como siempre, estaba mas que feliz de pisar tierra firme, y sin dudarlo ni un segundo salió disparado a disfrutar de los arboles perdiéndose de vista para hacer sus cosas de mono.
Tardaron un poco en bajarlo todo, pero por suerte algunos habitantes alados de por ahí les echaron una mano para acomodar las cajas. Al parecer el torneo ese empezaría pronto. Viendo la destrucción de barcos que quedó abajo en las nubes, Zhang por fin entendió por qué habían citado a tanta gente... solo un porcentaje muy pequeño lograría la azaña de subir vivos, y ahí estaban ellos.
Esperaron unos minutos en el camino. Mientras terminaban de organizarse empezaron a aparecer diferentes personas y tripulaciones a su alrededor. Zhang prefirió mantenerse un poco alejado de los demás personajes, esperando a que su capitana, Bai, terminara de arreglarse. Eran un grupo bastante pintoresco.
Aunque el ermitaño no estaba muy acostumbrado a tanta gente desconocida y prefería estar alerta, la cortesía es lo primero. Cuando estuvo frente a ellos hizo una pequeña venia a modo de saludo y levantó la mano. —Hmmm... Zhang Guolao, mucho gusto. —les dijo presentándose.
De pronto, la mujer calva pegó un grito que hizo que la sangre del burro hirviera al instante. Por lo general era un Mink muy tranquilo, pero no iba a permitir que se burlaran de Silencio así como así. —Le vuelves a decir mierda al mono y te enseño a respetar a tus mayores... Hmmm —le soltó a la mujer sin inmutarse. Luego hizo un pequeño chasquido, logrando que su amiguito bajara de las ramas y se pusiera en su hombro. —Su nombre es Silencio, y un pirata puede robar lo que quiera. —le respondió, acariciándole la cabeza al macaco para que se calmara. Todo esto sin percatarse de que la mujer lo decía por Mahou, que era mitad mono.
Sin embargo, se tranquilizó rápido al ver que Bai la saludaba, parece que se conocían de antes. Zhang soltó un soplido al aire dejando escapar el enojo y, sin prestarle mucha más atención a los que lo rodeaban, empezó a caminar por el sendero. —¡Muy bien Mahou, vamos por ese entonces! —le respondió a su compañera, mientras buscaba un durazno entre sus ropas para lanzárselo.
Comenzaron a avanzar por la selva. Para Zhang que era un curioso por naturaleza, fue toda una experiencia ver las plantas raras del lugar. Mientras caminaban le dio un par de caladas a la pipa que había heredado de Lan, soltando el humo despacio para tranquilizarse. ¿A dónde demonios llevaría este camino?
Zhang vio como los demás se iban adelantando, parecía que se conocían todos y la emoción se palpaba en el aire. El viejo burro se alegró de ver tanta vitalidad en la juventud y por un momento se contagió de eso, así que apretó el paso para no perder de vista a sus compañeras ni a Silencio, que andaba persiguiendo a Mahou por ahí.
Pasaron varios minutos así, y pese a tener el sol pegando fuerte Zhang ni se enteró del tiempo invertido. El calor no le molestaba para nada, de hecho ni lo sentía, y con su cuerpo acostumbrado a los entrenamientos duros tampoco se cansaba fácil. Finalmente después de unas tres horas de caminata llegaron a la salida del bosque.
El brillo de esa ciudadela era una locura. Zhang abrió la boca sin poder creer que en serio habían terminado en un lugar así... Los cuentos siempre hablaban de una ciudad de oro, y ahora la tenían ahí enfrente. —Hmmm... —murmuró, para luego darle un golpe al suelo con su pezuña emocionado, soltando un pequeño relincho de asombro.
La sonrisa de Bai era contagiosa, y esa felicidad pronto se le pegó al burro, que intentó agudizar la vista sin mucho éxito la verdad. Pero lo que sí logró ver fue a la guerrera calva, que de pronto no parecía nada feliz.
Zhang se acercó a ella. Después de las horas de caminata ya había reflexionado y entendió que a veces su instinto animal le jugaba malas pasadas. —Buen día señorita, le pido disculpas por mi comportamiento de antes. —le dijo con tono suave—[b]. Me llamo Zhang Guolao y soy médico. En Zou tenemos una medicina muy buena para la alopecia, si quiere luego le enseño a prepararla.[/b]
El burro sonrió de forma inocente, sin medir mucho lo que sus palabras podrían causarle al orgullo de la mujer. Le dio una palmadita en el hombro en plan abuelo y se fue acercando a sus nakamas.
Estando ya en la entrada observó de nuevo a todos los presentes; se veían fuertes. El torneo ese estaba a punto de empezar, y aquel lugar donde se llevaría a cabo el torneo, apareceria frente a sus ojos, aquel matadero se veía peligroso. Zhang tensó el cuerpo y su pelaje se erizó un poco al pensarlo, el Guerrero del Mar no iba a poner las cosas fáciles.
Pero bueno, ya estaban ahí. Salió corriendo un poco torpe detrás de Bai, pues él también quería ver los secretos de la ciudad y obvio tenían que mantenerse unidos. [b]—¡Vamos Mahou, de pronto por acá hay buenos duraznos! —[/b]sonrió Zhang, ya más emocionado por lo que estaba a punto de pasar.
La bitácora del burro
Zhang Guolao
"El vacío no se mueve, pero lo contiene todo"
❄ La Calma del Vacío
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