09-07-2026, 05:20 PM
(Última modificación: 09-07-2026, 05:31 PM por Hasegawa Shin.
Razón: Errata de ortografía
)
Viendo la buena cantidad de compañeros que terminaron siendo solicitados por la organización del cielo no pudo evitar sentirse aliviado, pues consideraba que las indicaciones de descargar las provisiones en la playa y luego seguir avanzando los libraba de una actividad bastante más pesada de lo que podría imaginarse en primera instancia, agilizando el acercamiento del cuerpo marine hacia el centro de la isla, zona que seguía esperándolos, resguardando el inicio de los juegos del soberano.
Libres de tareas ajenas a lo que por defecto acostumbran a hacer, que es mantener el orden y asegurarse de que las leyes impuestas por el gobierno mundial sean cumplidas, aún le rondaban por la cabeza pensamientos respecto a la parte deportiva del asunto, tan vanagloriada en diversos periódicos y aún más, en la propia tradición de la isla por encima de las nubes. Entendía la función crucial que al menos la División Setentaicinco desempeñó en la embarcación perteneciente a Nozama, y que los demás tendrían sus propias labores adjuntas al motivo tras las respectivas presencias en Skypiea, aún así, ¿podrían tomarse el pequeño instante de participar en las afamadas competencias? Su espíritu deportivo y ansioso por obtener la victoria en donde sea que se apunte le reclamaba esa posibilidad, volviéndose un objetivo prácticamente prioritario a medida que todo se seguía desarrollando, bajando las revoluciones de su inagotable carisma hasta que bueno, le tocó intervenir.
Con la misma claridad que Kuroshiro empleó para desmentirlo, Hasegawa sonrió y prácticamente redujo a nada los intentos de la humink con una simple frase mientras volvía a colocarse sus características gafas de sol, dándole la espalda a la chica a la par que contestaba a sus palabras —¡Jo, jo, jo! ¡La traigo como loca! ¿Han visto lo roja que está? —escondió sus manos en los bolsillos de la chaqueta perteneciente a la versión invernal del uniforme, aún mojada debido a la tormenta que los recibió instantes previos a la subida por la Knock Up Stream, y continuó avanzando hacia el lugar que todos eligieron, silbando una melodía que silenciaba las exclamaciones de su compañera de división, todo hecho con suma consciencia de los crímenes cometidos, claro está.
Y mientras el siempre formal Omuyaga parecía empatizar con la sorpresa del Comandante Nanashi, detalle que le pareció bastante gracioso, Akira se le acercó al grito del apodo que Enji supo adjudicarle en el único entrenamiento que tuvieron juntos. Le suelta una catarata de preguntas vinculadas al poder que había exhibido delante del grupo, y Hasegawa deja entrever un gesto bastante egocéntrico mientras lo va observando de reojo, sin detener el paso. Ante semejante exposición de dudas, buscó una respuesta que resumiera lo más posibles sus intenciones, y la encontró al inclinarse ligeramente hacia delante, mirando a los ojos al contrario y sacando la lengua mientras sin burlarse, parecía estarlo haciendo.
De manera automática, echó la vista al camino otra vez, y le dio el privilegio de desarrollar un poco más su escueta contestación —Es secreto de estado. —asintió varias veces, prosiguiendo con el camino, portando la misma sonrisa juguetona en sus labios que le había dedicado al rubio. Lo único que llegó a hacerle cambiar aquel gesto, fue la repentina preocupación de Juan sobre Masami, quien ciertamente no se encontraba en los alrededores, pero si decidió seguir adelante se debe a que la propia División Ochenta mantuvo la marcha, imaginando que la carismática muchacha se les terminaría uniendo poco después.
En caso contrario, no le importaba volver a por ella.
El camino dio inicio, y obligado a seguirle el paso a los demás, uno extremadamente lento, fue vislumbrando con extremo detalle la forma en que poco a poco la abundante vegetación los fue arrancando del abrazo del sol, uno que nunca había sido tan cercano como en aquel instante. De pronto, la experiencia en Skypiea no era diferente a atravesar cualquier bosque en alguna otra isla, perdiendo un poco la magia de caminar encima de las nubes, y llenando sus sentidos de oscuridad más allá de la antorcha ocupada por Raito. A Hasegawa no le importaba ir al frente de su división, menos entre tantos marines, consideraba que el liderazgo se basaba en otro tipo de detalles, por eso caminó sin prestar atención a la formación, aunque sí a la disposición del propio sendero, lo suficientemente ancho como para que todos pudiesen entrar en la ruta ya trazada.
Fue el propio Akira quien volvió a referirse a su akuma, reclamando que la use para iluminar el paso hacia el final del trayecto, y considerando que ya llevaban bastante tiempo y el destino final se hacía incierto, empezando a dolerle los pies, Shin decidió emular paso a paso la respuesta que le dedicó instantes atrás, inclinándose hacia delante, bajando a la altura de su nariz las gafas y sacándole la lengua otra vez, repitiendo exactamente las mismas palabras.
Esta vez, lo exclamó, audible para todos sus compañeros. —A ver si crees que me sale gratis ser el tipo más brillante del mundo. —volteando la vista al frente, su sonrisa egocéntrica brilló más que los destellos de su poder elemental, haciendo una clara referencia al desgaste energético que le supondría mantener sus habilidades activas por tanto tiempo únicamente con el afán de iluminar, teniendo una antorcha, dos mink puros con, seguramente, sentidos aumentados, y a Nyra, quien sabía de primera mano que podía ver en la oscuridad. Aún así, las palabras dichas hacia el miembro de la división ochenta estuvieron envueltas en un tono que rayaba lo cómico, conteniendo la risa por esos pequeños e inofensivos piques.
Lo más curioso de todo, desde luego, fue el sentirse reflejado en la postura de Stroud, muy atento al entorno y sin terminar de entregarse a la apariencia "fácil" del sendero, evadiendo una comodidad que bien se podría asentar en la cabeza de todos los presentes y ocasionar que bajen la guardia. Shin se mostraba despreocupado, sí, pero no era más que una manera de transmitirle al resto la tranquilidad de que él no ha perdido los estribos, modus operandi típico en el albino, intentando no preocupar a nadie. Fue la primera vez que sintió empatía hacia el estricto marine, poseedor del mismo rango que él.
Ignoró la conversación de Akira con Nyra, centrándose en las tarjetas que tanto Nanashi como Bertram empezaron a repartir —¡Woah! Esto es mega útil, no se me habría ocurrido. —se bajó los lentes para poder observarlas mejor, y las alzó hacia el cielo, que debido a la flora de la zona todavía no se veía —¡Debo hacer unas también! ¿Deberían poner una foto mía? Una frase seguro. Hm, ¿cómo sería...? —sigue caminando, guardando los objetos en su bolso a la altura de la lumbar y perdiéndose en sus pensamientos —¡Galante, heroico y poderosísimo Hasegawa Shin, Comandante de la marina! —exclamó, uniendo ambas palmas a la altura de su rostro, y separándolas a medida que desataba esa lluvia de palabras —Gracias Stroud, acabas de hacer el mundo un lugar mejor. —cuando abandonasen Skypiea, se pondría en contacto con alguien para que le haga sus propias tarjetas de presentación. La felicidad casi que se escapaba de su cuerpo.
A medida que seguían avanzando, empezaron a compartir relatos sobre la procedencia de cada grupo, charla que destapó Akira, exponiendo el camino que iniciaron en la corriente Akai, y no habría añadido comentario alguno de no ser porque Kael se refirió a ellos como una mera "organización ilegal". Shin negó con la cabeza, y repentinamente volvió a exclamar frente a los presentes sus pensamientos —¡Marines corruptos, dilo bien! Nos enfrentamos a un lagarto gigantotote con una chaqueta que tenía las condecoraciones de un Teniente. ¡Y eran esclavistas! En fin, cuando reforme la marina, me encargaré de que nadie vuelva a ser privado de su libertad. —se cruza de brazos, anunciando sus intereses más "polémicos" sin ningún tipo de miedo, y como si no tuviesen un peso real sobre las personas más fieles a las normas que impone el Gobierno Mundial. Acto seguido, vuelve a fijarse en Nanashi, a quien no le tiembla el pulso para adjudicarle un apodo bajo un deseo puntual.
—Oye, Stroudy, no me seas tan serio, que voy a empezar a tenerte miedo... —claro que era una exageración, porque si fuese alguien temeroso no habría hecho ni la mitad de declaraciones que se le escucharon, sin embargo, deseaba romper aquel porte del rubio de alguna manera, y esa fue la que se le terminó ocurriendo. No le dio mucha más importancia, avanzando y sacando su Den Den Mushi para apuntar entre sus contactos los nuevos números que disponía, prestando atención a las advertencias que dio Kibai sobre la fauna venenosa en aquel espeso bosque.
Comenzaba a cansarse de tanta vegetación, sintiendo la pesadez de una caminata que no parecía ver un fin, y que sólo se volvía amena gracias a las conversaciones entretenidas entre los variopintos miembros de las tres divisiones. Con el caracol guardado otra vez, volvió a prestar atención a lo que iban comentando, siendo Enji quien cuestionaba sobre la naturaleza de los juegos que, con suerte, se llevarían a cabo más adelante. Fue igual de grotesco que siempre, sacándole alguna que otra risotada incontenible, volteando a ver entonces a Moja, de los diez presentes, el más silencioso, y sintiendo algo de curiosidad por aquel mink. Y habría sentido la misma sensación por la conversación sobre los deportes, de no ser porque el camino llegaba a su fin.
Después de setas venenosas, un pasaje ancho pero no tanto como para reducir la sensación de agobio entre la penumbra boscosa, borrando parcialmente las brutales vistas del mar blanco y tres horas caminando, el brillo que los esperaba tras el final del trayecto los terminó sorprendiendo a todos por igual. Shin fue el último en emerger, y sus ojos se vieron abrumados por la enorme cantidad de dorado que lo impactaba, metafóricamente hablando.
Incluso alguien tan parlanchín como él se vio completamente silenciado por la inmensidad de lo que estaba presenciando, siendo las segundas mejores vistas que había atestiguado jamás, por debajo de lo que vivió subiendo por la Knock Up Stream. Algunos empezaron a cuestionar sobre si los techos dorados, o aquel óvalo inmenso estaban hechos de oro real, Akira, por su parte, aseguró que la ciudad brillaba incluso más que sus poderes y, a pesar de ser tan egocéntrico, por primera vez no se veía capaz de contradecir una afirmación semejante.
Era impresionante, casi tanto que podría haber caminado hacia la ciudad perdida envuelto en un trance, ignorando el enorme río que los separaba de la civilización, pero su instinto detallista lo hizo percatarse del problema, deteniéndose a tiempo y observando el accionar de sus compañeros. Algunos estuvieron muy dispuestos a cruzar esos diez metros de un salto, mientras tanto, Shin dedicó otra mirada a las impresionantes estructuras ocultas entre los cielos.
Hacia el norte, el palacio piramidal rebosante en su tamaño. Casi que flotante a gran altura, el flameante trono. Relativamente cerca se podían percibir las puertas de entrada a la gigantesca edificación, y más próximo a la posición de todos, gradas y arena, imaginaba que allí se celebrarían los juegos del cielo.
Hasegawa se sintió emocionado, y no tardó en ponerse en marcha también, porque no se lo podía perder. Su figura se envolvió de una luz dorada que no podía rivalizar con el oro de la civilización frente a ellos, y estando a tres metros del río, se transformó por completo en luz, atravesando los diez de ancho que aquel pasaje natural de agua presentaba al recorrer como un rayo elemental quince metros completos, llegando al otro lado a una velocidad aún imperceptible para el resto, y dando la sensación de que sencillamente se teletransportó, aunque en realidad aprovechó los movimientos en todos los ejes que le daba su fruta para elevarse sobre el nivel del suelo y el agua unos dos metros y entonces cruzar la distancia que necesitaba, manteniendo esa altura, aterrizando a más de un metro y medio de distancia de cualquiera de sus compañeros.
Ignorando las reglas impuestas por Enji en el juego de quién llegaba último, Shin se aseguró de que todos sus compañeros cruzaran el río antes de hacerlo él, verificando por última vez que nadie se quedaba atrás, y pronunciando por fin unas palabras mientras iba saliendo de su asombro —Esto es una locura... —aseguró, mirando al resto de marines y luego, a las gradas. Seres alados de diversas alturas se manifestaban en ellas, interactuando con creciente alegría, esa pureza en las razas allí presentes le hizo entender de inmediato que ante los ojos de los oriundos de Skypiea, sólo eran invitados, y debían actuar con el respeto que esa tierra prohibida merecía.
Si bien, no iba a poder contener su ego y carisma, actitudes natas en su propia genética, ofrecería el debido respeto a lo que esa ciudad merecía, y claro, su gente, mostrándose un poco más serio que horas atrás, con el uniforme prácticamente seco y relativamente presentable, con todo lo que la enorme travesía hasta ese punto le ha permitido. —No sé ustedes, pero pienso participar en los juegos. Jamás me perdonaría el perderme esta oportunidad. —comentó tanto a Nyra como a Kael, sin mirarlos a la cara, pues a medida que se acercaba a la zona donde Lunarians, Birkanianos y Skypieanos disfrutaban el rato, sus ojos se mantenían fijos en los detalles que rodeaban a todos los presentes.
Libres de tareas ajenas a lo que por defecto acostumbran a hacer, que es mantener el orden y asegurarse de que las leyes impuestas por el gobierno mundial sean cumplidas, aún le rondaban por la cabeza pensamientos respecto a la parte deportiva del asunto, tan vanagloriada en diversos periódicos y aún más, en la propia tradición de la isla por encima de las nubes. Entendía la función crucial que al menos la División Setentaicinco desempeñó en la embarcación perteneciente a Nozama, y que los demás tendrían sus propias labores adjuntas al motivo tras las respectivas presencias en Skypiea, aún así, ¿podrían tomarse el pequeño instante de participar en las afamadas competencias? Su espíritu deportivo y ansioso por obtener la victoria en donde sea que se apunte le reclamaba esa posibilidad, volviéndose un objetivo prácticamente prioritario a medida que todo se seguía desarrollando, bajando las revoluciones de su inagotable carisma hasta que bueno, le tocó intervenir.
Con la misma claridad que Kuroshiro empleó para desmentirlo, Hasegawa sonrió y prácticamente redujo a nada los intentos de la humink con una simple frase mientras volvía a colocarse sus características gafas de sol, dándole la espalda a la chica a la par que contestaba a sus palabras —¡Jo, jo, jo! ¡La traigo como loca! ¿Han visto lo roja que está? —escondió sus manos en los bolsillos de la chaqueta perteneciente a la versión invernal del uniforme, aún mojada debido a la tormenta que los recibió instantes previos a la subida por la Knock Up Stream, y continuó avanzando hacia el lugar que todos eligieron, silbando una melodía que silenciaba las exclamaciones de su compañera de división, todo hecho con suma consciencia de los crímenes cometidos, claro está.
Y mientras el siempre formal Omuyaga parecía empatizar con la sorpresa del Comandante Nanashi, detalle que le pareció bastante gracioso, Akira se le acercó al grito del apodo que Enji supo adjudicarle en el único entrenamiento que tuvieron juntos. Le suelta una catarata de preguntas vinculadas al poder que había exhibido delante del grupo, y Hasegawa deja entrever un gesto bastante egocéntrico mientras lo va observando de reojo, sin detener el paso. Ante semejante exposición de dudas, buscó una respuesta que resumiera lo más posibles sus intenciones, y la encontró al inclinarse ligeramente hacia delante, mirando a los ojos al contrario y sacando la lengua mientras sin burlarse, parecía estarlo haciendo.
![[Imagen: dc70dc5e-a430-40bd-9d8d-81beb70030f3.png]](https://i.ibb.co/S7vtK6zf/dc70dc5e-a430-40bd-9d8d-81beb70030f3.png)
—Me niego.
De manera automática, echó la vista al camino otra vez, y le dio el privilegio de desarrollar un poco más su escueta contestación —Es secreto de estado. —asintió varias veces, prosiguiendo con el camino, portando la misma sonrisa juguetona en sus labios que le había dedicado al rubio. Lo único que llegó a hacerle cambiar aquel gesto, fue la repentina preocupación de Juan sobre Masami, quien ciertamente no se encontraba en los alrededores, pero si decidió seguir adelante se debe a que la propia División Ochenta mantuvo la marcha, imaginando que la carismática muchacha se les terminaría uniendo poco después.
En caso contrario, no le importaba volver a por ella.
El camino dio inicio, y obligado a seguirle el paso a los demás, uno extremadamente lento, fue vislumbrando con extremo detalle la forma en que poco a poco la abundante vegetación los fue arrancando del abrazo del sol, uno que nunca había sido tan cercano como en aquel instante. De pronto, la experiencia en Skypiea no era diferente a atravesar cualquier bosque en alguna otra isla, perdiendo un poco la magia de caminar encima de las nubes, y llenando sus sentidos de oscuridad más allá de la antorcha ocupada por Raito. A Hasegawa no le importaba ir al frente de su división, menos entre tantos marines, consideraba que el liderazgo se basaba en otro tipo de detalles, por eso caminó sin prestar atención a la formación, aunque sí a la disposición del propio sendero, lo suficientemente ancho como para que todos pudiesen entrar en la ruta ya trazada.
Fue el propio Akira quien volvió a referirse a su akuma, reclamando que la use para iluminar el paso hacia el final del trayecto, y considerando que ya llevaban bastante tiempo y el destino final se hacía incierto, empezando a dolerle los pies, Shin decidió emular paso a paso la respuesta que le dedicó instantes atrás, inclinándose hacia delante, bajando a la altura de su nariz las gafas y sacándole la lengua otra vez, repitiendo exactamente las mismas palabras.
—¡Me niego!
Esta vez, lo exclamó, audible para todos sus compañeros. —A ver si crees que me sale gratis ser el tipo más brillante del mundo. —volteando la vista al frente, su sonrisa egocéntrica brilló más que los destellos de su poder elemental, haciendo una clara referencia al desgaste energético que le supondría mantener sus habilidades activas por tanto tiempo únicamente con el afán de iluminar, teniendo una antorcha, dos mink puros con, seguramente, sentidos aumentados, y a Nyra, quien sabía de primera mano que podía ver en la oscuridad. Aún así, las palabras dichas hacia el miembro de la división ochenta estuvieron envueltas en un tono que rayaba lo cómico, conteniendo la risa por esos pequeños e inofensivos piques.
Lo más curioso de todo, desde luego, fue el sentirse reflejado en la postura de Stroud, muy atento al entorno y sin terminar de entregarse a la apariencia "fácil" del sendero, evadiendo una comodidad que bien se podría asentar en la cabeza de todos los presentes y ocasionar que bajen la guardia. Shin se mostraba despreocupado, sí, pero no era más que una manera de transmitirle al resto la tranquilidad de que él no ha perdido los estribos, modus operandi típico en el albino, intentando no preocupar a nadie. Fue la primera vez que sintió empatía hacia el estricto marine, poseedor del mismo rango que él.
Ignoró la conversación de Akira con Nyra, centrándose en las tarjetas que tanto Nanashi como Bertram empezaron a repartir —¡Woah! Esto es mega útil, no se me habría ocurrido. —se bajó los lentes para poder observarlas mejor, y las alzó hacia el cielo, que debido a la flora de la zona todavía no se veía —¡Debo hacer unas también! ¿Deberían poner una foto mía? Una frase seguro. Hm, ¿cómo sería...? —sigue caminando, guardando los objetos en su bolso a la altura de la lumbar y perdiéndose en sus pensamientos —¡Galante, heroico y poderosísimo Hasegawa Shin, Comandante de la marina! —exclamó, uniendo ambas palmas a la altura de su rostro, y separándolas a medida que desataba esa lluvia de palabras —Gracias Stroud, acabas de hacer el mundo un lugar mejor. —cuando abandonasen Skypiea, se pondría en contacto con alguien para que le haga sus propias tarjetas de presentación. La felicidad casi que se escapaba de su cuerpo.
A medida que seguían avanzando, empezaron a compartir relatos sobre la procedencia de cada grupo, charla que destapó Akira, exponiendo el camino que iniciaron en la corriente Akai, y no habría añadido comentario alguno de no ser porque Kael se refirió a ellos como una mera "organización ilegal". Shin negó con la cabeza, y repentinamente volvió a exclamar frente a los presentes sus pensamientos —¡Marines corruptos, dilo bien! Nos enfrentamos a un lagarto gigantotote con una chaqueta que tenía las condecoraciones de un Teniente. ¡Y eran esclavistas! En fin, cuando reforme la marina, me encargaré de que nadie vuelva a ser privado de su libertad. —se cruza de brazos, anunciando sus intereses más "polémicos" sin ningún tipo de miedo, y como si no tuviesen un peso real sobre las personas más fieles a las normas que impone el Gobierno Mundial. Acto seguido, vuelve a fijarse en Nanashi, a quien no le tiembla el pulso para adjudicarle un apodo bajo un deseo puntual.
—Oye, Stroudy, no me seas tan serio, que voy a empezar a tenerte miedo... —claro que era una exageración, porque si fuese alguien temeroso no habría hecho ni la mitad de declaraciones que se le escucharon, sin embargo, deseaba romper aquel porte del rubio de alguna manera, y esa fue la que se le terminó ocurriendo. No le dio mucha más importancia, avanzando y sacando su Den Den Mushi para apuntar entre sus contactos los nuevos números que disponía, prestando atención a las advertencias que dio Kibai sobre la fauna venenosa en aquel espeso bosque.
Comenzaba a cansarse de tanta vegetación, sintiendo la pesadez de una caminata que no parecía ver un fin, y que sólo se volvía amena gracias a las conversaciones entretenidas entre los variopintos miembros de las tres divisiones. Con el caracol guardado otra vez, volvió a prestar atención a lo que iban comentando, siendo Enji quien cuestionaba sobre la naturaleza de los juegos que, con suerte, se llevarían a cabo más adelante. Fue igual de grotesco que siempre, sacándole alguna que otra risotada incontenible, volteando a ver entonces a Moja, de los diez presentes, el más silencioso, y sintiendo algo de curiosidad por aquel mink. Y habría sentido la misma sensación por la conversación sobre los deportes, de no ser porque el camino llegaba a su fin.
Después de setas venenosas, un pasaje ancho pero no tanto como para reducir la sensación de agobio entre la penumbra boscosa, borrando parcialmente las brutales vistas del mar blanco y tres horas caminando, el brillo que los esperaba tras el final del trayecto los terminó sorprendiendo a todos por igual. Shin fue el último en emerger, y sus ojos se vieron abrumados por la enorme cantidad de dorado que lo impactaba, metafóricamente hablando.
Incluso alguien tan parlanchín como él se vio completamente silenciado por la inmensidad de lo que estaba presenciando, siendo las segundas mejores vistas que había atestiguado jamás, por debajo de lo que vivió subiendo por la Knock Up Stream. Algunos empezaron a cuestionar sobre si los techos dorados, o aquel óvalo inmenso estaban hechos de oro real, Akira, por su parte, aseguró que la ciudad brillaba incluso más que sus poderes y, a pesar de ser tan egocéntrico, por primera vez no se veía capaz de contradecir una afirmación semejante.
Era impresionante, casi tanto que podría haber caminado hacia la ciudad perdida envuelto en un trance, ignorando el enorme río que los separaba de la civilización, pero su instinto detallista lo hizo percatarse del problema, deteniéndose a tiempo y observando el accionar de sus compañeros. Algunos estuvieron muy dispuestos a cruzar esos diez metros de un salto, mientras tanto, Shin dedicó otra mirada a las impresionantes estructuras ocultas entre los cielos.
Hacia el norte, el palacio piramidal rebosante en su tamaño. Casi que flotante a gran altura, el flameante trono. Relativamente cerca se podían percibir las puertas de entrada a la gigantesca edificación, y más próximo a la posición de todos, gradas y arena, imaginaba que allí se celebrarían los juegos del cielo.
Hasegawa se sintió emocionado, y no tardó en ponerse en marcha también, porque no se lo podía perder. Su figura se envolvió de una luz dorada que no podía rivalizar con el oro de la civilización frente a ellos, y estando a tres metros del río, se transformó por completo en luz, atravesando los diez de ancho que aquel pasaje natural de agua presentaba al recorrer como un rayo elemental quince metros completos, llegando al otro lado a una velocidad aún imperceptible para el resto, y dando la sensación de que sencillamente se teletransportó, aunque en realidad aprovechó los movimientos en todos los ejes que le daba su fruta para elevarse sobre el nivel del suelo y el agua unos dos metros y entonces cruzar la distancia que necesitaba, manteniendo esa altura, aterrizando a más de un metro y medio de distancia de cualquiera de sus compañeros.
Ignorando las reglas impuestas por Enji en el juego de quién llegaba último, Shin se aseguró de que todos sus compañeros cruzaran el río antes de hacerlo él, verificando por última vez que nadie se quedaba atrás, y pronunciando por fin unas palabras mientras iba saliendo de su asombro —Esto es una locura... —aseguró, mirando al resto de marines y luego, a las gradas. Seres alados de diversas alturas se manifestaban en ellas, interactuando con creciente alegría, esa pureza en las razas allí presentes le hizo entender de inmediato que ante los ojos de los oriundos de Skypiea, sólo eran invitados, y debían actuar con el respeto que esa tierra prohibida merecía.
Si bien, no iba a poder contener su ego y carisma, actitudes natas en su propia genética, ofrecería el debido respeto a lo que esa ciudad merecía, y claro, su gente, mostrándose un poco más serio que horas atrás, con el uniforme prácticamente seco y relativamente presentable, con todo lo que la enorme travesía hasta ese punto le ha permitido. —No sé ustedes, pero pienso participar en los juegos. Jamás me perdonaría el perderme esta oportunidad. —comentó tanto a Nyra como a Kael, sin mirarlos a la cara, pues a medida que se acercaba a la zona donde Lunarians, Birkanianos y Skypieanos disfrutaban el rato, sus ojos se mantenían fijos en los detalles que rodeaban a todos los presentes.
Pretendía honrar el asombro que Skypiea le estaba causando.
Let there be light
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