09-07-2026, 05:36 PM
Naruze Kiba se vio tristemente caminando solitariamente a paso lento por el sendero señalado después de que aquella que iba a ser su compañera de viaje se arrepintiera y acabase regresando al barco, una situación más que lamentable para el Gyojin de cabello negro y traje aparentemente fino, pero hecho para soportar tanto el combate como la falta de misericordia que el clima o el medio ambiente pudiera hacerle afrontar tanto en Skypiea como en cualquier isla y el clima extremo que pudieran tener. Para más tristeza del hombre tiburón tigre, en su camino inicialmente lleno de vegetación no pudo ver ninguna clase de producto comestible o que se pudiera convertir en un ingrediente a futuro, lo más parecido a un ingrediente eran hongos venenosos que prefería ni mirar.
El camino apenas y estaba empezando a hacerse más escarpado y rocoso cuando el sonido de pisadas gigantes, voces y movimiento llegó por la espalda del oji azul que se giró para ver qué clase de personas o criaturas pudieran estar acercándose a su espalda solo para toparse con individuos de gigantescas proporciones seguidos por una multitud de hombres bien musculados con camisas de Nozama indicando su afiliación, o al menos la afiliación que parecían tener inicialmente. A simple vista los que iban al frente eran los más grandes, ambos rubios, uno portando un hacha y el otro con rasgos de lagarto de alguna clase que “el comerciante” no podía identificar con sus limitados conocimientos hasta el momento, este último hablaba de una forma bastante extraña hasta donde podía escuchar Kiba.
La interesante multitud se acercó rápidamente hasta el trajeado siguiendo a los gigantescos líderes del grupo -Sus caras me quieren sonar de algo… ¿Por qué me suenan conocidas las caras de repartidores de Nozama?- pensó por un momento el engrilletado mientras intentaba descifrar que demonios estaba diciendo el hombre lagarto gigante, aunque no necesitaba entender todo para saber que estaba presentándose de buena manera y con eso bastaba para que el hombre tiburón tigre sonriera aceptando el apretón de manos -Hola Ubbe, encantado de conocerte, soy Kiba Naruze un comerciante común y corriente.- dijo sin intentar disimular lo obvia de la mentira cuando portaba en su espalda un espadón y un rifle a juego de un par de punteras en los pies y guanteletes en las manos, de normal no tenía una pizca el hombre tiburón tigre con traje en medio de la jungla.
Luego llegaría el momento donde el grandullón rubio que acompañaba a Ubbe se presentara, el nombre del primero aun resonaba en la mente del Gyojin, buscando de donde le sonaban esa cara y nombre, sin embargo cuando Sigurd Hakkon se presentó, ahí fue cuando todo terminó de encajar en la cabeza del “comerciante” -Encantado de conocerlo señor Hakkon, claro que voy con ustedes, un viaje solitario resultaría demasiado aburrido- contesto mientras sonreía ampliamente mostrando los colmillos con la confianza apropiada para alguien que acaba de toparse con el hombre que causó la Masacre de Whiskey Peak, Ubbe un pirata de tanto renombre como su compañero y otras cuantas decenas de hombres siguiéndolos bajo el por el momento invisible estandarte del “Ragnarok”.
Otras personas se hubieran puesto más nerviosas o tal vez querido huir, pero Kiba realmente estaba curioso por aquellas personas y sus experiencias, sus aventuras y ver como lideraban aquel grupo de personas tras ellos -El truco para mantener la ropa bien cuidada, es que en realidad no es un atuendo formal, sino que es ropa de exploración hecha con el corte y estilo para aparentar ser ropa formal, sí estuviera usando un traje común y corriente ya se habría desgarrado dos o tres veces por los movimientos que hay que hacer para atravesar esta subida o moverse entre estos peñascos- explicó tranquilamente mientras se planteaba quitarse la capa superior del traje para que pudieran revisar los materiales de los que estaba hecha, sin embargo algo más importante se hizo presente.
Tras el rocoso ascenso por el camino que habían tomado más por capricho que por decisión, se encontraban en ese momento a la altura para ver otros caminos pero más importante que eso, para ver la gran ciudad dorada, el palacio que se alzaba más allá de lo que uno podía imaginar en base a relatos, era una vista magnifica y llena de gloria, llena de maravillas que por un momento dejaron sin voz al parlanchín hombre tiburón. -Es hermoso- llegó a musitar de forma natural antes de que las voces de los miembros del Ragnarok se hicieran presentes, incluso sin ser miembro de aquella tripulación pirata la sangre del pelinegro estaba empezando a hervir por el discurso de Ubbe, una enorme sonrisa predatoria se extendía en las fauces de Kiba mientras su respiración se preparaba para un inexistente combate -No pueden dar discursos tan excitantes y luego esperar a que uno no les siga.- agrego más para sí mismo que para ninguno de los posibles testigos.
Con emoción el trajeado retrocedió varios metros para tomar carrerilla, unos diez metros se aparto del borde antes de correr la misma distancia e impulsarse al frente, saltando para adelante una vez llegase al borde del precipicio quería un salto que le diera distancia para evitar caer con su cuarto de tonelada sobre alguno de los miembros de Ragnarok que no hubiera saltado suficiente en su carga masiva. Kiba se impulso en el aire y atravesó unos doce metros apartándose del borde del risco, sintiendo como surcaba el aire con la libertad misma que podía nadar entre las mareas, era una sensación liberadora hasta que la gravedad comenzó a hacerle dirigirse al suelo, eso no importaba, el seguía sonriendo mientras se preparaba para girar con la caída e intentar amortiguar la caída transmitiendo parte de la energía cinética rodando por el suelo, no sabía si podría soportar una caída de esa altura sin consecuencias pero si salía herido sería con estilo.
Así cayó rodando por el suelo antes de levantarse en el mimo movimiento avanzando un par de metros antes de darse la vuelta y encarar a la gente del Ragnarok para ver si también habían disfrutado tanto como él aquel momento de libertad y gloría que era el lanzarse al vacío desde tales alturas.
El camino apenas y estaba empezando a hacerse más escarpado y rocoso cuando el sonido de pisadas gigantes, voces y movimiento llegó por la espalda del oji azul que se giró para ver qué clase de personas o criaturas pudieran estar acercándose a su espalda solo para toparse con individuos de gigantescas proporciones seguidos por una multitud de hombres bien musculados con camisas de Nozama indicando su afiliación, o al menos la afiliación que parecían tener inicialmente. A simple vista los que iban al frente eran los más grandes, ambos rubios, uno portando un hacha y el otro con rasgos de lagarto de alguna clase que “el comerciante” no podía identificar con sus limitados conocimientos hasta el momento, este último hablaba de una forma bastante extraña hasta donde podía escuchar Kiba.
La interesante multitud se acercó rápidamente hasta el trajeado siguiendo a los gigantescos líderes del grupo -Sus caras me quieren sonar de algo… ¿Por qué me suenan conocidas las caras de repartidores de Nozama?- pensó por un momento el engrilletado mientras intentaba descifrar que demonios estaba diciendo el hombre lagarto gigante, aunque no necesitaba entender todo para saber que estaba presentándose de buena manera y con eso bastaba para que el hombre tiburón tigre sonriera aceptando el apretón de manos -Hola Ubbe, encantado de conocerte, soy Kiba Naruze un comerciante común y corriente.- dijo sin intentar disimular lo obvia de la mentira cuando portaba en su espalda un espadón y un rifle a juego de un par de punteras en los pies y guanteletes en las manos, de normal no tenía una pizca el hombre tiburón tigre con traje en medio de la jungla.
Luego llegaría el momento donde el grandullón rubio que acompañaba a Ubbe se presentara, el nombre del primero aun resonaba en la mente del Gyojin, buscando de donde le sonaban esa cara y nombre, sin embargo cuando Sigurd Hakkon se presentó, ahí fue cuando todo terminó de encajar en la cabeza del “comerciante” -Encantado de conocerlo señor Hakkon, claro que voy con ustedes, un viaje solitario resultaría demasiado aburrido- contesto mientras sonreía ampliamente mostrando los colmillos con la confianza apropiada para alguien que acaba de toparse con el hombre que causó la Masacre de Whiskey Peak, Ubbe un pirata de tanto renombre como su compañero y otras cuantas decenas de hombres siguiéndolos bajo el por el momento invisible estandarte del “Ragnarok”.
Otras personas se hubieran puesto más nerviosas o tal vez querido huir, pero Kiba realmente estaba curioso por aquellas personas y sus experiencias, sus aventuras y ver como lideraban aquel grupo de personas tras ellos -El truco para mantener la ropa bien cuidada, es que en realidad no es un atuendo formal, sino que es ropa de exploración hecha con el corte y estilo para aparentar ser ropa formal, sí estuviera usando un traje común y corriente ya se habría desgarrado dos o tres veces por los movimientos que hay que hacer para atravesar esta subida o moverse entre estos peñascos- explicó tranquilamente mientras se planteaba quitarse la capa superior del traje para que pudieran revisar los materiales de los que estaba hecha, sin embargo algo más importante se hizo presente.
Tras el rocoso ascenso por el camino que habían tomado más por capricho que por decisión, se encontraban en ese momento a la altura para ver otros caminos pero más importante que eso, para ver la gran ciudad dorada, el palacio que se alzaba más allá de lo que uno podía imaginar en base a relatos, era una vista magnifica y llena de gloria, llena de maravillas que por un momento dejaron sin voz al parlanchín hombre tiburón. -Es hermoso- llegó a musitar de forma natural antes de que las voces de los miembros del Ragnarok se hicieran presentes, incluso sin ser miembro de aquella tripulación pirata la sangre del pelinegro estaba empezando a hervir por el discurso de Ubbe, una enorme sonrisa predatoria se extendía en las fauces de Kiba mientras su respiración se preparaba para un inexistente combate -No pueden dar discursos tan excitantes y luego esperar a que uno no les siga.- agrego más para sí mismo que para ninguno de los posibles testigos.
Con emoción el trajeado retrocedió varios metros para tomar carrerilla, unos diez metros se aparto del borde antes de correr la misma distancia e impulsarse al frente, saltando para adelante una vez llegase al borde del precipicio quería un salto que le diera distancia para evitar caer con su cuarto de tonelada sobre alguno de los miembros de Ragnarok que no hubiera saltado suficiente en su carga masiva. Kiba se impulso en el aire y atravesó unos doce metros apartándose del borde del risco, sintiendo como surcaba el aire con la libertad misma que podía nadar entre las mareas, era una sensación liberadora hasta que la gravedad comenzó a hacerle dirigirse al suelo, eso no importaba, el seguía sonriendo mientras se preparaba para girar con la caída e intentar amortiguar la caída transmitiendo parte de la energía cinética rodando por el suelo, no sabía si podría soportar una caída de esa altura sin consecuencias pero si salía herido sería con estilo.
Así cayó rodando por el suelo antes de levantarse en el mimo movimiento avanzando un par de metros antes de darse la vuelta y encarar a la gente del Ragnarok para ver si también habían disfrutado tanto como él aquel momento de libertad y gloría que era el lanzarse al vacío desde tales alturas.
Jump the shark
-Voz femenina- ||-Voz masculina- ||-Piensa-
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