09-07-2026, 10:10 PM
(Última modificación: 09-07-2026, 10:17 PM por Kiyoshi Maeda.)
La ciudad de oro… Sin duda, esas palabras, dichas por su amigo Varo Ganchin, resuenan dentro de su cabeza una y otra vez. Realmente las leyendas resultaron ser ciertas. De pronto, un nudo en el estómago complica a Kiyoshi, siendo meramente producto de su ansiedad y nerviosismo. — Por supuesto que puedo seguir. No puedo detenerme ahora que hemos llegado tan lejos. — Esa es su respuesta a Uker, quien demostró preocupación por su cansancio. El médico, por supuesto, rechazó las invitaciones en su debido momento tanto de Eros como Runnin de cargarlo. De hecho, a la segunda le transmitió unas palabras específicas. — No te he visto lavarte las manos en todo este tiempo, así que ni te atrevas a intentar tocarme. — Kiyoshi no cae ante mujeres guapas ni nada parecido, él solo se siente atraído por una limpieza comprobable, lo cual no se ha encontrado en esta ocasión con ninguno del otro grupo. Por esto mismo es que no se ha acercado demasiado a ellos en ningún momento.
Llegado el punto en que deben seguir para adentrarse en la ciudad repleta de aura, un grito bastante potente, proveniente no solo de uno, sino de aparentemente de un batallón, llaman su atención, frenando su paso al instante. — ¿Qué diablos es eso? — El ruido proviene de unos hombres que saltan desde los alto para encontrarse con su destino. Sin chistar todos comienzan a caer como si no le temieran absolutamente a nada. — Ellos definitivamente son más tontos que ustedes. ¿Qué se supone que están haciendo? — La escena posterior sí le choca, sobre todo en su papel de médico. Todos, pues aparta la mirada antes de percatarse de la supervivencia de un hombre, mueren grotescamente. Si algo odia Kiyoshi, entre las muchas cosas que odia, a decir verdad, son aquellos que no se preocupan de su salud, de su vida, que van hacia adelante como si quisieran encontrar la muerte. En varias oportunidades ha regañado a sus compañeros cuando ha sentido que tienen esa actitud. Por eso, procede a decir una frase ya característica de su repertorio. — Como siempre digo, los tontos solo se curan muriéndose.
Ahora sí pueden proseguir, ¿verdad? Pues no, porque siempre pasa algo, porque aquí siempre hay espacio para el cine. Un cuerno de guerra parece ser el responsable del nuevo sonido, uno más molesto para Kiyoshi que lo anterior y que le obliga a cubrirse las orejas con ambas manos. Al ser un tipo tranquilo, excepto cuando insulta, disfruta del silencio y la calma. Que haya ruidos tan potentes por aquí y por allá le incomoda. — Me dolerá la cabeza y no traje medicina para eso. Maldita sea. — Ambas manos tuvieron que transportarse rápidamente desde sus oídos a sus ojos, pues un destello aparece absolutamente de la nada, perjudicando su vista. — ¡Eros, huele, no podemos ver! — En momentos como este, solo le queda confiar en la capacidad olfativa de su compañero. Aun así, para ser precavido, retrocede dos pasos hacia atrás, buscando una sensación de seguridad que no llega.
Cuando la capacidad de ver regresa y ambos brazos, antes en su rostro, se abren para permitirle observar, se encuentra con una figura, aunque angelical, gigante, pues es mucho más grande que él y todos sus compañeros. Por supuesto, es un hombre desconocido, o mujer, sea lo que sea. La mano diestra amenaza con ir a su espalda para tomar el rifle que yace ahí colgado ante un posible problema que les pueda acarrear. — ¿Quién eres tú, tonto, y cómo apareciste de la nada? Identifícate, infeliz. — Afortunadamente, Skypeamon, como le dirá este narrador momentáneamente, se presenta ante ellos. Kiyoshi reconoce formalidad en sus palabras, por lo que, por el momento, le transmite buenas sensaciones. Un tipo como él, que creció entre normas educativas concretas y estrictas, encontrarse con alguien que habla bien, y no como un vago como Eros, le da buena espina. Esto no quiere decir que vaya a ser su mejor amigo o algo así. No nos confundamos.
Como punto aparte, aunque no llama su atención la esfera en su pecho, pues el tamaño y la apariencia en general del ángel es bastante llamativa, considerando que Kiyoshi es un simple humano, la imagen se graba en su memoria.
— Kiyoshi Maeda, subcapitán de los Piratas de la Sepultura. — Como siempre, como toda persona de bien, es honesto. Habla con la verdad. Si alguien desea mentir porque el mal habita en su corazón, ese no será Kiyoshi. Puede insultar. Puede ser raro. Puede ser un burbujitas. Pero nunca un mentiroso. Eso grábenselo bien en la cabeza.
— No tenemos nada que ver con los tipos que vienen más atrás, solo somos nosotros cuatro. El tipo que carga mi capitán forma parte de los Piratas… — Kiyoshi tiene memoria perfecta para lo que ve, no para lo que escucha, por lo que se ve en la obligación de buscar ayuda. — ¿Cómo dijiste que era, Eros? Ah, sí, Juanita Mariana. — Así les dijo el topo antes, no es culpa de Kiyoshi. — Tontoro, pregúntale a tu amiguito en brazos cómo se llama, así el tonto de adelante nos dejará pasar a los juegos. — Sí, Skypeamon es el tonto de adelante, ubicado a tres metros de distancia, por si alguien se lo pregunta.
Llegado el punto en que deben seguir para adentrarse en la ciudad repleta de aura, un grito bastante potente, proveniente no solo de uno, sino de aparentemente de un batallón, llaman su atención, frenando su paso al instante. — ¿Qué diablos es eso? — El ruido proviene de unos hombres que saltan desde los alto para encontrarse con su destino. Sin chistar todos comienzan a caer como si no le temieran absolutamente a nada. — Ellos definitivamente son más tontos que ustedes. ¿Qué se supone que están haciendo? — La escena posterior sí le choca, sobre todo en su papel de médico. Todos, pues aparta la mirada antes de percatarse de la supervivencia de un hombre, mueren grotescamente. Si algo odia Kiyoshi, entre las muchas cosas que odia, a decir verdad, son aquellos que no se preocupan de su salud, de su vida, que van hacia adelante como si quisieran encontrar la muerte. En varias oportunidades ha regañado a sus compañeros cuando ha sentido que tienen esa actitud. Por eso, procede a decir una frase ya característica de su repertorio. — Como siempre digo, los tontos solo se curan muriéndose.
Ahora sí pueden proseguir, ¿verdad? Pues no, porque siempre pasa algo, porque aquí siempre hay espacio para el cine. Un cuerno de guerra parece ser el responsable del nuevo sonido, uno más molesto para Kiyoshi que lo anterior y que le obliga a cubrirse las orejas con ambas manos. Al ser un tipo tranquilo, excepto cuando insulta, disfruta del silencio y la calma. Que haya ruidos tan potentes por aquí y por allá le incomoda. — Me dolerá la cabeza y no traje medicina para eso. Maldita sea. — Ambas manos tuvieron que transportarse rápidamente desde sus oídos a sus ojos, pues un destello aparece absolutamente de la nada, perjudicando su vista. — ¡Eros, huele, no podemos ver! — En momentos como este, solo le queda confiar en la capacidad olfativa de su compañero. Aun así, para ser precavido, retrocede dos pasos hacia atrás, buscando una sensación de seguridad que no llega.
Cuando la capacidad de ver regresa y ambos brazos, antes en su rostro, se abren para permitirle observar, se encuentra con una figura, aunque angelical, gigante, pues es mucho más grande que él y todos sus compañeros. Por supuesto, es un hombre desconocido, o mujer, sea lo que sea. La mano diestra amenaza con ir a su espalda para tomar el rifle que yace ahí colgado ante un posible problema que les pueda acarrear. — ¿Quién eres tú, tonto, y cómo apareciste de la nada? Identifícate, infeliz. — Afortunadamente, Skypeamon, como le dirá este narrador momentáneamente, se presenta ante ellos. Kiyoshi reconoce formalidad en sus palabras, por lo que, por el momento, le transmite buenas sensaciones. Un tipo como él, que creció entre normas educativas concretas y estrictas, encontrarse con alguien que habla bien, y no como un vago como Eros, le da buena espina. Esto no quiere decir que vaya a ser su mejor amigo o algo así. No nos confundamos.
Como punto aparte, aunque no llama su atención la esfera en su pecho, pues el tamaño y la apariencia en general del ángel es bastante llamativa, considerando que Kiyoshi es un simple humano, la imagen se graba en su memoria.
— Kiyoshi Maeda, subcapitán de los Piratas de la Sepultura. — Como siempre, como toda persona de bien, es honesto. Habla con la verdad. Si alguien desea mentir porque el mal habita en su corazón, ese no será Kiyoshi. Puede insultar. Puede ser raro. Puede ser un burbujitas. Pero nunca un mentiroso. Eso grábenselo bien en la cabeza.
— No tenemos nada que ver con los tipos que vienen más atrás, solo somos nosotros cuatro. El tipo que carga mi capitán forma parte de los Piratas… — Kiyoshi tiene memoria perfecta para lo que ve, no para lo que escucha, por lo que se ve en la obligación de buscar ayuda. — ¿Cómo dijiste que era, Eros? Ah, sí, Juanita Mariana. — Así les dijo el topo antes, no es culpa de Kiyoshi. — Tontoro, pregúntale a tu amiguito en brazos cómo se llama, así el tonto de adelante nos dejará pasar a los juegos. — Sí, Skypeamon es el tonto de adelante, ubicado a tres metros de distancia, por si alguien se lo pregunta.
Lávense las manos
![[Imagen: u2oxCl9.png]](https://i.imgur.com/u2oxCl9.png)
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