10-07-2026, 01:42 AM
La ciudad era, desde luego, impactante. ¿Qué tanto oro había allí? ¿Era siquiera real o solo decoración? No es que planeara llevarse nada de allí. Si algo sabía era que lo mejor era no enfadar a nadie en una isla a la que no pertenecía. Por eso, el foco fue directamente hacia su amado y acompañante. La respuesta inicial del propio Tezca le hizo cuestionarse la amistad de sus tripulantes. ¿En serio...?
Gruñó por lo bajo, claramente molesto, tratando de no verse más de lo que realmente estaba. Si ni siquiera el propio Tezca tenía idea... ¿Cómo se atrevían a olvidarlo? ¿A TEZCA NOROVA? Ni el en esos dos años había sido tan irresponsable. Cerró los ojos, tratando de enfocarse en lo que el propio hombre estaba haciendo. Lo observó, atento, sintiendo todavía la presencia del Ñordiki tras su espalda. Qué malditamente incómodo.
De nuevo, la calma pronto inundó su mente, pese a la molestia inicial, más cuando el propio Tezca comenzó a realizar esas imitaciones. Le resultó divertido, cón tanto dramatismo incluído y, cómo no, halagándose como de costumbre. Que no hubiera cambiado en ese tiempo le parecía una mezcla de entre fascinante y hermoso. No querría que cambiara nunca ese hombre. Solo sabía hacerle brillar como ninguno... Su sonrisa volvió a hacerse ver, elevando su mano, cubriendo parte de su rostro en una leve risita divertida. ¿Cómo no podía calmarlo cuando tenía un humor tan único? Además, creía totalmente a Tezca, por mucho que hubiera un capitán, estaba convencido de que él era quien mejor sabría manejar a toda su tripulación.
Un humor y confianza cuanto menos contagiosos, haciendo que prácticamente olvidara el malestar inicial. —Seguro que estarán más perdidos que tú. — Hablaba, por supuesto, sin conocer. —Por eso habrá que encontrarlos cuanto antes. — Y preguntarles por qué diantres osaban dejar solo a su amado hombre... Pero ya lidiaría con eso más adelante, ahora mismo no era relevante... Y pronto el fuerte ruido logró que esa parte pudiera omitirla prácticamente de forma inmediata, ahora regresando a un aire mucho más serio y atento. ¿A qué vino semejante ruido? ¿Por qué de repente parecían haber gritos? De repente parecía incluso haber una locura, sangre que parecía provenir de donde el griterío. ¿Suicidio colectivo? ¿Era una forma de dar la bienvenida quizás en Skypea? Era... curioso. Tezca fue el que habló primero, pero Jin se encontraba arqueando una ceja, todavía tratando de asimilar qué diantres era lo que estaba ocurriendo. —No tengo idea... No me apetece lidiar con sectarios suicidas...
De nuevo, una nueva interrupción, esta vez de un cuerno, volviendo la mirada en la dirección al sonido de forma automática, que lo guiaba directamente hacia el palacio que había contemplado al inicio. Qué maldita mala idea. Sus ojos se cerraron y la mano se posicionó frente a él, tratando de no cegarse ante el repentino destello que se aparecía frente a él, ahora más confuso, sin ser capaz de ver nada más que puro blanco. Solo fueron escasos segundos antes de poder ver de nuevo. Parpadeó una, dos... hasta cuatro veces para reacostumbrarse de nuevo a la visión fulminante, ahora con un nuevo acompañante que lo dejó, desde luego, sin palabras. ¿Un ángel? A ver, sí... estaba en una isla del cielo pero... ¿¡UN ÁNGEL!? No sabía qué decir, era, cuanto menos, hermoso... Inesperadamente precioso, pese a no ser capaz de ver su rostro. ¿Qué tan bonito sería...? No parecían alas de birkaniano, tampoco de lunarian... Esas alas, en conjunto a esas ropas y la calma que parecía emanar eran impactantes. Exploró por completo ahora la figura que estaba frente a él, preguntándose si en algún momento llegó a perder la consciencia, pero no, la sangre seguía por allí, Tezca también y, obviamente, el sonido del agua similar a un váter que provenía del Ñordiki. Ah, necesitaba otro cigarrillo para asimilar eso. No podía evitar completar la información mental al ver entonces las dos esferas: una se encontraba en el pecho y la otra en el abdomen.
Pudo sentir una sensación hostil a su lado, volteando sus ojos, apreciando la arcilla de Tezca al instante. ¿Atacar? Elevó su diestra, colocándola sobre el hombro del contrario en un intento de relajarlo. Si desconocían a qué venía, no era buen momento para atacar, tampoco parecía peligroso. Hizo un movimiento de cabeza, de lado a lado, esperando que Tezca lo viera y así pudiera evitar cualquier momento hostil antes del inicio de lo que pudiera venirse. Lo mejor era guardar todas las fuerzas posibles.
Apartó pronto su mano, volviendo la mirada a la figura que se presentaba frente a él. Quizás solo se trataba de un habitante que custodiaba el lugar y siguiera un protocolo. La información llegó pronto; el nombre de la ciudad era Shandora, por lo que mencionaba aquella hermosa figura. Qué lástima no poder ver más bajo esa máscara. Es más, también daba un nombre. “Zarutsuki”. ¿Cómo sería? ¿Qué tipo de persona sería? Solo mencionaban que era un magnánimo... Pero claramente podría ser alguien de relevancia.
Tezca fue el primero en adelantarse y presentarse frente al ángel una vez aquel hombre (o ser, o belleza, obviamente) solicitaba identificación. Una vez vio que Tezca terminó, dio un paso al frente, hombro a hombro con su amado y compañero, con mirada firme y segura.
Ahora tenía que verse profesional. Miró tras él, donde el Ñordiki estaba probablemente. —Y él... bueno... Dudo que necesite que lo presentemos. Lo acabamos de conocer. — Tampoco es que conociera bien a ese bicho, solo que había pasado horas con él mirándolo quizás más de la cuenta.

—No serás el único de quien se lleven una buena. ¿Cómo se atreven? A TI.
Gruñó por lo bajo, claramente molesto, tratando de no verse más de lo que realmente estaba. Si ni siquiera el propio Tezca tenía idea... ¿Cómo se atrevían a olvidarlo? ¿A TEZCA NOROVA? Ni el en esos dos años había sido tan irresponsable. Cerró los ojos, tratando de enfocarse en lo que el propio hombre estaba haciendo. Lo observó, atento, sintiendo todavía la presencia del Ñordiki tras su espalda. Qué malditamente incómodo.
De nuevo, la calma pronto inundó su mente, pese a la molestia inicial, más cuando el propio Tezca comenzó a realizar esas imitaciones. Le resultó divertido, cón tanto dramatismo incluído y, cómo no, halagándose como de costumbre. Que no hubiera cambiado en ese tiempo le parecía una mezcla de entre fascinante y hermoso. No querría que cambiara nunca ese hombre. Solo sabía hacerle brillar como ninguno... Su sonrisa volvió a hacerse ver, elevando su mano, cubriendo parte de su rostro en una leve risita divertida. ¿Cómo no podía calmarlo cuando tenía un humor tan único? Además, creía totalmente a Tezca, por mucho que hubiera un capitán, estaba convencido de que él era quien mejor sabría manejar a toda su tripulación.

—Quizás debas ser actor de doblaje, Tezca. Se te da bien.
Un humor y confianza cuanto menos contagiosos, haciendo que prácticamente olvidara el malestar inicial. —Seguro que estarán más perdidos que tú. — Hablaba, por supuesto, sin conocer. —Por eso habrá que encontrarlos cuanto antes. — Y preguntarles por qué diantres osaban dejar solo a su amado hombre... Pero ya lidiaría con eso más adelante, ahora mismo no era relevante... Y pronto el fuerte ruido logró que esa parte pudiera omitirla prácticamente de forma inmediata, ahora regresando a un aire mucho más serio y atento. ¿A qué vino semejante ruido? ¿Por qué de repente parecían haber gritos? De repente parecía incluso haber una locura, sangre que parecía provenir de donde el griterío. ¿Suicidio colectivo? ¿Era una forma de dar la bienvenida quizás en Skypea? Era... curioso. Tezca fue el que habló primero, pero Jin se encontraba arqueando una ceja, todavía tratando de asimilar qué diantres era lo que estaba ocurriendo. —No tengo idea... No me apetece lidiar con sectarios suicidas...
De nuevo, una nueva interrupción, esta vez de un cuerno, volviendo la mirada en la dirección al sonido de forma automática, que lo guiaba directamente hacia el palacio que había contemplado al inicio. Qué maldita mala idea. Sus ojos se cerraron y la mano se posicionó frente a él, tratando de no cegarse ante el repentino destello que se aparecía frente a él, ahora más confuso, sin ser capaz de ver nada más que puro blanco. Solo fueron escasos segundos antes de poder ver de nuevo. Parpadeó una, dos... hasta cuatro veces para reacostumbrarse de nuevo a la visión fulminante, ahora con un nuevo acompañante que lo dejó, desde luego, sin palabras. ¿Un ángel? A ver, sí... estaba en una isla del cielo pero... ¿¡UN ÁNGEL!? No sabía qué decir, era, cuanto menos, hermoso... Inesperadamente precioso, pese a no ser capaz de ver su rostro. ¿Qué tan bonito sería...? No parecían alas de birkaniano, tampoco de lunarian... Esas alas, en conjunto a esas ropas y la calma que parecía emanar eran impactantes. Exploró por completo ahora la figura que estaba frente a él, preguntándose si en algún momento llegó a perder la consciencia, pero no, la sangre seguía por allí, Tezca también y, obviamente, el sonido del agua similar a un váter que provenía del Ñordiki. Ah, necesitaba otro cigarrillo para asimilar eso. No podía evitar completar la información mental al ver entonces las dos esferas: una se encontraba en el pecho y la otra en el abdomen.
Pudo sentir una sensación hostil a su lado, volteando sus ojos, apreciando la arcilla de Tezca al instante. ¿Atacar? Elevó su diestra, colocándola sobre el hombro del contrario en un intento de relajarlo. Si desconocían a qué venía, no era buen momento para atacar, tampoco parecía peligroso. Hizo un movimiento de cabeza, de lado a lado, esperando que Tezca lo viera y así pudiera evitar cualquier momento hostil antes del inicio de lo que pudiera venirse. Lo mejor era guardar todas las fuerzas posibles.
Apartó pronto su mano, volviendo la mirada a la figura que se presentaba frente a él. Quizás solo se trataba de un habitante que custodiaba el lugar y siguiera un protocolo. La información llegó pronto; el nombre de la ciudad era Shandora, por lo que mencionaba aquella hermosa figura. Qué lástima no poder ver más bajo esa máscara. Es más, también daba un nombre. “Zarutsuki”. ¿Cómo sería? ¿Qué tipo de persona sería? Solo mencionaban que era un magnánimo... Pero claramente podría ser alguien de relevancia.
Tezca fue el primero en adelantarse y presentarse frente al ángel una vez aquel hombre (o ser, o belleza, obviamente) solicitaba identificación. Una vez vio que Tezca terminó, dio un paso al frente, hombro a hombro con su amado y compañero, con mirada firme y segura.

—Soy Jin Onizuka, de parte del Banco Goldreich.
Ahora tenía que verse profesional. Miró tras él, donde el Ñordiki estaba probablemente. —Y él... bueno... Dudo que necesite que lo presentemos. Lo acabamos de conocer. — Tampoco es que conociera bien a ese bicho, solo que había pasado horas con él mirándolo quizás más de la cuenta.
Cajita de Tabaco
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