10-07-2026, 05:21 AM
La explicación de Varo lo dejaba más que claro, ese era el lugar del que hablaban las leyendas y los cuentos: Shandora.
![[Imagen: oZluFgW.jpeg]](https://i.imgur.com/oZluFgW.jpeg)
- ¿Ponernos al día? -
El cocinero no recordaba tener algo de lo que hablar con la mujer, pero fue ella misma quien se alejó antes de que pudiera decirle eso. Lo importante no estaba en ese nuevo grupo que los acompañó, lo importante era esa ciudad a la que habían llegado. Deseaba recorrerlo, aprender lo que tenía para mostrarles a los piratas que habían llegado ese día.
Kiyoshi, pese a lo cansado que se encontraba luego de tantas horas de recorrido, aceptaba que podía seguir hacia donde tuvieran que ir. Eros cargaba al integrante del grupo contrario, cosa que le parecía extraña pero no fuera de lo que el capitán haría comúnmente. El explorador de la tripulación seguramente querría comenzar a investigar esa ciudad que Eros describe como si se tratara de obsidiana. - Es de oro, Eros, todo es de oro -. Dijo para dejarle claro al hombre la situación, pero con una idea rondando su cabeza.
No pudo seguir con ese pensamiento por mucho más tiempo, pues el desastre comenzó. El caos y gritos que vienen justo antes de una muerte sin igual, hombres lanzándose al vacío como si sus cuerpos estuvieran hechos de goma, pero que terminaron por estrellarse contra el suelo de manera horrorosa. Uker solo pudo verlos y poner cara de asco, preguntando quien se lanzaría a su muerte así nada más. Antes de que pudiera preguntarse el porque de todo ese alboroto, el zumbido que llenó el aire fue lo que captó su atención.
El aviso de una guerra, de una llamada, tal vez otra cosa. No podía reconocer de dónde venía esa melodía que llegaba a cada uno de los rincones de ese lugar, pero podía prever que no traía nada nuevo. Tal vez no iban a ser aceptados ahí, tal vez habían traspasado tierras que no debían traspasar, esos pensamientos llenaron su mente hasta que el armonioso sonido finalizó, momento en que algo más llegó.
El destello de luz que hizo aparición fue brutal para sus ojos. Los cerró por unos instantes, llevando su mano izquierda frente a su cara y con su palma apuntando a lo que sea que generaba la iluminación, apenas abriendo los ojos para intentar ver algo entre los pequeños espacios generados por sus dedos. Su otra mano, descendió hasta tomar nuevamente una de sus katanas, liberándola de su vaina de la misma manera que lo había hecho en cuanto la mujer alada se presentó frente a ellos. Podía agradecer que no durara tanto como ese sonido de antes, pues no tardó en aparecer una especie de ángel frente a ellos.
Kiyoshi no tardó en amenazarlo, pero el recién llegado tampoco se tomó mucho tiempo para presentarse. Mientras hablaba y Uker ocupaba su sentido de la audición para prestarle atención, sus ojos viajaban entre los detalles que pudiera rascar de esa figura. El cetro que llevaba en la mano, esa extraña esfera en su pecho, el casco que no le permitía verlo a los ojos.
Decidió abandonar su postura defensiva, de momento. Esa criatura no estaba atacándolos y simplemente les pedía presentarse con su nombre. Le parecía extraño, pero al menos podía relajarse por unos momentos antes de tener que estar atento a cualquier ataque. Sin más que hacer, devolvió la hoja del arma a su lugar, soltando también la katana para que vuelva a su lugar de descanso
Fue el propio médico del grupo quien se presentó, así como el nombre de la tripulación. El capitán lo siguió, algo más torpemente que Kiyoshi, pero creando una especie de mentira que Uker no se dignó en desmentir. - Rackham Uker, Parte de la tripulación de Los Sepultura y el… -. Apretó sus dientes y los hizo rechinar por un pequeño momento, molesto por admitir algo que nunca terminó de salir por su boca. - Deseo participar en los juegos -.
Por alguna razón, dejó fuera a su tripulación en esta última frase, algo de lo que él mismo no se dio cuenta.
Cuando las presentaciones a su, al parecer, anfitrión, hubieran terminado, el cocinero se cruzó de brazos y terminó de dar forma a la idea que su mente creó en cuanto Eros confundió el material de la ciudad que tenían frente a ellos. - Espadas de obsidiana… -. Un pensamiento dicho al aire, pero que podría ser oído por cualquiera a su alrededor. La obsidiana era un material famoso por su filo, extremadamente peligroso y útil en las manos correctas. Su aparente utilidad como arma letal era tan frágil como la propia piedra, pues se rompía ante cualquier golpe, o incluso cambios de temperaturas específicos.
Si pudiera encontrar un mineral con características similares, o hallar una manera de quitarle la fragilidad al mineral oscuro, la idea de crear un arma así de peligrosa era tentadora. Lastima que nunca aprendió a forjar, o a hacer manualidades en general. Tal vez eso le faltaba para poder mejorar como espadachín, crear sus propias armas.
![[Imagen: oZluFgW.jpeg]](https://i.imgur.com/oZluFgW.jpeg)
- ¿Ponernos al día? -
El cocinero no recordaba tener algo de lo que hablar con la mujer, pero fue ella misma quien se alejó antes de que pudiera decirle eso. Lo importante no estaba en ese nuevo grupo que los acompañó, lo importante era esa ciudad a la que habían llegado. Deseaba recorrerlo, aprender lo que tenía para mostrarles a los piratas que habían llegado ese día.
Kiyoshi, pese a lo cansado que se encontraba luego de tantas horas de recorrido, aceptaba que podía seguir hacia donde tuvieran que ir. Eros cargaba al integrante del grupo contrario, cosa que le parecía extraña pero no fuera de lo que el capitán haría comúnmente. El explorador de la tripulación seguramente querría comenzar a investigar esa ciudad que Eros describe como si se tratara de obsidiana. - Es de oro, Eros, todo es de oro -. Dijo para dejarle claro al hombre la situación, pero con una idea rondando su cabeza.
No pudo seguir con ese pensamiento por mucho más tiempo, pues el desastre comenzó. El caos y gritos que vienen justo antes de una muerte sin igual, hombres lanzándose al vacío como si sus cuerpos estuvieran hechos de goma, pero que terminaron por estrellarse contra el suelo de manera horrorosa. Uker solo pudo verlos y poner cara de asco, preguntando quien se lanzaría a su muerte así nada más. Antes de que pudiera preguntarse el porque de todo ese alboroto, el zumbido que llenó el aire fue lo que captó su atención.
El aviso de una guerra, de una llamada, tal vez otra cosa. No podía reconocer de dónde venía esa melodía que llegaba a cada uno de los rincones de ese lugar, pero podía prever que no traía nada nuevo. Tal vez no iban a ser aceptados ahí, tal vez habían traspasado tierras que no debían traspasar, esos pensamientos llenaron su mente hasta que el armonioso sonido finalizó, momento en que algo más llegó.
El destello de luz que hizo aparición fue brutal para sus ojos. Los cerró por unos instantes, llevando su mano izquierda frente a su cara y con su palma apuntando a lo que sea que generaba la iluminación, apenas abriendo los ojos para intentar ver algo entre los pequeños espacios generados por sus dedos. Su otra mano, descendió hasta tomar nuevamente una de sus katanas, liberándola de su vaina de la misma manera que lo había hecho en cuanto la mujer alada se presentó frente a ellos. Podía agradecer que no durara tanto como ese sonido de antes, pues no tardó en aparecer una especie de ángel frente a ellos.
Kiyoshi no tardó en amenazarlo, pero el recién llegado tampoco se tomó mucho tiempo para presentarse. Mientras hablaba y Uker ocupaba su sentido de la audición para prestarle atención, sus ojos viajaban entre los detalles que pudiera rascar de esa figura. El cetro que llevaba en la mano, esa extraña esfera en su pecho, el casco que no le permitía verlo a los ojos.
Decidió abandonar su postura defensiva, de momento. Esa criatura no estaba atacándolos y simplemente les pedía presentarse con su nombre. Le parecía extraño, pero al menos podía relajarse por unos momentos antes de tener que estar atento a cualquier ataque. Sin más que hacer, devolvió la hoja del arma a su lugar, soltando también la katana para que vuelva a su lugar de descanso
Fue el propio médico del grupo quien se presentó, así como el nombre de la tripulación. El capitán lo siguió, algo más torpemente que Kiyoshi, pero creando una especie de mentira que Uker no se dignó en desmentir. - Rackham Uker, Parte de la tripulación de Los Sepultura y el… -. Apretó sus dientes y los hizo rechinar por un pequeño momento, molesto por admitir algo que nunca terminó de salir por su boca. - Deseo participar en los juegos -.
Por alguna razón, dejó fuera a su tripulación en esta última frase, algo de lo que él mismo no se dio cuenta.
Cuando las presentaciones a su, al parecer, anfitrión, hubieran terminado, el cocinero se cruzó de brazos y terminó de dar forma a la idea que su mente creó en cuanto Eros confundió el material de la ciudad que tenían frente a ellos. - Espadas de obsidiana… -. Un pensamiento dicho al aire, pero que podría ser oído por cualquiera a su alrededor. La obsidiana era un material famoso por su filo, extremadamente peligroso y útil en las manos correctas. Su aparente utilidad como arma letal era tan frágil como la propia piedra, pues se rompía ante cualquier golpe, o incluso cambios de temperaturas específicos.
Si pudiera encontrar un mineral con características similares, o hallar una manera de quitarle la fragilidad al mineral oscuro, la idea de crear un arma así de peligrosa era tentadora. Lastima que nunca aprendió a forjar, o a hacer manualidades en general. Tal vez eso le faltaba para poder mejorar como espadachín, crear sus propias armas.
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