Miradas tensas, un dealer, que no es un dealer, es mink gato que usa un sombrero de ala ancha de medio lado, usa un traje como de mesero. Reparte cartas entre aquellos que están dentro en la gran mesa ovalada. Las cartas suenan por la alfombrilla que la adorna y tiene seccionadas partes con líneas blancas. Las cartas bailan tras sus lanzamientos precisos hasta las manos de los jugadores. Entre ellos un hombre de unos quince centímetros de altura, seguido de un una mujer que usa ropa de oficial, está a medio vestir pues está perdiendo ella es curiosa aunque tiene alas, un chico androgino que es muy peludo, imposible de saber con tanto pelo, come una banana mientras no ve sus cartas, un mink cebra con melanina por lo que se ve todo negro pero tiene unos ligeros patrones de negro y gris muy oscuro, me molan su flow.
En el momento en que las primeras cartas se deslizaron a las manos de cada jugador. Se siente la tensión del momento como si nos mecemos en medio del mar profundo donde esperamos que alguien flaquee para darle un corte a la yugular que nos dé alimento. Las fichas están repartidas y el hombre cebra es quien tiene la mayoría de ellas. No parece un juego justo, pero así es la vida, tienes que apostar, arriesgar a lo desconocido. Va la segunda ronda de cartas. El hombre cebra toca la mesa dos veces y lanza unas fechas.
Seguido el hombre pequeño arroja una ficha de diferente color. Esla ciega. La mujer de poca ropa revisa sus cartas. No se inmuta. Sus ojos azules intensos, mi atención puesta en sus movimientos, quiero leer su mente, no puedo, su neutralidad no me intimida pues ella es quien más va perdiendo en las apuestas. arroja fichas, lo equivalente a 1000 Ryos. Veo mis cartas cuatro de diamantes y cuatro de picas. No me encanta, pero ya tengo algo con lo que jugar. Mi noche tampoco ha sido la mejor.
-¿Qué pasa, tigre? ¿No confías en tu suerte?-
Sus palabras no son hacia mí, son hacia el más pequeño de la sala.
-Claro que no, mujerzuela-Ki, el todo poderoso y digno Reginald no tiene miedo a nada.-
Tras sus palabras arrojó otras monedas igualando la apuesta. Sin duda alguna parecía un duelo entre ellos. Son los que menos fichas tienen. Sin dar lugar alguno a las dudas llegó mi turno al habla pero no hubo palabras, solo igualo la apuesta entre ellos. Siento que no puedo hablar sin ver primero que hay en la mesa y de la misma manera el cebra completa necesario para apostar.
-Ustedes hablan demasiado.- Agregó con su equino rostro y sonrisa burlona.
No lo puedo creer, muestran las primeras tres cartas. J de trébol. A de corazón. 4 de trébol. Las cosas cambian. No es mi turno al hablar pero veo inmediatamente.
-Casa llena chicos, apártense.- Dijo arrojando una ficha blanca con dificultad. Implicaba que apostaba todas sus fichas con la clara y única intención que supiéramos que su mano es fuerte. Sospecho, lo miró acusadoramente, podría hablar y llenar de charlatanería este momento para que supiesen que yo no estoy con tonterías. Decido no hablar, siento que no debo hacerlo, no lo hago, No entiendo, me cuesta hablar en esta mesa. Solo sonrío con soberbia y desvío la mirada.
-Así que tienes algo caliente entre las manos.-
-No tienes ni idea cielo.- Hasta yo comenzaba a calentarme con su voz y su mirada azul.
-Callense ambos calenturros.-
-Entonces yo también voy all in, baby-
La mujer parecía tener algo entre planes pero la verdad es que me parecía que ambos estaban tratando de engañarnos. Yo conté las fichas que tenía y pagué, no quería dejar supieran lo que tenía guardado pero claramente una mano fuerte.
El hombre cebra parecía cansado de la competencia y pagó para develar un diez que también era de trébol. Eso hizo que todos viéramos con emociones encontradas. Alguien tenía una escalera. No era seguro, pero era posible. El hombre cebra se adelantó a su turno riendo de manera equina haciendo ruidos y moviendo mucho sus labios. Ese sobresalto me alarmó, él llevaba toda la noche siendo el más calmado.
Dos golpes en la mesa de manera consecutiva. No se podía hacer nada en la posición de ellos pues habían apostado todo su dinero y ya no tenían más. Yo sin pena arrojé unas monedas unos 2000 Ryos mas para que supiese que no me andaba con juegos y que si quería ganar debía apostar. Mi sorpresa fue que él apostó el total de fichas que me quedaba y eso hacía una cantidad de dinero tal que en la mesa fácilmente había un cuarto de millón. Demasiado como para dejarlo escapar.
-No tiene nada de malo perder contra una de las manos más fuertes.- Sonidos de risa equina. Era graciosa, pero no me daba risa que me subestimó a mi y a mis cuatros. Tiré la monedas para que vieran que pagaba, de mala gana, por su burla. Me había dejado llevar claro, todos allí lo percatarse al instante.
-Eres un iluso muchacho-ki. Te engaño con el truco más viejo del libro.- Dijo el pequeño cruzándose de brazos mientras se llevaba un mini-puro a su mini-boca. Lo curioso de él era que su voz era insanamente grave para su tamaño. El equino mostró sus cartas una Q de trébol y una K de corazones. Que desgraciado, sus risas caballezcas llenaron el silencio. Ya me daba por perdido y era como si cayera por un torrente de agua imposible de detener.
Ya estaba por agarrar las monedas con risas que tenían un eco estruendoso además que sentía como me sacudía del enojo. Coloqué mis manos por encima de las suyas para detenerlos. Entonces pude notar como el dealer asentía y mostraba la última carta. Era de corazones, inimaginable era un número que es mayor que tres y menor que cinco, un número que no es un número primo y es entero. Si hubiera un corte de cámaras podría verse la decepción del hombre cebra y como yo parecía caer sin sentido en un abismo de fichas de poker, mujeres.
Entonces la caida aceleró y cuando pense que llegaba a un abismo oscuro y negro desperté de golpe. siento la madera del suelo del barco muy cerca de mi cara y me duele todo. Empujo con fuerza para levantarme y al separar mi rostro de allí siento el hilo de saliva que va desde la comisura de mis labios. ¿Dónde estoy? Sé que me anoté a un viaje para ir al cielo pero no recordaba con precisión, la verdad la jaqueca no me ayuda. — juraba que el viaje al cielo era una metáfora. — Desde mi encuentro aquella vez donde me encerraron con una mujer en una jaula no había vuelto a beber así, ya recuerdo por que lo había dejado de beber así, me pongo a conversar con las mujeres y termino en jaulas o dentro de un barco.
Salí a cubierta sintiendo cierta molestia en la entrepierna. Ya bien era sabido que en las mañanas uno puede estar mucho más animado que de costumbre pero me sentía extrañamente duro. Tan duro estaba que me vi obligado a buscarme una ropa más cómoda. Así que decidí ir en comando. Busque entre lo que quedaba una botella que pudiera llevar como una buena túnica. Algo decente que no se notara demasiado la carpa. Y para quien no entendió hablaba de que tenía una erección que me molestaba un poco.
Creo que parecía evidente que había llegado tarde a la fiesta pues no había nadie, pero habían otros barcos allí. Dañados, claramente fue un viaje ajetreado. Busqué mi práctica mochila que ahora llevaba oculta entre mis faldas. No tenía en claro bien que debía seguir y al encontrarme con los caminos con antorchas altas pensé que seguramente debería haber vida inteligente aquí. Un lugar que me parece un paraíso por lo curioso que es y lo mucho que si parece el cielo.
—Creo que la chica no mentía con lo del viaje al cielo en el barco del placer. Aish, como me duele. — Visto que el mar no es mar si no como nubes puedo pensar en eso y al ver de nuevo hacia la selva vi unos caminos. Los caminos y mi sueño de haber ganado una mesa de poker super intensa con los cuatros pensaba que podría ser minumero mágico de la buena suerte. Aunque no era mi meta. Elegiría dicho sendero. No sin antes agigantarse. Y por qué lo haría, pues mira en un camino donde todo está lleno de selva. Así no me van a ver y la verdad me gustaría llegar donde no esté tan aislado ahora mismo. Ver esta playa sola me da un poco de tristeza.
Mi indumentaria no iba muy adornada, pero a mi siempre me ha hecho destacar que nunca he llevado nada de toros hacia arriba y por una vez lo cambiaría. Y la verdad al ver que estaba en el cielo yo claramente me arreglaría con las mejores fachas que tenía. Capaz podría hacerme con un buen partido o hacer un buen dinero que la verdad últimamente no he tenido buena suerte con esto. (Miento, la verdad es que nunca he tenido suerte con el dinero.)
Me convertí en un gigante. Apasionado por el deseo de ser visto quería ser grande y abarcar unos 15 metros era una envergadura que me serviría. Podría apreciar desde una perspectiva diferente el camino ya que la altura y una buena visión me permitiría explorar de manera calmada, llamando la atención de toda la buena fortuna que me espera delante. Seguramente unos marines con un peaje y armas de fuego.
El revuelo de más adelante me alcanzó y un calor inusual inundó mi pecho. Me habría gustado apresurarme pero las prisas no van conmigo en absoluto y un tipo grande y tan seductor como yo no podía andar con prisas. Además de que no podía andar por ahí con la minga bamboleando de lado a lado. Ya llegaría y me enteraría, aunque por la distancia y con mi vista parece que hay otros además de mi haciendo de las suyas.
La ciudad parece demasiado brillante y la verdad en la sangre se sentía una hermosa sensación, pero no la comprendía y no la digería. Yo no sabía dónde estaba y tampoco porque este lugar es importante. De hecho no tenía idea alguna cómo había llegado. No había podido hacerme con una buena brújula, de esas que me habló Mizuki en su momento. Me sentía genuinamente extraviado y perdido y cuando
Pero entonces pude notar que todas las personas tienen alas. TIENEN ALAS. Desde la isla Karate yo no había cruzado con personas que tuviesen alas. Aquí hay una ciudad llena de ellos, llena de gente, puede pensar que son parecidos a mi. Me encantaría conocer más sobre este lugar. Mis pasos, gigantes, mi alas, hacen sombra y al abrirlas de la emoción me doy cuenta que este es un lugar sumamente mágico y hermoso. Yo no se que me excitaba más si toda esta gente o si era mi erección la que más me excitaba.
Yo claramente quería conocer el lugar y sin dar lugar avancé con pasos vencedores habían demasiadas personas y demasiada energía. Yo no quería problemas, nunca quiero problemas, pero ahora mismo quería fluir hacia adelante y encontrarme con cosas buenas. Mis interacciones con los demás no eran con intención alguna de interrumpir los asuntos ajenos. Al no sufrir de la memoria de las personas que no cambiaron su aspecto desde que los conocí hasta hoy fueron evidentemente reconocidos. Ciertamente habría otros que había conocido pero que no los pude reconocer ya fuera por disfraz o por que nunca nos hubieramos conocido por voz. Hacer una lista de ellos o intentar desesperadamente acercarme a ellos no iba conmigo. Además que de algunos ya vi que no parecían buena publicidad en este momento.
¿Cómo debería presentarse? Entonces recordé a esa mujer que ya no existía más pero de cierta manera le debía el favor. — Mi nombre es Heras de Bel-Nadin tengo un mensaje para esa familia. Me invitaron a conocer la ciudad pero la otra persona no logró llegar.— Aclaré, de manera tranquila, adoptando un apellido que no era mio. De no ser por ella yo nunca me habría atrevido a tomar ese barco y si existía alguna persona que fuera importante para ella que mereciera saber qué le pasó podría entregar ese mensaje y cerrar ese ciclo, claro no todo era verdad, pero necesitaba ir cubriendo las bases.
Tenía que mantenerme tranquilo y esperar a ver que me ofrecían aquella figura repetitiva que antes había exigido aclaraciones.
En el momento en que las primeras cartas se deslizaron a las manos de cada jugador. Se siente la tensión del momento como si nos mecemos en medio del mar profundo donde esperamos que alguien flaquee para darle un corte a la yugular que nos dé alimento. Las fichas están repartidas y el hombre cebra es quien tiene la mayoría de ellas. No parece un juego justo, pero así es la vida, tienes que apostar, arriesgar a lo desconocido. Va la segunda ronda de cartas. El hombre cebra toca la mesa dos veces y lanza unas fechas.
Seguido el hombre pequeño arroja una ficha de diferente color. Esla ciega. La mujer de poca ropa revisa sus cartas. No se inmuta. Sus ojos azules intensos, mi atención puesta en sus movimientos, quiero leer su mente, no puedo, su neutralidad no me intimida pues ella es quien más va perdiendo en las apuestas. arroja fichas, lo equivalente a 1000 Ryos. Veo mis cartas cuatro de diamantes y cuatro de picas. No me encanta, pero ya tengo algo con lo que jugar. Mi noche tampoco ha sido la mejor.
-¿Qué pasa, tigre? ¿No confías en tu suerte?-
Sus palabras no son hacia mí, son hacia el más pequeño de la sala.
-Claro que no, mujerzuela-Ki, el todo poderoso y digno Reginald no tiene miedo a nada.-
Tras sus palabras arrojó otras monedas igualando la apuesta. Sin duda alguna parecía un duelo entre ellos. Son los que menos fichas tienen. Sin dar lugar alguno a las dudas llegó mi turno al habla pero no hubo palabras, solo igualo la apuesta entre ellos. Siento que no puedo hablar sin ver primero que hay en la mesa y de la misma manera el cebra completa necesario para apostar.
-Ustedes hablan demasiado.- Agregó con su equino rostro y sonrisa burlona.
No lo puedo creer, muestran las primeras tres cartas. J de trébol. A de corazón. 4 de trébol. Las cosas cambian. No es mi turno al hablar pero veo inmediatamente.
-Casa llena chicos, apártense.- Dijo arrojando una ficha blanca con dificultad. Implicaba que apostaba todas sus fichas con la clara y única intención que supiéramos que su mano es fuerte. Sospecho, lo miró acusadoramente, podría hablar y llenar de charlatanería este momento para que supiesen que yo no estoy con tonterías. Decido no hablar, siento que no debo hacerlo, no lo hago, No entiendo, me cuesta hablar en esta mesa. Solo sonrío con soberbia y desvío la mirada.
-Así que tienes algo caliente entre las manos.-
-No tienes ni idea cielo.- Hasta yo comenzaba a calentarme con su voz y su mirada azul.
-Callense ambos calenturros.-
-Entonces yo también voy all in, baby-
La mujer parecía tener algo entre planes pero la verdad es que me parecía que ambos estaban tratando de engañarnos. Yo conté las fichas que tenía y pagué, no quería dejar supieran lo que tenía guardado pero claramente una mano fuerte.
El hombre cebra parecía cansado de la competencia y pagó para develar un diez que también era de trébol. Eso hizo que todos viéramos con emociones encontradas. Alguien tenía una escalera. No era seguro, pero era posible. El hombre cebra se adelantó a su turno riendo de manera equina haciendo ruidos y moviendo mucho sus labios. Ese sobresalto me alarmó, él llevaba toda la noche siendo el más calmado.
Dos golpes en la mesa de manera consecutiva. No se podía hacer nada en la posición de ellos pues habían apostado todo su dinero y ya no tenían más. Yo sin pena arrojé unas monedas unos 2000 Ryos mas para que supiese que no me andaba con juegos y que si quería ganar debía apostar. Mi sorpresa fue que él apostó el total de fichas que me quedaba y eso hacía una cantidad de dinero tal que en la mesa fácilmente había un cuarto de millón. Demasiado como para dejarlo escapar.
-No tiene nada de malo perder contra una de las manos más fuertes.- Sonidos de risa equina. Era graciosa, pero no me daba risa que me subestimó a mi y a mis cuatros. Tiré la monedas para que vieran que pagaba, de mala gana, por su burla. Me había dejado llevar claro, todos allí lo percatarse al instante.
-Eres un iluso muchacho-ki. Te engaño con el truco más viejo del libro.- Dijo el pequeño cruzándose de brazos mientras se llevaba un mini-puro a su mini-boca. Lo curioso de él era que su voz era insanamente grave para su tamaño. El equino mostró sus cartas una Q de trébol y una K de corazones. Que desgraciado, sus risas caballezcas llenaron el silencio. Ya me daba por perdido y era como si cayera por un torrente de agua imposible de detener.
Ya estaba por agarrar las monedas con risas que tenían un eco estruendoso además que sentía como me sacudía del enojo. Coloqué mis manos por encima de las suyas para detenerlos. Entonces pude notar como el dealer asentía y mostraba la última carta. Era de corazones, inimaginable era un número que es mayor que tres y menor que cinco, un número que no es un número primo y es entero. Si hubiera un corte de cámaras podría verse la decepción del hombre cebra y como yo parecía caer sin sentido en un abismo de fichas de poker, mujeres.
Entonces la caida aceleró y cuando pense que llegaba a un abismo oscuro y negro desperté de golpe. siento la madera del suelo del barco muy cerca de mi cara y me duele todo. Empujo con fuerza para levantarme y al separar mi rostro de allí siento el hilo de saliva que va desde la comisura de mis labios. ¿Dónde estoy? Sé que me anoté a un viaje para ir al cielo pero no recordaba con precisión, la verdad la jaqueca no me ayuda. — juraba que el viaje al cielo era una metáfora. — Desde mi encuentro aquella vez donde me encerraron con una mujer en una jaula no había vuelto a beber así, ya recuerdo por que lo había dejado de beber así, me pongo a conversar con las mujeres y termino en jaulas o dentro de un barco.
Salí a cubierta sintiendo cierta molestia en la entrepierna. Ya bien era sabido que en las mañanas uno puede estar mucho más animado que de costumbre pero me sentía extrañamente duro. Tan duro estaba que me vi obligado a buscarme una ropa más cómoda. Así que decidí ir en comando. Busque entre lo que quedaba una botella que pudiera llevar como una buena túnica. Algo decente que no se notara demasiado la carpa. Y para quien no entendió hablaba de que tenía una erección que me molestaba un poco.
Creo que parecía evidente que había llegado tarde a la fiesta pues no había nadie, pero habían otros barcos allí. Dañados, claramente fue un viaje ajetreado. Busqué mi práctica mochila que ahora llevaba oculta entre mis faldas. No tenía en claro bien que debía seguir y al encontrarme con los caminos con antorchas altas pensé que seguramente debería haber vida inteligente aquí. Un lugar que me parece un paraíso por lo curioso que es y lo mucho que si parece el cielo.
—Creo que la chica no mentía con lo del viaje al cielo en el barco del placer. Aish, como me duele. — Visto que el mar no es mar si no como nubes puedo pensar en eso y al ver de nuevo hacia la selva vi unos caminos. Los caminos y mi sueño de haber ganado una mesa de poker super intensa con los cuatros pensaba que podría ser minumero mágico de la buena suerte. Aunque no era mi meta. Elegiría dicho sendero. No sin antes agigantarse. Y por qué lo haría, pues mira en un camino donde todo está lleno de selva. Así no me van a ver y la verdad me gustaría llegar donde no esté tan aislado ahora mismo. Ver esta playa sola me da un poco de tristeza.
Mi indumentaria no iba muy adornada, pero a mi siempre me ha hecho destacar que nunca he llevado nada de toros hacia arriba y por una vez lo cambiaría. Y la verdad al ver que estaba en el cielo yo claramente me arreglaría con las mejores fachas que tenía. Capaz podría hacerme con un buen partido o hacer un buen dinero que la verdad últimamente no he tenido buena suerte con esto. (Miento, la verdad es que nunca he tenido suerte con el dinero.)
Me convertí en un gigante. Apasionado por el deseo de ser visto quería ser grande y abarcar unos 15 metros era una envergadura que me serviría. Podría apreciar desde una perspectiva diferente el camino ya que la altura y una buena visión me permitiría explorar de manera calmada, llamando la atención de toda la buena fortuna que me espera delante. Seguramente unos marines con un peaje y armas de fuego.
El revuelo de más adelante me alcanzó y un calor inusual inundó mi pecho. Me habría gustado apresurarme pero las prisas no van conmigo en absoluto y un tipo grande y tan seductor como yo no podía andar con prisas. Además de que no podía andar por ahí con la minga bamboleando de lado a lado. Ya llegaría y me enteraría, aunque por la distancia y con mi vista parece que hay otros además de mi haciendo de las suyas.
La ciudad parece demasiado brillante y la verdad en la sangre se sentía una hermosa sensación, pero no la comprendía y no la digería. Yo no sabía dónde estaba y tampoco porque este lugar es importante. De hecho no tenía idea alguna cómo había llegado. No había podido hacerme con una buena brújula, de esas que me habló Mizuki en su momento. Me sentía genuinamente extraviado y perdido y cuando
Pero entonces pude notar que todas las personas tienen alas. TIENEN ALAS. Desde la isla Karate yo no había cruzado con personas que tuviesen alas. Aquí hay una ciudad llena de ellos, llena de gente, puede pensar que son parecidos a mi. Me encantaría conocer más sobre este lugar. Mis pasos, gigantes, mi alas, hacen sombra y al abrirlas de la emoción me doy cuenta que este es un lugar sumamente mágico y hermoso. Yo no se que me excitaba más si toda esta gente o si era mi erección la que más me excitaba.
Yo claramente quería conocer el lugar y sin dar lugar avancé con pasos vencedores habían demasiadas personas y demasiada energía. Yo no quería problemas, nunca quiero problemas, pero ahora mismo quería fluir hacia adelante y encontrarme con cosas buenas. Mis interacciones con los demás no eran con intención alguna de interrumpir los asuntos ajenos. Al no sufrir de la memoria de las personas que no cambiaron su aspecto desde que los conocí hasta hoy fueron evidentemente reconocidos. Ciertamente habría otros que había conocido pero que no los pude reconocer ya fuera por disfraz o por que nunca nos hubieramos conocido por voz. Hacer una lista de ellos o intentar desesperadamente acercarme a ellos no iba conmigo. Además que de algunos ya vi que no parecían buena publicidad en este momento.
¿Cómo debería presentarse? Entonces recordé a esa mujer que ya no existía más pero de cierta manera le debía el favor. — Mi nombre es Heras de Bel-Nadin tengo un mensaje para esa familia. Me invitaron a conocer la ciudad pero la otra persona no logró llegar.— Aclaré, de manera tranquila, adoptando un apellido que no era mio. De no ser por ella yo nunca me habría atrevido a tomar ese barco y si existía alguna persona que fuera importante para ella que mereciera saber qué le pasó podría entregar ese mensaje y cerrar ese ciclo, claro no todo era verdad, pero necesitaba ir cubriendo las bases.
Tenía que mantenerme tranquilo y esperar a ver que me ofrecían aquella figura repetitiva que antes había exigido aclaraciones.
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