10-07-2026, 12:23 PM
A lo lejos, al fondo del nivel, perdidos entre la nieve, Yojimbo padre peleaba con cada vez más enemigos, estando en su desventajoso cuatro contra uno y alternando las formas de las que disponía a su voluntad para poder ajustar el combate como necesitase. Pero pese a tratarse de un alto cargo de la revolución, nadie estaba mirando en esa dirección, pues lo verdaderamente anodino, era lo que estaba sucediendo en primera plana frente a los ojos de todos ellos.
Durante aquellos angustiosos y extensos minutos, mientras las alarmas dejaban de sonar los estruendos se sucedían uno tras otro, los envites y manotazos de Giogio se encontraban contra el filo de la Giant Slayer del Jefe de la Guardia de Impel Down blandida por las férreas manos de este. Tajo tras tajo, la determinación de Steiner no decayó ni por un segundo.
El silencio en el nivel cinco de Impel Down era grotesco y tan intimidante que sólo los bramidos del gigante ancestral y los gritos heroicos de las técnicas del carcelero se atrevían a mancillarlo, estando los presos de este nivel completamente en silencio observando la batalla.
Steiner estaba consiguiendo conectar varias ondas cortantes con su gran espada hacia todo el inmenso cuerpo del gigante ancestral, aprovechándose de su grandísimo tamaño, y este reculaba algunos gestos o intenciones, pero no se echaba atrás ni retrocedía lo más mínimo, continuando con una aparentemente infinita capacidad de reservas de energía tratando de aplastar a aquel aguerrido hombre.
Un puñetazo del gigante desestabilizó el suelo y permitió encajar un segundo directo en el guardia, quien sufrió el peso de todas aquellas toneladas directamente en su cuerpo, escupiendo sangre por el impacto y sintiendo como el suelo presionaba con la misma fuerza que el puño, compactando su armadura y quebrando su brazo izquierdo. Cuando Giogio levantó el puño para asestar otro, Steiner alzó la espada haciendo que la hoja de esta seccionase uno de los dedos del gigante cuando arremetió con el siguiente golpe, haciéndole bramar de dolor y echando atrás el cuerpo y los brazos permitiendo al carcelero levantarse.
Los golpes prosiguieron durante mucho tiempo más. Puñetazos que desviaba una espada, cortes que impactaban en una piel dura como una roca, nieve saltando por los aires por todas partes, y sudor y sangre cayendo a partes iguales por todo el lugar, cambiando el paisaje. Los presos tragaban saliva en silencio observando aquella grotesca escena, con un pavor absoluto a su convicción de que, era real el rumor del terror que había que sentirse hacia Steiner.
El carcelero corría por el brazo del gigante en dirección a su cabeza, saltando con la espada en ristre para cortar la cara del gigante de lado a lado, pero siendo golpeado en la caída por un manotazo de Giogio, quien con sus uñas - afiladas como espadas para un humano - seccionó el ojo derecho del noble caballero tirándolo al suelo.
Ambos aullaron de dolor llevándose la mano hacia la herida del rostro, y mientras Giogio trastabillaba hacia atrás unos pasos, Steiner se volvía a poner en pie con su brazo roto colgando, y con una carrera de este último y un paso largo del primero, volvieron a encontrarse para continuar luchando.
— ¡Oh, Glorioso Gran Negro, destruye y disipa todos los obstáculos! — el busoshoku haki de Steiner recubrió por completo su espada dandole la apariencia de una enorme lápida negra mientras decía esas palabras y saltaba hacia Giogio, quien le respondía con un grito más poderoso que un trueno, y mientras el soldado saltaba cargando la espada con su diestra detrás de su espalda, el gigante lo agarró por el brazo roto y lo zarandeó en el aire, preso completamente de la ira y ciego de rabia, arrancándole de cuajo la extremidad y haciendo que el cuerpo saliese volando hacia el techo, ubicando a Steiner sobre la cabeza del gigante lleno de cortes, y al gigante dando puñetazos al suelo con el brazo que había arrancado entre sus dedos, creyendo que vapuleaba a su enemigo...
Durante aquellos angustiosos y extensos minutos, mientras las alarmas dejaban de sonar los estruendos se sucedían uno tras otro, los envites y manotazos de Giogio se encontraban contra el filo de la Giant Slayer del Jefe de la Guardia de Impel Down blandida por las férreas manos de este. Tajo tras tajo, la determinación de Steiner no decayó ni por un segundo.
El silencio en el nivel cinco de Impel Down era grotesco y tan intimidante que sólo los bramidos del gigante ancestral y los gritos heroicos de las técnicas del carcelero se atrevían a mancillarlo, estando los presos de este nivel completamente en silencio observando la batalla.
Steiner estaba consiguiendo conectar varias ondas cortantes con su gran espada hacia todo el inmenso cuerpo del gigante ancestral, aprovechándose de su grandísimo tamaño, y este reculaba algunos gestos o intenciones, pero no se echaba atrás ni retrocedía lo más mínimo, continuando con una aparentemente infinita capacidad de reservas de energía tratando de aplastar a aquel aguerrido hombre.
Un puñetazo del gigante desestabilizó el suelo y permitió encajar un segundo directo en el guardia, quien sufrió el peso de todas aquellas toneladas directamente en su cuerpo, escupiendo sangre por el impacto y sintiendo como el suelo presionaba con la misma fuerza que el puño, compactando su armadura y quebrando su brazo izquierdo. Cuando Giogio levantó el puño para asestar otro, Steiner alzó la espada haciendo que la hoja de esta seccionase uno de los dedos del gigante cuando arremetió con el siguiente golpe, haciéndole bramar de dolor y echando atrás el cuerpo y los brazos permitiendo al carcelero levantarse.
Los golpes prosiguieron durante mucho tiempo más. Puñetazos que desviaba una espada, cortes que impactaban en una piel dura como una roca, nieve saltando por los aires por todas partes, y sudor y sangre cayendo a partes iguales por todo el lugar, cambiando el paisaje. Los presos tragaban saliva en silencio observando aquella grotesca escena, con un pavor absoluto a su convicción de que, era real el rumor del terror que había que sentirse hacia Steiner.
El carcelero corría por el brazo del gigante en dirección a su cabeza, saltando con la espada en ristre para cortar la cara del gigante de lado a lado, pero siendo golpeado en la caída por un manotazo de Giogio, quien con sus uñas - afiladas como espadas para un humano - seccionó el ojo derecho del noble caballero tirándolo al suelo.
Ambos aullaron de dolor llevándose la mano hacia la herida del rostro, y mientras Giogio trastabillaba hacia atrás unos pasos, Steiner se volvía a poner en pie con su brazo roto colgando, y con una carrera de este último y un paso largo del primero, volvieron a encontrarse para continuar luchando.
— ¡Oh, Glorioso Gran Negro, destruye y disipa todos los obstáculos! — el busoshoku haki de Steiner recubrió por completo su espada dandole la apariencia de una enorme lápida negra mientras decía esas palabras y saltaba hacia Giogio, quien le respondía con un grito más poderoso que un trueno, y mientras el soldado saltaba cargando la espada con su diestra detrás de su espalda, el gigante lo agarró por el brazo roto y lo zarandeó en el aire, preso completamente de la ira y ciego de rabia, arrancándole de cuajo la extremidad y haciendo que el cuerpo saliese volando hacia el techo, ubicando a Steiner sobre la cabeza del gigante lleno de cortes, y al gigante dando puñetazos al suelo con el brazo que había arrancado entre sus dedos, creyendo que vapuleaba a su enemigo...
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