11-07-2026, 12:20 AM
Dejó pasar algunos días desde la última vez. Ya fuera que Tezca se hubiera quedado, o hubiera decidido regresar al hostal de vuelta era otro asunto. Mentalmente se sentía realmente agotado, con las palabras que había pronunciado repitiéndose una y otra vez en su cabeza.
Era el único capaz de verlo más allá de él. Más allá de cualquier otra persona que hubiera conocido en su vida, incluso del propio Raigo, quien lo había llevado hasta donde se encontraba en ese momento. Respiró profundo, frotando su rostro, sentado en el sofá de la sala principal. ¿Era de día, de noche? No era relevante, había perdido por completo la noción del tiempo. Solo supo una cosa, en ese mismo momento él era incapaz de siquiera pelear a Tezca... era débil. ¿Cómo iba a proteger a nadie si ni siquiera podía hacerlo con él? Siendo un usuario de Akuma al que ni siquiera podría dañar... excepto de forma emocional, y eso último era de lo que más se arrepentía.
Cómo deseaba no haber pisado ese restaurante, no haberse encontrado antes con Raigo. Todo estaba yendo bien hasta ese momento, pero... Todo se tuvo que ir a pique por ese maldito encuentro. Normalmente no se había ni preocupado por amantes, ni siquiera sentía que tuviera ninguno relevancia alguna y ahora... Miró, en silencio, la pequeña cajita de metal que tenía frente a él. Sus ojos, ahora algo cansados, parecían más bien ausentes. Las manos lentamente se deslizaron, descendiendo de su rostro hasta que los codos cayeron sobre sus muslos con el silencio como único acompañante, al menos por el momento. Frotó sus ojos una última vez con su diestra, dejando caer su cabeza por un poco más. No podía verse de este modo delante del rubio.
Se puso en pie, al fin, tomando la cajita de metal, observándola por unos segundos, hasta que su pulgar pulsó el botón que abría el metal y, con una leve sacudida, éste se abrió, revelando los cuatro que todavía le quedaban. Quizás un cigarrillo no le haría ningún mal... Era necesario.
Se puso en pie, caminando ahora hacia la sala, omitiendo el resto de los muebles hasta que su rostro alcanzó la ventana. El mechero lo tomó del bolsillo de su pantalón de pijama, ya que no llevaba ropa superior. Se sentía cómodo estando allí, ni siquiera era necesario cargar con armas ocultas como con otros amantes. No, Tezca ni siquiera podía ser catalogado como uno a esas alturas, él era más especial, más único.
El cigarrillo se encendió, revelando su rostro, incluso tras el cristal de la ventana, donde el pelinegro pudo verse a sí mismo por unos segundos, a medida que el tono anaranjado iba perdiendo color. Respiró una vez más, inhalando el humo del tabaco en silencio. Le había estado dando tantas vueltas a su última conversación en silencio que no sabía cómo elegirlo. No quería separarse de él, preferiría morir a tener que separarse, o no poder volver a hablar con él pero, por otro lado, necesitaba ser mejor, demostrarle a Tezca que podía ser mejor. Expulsó el humo de sus labios, retirando el cigarrillo, en silencio. El pensamiento fluía en su mente, tratando de tomar una decisión, una que poco a poco comenzaba a tomar forma, pese a no tener una respuesta concreta.
¿Era buena idea hacerlo? ¿No lo era? Dio una nueva calada, más larga, cada que veía su rostro y el humo nublarle la vista, entraba en un conflicto interno entre el sí y el no... Pero, por ahora, solo de momento, debía mantenerse calmado, quizás hablarlo, quizás solo dejar que pasara un tiempo más.
Cerró los ojos, dando media vuelta con una última calada, acercándose a la mesa de donde había tomado la cajita de metal, acercándose al cenicero para apagarlo y comenzó a caminar, ahora por el pasillo, hasta donde se encontraba el dormitorio donde sabía que se encontraba el rubio. Se tuvo que tomar un tiempo a solas, solo un momento, no sabía si se encontraría o no dormido, no le prestó demasiada atención, solo se acercó y paró en el propio umbral de la puerta, frotando sus ojos una vez más, respiró profundo y, ya sintiendo que se había recompuesto, abrió la puerta, ahora buscando a su amado con la mirada.
“Deja de llevar la carga por tu cuenta.”
Era el único capaz de verlo más allá de él. Más allá de cualquier otra persona que hubiera conocido en su vida, incluso del propio Raigo, quien lo había llevado hasta donde se encontraba en ese momento. Respiró profundo, frotando su rostro, sentado en el sofá de la sala principal. ¿Era de día, de noche? No era relevante, había perdido por completo la noción del tiempo. Solo supo una cosa, en ese mismo momento él era incapaz de siquiera pelear a Tezca... era débil. ¿Cómo iba a proteger a nadie si ni siquiera podía hacerlo con él? Siendo un usuario de Akuma al que ni siquiera podría dañar... excepto de forma emocional, y eso último era de lo que más se arrepentía.
Cómo deseaba no haber pisado ese restaurante, no haberse encontrado antes con Raigo. Todo estaba yendo bien hasta ese momento, pero... Todo se tuvo que ir a pique por ese maldito encuentro. Normalmente no se había ni preocupado por amantes, ni siquiera sentía que tuviera ninguno relevancia alguna y ahora... Miró, en silencio, la pequeña cajita de metal que tenía frente a él. Sus ojos, ahora algo cansados, parecían más bien ausentes. Las manos lentamente se deslizaron, descendiendo de su rostro hasta que los codos cayeron sobre sus muslos con el silencio como único acompañante, al menos por el momento. Frotó sus ojos una última vez con su diestra, dejando caer su cabeza por un poco más. No podía verse de este modo delante del rubio.
Se puso en pie, al fin, tomando la cajita de metal, observándola por unos segundos, hasta que su pulgar pulsó el botón que abría el metal y, con una leve sacudida, éste se abrió, revelando los cuatro que todavía le quedaban. Quizás un cigarrillo no le haría ningún mal... Era necesario.
Se puso en pie, caminando ahora hacia la sala, omitiendo el resto de los muebles hasta que su rostro alcanzó la ventana. El mechero lo tomó del bolsillo de su pantalón de pijama, ya que no llevaba ropa superior. Se sentía cómodo estando allí, ni siquiera era necesario cargar con armas ocultas como con otros amantes. No, Tezca ni siquiera podía ser catalogado como uno a esas alturas, él era más especial, más único.
El cigarrillo se encendió, revelando su rostro, incluso tras el cristal de la ventana, donde el pelinegro pudo verse a sí mismo por unos segundos, a medida que el tono anaranjado iba perdiendo color. Respiró una vez más, inhalando el humo del tabaco en silencio. Le había estado dando tantas vueltas a su última conversación en silencio que no sabía cómo elegirlo. No quería separarse de él, preferiría morir a tener que separarse, o no poder volver a hablar con él pero, por otro lado, necesitaba ser mejor, demostrarle a Tezca que podía ser mejor. Expulsó el humo de sus labios, retirando el cigarrillo, en silencio. El pensamiento fluía en su mente, tratando de tomar una decisión, una que poco a poco comenzaba a tomar forma, pese a no tener una respuesta concreta.
Todavía tenía que pensárselo mejor.
¿Era buena idea hacerlo? ¿No lo era? Dio una nueva calada, más larga, cada que veía su rostro y el humo nublarle la vista, entraba en un conflicto interno entre el sí y el no... Pero, por ahora, solo de momento, debía mantenerse calmado, quizás hablarlo, quizás solo dejar que pasara un tiempo más.
Cerró los ojos, dando media vuelta con una última calada, acercándose a la mesa de donde había tomado la cajita de metal, acercándose al cenicero para apagarlo y comenzó a caminar, ahora por el pasillo, hasta donde se encontraba el dormitorio donde sabía que se encontraba el rubio. Se tuvo que tomar un tiempo a solas, solo un momento, no sabía si se encontraría o no dormido, no le prestó demasiada atención, solo se acercó y paró en el propio umbral de la puerta, frotando sus ojos una vez más, respiró profundo y, ya sintiendo que se había recompuesto, abrió la puerta, ahora buscando a su amado con la mirada.
![[Imagen: bTjgVIr.png]](https://i.imgur.com/bTjgVIr.png)
