11-07-2026, 01:42 AM
(Última modificación: 11-07-2026, 01:48 AM por Barald Kane.)
Un hombre con una misión y un destino, uno que siempre enfrentaba sin miedo, ni dudas. Hacía tiempo había dejado de evitarlo. Dejaba reposar el acero de su arma en el hombro dejándola descansar una vez más que al igual que todas y cada una de sus hermanas se habían acostumbrado al fragor de la batalla desde que sus manos la empuñaban y aun así, todas y cada una de ellas mantenían su filo intacto. Jamás las maltrataba, las mimaba así como si fueran su esposa y al igual que a sus mas allegados las daba siempre su lugar en su mundo. Todavía no se acercaba al alma, ni de lejos, sin embargo, la favorita de todas ellas pedía a gritos volver a ser desenfundada para nutrirse de la sangre de un nuevo enemigo, pero ese alma no era escuchada por su portador. No todavía. Frente a el, lo que bajo su propio juicio podría ser una de las 10 maravillas del mundo ocupaba toda su atención. La ciudad de oro de la Isla del Cielo, Shandora. Así como Varo y Yuuki la habían llamado. Era algo tan increíble de ver que si alguien le hubiera contado sobre ese lugar jamás le habría creído, y así como otros tantos recuerdos esa ciudad quedaría en la memoria de un mortal más, un cualquiera, que ahora tenía un nuevo objetivo en mente, uno muy ambicioso. - Sera mía - Una ciudad construida con oro ¿algún pirata que recordéis tenía un tesoro tan grande como una ciudad? Algo dentro de el le decía que no sería la última vez que pisaría esa tierra.
El guiado por el sendero de su propio acero y la no suerte del diablo quedó rezagado del grupo, teniendo una visión panorámica de todos y cada uno de los miembros de su tripulación. Por un momento, todo a su alrededor quedo paralizado, como si por una fracción de segundo el tiempo no estuviera corriendo. Ahora, en aquella fracción de tiempo, presto atención a su tripulación dejando de lado la ciudad dorada y todo lo que ocurriera a su alrededor. El tiempo para el volvió a la normalidad y su expresión, anterior de sorpresa, volvió de nuevo a su cara inexpresiva que siempre le acompañaba. - ¿Estarás a la altura? - La confianza que sintió respondió la pregunta que se hacía a si mismo sin tener que formularla. Jamás los dejaría caer, ni aunque la muerte llegara a visitarle.
El tintineo metálico de sus andares volvió a aparecer a la que dio tan solo un paso y siendo el último de los suyos, avanzaría siguiendo los pasos del capitán. Pero algo estaba sucediendo no tan lejos de donde se encontraba y eso, llamó su atención. Freno su andar y giro su cuello, fijando su vista ahora en otro punto diferente, de ese de donde provenía todo ese escándalo. Observó como desde ese lugar, decenas de hombres saltaban hacia la muerte así como si ese hubiera sido su destino desde un principio. Hombres decididos, ilusos, pero decididos. Abrazaron la muerte sin miedo y aunque eso tuviera su punto de valor para el azabache, le pareció una perdida de vida innecesaria. El espadachín de la isla helada del mar del sur ni si quiera cambio su expresión. Afinó un poco más su vista desde su posición. De entre todos esos hombres, uno de ellos parecía haberse levantado del suelo a excepción de sus compañeros. A continuación, escuchó el estruendo sonido grave de aquel cuerno que inundó toda la ciudad; interpreto que todo estaba a punto de empezar. Cegado por aquel flashazo de luz que apareció frente a el, llevo su zurda hasta su frente intentando ver algo más allá, pero a pesar de su esfuerzo no pudo ver nada hasta que la luz desapareció. Una vez sus ojos se acostumbraron de nuevo a la claridad normal del ambiente, vio clara la figura del que parecía ser un ente grandioso. Duplicaba su altura a proporción y detrás de ese casco que le cubría la parte superior de la cara ocultaba su presencia.
Escuchó el discurso y espero su turno una vez hablaron todos cargando con su diestra el acero, sin moverlo. Sintió algo dentro de el, algo que quería salir con todas sus fuerzas. Su ansia de dominar aquel lugar amenazaba con salir de su cuerpo. Dejo que Yuuki introdujera su mano en el bolsillo a sabiendas de que era lo que estaba intentando. - Ya lo gaste todo Yuuki, prueba suerte en otro momento. - El azabache susurró a su compañera que solía rebuscar entre los bolsillos de todo el mundo, para el no era algo nuevo, hoy no iba a darla ninguna colleja. - Ah tranqui parece un buen tipo yo jamás le haría nada - Y eso queridos amigos era una mentira más grande que el New Era Joy Park, para ese momento ya había calculado 3 maneras de matar a ese tipo. Barald dio dos pasos al frente, quedando a 2 metros del angel. - Mi nombre es Barald Kane, de los Hanu Mahana. - Tras sus palabras, quedo a la espera de las siguientes indicaciones hasta empezar los juegos, no sin antes elevar la mirada hasta el ángel con el cuello echado hacia atrás para poder mirarle mejor. Algo dentro de el emergió producto de su convicción en venir a llevarse el oro, el de la medalla de oro de ganador no el de Shandora, no seáis malpensados ¿desde cuando le gusta a Barald llevarse lo que no es suyo? ese algo, era su voluntad. Esa que le dominaba.
![[Imagen: IMGUUSSRRS.jpg]](https://i.ibb.co/tp56n6YS/IMGUUSSRRS.jpg)
- He venido a ganar estos juegos. -
El guiado por el sendero de su propio acero y la no suerte del diablo quedó rezagado del grupo, teniendo una visión panorámica de todos y cada uno de los miembros de su tripulación. Por un momento, todo a su alrededor quedo paralizado, como si por una fracción de segundo el tiempo no estuviera corriendo. Ahora, en aquella fracción de tiempo, presto atención a su tripulación dejando de lado la ciudad dorada y todo lo que ocurriera a su alrededor. El tiempo para el volvió a la normalidad y su expresión, anterior de sorpresa, volvió de nuevo a su cara inexpresiva que siempre le acompañaba. - ¿Estarás a la altura? - La confianza que sintió respondió la pregunta que se hacía a si mismo sin tener que formularla. Jamás los dejaría caer, ni aunque la muerte llegara a visitarle.
El tintineo metálico de sus andares volvió a aparecer a la que dio tan solo un paso y siendo el último de los suyos, avanzaría siguiendo los pasos del capitán. Pero algo estaba sucediendo no tan lejos de donde se encontraba y eso, llamó su atención. Freno su andar y giro su cuello, fijando su vista ahora en otro punto diferente, de ese de donde provenía todo ese escándalo. Observó como desde ese lugar, decenas de hombres saltaban hacia la muerte así como si ese hubiera sido su destino desde un principio. Hombres decididos, ilusos, pero decididos. Abrazaron la muerte sin miedo y aunque eso tuviera su punto de valor para el azabache, le pareció una perdida de vida innecesaria. El espadachín de la isla helada del mar del sur ni si quiera cambio su expresión. Afinó un poco más su vista desde su posición. De entre todos esos hombres, uno de ellos parecía haberse levantado del suelo a excepción de sus compañeros. A continuación, escuchó el estruendo sonido grave de aquel cuerno que inundó toda la ciudad; interpreto que todo estaba a punto de empezar. Cegado por aquel flashazo de luz que apareció frente a el, llevo su zurda hasta su frente intentando ver algo más allá, pero a pesar de su esfuerzo no pudo ver nada hasta que la luz desapareció. Una vez sus ojos se acostumbraron de nuevo a la claridad normal del ambiente, vio clara la figura del que parecía ser un ente grandioso. Duplicaba su altura a proporción y detrás de ese casco que le cubría la parte superior de la cara ocultaba su presencia.
Escuchó el discurso y espero su turno una vez hablaron todos cargando con su diestra el acero, sin moverlo. Sintió algo dentro de el, algo que quería salir con todas sus fuerzas. Su ansia de dominar aquel lugar amenazaba con salir de su cuerpo. Dejo que Yuuki introdujera su mano en el bolsillo a sabiendas de que era lo que estaba intentando. - Ya lo gaste todo Yuuki, prueba suerte en otro momento. - El azabache susurró a su compañera que solía rebuscar entre los bolsillos de todo el mundo, para el no era algo nuevo, hoy no iba a darla ninguna colleja. - Ah tranqui parece un buen tipo yo jamás le haría nada - Y eso queridos amigos era una mentira más grande que el New Era Joy Park, para ese momento ya había calculado 3 maneras de matar a ese tipo. Barald dio dos pasos al frente, quedando a 2 metros del angel. - Mi nombre es Barald Kane, de los Hanu Mahana. - Tras sus palabras, quedo a la espera de las siguientes indicaciones hasta empezar los juegos, no sin antes elevar la mirada hasta el ángel con el cuello echado hacia atrás para poder mirarle mejor. Algo dentro de el emergió producto de su convicción en venir a llevarse el oro, el de la medalla de oro de ganador no el de Shandora, no seáis malpensados ¿desde cuando le gusta a Barald llevarse lo que no es suyo? ese algo, era su voluntad. Esa que le dominaba.
![[Imagen: IMGUUSSRRS.jpg]](https://i.ibb.co/tp56n6YS/IMGUUSSRRS.jpg)
- He venido a ganar estos juegos. -
Cofre del tesoro
![[Imagen: FIRMA.jpg]](https://i.ibb.co/SXXG5bYt/FIRMA.jpg)
