11-07-2026, 07:10 AM
Parecía que los miembros de la división 60 se habían predispuesto a repartir tarjetas tan pronto como Kael decidió tomar el número de uno de los suyos. Así, cuando el comandante Stroud hizo entrega de sus tarjetas, le siguió su Contramaestre Bertram Gaufrid, que hizo lo posible por ofrecer a todos los presentes de la misma forma, pudiendo así comunicarnos entre todos con mayor celeridad. El comandante de la división 75 y la única integrante femenina de todo el batallón, por supuesto, se vieron sorprendidos por esta magnífica idea, entregando a viva voz una respuesta de aceptación por la idea, queriendo replicarla en el futuro. Para el azabache, la idea podría haber sido tomada de tener algún rango justificante de aquella descripción, pero para sus adentros, no tomaría tal osadía ni siquiera en el rango de Sargento, y al permanecer a día de hoy como Soldado Raso, prefirió utilizar su tiempo durante todo el transcurrir de su estancia en el Paraíso para procurar informes, analizar todos los datos de criminalidad a los que tuviera acceso en la base del G-39, y más importante, trabajar como agente encubierto para, de esta forma, destapar enclaves criminales dispuestos en las ciudades.
Un trabajo al que sin duda, estaba bien especializado para realizar.
Su sorpresa acudió en cuanto su compañera de división, quién había mostrado cierto desánimo desde la llegada a los cielos, se acercó al mismo para preguntar en un susurro algo acerca del rubio de la división 80. Kael, por supuesto, no entendía nada, pero no tuvo la capacidad de reaccionar frente a esa idea de forma racional.
Otra vez volvía a ser víctima de su debilidad.
Llevó su diestra por encima del mentón, cubriéndose la boca por completo mientras que la nariz respiraba de forma algo alterada y pesada, preocupándose por saber si el abrupto cambio de sus facciones sería notado por su compañera.
El soldado Raito, como caído del cielo, por suerte, los interrumpió.
Aprovechó esos momentos de contacto entre él y su compañera para tratar de calmarse. Aquel acto le había pillado completamente desprevenido, y el susurro de su voz en su oreja...le había pasado factura.
—Parece que tienes muy buen oído, Akira.—el miembro de la ochenta continuó hablando sin mostrar ningún interés ni molestia en el asunto. Buscaba también ser amigo de Kuroshiro, y eso fue motivo suficiente para descartar una continuación de la conversación por parte de Omuyaga, enfocado en distintas cuestiones más acuciantes dentro de su cabeza...
Como empezar a entender que había momentos en los que podía pasar por eso, y momentos en los que era mejor mantener las formas.
―¡Pues a mí me encantaría jugar a algo con una pelota! Creo que sería muy divertido poder jugar a algo por equipos. Con Shin para lanzar pelotas y Kael para aguantar lanzamientos, ¡ganábamos seguro!
El más racional de los tres no ofreció palabra en respuesta, esperando que esa idea no fuera sino otra de las muchas ilusiones de la humink las cuales, si bien con verdadera intención de cumplirlas, quedasen opacadas por los quehaceres necesarios de la marina, y otra serie de actividades que impidiesen a la mayoría de los presentes realizar algo como eso.
Principalmente, porque él era demasiado malo en esa clase de juegos.
En aquel espacio reducido, Kael comenzó a comprobar como todo el mundo parecía capacitado para interrumpir o introducir su palabra en conversaciones ajenas, y si bien de todos ellos a Shin era al único al que se lo permitía internamente sin ninguna molestia, no fue de su completo agrado que mencionase, precisamente, el dato que él estaba tratando de omitir.
―Sí, así es. Tal y como dice mi comandante, un supuesto teniente Wotan de la Marina con traje andrajoso nos atacó, y tuvimos que hacer lo posible por sobrevivir y vencerlo antes de poder escapar del lugar.―Y si decidía no volver a entrometerse, de nuevo, trataría de dejar la conversación en ese momento, una vez más, omitiendo el resto de detalles que pudiera evitar mencionar en aquel momento tan informal entre los ahora dos humanos y el mink.
Las horas se sucedieron más calmadas, volviendo hasta que finalmente todos y cada uno de los marines atravesaron el río sin ningún tipo de dificultad, observando como, de todos ellos, Hasegawa utilizaba capacidades menos comunes para realizarlo para, de nuevo, demostrar su genuino control de su tan poderosa Akuma.
Pero entonces...
Víctimas de la locura comenzaron a sucederse. Uno tras otro, el sonido más seco que acompañaba ese "crack" tan difícilmente descriptible, fue acompañado de otros más blandos, dolorosos, sangrientos...y que cualquier ser con empatía podría llegar a sufrir revolviéndose el estómago hasta encogerlo por completo.
No puede, desde esa distancia, contar el número de víctimas humanas y no humanas que se han sucedido una tras otra en aquel lugar a la distancia, ni tan siquiera por el ruido de sus cuerpos que, entremezclados en los gritos, taparon seguramente muchos otros ruidos de víctimas mortales justo antes de fallecer. Observó los rostros de todos los presentes, algunos consternados, otros confusos y...algunos, simplemente, no respondían, paralizados sin procesar la situación.
Kael respiró hondo, y esperó una respuesta, o más bien una orden de parte de mandos superiores, concretamente, del joven Comandante Nanashi o del que habían considerado era uno de los mayores héroes de la Marina en el momento actual: el Santo Enji.
Ninguno de ellos lo hizo, por una razón especialmente única y concreta.
Proveniente de la tierra dorada de Shandorah, el sonido de un cuerno de guerra hizo eco en los vientos hasta llegar a los oídos de todos los marines testigos que, petrificados por una situación u otra, quedaron a la espera de conocer el motivo por el que aquel artefacto había sido activado. ¿Un llamado de aviso? ¿Un acontecimiento?
"Puede que hayan sido testigos de la masacre".
Kael se mantuvo a la espera, observando como de aquella ciudadela, procedía a acercarse frente a ellos una criatura desconocida y de aspecto angelical. No portaban el color negruzco característico de los Lunarian en la piel, y por la forma de sus alas desconocía si era un Birkaniano, pero aquellos pensamientos simplemente quedaron silenciados en su mente, manteniendo el temple ante un desconocimiento tan banal que no merecía la pena prestar atención en aquellos instantes.
"Así que una identificación, ¿eh?"
Los hombres de la marina comenzaron a caminar uno a uno para presentarse ante aquel, empezando por Juan, quién no parecía estar dispuesto a seguir un orden precedido por los rangos, no obstante, el de cabello azabache decidió mantenerse a la espera aún así, buscando que todos los que lo superaban en rango lo hicieran previos a él, como un acto de cortesía, más llevado a la rectitud de la jerarquía que por otra cuestión distinta a la mencionada.
El siguiente en mostrar su presentación, manteniendo el mismo rango que el Gyojin, fue mi querido amigo Shin, dejando en sus palabras la evidencia clara de que, a día de hoy, por más que la situación lo requiriese, jamás cambiaría su forma de ser. Por muchos años que lo conociese del pasado...puede que todavía tenga algunas cosas que aprender de él.
Fue entonces que apareció el undécimo marine, alguien que no les acompañó en ningún momento durante el viaje, y que ni siquiera estuvo presente durante la presentación de las tres divisiones. De haber sido jurisdicción de Kael, en ningún momento se habría quedado atrás ese birkaniano, especialmente al tener algo estudiado el estilo de vida que llevan los miembros de su raza en esta tierra, al menos, por conceptos generalizados.
Aprovechó la fuerte llegada de Masato y sus palabras hacia el albino para acercarse naturalmente hacia Juan, aquel al que consideraba más aceptable de entre los cuatro miembros de la división ochenta. Tenía en mente el genuino buen oído que tenían algunos de los marines allí presentes, por lo que no se molestó en tomar mayores precauciones que cambiarían el estado de alerta de los que prestasen atención.
―Juan, sería conveniente que actuásemos con cautela a partir de ahora. Ninguno queremos que sea la marina la causante de problemas.―Desconoce si él entendería completamente el significado de sus palabras, pero en beneficio de la duda, le entregó la oportunidad para, ya de paso, comprobar hasta que punto podía verdaderamente confiar militarmente en un hombre como él.
El grito de presentación del Santo fue más que suficiente para perder aún más las expectativas que el soldado había puesto sobre él. Sin duda, incluso un hombre como él poseía un fuerte valor para atreverse a insultar a uno de esos ángeles en un territorio con una influencia tan mínima de parte del gobierno mundial. Al menos su actual gobernante era un conocido Shichibukai, y si era magnánimo, o no llegaba hasta sus oídos la ofensa de estos seres, quedaría en un momento de nervios sin repercusión alguna en el futuro.
Fue durante la siguiente presentación que tuvo la capacidad de conocer el nombre del otro mink al que no había tenido la capacidad de ponérselo anteriormente: Alejandro Montoya Jara. Por supuesto, el rango de Contramaestre ya había sido identificado anteriormente dadas las hombreras del marine, pero con ello en mente, al menos podría dirigirse apropiadamente a él, si la situación lo requería. En su rostro pudo comprobar en tan solo un vistazo como él, al igual que su comandante, no parecían aprobar las medidas tan liberadoras de la división ochenta. Al menos, parece que los de menor rango de algunas divisiones iban en concordancia con la de sus superiores, si bien no todos compartían las mismas ideas.
Akira no tuvo la misma idea que Kael, dejándose presentar primero antes que personas de mayor rango como el Contramaestre Bertram, por ejemplo. El valor que precedía el capitán de su división parecía inyectado en el de cabello puntiagudo, comprobando en él como su osadía, si aquel hombre alado que nos daba la bienvenida perdía la paciencia, podría terminar en una muy, pero que muy mala situación.
Suspiró, esperando que no hubiesen incidentes en todo aquel asunto tan particular.
El que continuó con aquel momento burocrático fue el comandante de la división de la corriente distinta: Stroud.
Su presentación fue escueta, firme, lo que esperaba ver de un hombre como él, y sin mayores rodeos. Al no considerar que debía responsabilizarse por los actos de una división que no era la suya, prefirió no juzgar. No sabía que clase de ideas y pensamientos mantenía en su cabeza, pero sin dudas, esperaba que tuviera en mente al menos tantos pensamientos en mente como él los tenía en todo momento.
Acortando la lista en gran medida, la única dama del batallón tomó turno previo al pelirrojo, algo que ya en aquel momento había podido esperar de su parte. Su atención solo fue deliberadamente hacia ella cuando de reojo comprobó la reverencia de la humink, algo que no terminó de entender por parte de los dos integrantes de la setenta y cinco. ¿Habían hablado de algo durante el camino hasta el lugar? No...le estaba dando vueltas innecesarias. Esa era la forma correcta de presentarse en ocasiones normales, pero no con el traje de la marina.
Aún así, empezó a dudar.
Sus ojos siguieron su figura al caminar cuando terminó su presentación, acercándose hasta Hasegawa para, de esa forma, decirle algo directamente al oído. Fue justo en ese momento específico cuando Kael apartó la mirada por completo, tratando de calmar sus pensamientos tan pronto vió los labios ajenos dirigirse tan cerca de su compañero, sin que nadie más los escuchase. Si no fuera por el momento que había sufrido por su parte horas atrás, quizás la habría tachado de indecente, pero sabía perfectamente que su forma de ser tan particular le hacía realizar aquel acto para entregar información sin que nadie pudiera escucharla.
Al final, el que debía aprender a controlar sus emociones frente a los susurros, era él.
Apenas el contramaestre Bertram presentó su nombre con la formalidad que esperaba de alguien de su rango, terminaron por quedar presentes tan solo dos soldados. En términos generales, la actitud de la división sesenta le hizo entender que aquellos marines sabían comportarse adecuadamente si la situación lo requería, algo que tuvo a mal juzgar en el encuentro entre las tres divisiones, y que, desde ese momento, junto con otros nuevos pensamientos, tendría a bien corregir.
―¿Me permites que vaya primero?―preguntó a Kibai, previo a dar el siguiente paso, acercándose hasta la supuesta figura de poder en las tierras del cielo.
"¿Jugar, o no jugar? Esa es la cuestión."
Sus dos compañeros de división habían tomado la opción de intentarlo. Quizás era una buena manera de hacerse conocer en las nobles tierras celestiales, que si bien sus noticias parecían apartadas del resto del mundo, quizás con la influencia de la gran Empresa Nozama podría extenderse por todo el ancho mundo.
―Kael Omuyaga, soldado raso de la Marina, miembro de la división 75, y marine escolta de una de las embarcaciones de la empresa Nozama hasta estas tierras. De ser posible, también me gustaría participar en los juegos.―Su mente se mantuvo dubitativa entre una presentación militar y una de estilo burgués. Los otros dos miembros de su división habían optado por realizar una del segundo estilo, por lo que, en concordancia con quién era el líder de su división, dejó su juicio en confianza de su compañero, y con el trabajo de quién lleva toda una vida practicando su etiqueta y los más estrictos modales para la más alta clase social, Kael entregó con completa formalidad una solemne y educada reverencia, antes de apartarse adecuadamente del paso, para que el último de los presentes finalmente pudiera identificarse frente al ángel.
Se acercó sólo entonces hasta sus dos compañeros de división, las personas en las que verdaderamente podía confiar en aquel momento, y a la espera de lo que fuese a acontecer a continuación, alejados lo suficiente del lugar de presentación, entregó unas pocas palabras.
―Los tres vamos a participar en los juegos, por lo que vamos a tener la oportunidad, pero espero que si no se manda ningún equipo de investigación sobre lo sucedido con esos hombres, los marines que no participen decidan ir a reconocer la zona si tienen la oportunidad para ello.
Todo debía seguir su curso, y con la esperanza puesta en el dios que lo protege de todo mal, esperaba que nada negativo les ocurriese a ninguno de los marines, y por supuesto, a ni un solo civil de este hermoso lugar que debían proteger todos ellos, de alguna forma o de otra.
Presentación angelical
![[Imagen: jGxJg3p.png]](https://i.imgur.com/jGxJg3p.png)
