11-07-2026, 06:24 PM
Antes de poder acercarse un poco a las chicas, la risa del hombre de cabellos rosados se hizo presente en todo el lugar. Por un momento el viejo burro no entendió el motivo, pero se limitó a reír un poco también mientras la chica que estaba sobre el gigante hablaba.
—Por fortuna, señorita, yo más ciego no puedo quedar. —Zhang se rio otro poco por los comentarios de los compañeros de la mujer calva; siempre estaba bien sonreír un rato.
Zhang trotó detrás de sus compañeras y le pasó a Mahou el durazno que había traído desde el barco. —Come algo jovencita, ya buscaremos los duraznos dorados más tarde. —le dijo pasándole la fruta, y de paso, le lanzó otra a Silencio, quien chilló por un momento protestándole a Zhang por darle de comer primero a Mahou.
Avanzaron solo un poco más, maravillados al ver la magnitud de aquel pueblo antiguo, que contrastaba con todo lo que sus ojos habían visto alguna vez. Era tal la belleza del lugar, que no fue sino hasta que se escuchó el grito de otras personas a lo lejos que Zhang logró notar lo que los demás veían.
Crack, pum. El sonido de la vida saliendo de los cuerpos. Aquello que lamentablemente lo perseguía desde su juventud, ahora lo envolvía en un contraste macabro con lo que su único ojo captaba. Zhang dejó de mirar Shandora, y aunque por la distancia no lograba ver más que manchas, el ruido de una montaña de cadáveres creciendo lejos de ellos era inconfundible.
El rostro de Zhang se apagó, y la felicidad que hasta entonces recorría su cuerpo desapareció de golpe. Tragó un poco de saliva. ¿Podría ser ese lugar mucho más retorcido de lo que decían los cuentos? Escuchó a los demás comentar la caída, y se limitó a permanecer en silencio mientras se acercaba a sus compañeras.
—No confío en este lugar... —le susurró a Bai en su idioma natal, intentando permanecer junto a ellas para evitar caer en alguna trampa o juego macabro.
De pronto, un estruendoso sonido de guerra retumbó en las largas orejas del burro. Ante el ruido, se vio obligado a llevarse ambas manos a la cabeza, intentando de algún modo bajar un poco el volumen, pero era una tarea casi imposible que perduró por varios segundos, castigando su fino oído. Silencio, parecia entenderlo, y chillaba con fuerza, como exigiendo que ese ruido terminase pronto.
Y entonces, una luz iluminó todo a su paso, dejándolo cegado de inmediato, aquello le recordo algunas lunas atrás aquella batalla... Nada de esto era normal. La montaña de cadáveres, el torneo, el Shichibukai, la marina, Beff Jezos… Nada parecía tener sentido, y por esto, Zhang, aún ciego por la luz, se puso en posición defensiva por instinto.
Tal vez fue el último en verlo cuando recuperó la vista: un ángel hermoso y gigante estaba totalmente de blanco frente a su ojo. Con aquella imponente arma, hizo que los sentidos de Zhang se pusieran en alerta; sus palabras sonaban como órdenes absolutas.
Escuchó a los demás hablar y presentarse, y parecía entonces que solo él encontraba todo aquello tan extraño y peligroso. Golpeó de nuevo el suelo con su pezuña, soltando un suspiro de aire helado que pronto desapareció, intento mantener la calma... Bai parecía algo nerviosa y confundida con su reverencia, y por ello, Zhang dio un paso al frente para tomar la palabra.
Zhang hizo una pequeña venia al alado en señal de respeto, al fin y al cabo no era más que un invitado en estas tierras. —Me presento, soy Zhang Guolao, y pertenezco a la tribu Mink. Vengo como miembro y médico de la tripulación Mano Vacía, y parte de este trío de seres que busca entender la vida. —Dio un paso hasta quedar justo junto a sus compañeras—. Bai, Mahou, el mono Silencio y mi persona, Zhang. Gracias por la bienvenida.
—Por fortuna, señorita, yo más ciego no puedo quedar. —Zhang se rio otro poco por los comentarios de los compañeros de la mujer calva; siempre estaba bien sonreír un rato.
Zhang trotó detrás de sus compañeras y le pasó a Mahou el durazno que había traído desde el barco. —Come algo jovencita, ya buscaremos los duraznos dorados más tarde. —le dijo pasándole la fruta, y de paso, le lanzó otra a Silencio, quien chilló por un momento protestándole a Zhang por darle de comer primero a Mahou.
Avanzaron solo un poco más, maravillados al ver la magnitud de aquel pueblo antiguo, que contrastaba con todo lo que sus ojos habían visto alguna vez. Era tal la belleza del lugar, que no fue sino hasta que se escuchó el grito de otras personas a lo lejos que Zhang logró notar lo que los demás veían.
Crack, pum. El sonido de la vida saliendo de los cuerpos. Aquello que lamentablemente lo perseguía desde su juventud, ahora lo envolvía en un contraste macabro con lo que su único ojo captaba. Zhang dejó de mirar Shandora, y aunque por la distancia no lograba ver más que manchas, el ruido de una montaña de cadáveres creciendo lejos de ellos era inconfundible.
El rostro de Zhang se apagó, y la felicidad que hasta entonces recorría su cuerpo desapareció de golpe. Tragó un poco de saliva. ¿Podría ser ese lugar mucho más retorcido de lo que decían los cuentos? Escuchó a los demás comentar la caída, y se limitó a permanecer en silencio mientras se acercaba a sus compañeras.
—No confío en este lugar... —le susurró a Bai en su idioma natal, intentando permanecer junto a ellas para evitar caer en alguna trampa o juego macabro.
De pronto, un estruendoso sonido de guerra retumbó en las largas orejas del burro. Ante el ruido, se vio obligado a llevarse ambas manos a la cabeza, intentando de algún modo bajar un poco el volumen, pero era una tarea casi imposible que perduró por varios segundos, castigando su fino oído. Silencio, parecia entenderlo, y chillaba con fuerza, como exigiendo que ese ruido terminase pronto.
Y entonces, una luz iluminó todo a su paso, dejándolo cegado de inmediato, aquello le recordo algunas lunas atrás aquella batalla... Nada de esto era normal. La montaña de cadáveres, el torneo, el Shichibukai, la marina, Beff Jezos… Nada parecía tener sentido, y por esto, Zhang, aún ciego por la luz, se puso en posición defensiva por instinto.
Tal vez fue el último en verlo cuando recuperó la vista: un ángel hermoso y gigante estaba totalmente de blanco frente a su ojo. Con aquella imponente arma, hizo que los sentidos de Zhang se pusieran en alerta; sus palabras sonaban como órdenes absolutas.
Escuchó a los demás hablar y presentarse, y parecía entonces que solo él encontraba todo aquello tan extraño y peligroso. Golpeó de nuevo el suelo con su pezuña, soltando un suspiro de aire helado que pronto desapareció, intento mantener la calma... Bai parecía algo nerviosa y confundida con su reverencia, y por ello, Zhang dio un paso al frente para tomar la palabra.
Zhang hizo una pequeña venia al alado en señal de respeto, al fin y al cabo no era más que un invitado en estas tierras. —Me presento, soy Zhang Guolao, y pertenezco a la tribu Mink. Vengo como miembro y médico de la tripulación Mano Vacía, y parte de este trío de seres que busca entender la vida. —Dio un paso hasta quedar justo junto a sus compañeras—. Bai, Mahou, el mono Silencio y mi persona, Zhang. Gracias por la bienvenida.
La bitácora del burro
Zhang Guolao
"El vacío no se mueve, pero lo contiene todo"
❄ La Calma del Vacío
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?Nv.19 — Logia Yuki Yuki
