11-07-2026, 08:53 PM
De manera solemne, aparecí ante los viajeros que venían desde el mundo inferior con el fin de participar - de manera directa o indirecta - en los juegos de nuestro soberano. Mi aparición, si bien era normal y habitual en los residentes de la inmortal ciudad de Shandora, pareció pillar absolutamente desprevenido al numeroso grupo de visitantes, pudiendo observar como un humano del mar azul, de cabellos moreno y ondulados, soltaba toda clase de improperios hacia mi persona. No obstante, y en una primera instancia, me mantuve en calma, esperando a que todos y cada uno de ellos se presentaran como era debido. Cuando terminó de hablar el último de ellos, me toqué la sien derecha con un gesto discreto, y cuando bajé la mano, moví rápidamente el bastón con mi siniestra hacia la cara del hombre que se presentó bajo el nombre de Kiyoshi, impactando a modo de advertencia con un extremo del mismo directo. — Cuiden sus palabras — advertí, volviendo a cuadrarme marcialmente para dirigir mi mirada hacia la mujer llamada Runin Kitay. — Desconozco si está intentando seducirme con su innegable belleza, habitante del mar azul. — declaré, alzando mi cetro a pocos centímetros del suelo para, seguidamente, hacerlo descender abruptamente contra la superficie, golpeando esta con el extremo inferior de mi bastón, a modo de toque de atención.— Pero más le vale comportarse o serás juzgada y enviada a Los Lamentos por intento de seducción a la autoridad. — sentencié, firmemente, mostrándome completamente impasible ante los encantos de la mujer.
Ahora sí, mi mirada se dirigió hacia la mujer de pelo rosa y alas blancas de color inmaculado. Una mujer que, otrora, sería catalogada como una “Scrum”, término usado para tachar y recluir a la lacra social que suponía nacer como un birkaniano. Un término que tan sólo un servidor junto a mis hermanos, los primarcas, y el propio consejero de nuestro magnánimo emperador éramos capaces de evitar a pesar de compartir ese mismo linaje por nuestras venas. Todo por nuestro estatus, y por la posición social que tenían nuestras familias. Pero cada vez quedaban más lejanos aquellos días de desigualdad social. Y todo gracias a él. — Yuuki proveniente de la raza de Birka — asentí con la cabeza gentilmente, llamándola de esa manera al no tener, aún, un título con el que distinguir a los de nuestra raza. — Es un honor recibirle, mi nombre es Navar, de los Custodios del Emperador — añadí volviendo a erguirme y llevándome la diestra hacia la sien en un gesto discreto, tocando mi casco. Entonces apunté mi mirada - oculta por mi casco - hacia el resto de visitantes - incluyendo al caballo, la serpiente, y el hombro con problemas de obesidad y bigote -, arriba a abajo con detenimiento — Suponemos que estos habitantes del mar azul son sus invitados... — y me aparté un paso lateralmente ofreciendo con mi mano el paso de aquel variopinto grupo— Por favor, pasen y únanse a la celebración. El Emperador estará complacido de ver nuevos participantes de tierras lejanas y a aquellos quienes vuelven a sus orígenes — dije señalando hacia las gradas — Pónganse cómodos en las gradas y aguarden por el comienzo — finalicé, y permanecí allí, firme e impertérrito, como una máquina.
Una vez pasaran a través de mi inflanqueable guardia, se encontrarían con unas enormes gradas en las que poder guarecerse y establecerse para contemplar y disfrutar de los juegos. El ambiente era animado, de celebración, y quienes prestasen más atención podrían ver cómo los Lunarian del lugar vestían con adornos dorados y telas finas y claras, de un sólo color, mientras que los Skypianos vestían con varias telas y retales diferentes, sin joyería ni adornos opulentos. Del mismo modo, y al contrario que en tiempos pasados, los birkanianos también gozaban de los derechos que un ser humano debía tener, estando mezclados y conviviendo con el resto de razas que vivían en la isla celestial, con felicidad en sus rostros o no.
Ahora sí, mi mirada se dirigió hacia la mujer de pelo rosa y alas blancas de color inmaculado. Una mujer que, otrora, sería catalogada como una “Scrum”, término usado para tachar y recluir a la lacra social que suponía nacer como un birkaniano. Un término que tan sólo un servidor junto a mis hermanos, los primarcas, y el propio consejero de nuestro magnánimo emperador éramos capaces de evitar a pesar de compartir ese mismo linaje por nuestras venas. Todo por nuestro estatus, y por la posición social que tenían nuestras familias. Pero cada vez quedaban más lejanos aquellos días de desigualdad social. Y todo gracias a él. — Yuuki proveniente de la raza de Birka — asentí con la cabeza gentilmente, llamándola de esa manera al no tener, aún, un título con el que distinguir a los de nuestra raza. — Es un honor recibirle, mi nombre es Navar, de los Custodios del Emperador — añadí volviendo a erguirme y llevándome la diestra hacia la sien en un gesto discreto, tocando mi casco. Entonces apunté mi mirada - oculta por mi casco - hacia el resto de visitantes - incluyendo al caballo, la serpiente, y el hombro con problemas de obesidad y bigote -, arriba a abajo con detenimiento — Suponemos que estos habitantes del mar azul son sus invitados... — y me aparté un paso lateralmente ofreciendo con mi mano el paso de aquel variopinto grupo— Por favor, pasen y únanse a la celebración. El Emperador estará complacido de ver nuevos participantes de tierras lejanas y a aquellos quienes vuelven a sus orígenes — dije señalando hacia las gradas — Pónganse cómodos en las gradas y aguarden por el comienzo — finalicé, y permanecí allí, firme e impertérrito, como una máquina.
Una vez pasaran a través de mi inflanqueable guardia, se encontrarían con unas enormes gradas en las que poder guarecerse y establecerse para contemplar y disfrutar de los juegos. El ambiente era animado, de celebración, y quienes prestasen más atención podrían ver cómo los Lunarian del lugar vestían con adornos dorados y telas finas y claras, de un sólo color, mientras que los Skypianos vestían con varias telas y retales diferentes, sin joyería ni adornos opulentos. Del mismo modo, y al contrario que en tiempos pasados, los birkanianos también gozaban de los derechos que un ser humano debía tener, estando mezclados y conviviendo con el resto de razas que vivían en la isla celestial, con felicidad en sus rostros o no.
INFO
