11-07-2026, 10:44 PM
22 de primavera, Año 18 ❥ Isla Karate
I got new rules, I count 'em
─ ♚ ─
Cerro los ojos un momento, solo para percibir mejor esa brisa marina contra la piel una vez más. El viento abrazaba la firmeza de sus curvas con naturalidad y aquel uniforme que estaba hecho para igualar caracteres y diluir individualidades, parecía recordar constantemente que algunas presencias eran imposibles de uniformar. Y fue el viento, quien desperdigó algunos mechones rebeldes de ese improvisado moño para dejarlos danzar alrededor de ese rostro de líneas finas y pecas dispersas; privada por completo de uno de sus sentidos, el sonido del mar parecía tomarlo todo.
Se concentró en el vaivén del barco, en las olas chocando con el casco al avanzar, en el peso de la mochila militar a su espalda y en esa sensación de estar en movimiento. Allí, con el mentón apenas elevado y una elegancia serena que desafiaría incluso al viento, parecía una de esas figuras sacada de una leyenda, una en la que el mar no la rodeaba, sino que la recibía, como si siempre hubiese pertenecido a él.
Cuidada apoyo su mano sobre la madera de la proa y la bruma salina rozo la piel desnuda, ese sencillo gesto era un ancla ¿Cuánto tiempo había pasado desde que ella había pisado Karate? Demasiado, quizás.
La última vez que había estado en esa isla paso de ser emboscada en la orilla de la playa durante el turno nocturno, a terminar encerrada con un desconocido en un barco mientras Ryu era abandonado a su suerte en medio de la vegetación. Si, Karate había sido toda una experiencia.
Una que no superaba a Samba.
Incluso ahora, dudaba que encontrase una experiencia que superase lo sucedido en Samba.
Incluso ahora, dudaba que encontrase una experiencia que superase lo sucedido en Samba.
Lentamente sus ojos del color del mar se encontraron con la costa de Karate que se acercaba a buen ritmo. Giró apenas el rostro por sobre su hombro, sus compañeros estaban allí. La división ochenta y uno estaba ahí ¿Cómo había sido viajar con ellos por dos días completos?
Un absoluto desafío.
No porque no tolerase su presencia, al contrario, había descubierto que viajar con un gigante de veinticinco metros te daba la ventaja de tener un barco casi para ti solo. Y apreciaba esa ventaja indirecta que les había entregado a Alex, lo prefería muchas veces así, antes que tener ojos indiscretos sobre ellos. Sin embargo, era consciente que esa estrategia no era viable a largo plazo, no después de ver cuanto salía el boleto del gigante.
El desafío radicaba en que, al ser una nueva división, era necesario conocerse y, aunque ella tenia la mentira de Nyssa Vale preparada para cualquier tipo de pregunta, Nyx se negaba a formar lazos. Era así de sencillo, no quería tener que acercarse demasiado a su división, no quería daño colateral ¿Confiar? Confianza eran palabras tan grandes que parecían montañas que escalar cuando se trataba de Nyxara Archeron. Y ella…ella tampoco lo pondría sencillo.
No era personal. Ella simplemente no se lo ponía sencillo a nadie.
Por ello, en esos dos días completos mientras no estaba entrenando, alimentando a ese caracol o asegurándose que el filo de sus katanas fuera el óptimo, se había acercado directamente al contra maestre para ofrecerse activamente con cualquier tarea que necesitase en el barco a modo de agradecimiento por el viaje y de paso, para aprender lo necesario cuando ellos tuviesen su propio barco y se aventuraran fuera.
Lejos de esas islas y las islas en que ella había nacido y crecido, cuando se aventuraran al mar, en la dirección que la llevaría a encontrar a su hermana.
Los observó un momento más antes de avanzar y el sonido suave de sus botas contra la madera la acompañó. Y, ese pequeño caracol que había comprado unos días antes de salir de baterilla, lo acomodo en uno de los bolsillos superiores de su blusa de marine, aquel que estaba sobre la base del pecho, ese lugar que ella consideraba más seguro que sus bolsillos inferiores cerca de sus espadas. Aun no se acostumbraba a tener otro ser vivo a cargo, no era falta de empatía pero hubiese preferido un gato.
Dormían casi todo el día, ignoraban a las personas por decisión propia, eran independientes y sabían defenderse solos; una compañía bastante razonable para ella, en cambio ese caracol…
“Estoy atascada contigo”
El pensamiento sobre su den den la llevó a exhalar una sola vez, y su pecho amplio subió y bajo en el gesto haciendo que el pequeño bicho asomara los ojos por sobre el bolsillo hacia su rostro, Nyx le dedicó una sola mirada antes de avanzar hacia su división. Notó como Kagura guardaba el libro, la había visto con las narices pegadas a sus paginas y de cierta forma, aquel gesto, le recordó a sus propias tardes de lectura sobre medicina en el estudio de su padre. Ese lugar que realmente nunca le había pertenecido, aquel lugar que siempre terminaba lleno de los libros de su madre, las hierbas de Seren y los lazos de Aelira. Ese que invadían todas las mujeres de su familia porque tenía la mejor ubicación para aprovechar el sol de la tarde.
Y para pintar.
Se aseguró de guardar ese recuerdo en ese cofre oxidado y olvidado dentro de sí, ahí, donde estaban sus emociones y sentimientos, para concentrarse en las palabras de su compañera ¿Quedarse en casa de su abuela? … ¿Acaso ella confiaba tanto ellos como para llevarlos a un lugar personal? Y ese sencillo voto de confianza le recordó nuevamente a Seren – ¿Tu abuela sabe que piensas llevarle cuatro marines a su casa? – quizás, por eso, sus palabras habían sonado a ese regaño viejo. Ella se hubiese sentido mucho más cómoda en una posada, sin tener que entrar en terreno personal de su compañera de división. Le dedico una mirada a Alex, aun no se levantaba de su lugar y era, quien había tenido que aguantar ese viaje a la intemperie terminado amigo de las gaviotas ¿Cuántas eran las posibilidades que los aceptaran en una posada con un gigante de 25 metros?
Probablemente cero.
Finalmente, cedió ante la idea de ocupar la casa de la abuela de Kagura para pernoctar por la ubicación alejada que mencionaba su compañera. Porque eso haría ella, solo llegaría a dormir – Intercambiemos los números de Den Den Mushi – propuso al resto de sus compañeros y ante la mención del artefacto, el pequeño caracol se asomó tímido por sobre el bolsillo que Nyx lo había acomodado con anterioridad – De esta forma, si no estamos físicamente en el mismo lugar, podremos comunicarnos frente a cualquier inconveniente –
Espero que los caracoles hicieran el intercambio de información con el resto de sus compañeros, para luego descender la pasarela detrás del resto. Cuando sus botas tocaron la arena de la playa, Nyx alzó la vista nuevamente hacia Karate y su corazón latió con fuerza, estaba lista para descubrir las nuevas oportunidades que tenía esa isla para ella.
Léeme
