12-07-2026, 06:53 PM
Outfit ---- Sigurd de Los Juegos
No me gusta la respuesta de mis compañeros. Mientras que yo me he presentado con orgullo y honor, estos parecen florecillas de campo. Ni la energía explosiva que emite Ubbe ni el vigor que se espera de un miembro de la tripulación, más aún cuando has sobrevivido a lo imposible. Incluso Kiba se presenta con más talante que mis hombres. Para mí gusto, con exceso de formalidad, pero mostrando una sonrisa y sorprendiéndome de que fuera a participar a los juegos. Punto positivo.
Estoy a punto de girarme, de partirme la cara con los míos hasta que recuperen su verdadera forma de ser, su naturaleza agresiva. Pero me quedo inmóvil. No por la voz del ángel, sino por un rugido de guerra que tan solo siento yo y me revuelve las tripas. ¿Acaso tengo una batalla campal en el estómago? Suelo la pierna humana, que cae al suelo, y coloco la mano ensangrentada sobre mi abdomen, poniendo cara amarga y emitiendo un quejido mudo de molestia. Pese a todo, mantengo la compostura tan bien como puedo y me quedo atento a las palabras de nuestro azafato con alas.
Lo primero que hace es lamentarse por la perdida muerte de mis hombres. Que si necesitamos rituales o mierdas del estilo. Bajo mi punto de vista, ya no vale la pena nada del estilo. Lo intentaron y fracasaron, ya beben y luchan en un lugar mejor. Decido ignorar esa parte y, si eso, ya se encargará Odiseo de darle un entierro a sus hermanos. Si que me intereso por su nombre y por su cargo. "Custodios del Emperador"... Me gusta ese título, suena poderoso. Con suerte algún día podré enfrentarme a alguno. Aunque espero que no con esta indigestión. Si sigue hablando mucho rato más, me lo haré encima. Nos señala a las gradas y nos invita a marchar para allá y esperar instrucciones. -Gracias, maestro- saludo de forma amable y honestamente agradecida, intentando simular de mejor forma la indigestión que cabalgo.
Avanzamos hacia el estadio, en busca de las gradas, dejando atrás al bueno de Navir. Sin embargo, tengo algo pendiente, algo que se sobrepone a los juegos y a mi malestar. Liderando al grupo, me doy la vuelta lentamente, firme como un árbol centenario. Mi cara refleja un malestar evidente, pero no de dolor, sino de enfado. Encaro a Ubbe y a Odiseo, serio, con el rostro medio ensombrecido frente a la hemos brillo de Shandora. -Kiba, adelántate un momento.- le pido, con contundencia pero sin sonar como una orden amenazadoram. Más como una propuesta. -Necesito un minuto a solas, porfavor.-
La gente va y viene, pero para la multitud, solo somos un grupo más entre la marea de personas. -Seguidme- aún así propongo alejarnos del camino un segundo, para tener algo más de privacidad y no liarla antes de participar. Ya solos, doy un par de pasos al frente, quedado a escasos centímetros del Kaiju. Si me lo propusiera, le podría meter un cabezazo y romperle la nariz. Ganas no me faltan. Pero sé lo que necesita en este momento. Un capitán. Un referente. -¡Eh escuchame bien, pedazo de basura dinosaurica! -si es que esa palabra existe. Le apunto con el dedo como si fuera el cañón de una pistola , sobre el pecho. -Eres un Buccaner de los pies a la cabeza. Has matado y has visto morir a cientos. Y muchos más que te quedan. No me hagas sentir vergüenza ni a mí ni a nuestros ancestros, por el amor de los dioses.- entonces cambio mi tono efusivo y crudo a uno más comprensivo y empático, sin dejar de ser directo. -Recuerda hermano. El débil cae, y el fuerte prevalece. Es ley de vida. Ven aquí - y le doy un abrazo. Capaz y no le he dado un abrazo a nadie en décadas. Pero recuerdo que me reconfortaba cuando apenas podía blandir una espada de madera. Si hay un momento, es ahora. Ha de recordar que no está solo.
-Y tú.- señalo a Odiseo. Esto aún no ha terminado. Recupero la postura y la determinación de antes. -Has desafiado a la muerte y has renacido como un Hijo del Ragnarok. Ten un poco más de amor propio y deja de ser un lastimero.- le casi ordeno, con algo de amargura en mi voz. No por frustración, sino por lo contrario. Espero mucho de este hombre y no me gustaría que se perdiera en el trauma tras lo sucedido. Cojo a al buccaner sureño del hombro y trato de buscar un circulo cerrado, más íntimo entre los tres. Con valor, suelto mi mensaje final. -Somos orgullosos Piratas del Ragnarok. Esto es y será nuestro pan de cada día. Vamos a por ello familia. Por nosotros.- suelto su hombro para darnos un poco de espacio y extender mi brazo hacie el frente con el puño cerrado, apuntando bajo para que alcance Odiseo y el de Ubbe, que vuelve a ser más Buccaneer que nunca con su forma base. -Por ver el mundo arder- nos fuionamos en un choque de hermandad sin parangón. Un momento glorioso que nos ensalza el ánimo hasta límites insospechados. Pero sé cuela un intruso en escena para romper el momento.
-...PpffFFfpPFff...-
-Mierda de la mierda...- maldigo, entrecerrando los ojos y cagandome, nunca mejor dicho, en todo lo cagable. Intento no reírme al ver cómo a estos dos cabrones se les empieza a escapar una risilla malévola por el gas que se me acaba de escapar. Me doy prisa entonces en dar órdenes. -Coged un buen sitio. Dadme un minuto largo...- y salgo corriendo, dejando a Yggdrasil ahí, en busca del baño del estadio más cercano, rezando por que la fuerza de mis glúteos sea lo suficientemente fuerte como para contener al enemigo que asoma.-Madre mía... ¡¡Sal de mi cuerpo, criatura!!-
-Por todos los Custodios, han debido de encarcelar a un Ñordiki ahí dentro-
Salgo con varios kilos menos de peso encima, abriendo de un portazo. Miro al siguiente que está esperando. Apunto para atrás con el dedo con más honestidad que nunca, le advierto. -Yo de tí no entraría en un mes, por lo menos...-
Llego a las gradas deprisa, pasando entre la gente con torpeza. Intento no atropellar a nadie, aunque todavía se están llenando. En su mayoría se dejan ver lunarias, ángeles negros con descomunales alas negras. También hay diminutos skipians y birkanianos, difíciles de diferenciar más que por sus antenas en la cabeza. Los primeros, aquellos con piel obsidiana, se mostraban con artesanías y opulencias en sus ropas, mientras que el resto vestía de forma más vulgar. Sin embargo, el ambiente se mantiene animado para todos, independiente del nivel adquisitivo que demuestran.
A mí me llama la atención la diversidad entre facciones y personas llegadas de diferentes partes del mundo, que destacan ligeramente entre tanto autóctono alado. Me abstengo de entrar en detalles, para alcanzar a Ubbe y no llegar tarde. No me cuesta verlo, tan grande como yo y sosteniendo a Yggdrasil como un banderín para encontrarlo entre la multitud. -Parece que llego a tiempo, ¿no? ¿O me he perdido algo?- pregunto preocupado. Parece que no. Y también parece que mis chicos han recuperado la ilusión y esa chispa. Los juegos están por comenzar... Si este malestar me deja participar en ellos...
En efecto, cajita feliz

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