13-07-2026, 03:20 AM
La advertencia dada a Kuyoshi por parte del ángel fue rápida. No había tenido tiempo de reaccionar, ni siquiera de llegar a tomar una de sus katanas cuando quien los recibió explicó el porqué de esa acción. Kiyoshi no escaló el conflicto, parecía entender que realmente puede estar fuera de lugar a veces, pero Eros no se lo tomó mucho mejor.
Uker no se animó a cortar las palabras de su capitán, al fin y al cabo si debían comenzar un conflicto lo harían, pero no significaba que eso hubiera sido de su agrado. En cuanto el miembro de la otra tripulación intentó llamar la atención del angel, Uker se acercó a Eros, queriendo hablar con él y la tripulación, pero detuvo sus intentos en cuanto escuchó las palabras que le dedicó al médico.
Tal vez solo estaba siendo paranoico. Lo mejor era dejar esto como un pequeño incidente.
Por fin avanzaron, hacia las gradas que supuestamente debían ocupar. Varo explicó cómo funcionaban las cosas en ese lugar, Kiyoshi remató la explicación intentando llegar a un punto difícil de entender para cualquiera que no hubiera compartido el viaje con Maeda. - Las clases sociales se diferencian por su aspecto -. Fue tajante pero no malicioso al hablar, miraba a los residentes de la isla y entendía a lo que se refería Kiyoshi. Varo llegó a confirmar lo dicho con sus conocimientos, gente de primera y segunda categoría, los custodios parecían pertenecer a un grupo cercano al líder de la isla. - Un Sichibukai… Mierda -. Chasqueó la lengua, enojado. Su grupo lo conocía, sabían de su odio a la marina, podrían asumir que eso se trasladaría a gente que, bajo su perspectiva, simplemente se ponía a las órdenes de estos para recibir beneficios.
No le sorprendió la actitud de Kiyoshi en cuanto se acercaron a las gradas. Lo dejó limpiar el lugar, sabiendo que no era algo que pudiera detener y que tampoco dañaba a nadie. Por suerte, los puestos de venta no captaron su atención tan rápidamente, pues la llegada de un conocido fue suficiente para aliviarlo un poco. - Hyak, esperaba verte de nuevo -. Sonrió levemente, hizo un gesto con su cabeza a modo de saludo y se giró hacia el recién llegado. - Fue… curioso, pero nuestro barco es capaz de todo -.
Estaba a punto de preguntarle cómo había sido capaz él de llegar a ese lugar, pero quien acompañaba al pelirosa captó su atención. Conocía ese cabello naranja, esos ojos celestes, la había visto en un cartel de recompensa en Arabasta y le seguía la pista de lo que podía averiguar de ella con el periódico. - Miyori Hoshino… -. Pese a que ella misma tuvo que corregir los dichos del médico con el que venía, Uker conocía su nombre desde antes, pero simplemente lo dejó pasar.
Solo por ese momento, tendría mucho tiempo de hablarle a esa persona luego. No podía sacarse de su cabeza la tonta idea de que tuviera que ver con la familia de su padre, que sea el mismo apellido con esos rasgos no podía tratarse de una coincidencia.
Dejó que su capitán volviera a hablarle al hombre que los ayudó en una ocasión, sin entrometerse. Detestaba que hablaran de su recompensa, pero al menos no mencionaba eso de ser el más buscado. Antes de que el hombre y la mujer pelinaranja se fueran, Uker puso una mano en el pecho de Hyak en cuanto este pasó por su lado. - Escucha… -. Habló en tono bajo, más que nada para que no hubiera oídos curiosos por ahí. - No encontré nada para nuestra investigación en Drum, ni en Arabasta, mucho menos en Jaya -. No sabía en que islas había llegado a poner un pie el otro hombre, por lo que simplemente continuó. - Pero esta isla es diferente. No solo está bajo el cuidado de alguien importante, la sola idea de una isla sobre las nubes es algo de leyenda. Incluso si no encontramos lo que buscamos aquí, debemos notificar a Otto, el… -. Se detuvo un momento, sabiendo que lo más probable era que el otro no recordara al investigador. - Quien nos ayuda a encontrar lo que buscamos -.
En cuanto se separó de ese hombre y su acompañante, sus ojos recorrieron los alrededores mientras se dirigía a tomar asiento en las gradas, previamente aseadas por Kiyoshi. Algunas caras conocidas, sobre todo por sus lecturas frecuentes del periódico. Divisó entre la gente un burro que supuso que podría ser el mismo que lo había ayudado en los Cabos Gemelos, se hizo una anotación mental para buscarlo luego, pero junto a él parecía encontrarse una mujer alta y alada. Podría haber sido cualquiera, pero ese mechón blanco en su cabello le hacía recordar a alguien que conoció cuando todavía no había abandonado el South Blue.
Demasiada gente, demasiadas variables. No conocía a todos, no creía vencer a muchos, pero hoy estaban aquí para dejar su nombre en las mentes de todos los que estén viendo este evento. - Varo… -. Mientras tomaba asiento, habló con el que parecía conocer más de ese lugar de leyenda. - Si hubiéramos atacado a ese “Custodio”, ¿qué crees que hubiera pasado? -. Le costaba verse vencedor, sobre todo conociendo que no podían arremeter contra las reglas del lugar, y que tampoco las conocían. Tal vez el mink tuviera una mejor idea de la escala de poder en la que se encontraban.
Uker no se animó a cortar las palabras de su capitán, al fin y al cabo si debían comenzar un conflicto lo harían, pero no significaba que eso hubiera sido de su agrado. En cuanto el miembro de la otra tripulación intentó llamar la atención del angel, Uker se acercó a Eros, queriendo hablar con él y la tripulación, pero detuvo sus intentos en cuanto escuchó las palabras que le dedicó al médico.
Tal vez solo estaba siendo paranoico. Lo mejor era dejar esto como un pequeño incidente.
Por fin avanzaron, hacia las gradas que supuestamente debían ocupar. Varo explicó cómo funcionaban las cosas en ese lugar, Kiyoshi remató la explicación intentando llegar a un punto difícil de entender para cualquiera que no hubiera compartido el viaje con Maeda. - Las clases sociales se diferencian por su aspecto -. Fue tajante pero no malicioso al hablar, miraba a los residentes de la isla y entendía a lo que se refería Kiyoshi. Varo llegó a confirmar lo dicho con sus conocimientos, gente de primera y segunda categoría, los custodios parecían pertenecer a un grupo cercano al líder de la isla. - Un Sichibukai… Mierda -. Chasqueó la lengua, enojado. Su grupo lo conocía, sabían de su odio a la marina, podrían asumir que eso se trasladaría a gente que, bajo su perspectiva, simplemente se ponía a las órdenes de estos para recibir beneficios.
No le sorprendió la actitud de Kiyoshi en cuanto se acercaron a las gradas. Lo dejó limpiar el lugar, sabiendo que no era algo que pudiera detener y que tampoco dañaba a nadie. Por suerte, los puestos de venta no captaron su atención tan rápidamente, pues la llegada de un conocido fue suficiente para aliviarlo un poco. - Hyak, esperaba verte de nuevo -. Sonrió levemente, hizo un gesto con su cabeza a modo de saludo y se giró hacia el recién llegado. - Fue… curioso, pero nuestro barco es capaz de todo -.
Estaba a punto de preguntarle cómo había sido capaz él de llegar a ese lugar, pero quien acompañaba al pelirosa captó su atención. Conocía ese cabello naranja, esos ojos celestes, la había visto en un cartel de recompensa en Arabasta y le seguía la pista de lo que podía averiguar de ella con el periódico. - Miyori Hoshino… -. Pese a que ella misma tuvo que corregir los dichos del médico con el que venía, Uker conocía su nombre desde antes, pero simplemente lo dejó pasar.
Solo por ese momento, tendría mucho tiempo de hablarle a esa persona luego. No podía sacarse de su cabeza la tonta idea de que tuviera que ver con la familia de su padre, que sea el mismo apellido con esos rasgos no podía tratarse de una coincidencia.
Dejó que su capitán volviera a hablarle al hombre que los ayudó en una ocasión, sin entrometerse. Detestaba que hablaran de su recompensa, pero al menos no mencionaba eso de ser el más buscado. Antes de que el hombre y la mujer pelinaranja se fueran, Uker puso una mano en el pecho de Hyak en cuanto este pasó por su lado. - Escucha… -. Habló en tono bajo, más que nada para que no hubiera oídos curiosos por ahí. - No encontré nada para nuestra investigación en Drum, ni en Arabasta, mucho menos en Jaya -. No sabía en que islas había llegado a poner un pie el otro hombre, por lo que simplemente continuó. - Pero esta isla es diferente. No solo está bajo el cuidado de alguien importante, la sola idea de una isla sobre las nubes es algo de leyenda. Incluso si no encontramos lo que buscamos aquí, debemos notificar a Otto, el… -. Se detuvo un momento, sabiendo que lo más probable era que el otro no recordara al investigador. - Quien nos ayuda a encontrar lo que buscamos -.
En cuanto se separó de ese hombre y su acompañante, sus ojos recorrieron los alrededores mientras se dirigía a tomar asiento en las gradas, previamente aseadas por Kiyoshi. Algunas caras conocidas, sobre todo por sus lecturas frecuentes del periódico. Divisó entre la gente un burro que supuso que podría ser el mismo que lo había ayudado en los Cabos Gemelos, se hizo una anotación mental para buscarlo luego, pero junto a él parecía encontrarse una mujer alta y alada. Podría haber sido cualquiera, pero ese mechón blanco en su cabello le hacía recordar a alguien que conoció cuando todavía no había abandonado el South Blue.
Demasiada gente, demasiadas variables. No conocía a todos, no creía vencer a muchos, pero hoy estaban aquí para dejar su nombre en las mentes de todos los que estén viendo este evento. - Varo… -. Mientras tomaba asiento, habló con el que parecía conocer más de ese lugar de leyenda. - Si hubiéramos atacado a ese “Custodio”, ¿qué crees que hubiera pasado? -. Le costaba verse vencedor, sobre todo conociendo que no podían arremeter contra las reglas del lugar, y que tampoco las conocían. Tal vez el mink tuviera una mejor idea de la escala de poder en la que se encontraban.
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