13-07-2026, 06:46 AM
(Última modificación: 13-07-2026, 06:55 AM por Runin D. Kitay.)
Durante una fracción de segundo se ve tentada a entrar en calor ofreciendo un deleitable y enigmático puñetazo en el rostro del joven de onduladas hebras. ¿Cómo se atreve a decirle vulgar? ¿Acaso carece de sentido de supervivencia o la recompensa de sus compañeros se le subió a la cabeza? En buena hora ni la cólera ni la paciencia se filtran en el ser de la morena, no cuando la punta del bastón choca contra el rostro del sepultura, creando un pequeño círculo rojo en la pálida piel. Los labios de la fémina crean una delgada línea que termina por ocultar tras su siniestra. ¿Cómo evitar reírse en una situación como esa? Tose tratando de no ser ruidosa, complicado considerando lo estridente que suele ser.

—FU…cofCOFufucof
La advertencia del atractivo Navar discurre en el pensamiento de la amazona. ¿A pesar de entender la magnitud de su belleza se atreve a negarse a sus encantos? ¿La rechaza frente a sus compañeros de tripulación y frente al cuarteto de tibios que se han encontrado en el camino? La fémina separa al fin los labios en una expresión que empieza a variar en completa indignación, al menos hasta que nota a Ryota interceder entre ellos.
¿Está preocupado por las posibles acciones del ángel? ¿Intenta protegerla? La anonadada mujer siente su pecho removerse y el posible remolino de fastidio se transforma en dulzura y cercanía. Las palabras le arrancan una sonrisa convencida, bastante confiada. ¡Claramente sería así! El casco no debe permitir que el ángel vea bien o sus gustos alejados de los placeres terrenales le impiden entender el tipo de belleza que se posa frente a sus ojos. Todo tiene sentido.

—En ocasiones sabes bien qué decir, cariño.
Claro, Kiyoshi no es el único al que las palabras terminan por escupirle de regreso, ¿no es así? La fémina se abre paso hacia adelante cuando nota a un par de sus compañeros rezagados. Arquea una de sus cejas sin entender qué hace Barald. ¿Habrá quedado encandilado ante la presencia de Navar? ¿Gustará de aquellos con alas grandes o el cabello largo y naranja es su gusto culposo? Runin hace lo único que puede hacer en una situación tan inverosímil como esa, relame sus labios, sonríe y exclama: —Uy, cariño, con razón no quedas encandilado conmigo o con Yuuki. No te juzgo, Bary. —Se aguanta las ganas de decir “excelentes gustos” porque no tiene ganas de conocer qué son “Los lamentos”, al menos no a las puertas del evento por el que han llegado a la isla en el cielo.
—¿Hm? ¿Querido? —¿A qué se debe el actuar de ambos hombres? ¿Por qué Ryota, de repente, parece demasiado preocupado? ¡¿Serán celos?! No, no, no puede caer en los mismos pensamientos infantiles que Yuuki, en definitiva debe alejar un poco a la muchacha pelirrosa de sí, la está llenando de fantasías extrañas. Es ahí cuando los gritos llegan hasta los oídos de la morena y, en definitiva, de cualquier alma cercana a su ser.

—¿Esposa? ¿A tí qué mier…?
Es ahí cuando nota su desesperación, la mirada que utiliza cuando miente con maestría ante los demás, la forma en la que parece encubrir algo que ella no termina por entender. Claro que lo nota, en definitiva asimila el momento que vive, las palabras que emite, el corazón que pone en ello… entonces ¡¿Por qué de cualquier manera tiene ganas de romperle la cara y después lanzarlo desde la isla del cielo al mar para que los reyes marinos terminen por comerse hasta el último de sus huesos?!
”¡Hijo de puta!” El entrecejo de la morena no se frunce más porque no puede. ”Lo mato, yo lo mato, lo mato, lo mato, lo mato, lo mato.” Un aura tan oscura como peligrosa parece salir de la amazona. Todo muy bonito elogiando sus caderas pero ¡¿Cómo que le pone el cuerno a Barald?!
—¡Solo intentaba halagarlo, subnormal! ¡Jamás le pondría el cuerno a Barald! ¿Qué te pa…? ¡Mira lo que me haces decir! ¡ESTÁS MUERTO, RYOTA MIYAMOTO! ¡¡¡MUERTO, CABRÓN!!! —Los gritos se entremezclan, incluso la fémina tiene ganas de correr hacia el par de imbéciles de sus compañeros de tripulación y romperles la cara en ese mismo momento, y claro que lo intenta, al menos hasta que siente que la tiran hacia atrás. Tocho Morocho, salvando el pellejo de su capitán la muerde por la blusa. Cardan incluso ha descendido para atar las piernas de la amazona con su cuerpo.
¡Traidores! ¡Traidores por todas partes! Incluso sabiendo que el castaño miente descaradamente no puede evitar sentir que el alma cae al suelo y luego asciende queriendo desprenderse de su cuerpo.
¿Qué es ese sentimiento repugnante que se cuela por todo su ser? ¡Oh! ¡Los ángeles! ¡Los humanos! ¡Todas las razas presenciando el caer de la hermosa mujer de orbes chocolate!
La vergonzosa escena queda atrás. Runin parece un muerto en vida, caminando sin alma, sin convicción. La reputación como pirata queda rezagada ante las acusaciones contra su persona. ¡¿Dónde mierda se largaron ese par de imbéciles?! ¡Ah! Ahí están, caminando como mejores amigos, cuchicheando, alejándose de la divina gracia de sus puños. Tocho Morocho evita la mirada de Runin, Cardan incluso repta por la superficie para que la fémina no lo arranque de tajo de sus piernas.
Los fantasmas son impredecibles, tal como la llegada de Runin que se coloca tras sus compañeros, escuchando, viendo al gordis en contraste del verdadero Tezca, quien, al parecer, cree que ostentar un novio significa ignorar a sus amigos. ”Me vengaré también del rubio.” Piensa sobre Tezca, sintiendo, de fondo, molestia ante la risa de Barald. Buscando asiento junto a los demás, sonriendo de manera casi macabra ante lo de carne de cañón. El cuerpo cae pesado sobre el asiento. Tocho Morocho se ha quedado lejos por seguridad, Cardan es más suicida y se acuesta junto a su dueña.
¿Quién más ha decidido sentarse a su lado? ¡Oh, qué hermosa coincidencia! ¡Su víctima! El inconfundible capitán de los Hanu Mahana que se sienta a su lado. La mano cercana a Ryota acaricia la pierna del muchacho, parece coqueta, privada; cada vez se mueve más y más cerca al centro de su pantaloneta donde deposita la mano. En ese instante Runin gira el rostro con tanta lentitud que parece sacada del mismo pozo por el que salió la del aro. La sonrisa no vacila, la mirada penetrante, enloquecida en ira.

—¿Puedes volver a repetir lo que dijiste antes, cariño? ¿Te gusta mi lujuriosa mirada?
Los gritos anteriores no se pueden comparar a los que están a punto de surgir cuando la fémina aprieta la mano con fuerza. Incluso suspira deleitándose con la venganza. Ríe dejando en paz a su pobre capitán, estirando un poco los brazos y relajando su cuerpo en el transcurso. —Fufufufu. ¡Es hora de disfrutar los juegos! ¡Ah, Bary! No sé qué habrá sucedido allá atrás pero ni creas que te librarás de mí, agradece que estás lejos. —A pesar de la amenaza, la mujer continúa riendo, el alma ha vuelto al cuerpo, la de Ryota es probable que no.

—FU…cofCOFufucof
La advertencia del atractivo Navar discurre en el pensamiento de la amazona. ¿A pesar de entender la magnitud de su belleza se atreve a negarse a sus encantos? ¿La rechaza frente a sus compañeros de tripulación y frente al cuarteto de tibios que se han encontrado en el camino? La fémina separa al fin los labios en una expresión que empieza a variar en completa indignación, al menos hasta que nota a Ryota interceder entre ellos.
¿Está preocupado por las posibles acciones del ángel? ¿Intenta protegerla? La anonadada mujer siente su pecho removerse y el posible remolino de fastidio se transforma en dulzura y cercanía. Las palabras le arrancan una sonrisa convencida, bastante confiada. ¡Claramente sería así! El casco no debe permitir que el ángel vea bien o sus gustos alejados de los placeres terrenales le impiden entender el tipo de belleza que se posa frente a sus ojos. Todo tiene sentido.

—En ocasiones sabes bien qué decir, cariño.
Claro, Kiyoshi no es el único al que las palabras terminan por escupirle de regreso, ¿no es así? La fémina se abre paso hacia adelante cuando nota a un par de sus compañeros rezagados. Arquea una de sus cejas sin entender qué hace Barald. ¿Habrá quedado encandilado ante la presencia de Navar? ¿Gustará de aquellos con alas grandes o el cabello largo y naranja es su gusto culposo? Runin hace lo único que puede hacer en una situación tan inverosímil como esa, relame sus labios, sonríe y exclama: —Uy, cariño, con razón no quedas encandilado conmigo o con Yuuki. No te juzgo, Bary. —Se aguanta las ganas de decir “excelentes gustos” porque no tiene ganas de conocer qué son “Los lamentos”, al menos no a las puertas del evento por el que han llegado a la isla en el cielo.
—¿Hm? ¿Querido? —¿A qué se debe el actuar de ambos hombres? ¿Por qué Ryota, de repente, parece demasiado preocupado? ¡¿Serán celos?! No, no, no puede caer en los mismos pensamientos infantiles que Yuuki, en definitiva debe alejar un poco a la muchacha pelirrosa de sí, la está llenando de fantasías extrañas. Es ahí cuando los gritos llegan hasta los oídos de la morena y, en definitiva, de cualquier alma cercana a su ser.

—¿Esposa? ¿A tí qué mier…?
Es ahí cuando nota su desesperación, la mirada que utiliza cuando miente con maestría ante los demás, la forma en la que parece encubrir algo que ella no termina por entender. Claro que lo nota, en definitiva asimila el momento que vive, las palabras que emite, el corazón que pone en ello… entonces ¡¿Por qué de cualquier manera tiene ganas de romperle la cara y después lanzarlo desde la isla del cielo al mar para que los reyes marinos terminen por comerse hasta el último de sus huesos?!
”¡Hijo de puta!” El entrecejo de la morena no se frunce más porque no puede. ”Lo mato, yo lo mato, lo mato, lo mato, lo mato, lo mato.” Un aura tan oscura como peligrosa parece salir de la amazona. Todo muy bonito elogiando sus caderas pero ¡¿Cómo que le pone el cuerno a Barald?!

—¡Solo intentaba halagarlo, subnormal! ¡Jamás le pondría el cuerno a Barald! ¿Qué te pa…? ¡Mira lo que me haces decir! ¡ESTÁS MUERTO, RYOTA MIYAMOTO! ¡¡¡MUERTO, CABRÓN!!! —Los gritos se entremezclan, incluso la fémina tiene ganas de correr hacia el par de imbéciles de sus compañeros de tripulación y romperles la cara en ese mismo momento, y claro que lo intenta, al menos hasta que siente que la tiran hacia atrás. Tocho Morocho, salvando el pellejo de su capitán la muerde por la blusa. Cardan incluso ha descendido para atar las piernas de la amazona con su cuerpo.
¡Traidores! ¡Traidores por todas partes! Incluso sabiendo que el castaño miente descaradamente no puede evitar sentir que el alma cae al suelo y luego asciende queriendo desprenderse de su cuerpo.

¿Qué es ese sentimiento repugnante que se cuela por todo su ser? ¡Oh! ¡Los ángeles! ¡Los humanos! ¡Todas las razas presenciando el caer de la hermosa mujer de orbes chocolate!
Venganza.
Buscará venganza.
Oh, ansiada venganza. Toma el nombre de Ryota Miyamoto y demuestra tu grandeza.
Buscará venganza.
Oh, ansiada venganza. Toma el nombre de Ryota Miyamoto y demuestra tu grandeza.
La vergonzosa escena queda atrás. Runin parece un muerto en vida, caminando sin alma, sin convicción. La reputación como pirata queda rezagada ante las acusaciones contra su persona. ¡¿Dónde mierda se largaron ese par de imbéciles?! ¡Ah! Ahí están, caminando como mejores amigos, cuchicheando, alejándose de la divina gracia de sus puños. Tocho Morocho evita la mirada de Runin, Cardan incluso repta por la superficie para que la fémina no lo arranque de tajo de sus piernas.
Los fantasmas son impredecibles, tal como la llegada de Runin que se coloca tras sus compañeros, escuchando, viendo al gordis en contraste del verdadero Tezca, quien, al parecer, cree que ostentar un novio significa ignorar a sus amigos. ”Me vengaré también del rubio.” Piensa sobre Tezca, sintiendo, de fondo, molestia ante la risa de Barald. Buscando asiento junto a los demás, sonriendo de manera casi macabra ante lo de carne de cañón. El cuerpo cae pesado sobre el asiento. Tocho Morocho se ha quedado lejos por seguridad, Cardan es más suicida y se acuesta junto a su dueña.
¿Quién más ha decidido sentarse a su lado? ¡Oh, qué hermosa coincidencia! ¡Su víctima! El inconfundible capitán de los Hanu Mahana que se sienta a su lado. La mano cercana a Ryota acaricia la pierna del muchacho, parece coqueta, privada; cada vez se mueve más y más cerca al centro de su pantaloneta donde deposita la mano. En ese instante Runin gira el rostro con tanta lentitud que parece sacada del mismo pozo por el que salió la del aro. La sonrisa no vacila, la mirada penetrante, enloquecida en ira.

—¿Puedes volver a repetir lo que dijiste antes, cariño? ¿Te gusta mi lujuriosa mirada?
Los gritos anteriores no se pueden comparar a los que están a punto de surgir cuando la fémina aprieta la mano con fuerza. Incluso suspira deleitándose con la venganza. Ríe dejando en paz a su pobre capitán, estirando un poco los brazos y relajando su cuerpo en el transcurso. —Fufufufu. ¡Es hora de disfrutar los juegos! ¡Ah, Bary! No sé qué habrá sucedido allá atrás pero ni creas que te librarás de mí, agradece que estás lejos. —A pesar de la amenaza, la mujer continúa riendo, el alma ha vuelto al cuerpo, la de Ryota es probable que no.
BOLSA DE ESTRELLITAS
