Sombras doradas entre los árboles - [Priv Kibai / Pasado]
#12
Mientras Kibai continuaba dando cuenta alegremente de su propio pincho de carne a la brasa mientras Kagura alababa sus capacidades como cocinero. Lo cierto era que, para carecer de algunas especies esenciales, aquel conejo había resultado ser sorprendentemente sabroso, y su carne combinaba perfectamente con las hierbas aromáticas y las frutas y bayas que el mink había recolectado en su camino de vuelta hacia el claro. La joven no tardó en terminar el costillar del animal, y solicitó apresuradamente un nuevo pedazo de carne.

No obstante, al poco rato, Kibai captó un extraño aroma en el aire, un olor húmedo y salino, apenas superpuesto sobre el humo y la carne. Girándose hacia Kagura, el mink abrió los ojos con asombro al ver las lágrimas corriendo por las mejillas de la joven pelirroja. Sus ojos tenían un brillos extraño, con la mirada puesta en el infinito, y su mente parecía estar muy lejos de allí. Tras dar otro bocado y tragar, Kagura bajó la mirada con una expresión a medias entre la tristeza, la culpa y el goce.

— Esta rico...

El mink alzó una ceja con incredullidad. Si, sin duda aquel conejo había resultado muy sabroso, pero tampoco tanto como para considerarlo un manjar digno de derramar lágrimas por él. Además, la expresión en el rostro de Kagura no se correspondía para nada con lo que debería ser un momento de disfrute culinario.

Sin embargo, cuando le sugirió cazar algunos conejos más para ella, la reacción de la joven no se hizo esperar, pidiéndole al mink que no lo hiciese, rompiendo a llorar con mas intensidad aún si cabía. Al parecer, había tenido una mascota hacía años, un conejo hembra llamado Molly, y el enterarse de que estaba comiendo a uno de aquellos animales le había despertado en su interior recuerdos bastante dolorosos.

Resistiendo el impulso de decirle a Kagura que su coneja seguramente habría muerto hacía mucho tiempo a manso de cualquier depredador,, Kibai optó por emplear algo más de mano izquierda. Conbr delicadeza, apartó la losa de piedra en la que hbaía dejado el costillar del animal y se sentó al lado de la joven, pasando con suavidad el brazo por encima de sus hombros, atrayéndola levemente contra él mientras le acariciaba el brazo en un gesto consolador.

— Lo siento, no lo sabía. Si me lo hubieses contado habría buscado a una presa distinta. Yo mismo he tardado en acostumbrarse a comer animales con pelaje, sabes? En mi hogar es casi tabú comer a otros animales, siempre que no sean insectos, o aves. Cuando me rescataron, casi le arranco la yugular al cocinero cuando le vi preparar la comida. Pero poco a poco fui entendiendo que existe un orden natural en la vida, y que lo verdaderamente importa es no acabar con vidas de manera indiscriminada y respetar siempre a las presas. Este animal no ha sufrido, eso te lo puedo garantizar, ni siquiera se ha enterado, y hemos aprovechado todo de él, de modo que nada de su muerte ha sido en vano.

En un espontáneo gesto de cariño, Kibai frotó su mejilla contra la parte superior de la cabeza de Kagura. Ahora que había visto la reacción de la joven, se arrepentía de haber jugado un poco con las emociones de aquella humana provocándole los sustos con sus respuestas.

— Claro que sé cocinar bollos al vapor. En otra ocasión en la que nos encontremos, te los prepararé encantado. — le dijo a Kagura apoyando el mentón encima de su cabeza y dejando que se apoyase contra su pecho. —  Y no te preocupes, soy un repostero excelente, de modo que te cocinaré un pastel de fresas y crema, y nos lo comeremos tranquilamente en un lugar bonito, te parece bien?

Al ver como los ojos de la joven pelirroja se dirigian de nuevo a los trozos restantes del conejo a la brasa, Kibai trago saliva antes de tratar de ordenar bien sus pensamientos antes de expresarlos.

— Oye... quieres otro trozo? Si no te apetece algo más lo entiendo, no te preocupes. Pero creo que podría ser una buena manera de que te acostumbrases a comerlo, quizás en algún momento no haya ningún otro tipo de alimento a mano, y seremos Marines, tendremos que dar ejemplo, supongo.

El brazo de Kibai no había abandonado en ningún momento las caricias consoladoras que continuaba haciendo a Kagura, con intención de al menos levantar un poco el ánimo de la joven pelirroja, mientras que se felicitaba internamente por haber despellejado y eviscerado a su presa en medio del bosque, pues no creía que la pobre Kagura hubiese resistido bien haber visto aquella escena en vivo y en directo.

— Si te parece bien, cuando acabemos, iremos a la ciudad, seguro que encontramos algo abierto en el que podamos comprar algo dulce. O si no, entramos en algun sitio cerrado y te cocino un pastel, de acuerdo?

Sabía que aquello no era precisamente algo muy adecuado para nos aspirantes a marine, pero la situación lo requería, ya que las lágrimas de una joven no debían permitirse que cayesen en vano.
[Imagen: gvCFAP2.png]
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RE: Sombras doradas entre los árboles - [Priv Kibai / Pasado] - por Kibai - 13-07-2026, 10:59 AM

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