23 de Primavera
Isla Karate, Dojo.
9:05AM
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Cuando te acostumbras a lo malo no parece tan malo. Qué buena frase le dijeron una vez, pues ahora que Seraphim tenía que dormir incómoda en una pequeña estancia en una casa de una desconocida…. ¡Menuda incomodidad! Y no por vergüenza, sino porque no pudo pegar ojo en toda la noche debido a lo estrecha y dura que era la cama. Aparte, ¡ese gigante roncaba tanto que se escuchaba a metros de distancia! ¿A quién narices se le ocurrió la “gran” idea de tener a un maldito gigante como compañero de tripulación? Y encima ni habla el idioma que todos hablan…
Seraphim se despertó estresada y de mal humor, así que decidió no quedarse más en esa casa porque le apetecía desayunar fuera y seguir investigando aquella ciudad. Se había despertado de las últimas, pero logró vestirse con algo “adorable” para animarse a salir. Cuando salió de su cuarto logró cruzarse con Jesse quien estaba apartado del resto como si no quisiera hablar con nadie. No es que a Seraphim le importara mucho su estado, pero si iba a ir a comprar tal vez necesitaba a alguien que le cargue las bolsas. Ese chico es perfecto; además de que tiene que tenerlo vigilado para que no se salga de la lengua ya que su reputación pendía de él.
Tras fingir que le importaban sus sentimientos y darle un poco de charla, acabó por convencerlo de salir juntos a desayunar y de compras. Como la casa de la abuela de Kagura estaba algo lejos tuvieron que andar por el sendero, pero la orientación de Seraphim no era tan buena como alguien que vive en ese lugar así que, por habérselas dado de listillas, acabaron caminando hacia una gran estructura que se veía a lo lejos. Seraphim tuvo la idea brillante de ir hasta ahí y preguntar por indicaciones, pero claro… ella no iba a preguntar. Al menos no lo dijo hasta que no llegaron a las puertas de aquel Dojo donde habían personas (mayoritariamente hombres) moviendo los brazos y piernas en movimientos secos y cortos mientras gritaban intensamente. ¿Estaban entrenando algo?
— Bueno, eh… ¿Por qué no entras a preguntar tú, Jesse? Va a ser más fácil que entre machos habléis, kukuku. Preguntales por como ir a la ciudad y a un bar bueno para desayunar pancakes, ¿si? Anda, se bueno, porfiiiii ~ —Ella se posicionó detrás de Jesse y lo empujó para que entrara por la puerta quedando ella en el arco de esta misma. Le esperó con una amplia sonrisa, sabiendo que se había salido con la suya; como siempre.
Leeme~

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