14-07-2026, 01:39 AM
(Última modificación: 14-07-2026, 02:03 AM por Kiyoshi Maeda.)
Los roles se invierten. Quién diría que llegó el punto en que es Eros el que cura una herida, o un golpe, en Kiyoshi, y no al revés. Obviamente, el médico de mayor rango lo siente raro, pero igualmente orgullo al ver como sus clases han servido para que su capitán siga aprendiendo oficios nuevos.
Aparte, como siempre, Varo tiene la respuesta a muchas de sus interrogantes. Explica el motivo del notorio cambio en la vestimenta entre un grupo y otro, tratándose de segregación social, hecho que no contenta mucho a Kiyoshi, pero que se limita a no opinar. Solo asiente. Ya se le hacía rara la forma en que el alado de ante se dirigía hacia ellos. — Cuestión de culturas, supongo. — Lo que sí le hace enfadarse un poco es la mención al bastonazo recibido, por parte de Eros. ¿Es necesario que recuerde un hecho tan vergonzoso? — Sabido es que, si hubiera tenido mi rifle en las manos, la historia habría sido diferente. — Y mucho, la verdad. Kiyoshi no presenció el tenso momento de Barald con Navar, pues siguió tranquilamente con su camino, y en caso de que los Sepultura optasen por haber actuado de manera defensiva y no con educación, su final pudo verse bastante cercano. Afortunadamente, Kiyoshi, cuando no está con su arma preparada, es bastante indefenso. Esta debilidad suya es algo que tiene asumida desde siempre, por mucho que esté disfrutando el fortalecerse conforme avanza su aventura por el mar.
Entre tanto, se acercan nuevas personas, conocidos de Uker, al parecer. Kiyoshi, quien al final no se sintió muy a gusto con los tipos de antes, específicamente con Runnin, temiendo que los dos recién llegados fuesen igual de molestos, optó por voltear la mirada hacia el lado opuesto. Solo abre la boca luego de que su capitán se atreve a presentarlo. — No es necesario que le reveles mi nombre a tanto tonto por aquí. — Se refiere a Hyakinthos y a Miyori. Más que tratarlos de tontos, no tiene más interacción. Solo suspira relajado cuando se marchan.
Luego, Uker realiza al Mink una pregunta de lo más interesante, la cual obliga a Kiyoshi a volver a centrar su atención en el grupo, el cual ya ha obtenido algo de privacidad con la ida de los invasores. Claro, no podemos obviar que, de igual forma, las gradas están llenas de personas. Siente incomodidad, y por eso cada vez se acerca más a sus compañeros en los asientos, casi que pegándose. — No era tan rápido. Pude ver fácilmente su movimiento. Sin embargo, si juzgamos su actitud, pareciera estar confiado de poder resolver cualquier situación sin importar el que estuviera en frente. — Para Kiyoshi, las personas capaces de mantener el temple y actuar ofensivamente sin preocuparse demasiado son de temer. ¿Acaso Eros no es de ese estilo también? — Estamos en una isla desconocida. Será mejor que no hagamos nada tonto hasta que estemos seguros. — Esta es la última advertencia que da, pues aparece en el escenario un tipo de lo más peculiar. De buenas a primeras no se le puede ver, producto de la estela de polvo que se levantó. — Genial, otro tonto rarito. — Como si él mismo no lo fuese.
Cruzado de brazos, se dispone a escuchar y observar el espectáculo. Le molesta tanto ruido, mas se abstiene de quejarse en voz alta. Internamente está maldiciendo a todo aquel que grita y no conserva la calma que tanto le gusta. Por eso odia este tipo de eventos con tanta multitud.
Y ahí, otra vez, los nombran como “provenientes del mar azul”. Puede que tenga una explicación, pero no deja de llamar la atención de nuestro limpio amigo.
Afortunadamente, más pronto que tarde, el animador comienza a ir al grano. Si bien cuando empieza a nombrar grupos se puede asumir que los separarán, es cuando nombran a Uker junto a otras personas que todo queda claro como el agua… del mar azul, para que nos vayamos acostumbrando al lenguaje. — Qué molestia. — Porque claro, siempre pensó que seguiría adelante junto a sus amigos, pero esa ilusión acaba de ser destruida en pedazos. Después del Marcado, sigue el nombramiento de Eros. Tercero, Kiyoshi. Último, Varo. Podemos confirmar que ningún sepulturero cooperará con otro. ¿Es esto una buena o mala noticia? Kiyoshi toma el mando para hablar y, tras ponerse de pie, mira hacia abajo a Eros, ya sea por la diferencia de estatura o porque el otro aún se encuentre sentado para cuando el de la mascarilla le hable. — Es una oportunidad perfecta para ver qué tanto han cambiado las cosas desde que nos conocimos. No seas tonto de pensar que me contendré si tengo que enfrentarme contigo. — Una vez aclarado eso, introduce ambas manos en los bolsillos de su pantalón y se retira de la zona en dirección a los cubículos.
Con la mirada busca el séptimo lugar delimitado, contando desde la izquierda, siendo el primero de su grupo en llegar. En el cubículo de su lado ve a Varo, a quien le hace una seña con la mano diestra, que saca de su bolsillo, a modo de saludo. Los otros dos están más distantes, así que entre tanto tonto, no es capaz de verlos.
Proceden a llegar con él quienes serán sus compañeros durante el transcurso de las pruebas. Lo normal sería que llame su atención Yuuki, con quien compartió el camino desde la playa hasta acá, pero, lamentablemente para ella, no es así. Los ojos del médico se abren de par en par al encontrarse nuevamente con un conocido de mil batallas —solo una—, partícipe de uno de los momentos de más crecimiento que experimentó desde que se lanzó al mar. — De los tres tontos con los que me toca compartir—, aprovecha para repasar a los tres, Bai incluida, —jamás pensé que tú estarías incluido. Ha pasado un tiempo, soldado Kibai. — Y sí que han cambiado las cosas desde entonces. Para empezar, Kiyoshi siente bastante repulsión hacia la marina actualmente, hecho que dista mucho de esos tiempos en donde, internamente, aún se consideraba un humilde civil.
Lo gracioso de la vida es que el médico no se da cuenta que el leopardo frente a él es uno de los tipos que fue a por Uker en Little Garden. El destino puede ser cruel y divertido al mismo tiempo.
No hay tanto tiempo para reencuentros, pues el enmascarado no tarda en seguir dando explicaciones, y justo ahora viene lo más importante. — Si soy débil, quedaré eliminado. Compartiremos los puntos para avanzar. Significa que necesitaré la ayuda de estos tipos para no perder contra el tonto del topo. — En su mente, no está la emoción por ganar y pedir un deseo, sino que desea demostrarle no solo a Eros, sino que a Uker y Varo también, que permitirle viajar con ellos no ha sido en vano todo este tiempo. Normalmente, Kiyoshi se vería más apagado en un evento tan masivo, pero, por cómo se están dando las cosas, está bastante motivado.
Sonríe debajo de la mascarilla blanca que oculta gran parte de su rostro, por lo que nadie se da cuenta de este detalle.
— Como ven en mi espalda, soy un tirador. — A la vista de todos está el rifle que carga en la retaguardia. — En pruebas físicas, seguramente quedaré último. Si me toca disparar, apuntaré a quedarme con la victoria. O si debo usar el cerebro, podré arreglármelas. — Si algo no ha cambiado desde que solo era un médico del South Blue, es que, cuando de apuntar y jalar el gatillo se trata, se tiene más confianza que nadie.
Aprovechando el momento que tienen todos para hablar y organizarse, desde el bolsillo trasero de su pantalón extrae el envoltorio con comida dentro que humildemente le preparó Uker. Al abrirlo, puede ver el Kimchi que hizo especialmente para él, procediendo a comerlo tras descender su mascarilla. Para esto, previamente se quitó los guantes de las manos, pues con ellos ha tocado cosas sucias. Pasado un breve tiempo y el bocadillo ya está en su estómago, guarda el envoltorio en el mismo bolsillo de donde lo sacó, porque ni modo que lance basura al suelo, y enguanta nuevamente las manos. — Quizás le faltó sal. — Es lo último que se le escucha antes de subir nuevamente la máscara.
Aparte, como siempre, Varo tiene la respuesta a muchas de sus interrogantes. Explica el motivo del notorio cambio en la vestimenta entre un grupo y otro, tratándose de segregación social, hecho que no contenta mucho a Kiyoshi, pero que se limita a no opinar. Solo asiente. Ya se le hacía rara la forma en que el alado de ante se dirigía hacia ellos. — Cuestión de culturas, supongo. — Lo que sí le hace enfadarse un poco es la mención al bastonazo recibido, por parte de Eros. ¿Es necesario que recuerde un hecho tan vergonzoso? — Sabido es que, si hubiera tenido mi rifle en las manos, la historia habría sido diferente. — Y mucho, la verdad. Kiyoshi no presenció el tenso momento de Barald con Navar, pues siguió tranquilamente con su camino, y en caso de que los Sepultura optasen por haber actuado de manera defensiva y no con educación, su final pudo verse bastante cercano. Afortunadamente, Kiyoshi, cuando no está con su arma preparada, es bastante indefenso. Esta debilidad suya es algo que tiene asumida desde siempre, por mucho que esté disfrutando el fortalecerse conforme avanza su aventura por el mar.
Entre tanto, se acercan nuevas personas, conocidos de Uker, al parecer. Kiyoshi, quien al final no se sintió muy a gusto con los tipos de antes, específicamente con Runnin, temiendo que los dos recién llegados fuesen igual de molestos, optó por voltear la mirada hacia el lado opuesto. Solo abre la boca luego de que su capitán se atreve a presentarlo. — No es necesario que le reveles mi nombre a tanto tonto por aquí. — Se refiere a Hyakinthos y a Miyori. Más que tratarlos de tontos, no tiene más interacción. Solo suspira relajado cuando se marchan.
Luego, Uker realiza al Mink una pregunta de lo más interesante, la cual obliga a Kiyoshi a volver a centrar su atención en el grupo, el cual ya ha obtenido algo de privacidad con la ida de los invasores. Claro, no podemos obviar que, de igual forma, las gradas están llenas de personas. Siente incomodidad, y por eso cada vez se acerca más a sus compañeros en los asientos, casi que pegándose. — No era tan rápido. Pude ver fácilmente su movimiento. Sin embargo, si juzgamos su actitud, pareciera estar confiado de poder resolver cualquier situación sin importar el que estuviera en frente. — Para Kiyoshi, las personas capaces de mantener el temple y actuar ofensivamente sin preocuparse demasiado son de temer. ¿Acaso Eros no es de ese estilo también? — Estamos en una isla desconocida. Será mejor que no hagamos nada tonto hasta que estemos seguros. — Esta es la última advertencia que da, pues aparece en el escenario un tipo de lo más peculiar. De buenas a primeras no se le puede ver, producto de la estela de polvo que se levantó. — Genial, otro tonto rarito. — Como si él mismo no lo fuese.
Cruzado de brazos, se dispone a escuchar y observar el espectáculo. Le molesta tanto ruido, mas se abstiene de quejarse en voz alta. Internamente está maldiciendo a todo aquel que grita y no conserva la calma que tanto le gusta. Por eso odia este tipo de eventos con tanta multitud.
Y ahí, otra vez, los nombran como “provenientes del mar azul”. Puede que tenga una explicación, pero no deja de llamar la atención de nuestro limpio amigo.
Afortunadamente, más pronto que tarde, el animador comienza a ir al grano. Si bien cuando empieza a nombrar grupos se puede asumir que los separarán, es cuando nombran a Uker junto a otras personas que todo queda claro como el agua… del mar azul, para que nos vayamos acostumbrando al lenguaje. — Qué molestia. — Porque claro, siempre pensó que seguiría adelante junto a sus amigos, pero esa ilusión acaba de ser destruida en pedazos. Después del Marcado, sigue el nombramiento de Eros. Tercero, Kiyoshi. Último, Varo. Podemos confirmar que ningún sepulturero cooperará con otro. ¿Es esto una buena o mala noticia? Kiyoshi toma el mando para hablar y, tras ponerse de pie, mira hacia abajo a Eros, ya sea por la diferencia de estatura o porque el otro aún se encuentre sentado para cuando el de la mascarilla le hable. — Es una oportunidad perfecta para ver qué tanto han cambiado las cosas desde que nos conocimos. No seas tonto de pensar que me contendré si tengo que enfrentarme contigo. — Una vez aclarado eso, introduce ambas manos en los bolsillos de su pantalón y se retira de la zona en dirección a los cubículos.
Con la mirada busca el séptimo lugar delimitado, contando desde la izquierda, siendo el primero de su grupo en llegar. En el cubículo de su lado ve a Varo, a quien le hace una seña con la mano diestra, que saca de su bolsillo, a modo de saludo. Los otros dos están más distantes, así que entre tanto tonto, no es capaz de verlos.
Proceden a llegar con él quienes serán sus compañeros durante el transcurso de las pruebas. Lo normal sería que llame su atención Yuuki, con quien compartió el camino desde la playa hasta acá, pero, lamentablemente para ella, no es así. Los ojos del médico se abren de par en par al encontrarse nuevamente con un conocido de mil batallas —solo una—, partícipe de uno de los momentos de más crecimiento que experimentó desde que se lanzó al mar. — De los tres tontos con los que me toca compartir—, aprovecha para repasar a los tres, Bai incluida, —jamás pensé que tú estarías incluido. Ha pasado un tiempo, soldado Kibai. — Y sí que han cambiado las cosas desde entonces. Para empezar, Kiyoshi siente bastante repulsión hacia la marina actualmente, hecho que dista mucho de esos tiempos en donde, internamente, aún se consideraba un humilde civil.
Lo gracioso de la vida es que el médico no se da cuenta que el leopardo frente a él es uno de los tipos que fue a por Uker en Little Garden. El destino puede ser cruel y divertido al mismo tiempo.
No hay tanto tiempo para reencuentros, pues el enmascarado no tarda en seguir dando explicaciones, y justo ahora viene lo más importante. — Si soy débil, quedaré eliminado. Compartiremos los puntos para avanzar. Significa que necesitaré la ayuda de estos tipos para no perder contra el tonto del topo. — En su mente, no está la emoción por ganar y pedir un deseo, sino que desea demostrarle no solo a Eros, sino que a Uker y Varo también, que permitirle viajar con ellos no ha sido en vano todo este tiempo. Normalmente, Kiyoshi se vería más apagado en un evento tan masivo, pero, por cómo se están dando las cosas, está bastante motivado.
Sonríe debajo de la mascarilla blanca que oculta gran parte de su rostro, por lo que nadie se da cuenta de este detalle.
— Como ven en mi espalda, soy un tirador. — A la vista de todos está el rifle que carga en la retaguardia. — En pruebas físicas, seguramente quedaré último. Si me toca disparar, apuntaré a quedarme con la victoria. O si debo usar el cerebro, podré arreglármelas. — Si algo no ha cambiado desde que solo era un médico del South Blue, es que, cuando de apuntar y jalar el gatillo se trata, se tiene más confianza que nadie.
Aprovechando el momento que tienen todos para hablar y organizarse, desde el bolsillo trasero de su pantalón extrae el envoltorio con comida dentro que humildemente le preparó Uker. Al abrirlo, puede ver el Kimchi que hizo especialmente para él, procediendo a comerlo tras descender su mascarilla. Para esto, previamente se quitó los guantes de las manos, pues con ellos ha tocado cosas sucias. Pasado un breve tiempo y el bocadillo ya está en su estómago, guarda el envoltorio en el mismo bolsillo de donde lo sacó, porque ni modo que lance basura al suelo, y enguanta nuevamente las manos. — Quizás le faltó sal. — Es lo último que se le escucha antes de subir nuevamente la máscara.
Lávense las manos
![[Imagen: u2oxCl9.png]](https://i.imgur.com/u2oxCl9.png)
Hablo | Pienso
