14-07-2026, 04:16 AM
La atención del yakuza se mantenía en su querido y amado acompañante, de hecho tenía intención de responder y, sin embargo, hubo una interrupción. Un rostro que conocía, aquellos ojos rojos en conjunto a una característica cicatriz y falta de expresividad. Barald. Había que decir que, al menos por la llamada que recordaba del rubio, tenía un silencioso agradecimiento que mantener, pero no delante de tanta gente y en un ambiente tan ruidoso... Quizás le iba a dejar pasar el hecho de que dejaran de lado a Tezca. En el momento que el contrario lo presentó como su novio, se puso en pie, extendiendo la mano hasta el contrario.
Hizo una pausa en conjunto a una sonrisa orgullosa. Si aceptaba su mano, la apretaría con firmeza y seguridad y, en caso contrario, se limitaría a apartarla. —He escuchado que ayudó mucho a Tezca, gracias por saber cuidar de él en mi ausencia. — Y, aunque parecía poder irse, no percatándose hasta entonces de la presencia de los que tenía junto a él. Ryota, Runin. Todas personas que había conocido en algún momento de su vida ya fuera de forma más o menos fugaz. Las palabras del Capitán le hicieron crecer una vena a un lado de la frente y el cuello, apareciendo un tic involuntario. Respiró profundo, calmado, repitiendo el proceso de todos modos. ¿Cómo se atrevían a faltarle así al respeto a su Tezca? Lo peor de todo era que, aparentemente, existía alguien con sobrepeso junto a ellos, con una similitud... peculiar con Tezca, pero por supuesto, con ningún tipo de comparación al respecto. Un momento... ¿LO CONFUNDIERON CON ESE? Ni siquiera se parecían... Ni con ese mostacho, ni el claro sobrepeso, ni siquiera en su mirada. ¿Qué diantres les pasaba? ¿Es que estaban ciegos? ¿Cómo que “El Mejor Tezca”? No se molestó en ocultar su rostro de disgusto en lo absoluto.
Miró entonces al falso Tezca de arriba abajo, como si con ello pudiera examinarlo, pero sin siquiera intentarlo intentarlo. —”Amigo” suyo, Señor Ryota. — Calma. Tenía que conservar la calma por el bienestar del rubio. Por eso prefirió guardarse la verdadera opinión para sí mismo y, del mismo modo que con todos, extendería la mano al mencionado capitán. —Disfruten de los Juegos, tripulantes. — Y los dejó ir. Cerró los ojos, esperando a mantener una distancia suficiente para que solo el rubio lo escuchara antes de volver a hablar.
Si ni siquiera eran capaces de distinguirlo, a un tripulante con el que viajaban a diario... Calma Jin, calma. Elevó la mano donde recordó, al fin, que tenía su cigarrillo, mismo que había apartado para saludar al inicio, ni siquiera recordaba cuándo lo había retirado. Dio una larga calada, hasta que el rubio volvió a capatar su atención. La “Meta”. —¿Te refieres a lo de...? — vio cómo extendía algo en su dirección. ¿Una fotografía? Contempló la imagen con detenimiento, de forma, ahora sí, más analítica. Podía ver claramente el parecido del rubio que había en la parte izquierda de los tres individuos... —Cihua... — Pronunció el nombre en voz baja de forma que lo mencionaba más para recordarlo él mismo. Quiso tomar la imagen, pero para entonces el rubio ya se lo intentó guardar. No dijo nada, sabía que no era el mejor momento. Más adelante, quizás, ya se iba a encargar. —¿Necesitas quizás...? — pero, ahora entendió todo mucho mejor. No es que tratara de ocultarlo de él, es que aparecían otras personas más en su presencia. Uno de ellos, para el hombre pálido de la cicatriz, era más que reconocible. Aquel cirujano que conocía tan bien como ninguno. Escuchó su nombre completo, y sonrió, esta vez, con una mayor confianza.
Extendió la mano, de la misma forma que había hecho previamente con los miembros de la tripulación del rubio. —Tampoco esperé verte aquí, me alegra muchísimo ver que estás de una pieza... Y hasta recuerdas mi nombre. Eso es nuevo. Rafael me pone al corriente, desde luego. — No mencionemos la cantidad de veces que fue necesario recordarle su nombre, pero al menos, por una vez, logró sorprenderlo. —¿Quizás sus problemas de memoria están teniendo alguna mejoría? — Miró de reojo a Tezca por algunos segundos antes de responder a la pregunta del hombre pelirrosa. —He estado sorprendentemente bien, especialmente el día de hoy. — No dio detalles, lo que sí hizo fue, esta vez, contemplar a la mujer que lo acompañaba, con la misma sonrisa, el cigarrillo entre sus labios y, del mismo modo que con Hyákinthos, también le extendió la mano. Esperó a que la joven de cabellos anaranjados fuera quien terminara de presentarse, nada soprendido por la confusión del nombre que había entregado Cherry.
Si aceptaba la mano, la apretaría con firmeza y, en caso contrario, la dejaría libremente. —Es un placer conocerla. Soy Jin Onizuka. Siendo conocida del señor Hyákinthos espero que la esté tratando bien. No se preocupe por el fallo de memoria, ya ve que a la larga sí acaba recordando. Solo sea un poco paciente con él. — Tomó el caracol de su bolsillo, pronunciando su número en caso de que la mujer quisiera anotarlo. —Si hay algo en que pueda ayudarla, no dude en contactarme.
Al fin... algo de paz. Se sentó, lanzando un suspiro, al fin, algo de alivio... O eso creyó hasta escuchar el tono de voz del rubio, y lo miró, viendo su expresión. Parpadeó, ahora confundido, parpadeando. —Bueno... Tampoco yo sabía que lo conocías... — Apenas murmuró, dejando escapar un suspiro. Se acercó un poco más a él, tratando de tomarle la mano para demostrarle su confianza. —Es mi socio... De cuando estaba con Raigo. No hay-...
Oh, de nuevo, allí estaba... Lo último todavía estaba por llegar todavía, ahora de una voz femenina, Yuuki, quien gritaba como una loca y que, para colmo, no solo parecía haberlos interrumpido en ese momento, sino para colmo se atrevía a desearle la muerte a Tezca. Antes de que siquiera pudiera sacar cualquier tipo de conclusión, su rostro, ahora más molesto, la observaba fijamente, el cigarrillo apretándose entre sus labios. Parecía que ese día era para poner su paciencia a prueba...
Le encantaría decir que eso estaba terminando, pero no, por supuesto que no. Lo siguiente fue el tirón de orejas que vino de forma espontánea, ahora con mucha más molestia que antes. Qué ganas de sacar su propia katana en ese momento.
Tomó con lentitud la mano que jaloneaba su oreja, apartándola suavemente, contemplando a la mujer. —Señorita Yuuki, qué gusto volver a verla... Me gustaría poder convers-...
Fue cuando, al fin, escuchó lo que parecía ser un altavoz, con una nueva interrupción. ¿Un presentador? Parecía complacido, tenía una energía insaciable... Un momento... ¿Y esa nube? Parpadeó ahora más confundido, observando su alrededor. Se presentaba como El Dirigente. Los vitoreos no daban oportunidad a que pudieran seguir una conversación (o lo que fuera a salir de allí). Miró a Tezca de reojo, solo para escuchar su nombre. ¿Equipo uno? Hubiera preferido quedarse allí con su amado, pero por desgracia el deber lo llamaba. Suspiró, respirando calmadamente, observando al rubio, apretando su mano con firmeza.
Su rostro era, una vez más, suave cuando hablaba con el rubio, calmado y suave. Tomó su mano, besándola con cariño. —Trata de pasarlo bien. — Y, al fin, por fin, se puso en pie, caminando ahora hasta la zona que le acababan de designar, no sin antes dar una palmada al Ñordiki que los había acompañado hasta entonces. Tuvo que esquivar muchas personas, demasiadas. Solo pasar por las gradas fue un completo espectáculo. Tuvo que pedir espacio a trompicones de vez en cuando, solo con el humo de su cigarrillo como acompañante, el mismo que parecía más bien pronto terminar de consumirse.
Caminó hasta el lado más a la izquierda de la zona, hasta el cubículo designado. ¿A quiénes se iba a encontrar? El nombre de Stroud le resultaba familiar. Stroud... Stroud... ¿De qué le sonaba? Hmm... La que sí recordaba bien era, sin duda, a Nyra. Oh, vaya si la recordaba, como para no con las llamadas de aquella mujer de cabellos blancos y mirada dorada... A quien realmente no le resultaba nada familiar era el nombrado Juan. Curioso nombre... Lo podía ver. Ya fuera que llegaran antes o después de él, sería paciente, como siempre.
Una vez estuvieron todos juntos... Oh mierda, en serio... ¿EN SERIO? ¿TODOS MARINES? ¿EN QUÉ LE LO METIERON? Sin embargo, extendió su mano de forma educada, con la misma sonrisa confiada con la que previamente se había presentado al resto, manteniendo su imperturbable calma.
Inclinó levemente su cabeza, hacia los tres acompañantes. —Soy Jin Onizuka, como ya habrán escuchado cuando nos llamaron. Espero poder disfrutar de estos Juegos con ustedes. — Observó entonces a Nyra con la misma suficiencia y diversión. —Y, por supuesto, poder colaborar con todos ustedes.

—Es un placer volver a verle, Barald.
Hizo una pausa en conjunto a una sonrisa orgullosa. Si aceptaba su mano, la apretaría con firmeza y seguridad y, en caso contrario, se limitaría a apartarla. —He escuchado que ayudó mucho a Tezca, gracias por saber cuidar de él en mi ausencia. — Y, aunque parecía poder irse, no percatándose hasta entonces de la presencia de los que tenía junto a él. Ryota, Runin. Todas personas que había conocido en algún momento de su vida ya fuera de forma más o menos fugaz. Las palabras del Capitán le hicieron crecer una vena a un lado de la frente y el cuello, apareciendo un tic involuntario. Respiró profundo, calmado, repitiendo el proceso de todos modos. ¿Cómo se atrevían a faltarle así al respeto a su Tezca? Lo peor de todo era que, aparentemente, existía alguien con sobrepeso junto a ellos, con una similitud... peculiar con Tezca, pero por supuesto, con ningún tipo de comparación al respecto. Un momento... ¿LO CONFUNDIERON CON ESE? Ni siquiera se parecían... Ni con ese mostacho, ni el claro sobrepeso, ni siquiera en su mirada. ¿Qué diantres les pasaba? ¿Es que estaban ciegos? ¿Cómo que “El Mejor Tezca”? No se molestó en ocultar su rostro de disgusto en lo absoluto.

—Espero que se lo pase bien con ese...
Miró entonces al falso Tezca de arriba abajo, como si con ello pudiera examinarlo, pero sin siquiera intentarlo intentarlo. —”Amigo” suyo, Señor Ryota. — Calma. Tenía que conservar la calma por el bienestar del rubio. Por eso prefirió guardarse la verdadera opinión para sí mismo y, del mismo modo que con todos, extendería la mano al mencionado capitán. —Disfruten de los Juegos, tripulantes. — Y los dejó ir. Cerró los ojos, esperando a mantener una distancia suficiente para que solo el rubio lo escuchara antes de volver a hablar.

—Normal que tengas que ser tú quien lleva el orden en esa tripulación... No sé cómo los aguantas.
Si ni siquiera eran capaces de distinguirlo, a un tripulante con el que viajaban a diario... Calma Jin, calma. Elevó la mano donde recordó, al fin, que tenía su cigarrillo, mismo que había apartado para saludar al inicio, ni siquiera recordaba cuándo lo había retirado. Dio una larga calada, hasta que el rubio volvió a capatar su atención. La “Meta”. —¿Te refieres a lo de...? — vio cómo extendía algo en su dirección. ¿Una fotografía? Contempló la imagen con detenimiento, de forma, ahora sí, más analítica. Podía ver claramente el parecido del rubio que había en la parte izquierda de los tres individuos... —Cihua... — Pronunció el nombre en voz baja de forma que lo mencionaba más para recordarlo él mismo. Quiso tomar la imagen, pero para entonces el rubio ya se lo intentó guardar. No dijo nada, sabía que no era el mejor momento. Más adelante, quizás, ya se iba a encargar. —¿Necesitas quizás...? — pero, ahora entendió todo mucho mejor. No es que tratara de ocultarlo de él, es que aparecían otras personas más en su presencia. Uno de ellos, para el hombre pálido de la cicatriz, era más que reconocible. Aquel cirujano que conocía tan bien como ninguno. Escuchó su nombre completo, y sonrió, esta vez, con una mayor confianza.

—Hyákinthos... Tanto tiempo, ciertamente.
Extendió la mano, de la misma forma que había hecho previamente con los miembros de la tripulación del rubio. —Tampoco esperé verte aquí, me alegra muchísimo ver que estás de una pieza... Y hasta recuerdas mi nombre. Eso es nuevo. Rafael me pone al corriente, desde luego. — No mencionemos la cantidad de veces que fue necesario recordarle su nombre, pero al menos, por una vez, logró sorprenderlo. —¿Quizás sus problemas de memoria están teniendo alguna mejoría? — Miró de reojo a Tezca por algunos segundos antes de responder a la pregunta del hombre pelirrosa. —He estado sorprendentemente bien, especialmente el día de hoy. — No dio detalles, lo que sí hizo fue, esta vez, contemplar a la mujer que lo acompañaba, con la misma sonrisa, el cigarrillo entre sus labios y, del mismo modo que con Hyákinthos, también le extendió la mano. Esperó a que la joven de cabellos anaranjados fuera quien terminara de presentarse, nada soprendido por la confusión del nombre que había entregado Cherry.

—No se preocupe, señorita Hoshino. Estoy familiarizado con sus problemas de memoria.
Si aceptaba la mano, la apretaría con firmeza y, en caso contrario, la dejaría libremente. —Es un placer conocerla. Soy Jin Onizuka. Siendo conocida del señor Hyákinthos espero que la esté tratando bien. No se preocupe por el fallo de memoria, ya ve que a la larga sí acaba recordando. Solo sea un poco paciente con él. — Tomó el caracol de su bolsillo, pronunciando su número en caso de que la mujer quisiera anotarlo. —Si hay algo en que pueda ayudarla, no dude en contactarme.
Al fin... algo de paz. Se sentó, lanzando un suspiro, al fin, algo de alivio... O eso creyó hasta escuchar el tono de voz del rubio, y lo miró, viendo su expresión. Parpadeó, ahora confundido, parpadeando. —Bueno... Tampoco yo sabía que lo conocías... — Apenas murmuró, dejando escapar un suspiro. Se acercó un poco más a él, tratando de tomarle la mano para demostrarle su confianza. —Es mi socio... De cuando estaba con Raigo. No hay-...
Oh, de nuevo, allí estaba... Lo último todavía estaba por llegar todavía, ahora de una voz femenina, Yuuki, quien gritaba como una loca y que, para colmo, no solo parecía haberlos interrumpido en ese momento, sino para colmo se atrevía a desearle la muerte a Tezca. Antes de que siquiera pudiera sacar cualquier tipo de conclusión, su rostro, ahora más molesto, la observaba fijamente, el cigarrillo apretándose entre sus labios. Parecía que ese día era para poner su paciencia a prueba...

—Cuide sus palabras, señorita Yuuki.
Le encantaría decir que eso estaba terminando, pero no, por supuesto que no. Lo siguiente fue el tirón de orejas que vino de forma espontánea, ahora con mucha más molestia que antes. Qué ganas de sacar su propia katana en ese momento.
Cálmate Jin... Cálmate...
Tomó con lentitud la mano que jaloneaba su oreja, apartándola suavemente, contemplando a la mujer. —Señorita Yuuki, qué gusto volver a verla... Me gustaría poder convers-...
Fue cuando, al fin, escuchó lo que parecía ser un altavoz, con una nueva interrupción. ¿Un presentador? Parecía complacido, tenía una energía insaciable... Un momento... ¿Y esa nube? Parpadeó ahora más confundido, observando su alrededor. Se presentaba como El Dirigente. Los vitoreos no daban oportunidad a que pudieran seguir una conversación (o lo que fuera a salir de allí). Miró a Tezca de reojo, solo para escuchar su nombre. ¿Equipo uno? Hubiera preferido quedarse allí con su amado, pero por desgracia el deber lo llamaba. Suspiró, respirando calmadamente, observando al rubio, apretando su mano con firmeza.

—Te veo luego, querido.
Su rostro era, una vez más, suave cuando hablaba con el rubio, calmado y suave. Tomó su mano, besándola con cariño. —Trata de pasarlo bien. — Y, al fin, por fin, se puso en pie, caminando ahora hasta la zona que le acababan de designar, no sin antes dar una palmada al Ñordiki que los había acompañado hasta entonces. Tuvo que esquivar muchas personas, demasiadas. Solo pasar por las gradas fue un completo espectáculo. Tuvo que pedir espacio a trompicones de vez en cuando, solo con el humo de su cigarrillo como acompañante, el mismo que parecía más bien pronto terminar de consumirse.
Caminó hasta el lado más a la izquierda de la zona, hasta el cubículo designado. ¿A quiénes se iba a encontrar? El nombre de Stroud le resultaba familiar. Stroud... Stroud... ¿De qué le sonaba? Hmm... La que sí recordaba bien era, sin duda, a Nyra. Oh, vaya si la recordaba, como para no con las llamadas de aquella mujer de cabellos blancos y mirada dorada... A quien realmente no le resultaba nada familiar era el nombrado Juan. Curioso nombre... Lo podía ver. Ya fuera que llegaran antes o después de él, sería paciente, como siempre.
Una vez estuvieron todos juntos... Oh mierda, en serio... ¿EN SERIO? ¿TODOS MARINES? ¿EN QUÉ LE LO METIERON? Sin embargo, extendió su mano de forma educada, con la misma sonrisa confiada con la que previamente se había presentado al resto, manteniendo su imperturbable calma.

—Señores y... señorita. Un placer.
Inclinó levemente su cabeza, hacia los tres acompañantes. —Soy Jin Onizuka, como ya habrán escuchado cuando nos llamaron. Espero poder disfrutar de estos Juegos con ustedes. — Observó entonces a Nyra con la misma suficiencia y diversión. —Y, por supuesto, poder colaborar con todos ustedes.
Cajita de Tabaco
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