14-07-2026, 11:51 AM
El estruendo del graderío casi le vuela las orejas a Moja. Ese tal "Dirigente", un payaso con máscara y guantes rojos montado en una nube flotante, se puso a gritar por el Den Den Mushi con un tono chillón que al mink le pareció insoportable. Cuando la multitud coreó al unísono aquello de "¡¡EL FAVORITO DE LA GENTEE!!", la madera de las gradas vibró bajo sus pies. Moja se limitó a resoplar, cruzando los brazos sobre el pecho.
La farsa continuó cuando el presentador empezó a soltar los nombres de los equipos. El tipo los había mezclado a todos de forma supuestamente "equilibrada". Moja aguzó el oído. Stroud iba al Equipo Uno, Bertram al Dos... y de pronto, el presentador gritó su propio nombre, con ese maldito acento teatrero:
-¡El Equipo tres está formado por Maki D. Zen’in, Alejandro Montoya Jara, Kael Omuyaga y el birkaniano Masato Ami! ¡Por favor, dirigíos al cubículo!-
Al escuchar su nombre completo, Moja se tensó. Detestaba que usaran su identidad de esa manera ante una masa de civiles alados y piratas. Pero lo que realmente le revolvió el estómago fueron las normas que el presentador empezó a recitar con los dedos en alto. ¿Un deseo? ¿El Emperador Zarutsuki podía cumplir cualquier deseo al ganador?
Por un segundo, la mente de Moja se desvió. Un deseo. La imagen de sus padres, las cadenas de su infancia en el East Blue, el fuego de la rabia que aún le quemaba por dentro... Sacudió la cabeza con brusquedad, irritado consigo mismo. Los deseos eran cuentos para niños débiles. La justicia no se pedía de rodillas a un rey del cielo; se imponía con disciplina, orden y fuerza propia.
Se levantó de la grada de un salto, sin esperar a que el presentador terminara de flotar en su nube. Se giró hacia Stroud, se cuadró de forma automática y realizó un saludo militar rápido, rígido.
-Comandante. Con su permiso- dijo con su habitual tono seco. Se despidió de Kibai y Bertram con un simple asentimiento de cabeza y bajó las escaleras de la grada a paso ligero, con las botas rítmicas contra la madera.
Al llegar al cubículo de tierra batida del Equipo Tres, el ambiente se puso tenso al instante. Allí estaba ella. Maki D. Zen’in.
A Moja se le erizó el pelaje de la nuca. Recordaba perfectamente a esa mujer, aunque ahora estaba calva, mandona y peligrosa de cuando casi se matan a golpes en Little Garden, antes de que el maldito Sohem metiera las narices para frenar la pelea. La pirata lo miraba con una frialdad asesina, con las manos cerca de sus armas. Moja no se amedrentó. Dio un paso al frente, plantándose en mitad del cubículo y marcando distancias con la pirata. No quería estar en el mismo saco que una criminal, pero las reglas del juego eran claras, las hostilidades estaban prohibidas.
Fijó sus ojos amarillos directamente en Maki, ignorando el puño que ella ofrecía de forma altanera. Con la voz cortante y firme, aunque por su forma de ser no hablaba, hizo un esfuerzo y sin un ápice de duda, sentenció:
-Yo haré la prueba de velocidad. Soy el más rápido aquí.-
No era una sugerencia. Un mink pantera negra en su propio terreno físico no tenía rival corriendo, y Moja no iba a permitir que nadie más arruinara su oportunidad de dejar el pabellón de la Marina en lo más alto del cielo.
La farsa continuó cuando el presentador empezó a soltar los nombres de los equipos. El tipo los había mezclado a todos de forma supuestamente "equilibrada". Moja aguzó el oído. Stroud iba al Equipo Uno, Bertram al Dos... y de pronto, el presentador gritó su propio nombre, con ese maldito acento teatrero:
-¡El Equipo tres está formado por Maki D. Zen’in, Alejandro Montoya Jara, Kael Omuyaga y el birkaniano Masato Ami! ¡Por favor, dirigíos al cubículo!-
Al escuchar su nombre completo, Moja se tensó. Detestaba que usaran su identidad de esa manera ante una masa de civiles alados y piratas. Pero lo que realmente le revolvió el estómago fueron las normas que el presentador empezó a recitar con los dedos en alto. ¿Un deseo? ¿El Emperador Zarutsuki podía cumplir cualquier deseo al ganador?
Por un segundo, la mente de Moja se desvió. Un deseo. La imagen de sus padres, las cadenas de su infancia en el East Blue, el fuego de la rabia que aún le quemaba por dentro... Sacudió la cabeza con brusquedad, irritado consigo mismo. Los deseos eran cuentos para niños débiles. La justicia no se pedía de rodillas a un rey del cielo; se imponía con disciplina, orden y fuerza propia.
Se levantó de la grada de un salto, sin esperar a que el presentador terminara de flotar en su nube. Se giró hacia Stroud, se cuadró de forma automática y realizó un saludo militar rápido, rígido.
-Comandante. Con su permiso- dijo con su habitual tono seco. Se despidió de Kibai y Bertram con un simple asentimiento de cabeza y bajó las escaleras de la grada a paso ligero, con las botas rítmicas contra la madera.
Al llegar al cubículo de tierra batida del Equipo Tres, el ambiente se puso tenso al instante. Allí estaba ella. Maki D. Zen’in.
A Moja se le erizó el pelaje de la nuca. Recordaba perfectamente a esa mujer, aunque ahora estaba calva, mandona y peligrosa de cuando casi se matan a golpes en Little Garden, antes de que el maldito Sohem metiera las narices para frenar la pelea. La pirata lo miraba con una frialdad asesina, con las manos cerca de sus armas. Moja no se amedrentó. Dio un paso al frente, plantándose en mitad del cubículo y marcando distancias con la pirata. No quería estar en el mismo saco que una criminal, pero las reglas del juego eran claras, las hostilidades estaban prohibidas.
Fijó sus ojos amarillos directamente en Maki, ignorando el puño que ella ofrecía de forma altanera. Con la voz cortante y firme, aunque por su forma de ser no hablaba, hizo un esfuerzo y sin un ápice de duda, sentenció:
-Yo haré la prueba de velocidad. Soy el más rápido aquí.-
No era una sugerencia. Un mink pantera negra en su propio terreno físico no tenía rival corriendo, y Moja no iba a permitir que nadie más arruinara su oportunidad de dejar el pabellón de la Marina en lo más alto del cielo.
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