15-07-2026, 04:11 AM
(Última modificación: 15-07-2026, 04:17 AM por Hyákinthos.)
—Solo era cuestión de tiempo para poder recordarlo, simplemente necesitan tenerme algo de paciencia —dijo eso mientras pasaba su vista de Jin a Tezca, al que le sonrió por el comentario que dejó caer sobre su memoria. —¿Lo ves? No me hago el difícil, no contigo al menos —. Le habría gustado seguir la conversación, pero en cuanto las presentaciones entre la pelinaranja y ambos hombres estuvieron terminadas, el médico aceleró su paso para pasar, en medio de los ángeles que llenaban las gradas, hasta un escenario diferente, aunque…justo antes de eso se tuvo que detener ante el grito del rubio que hacía que su mente quedara en blanco. Tuvo tiempo de captar su número en el aire y menos mal llevaba consigo el pequeño caracolito dorado que lo ayudaba a comunicarse, pues pudo anotar aquellos números antes de que se le olvidara.
—Espero que hayas anotado también, Mina —. Sí, Mina era Miyori, pero no dejó que la chica lo corrigiera, más bien, no hubo tiempo, pues ya estaban frente a otro pintoresco grupo.
Es verdad que su mirada y sus palabras fueron directamente al cocinero del mechón blanco; sin embargo, a pesar de todos los defectos que pudiera tener, el doctor no era ningún grosero para dejar a alguien con la palabra en la boca, bueno, no si ese alguien se le hacía agradable a la vista.
Ladeó su cabeza cuando el hombre de largos cabellos azulados le empezó a hablar… ¿Lo conocía? Mencionó una isla en la que había estado, es cierto, pero no podía recordar ni su rostro ni su nombre, así que, como solía ocurrir cada vez que algún conocido al que no frecuentaba se le acercaba, se dibujó algo de confusión en su mirada antes de que las palabras del pirata lo hicieran recordar un acontecimiento muy específico, uno que hizo que sus ojos brillaran por la simple emoción de tener aún el curioso recuerdo en su memoria.
—¡Oh! ¡El chico del perro! Lo recuerdo…Bueno, Ares, no es que pueda recordar bien tu nombre ni tu rostro ni siquiera recuerdo el color del perro, pero sí que puedo recordar el momento en que Uker me confundió con un veterinario —. Miró de reojo a Uker, casi juzgándolo por aquella confusión. —Aunque tal vez solo fue un visionario, pues ahora hay más animales en mi tripulación de lo que podría esperar… ¡Ah! Tampoco recuerdo si dije mi nombre, soy Hyákinthos, puedes decirme Cherry —. Por supuesto que se dio cuenta de la formalidad del chico y también de la leve tensión… ¿Sería tímido o solo estaba nervioso por algo? Menos mal que el médico, aunque distraído, podía ser hablador si le daban cuerda. —¿Y? ¿En dónde esta el perro? ¿Sigue vivo? ...No lo veo por aquí, creí que era tuyo —. Tomó aire antes de seguir hablando. —Jmmm…Espero que no haya desperdiciado mis insumos médicos, aunque…
Su mirada se desvió por un momento, al otro lado de las gradas alcanzó a ver al enorme buccaner que viajaba con ellos desde el sendero y, por supuesto, a Merlot…Tal vez debía alcanzarlos, pero en ese momento escuchó la presentación que el peliazul hacía de sus compañeros.
—¡Jmmm…! Un gusto conocerlos. Quisiera decir que recordaré sus nombres, pero Uker puede dar testimonio de que eso no ocurrirá pronto y…chico… —Miró a Kiyoshi. —No soy tonto, solo tengo amnesia —. Porque claro que había escuchado su comentario, aunque lo cierto es que no se ofendió, solo le sacó una sonrisa…tal vez el ambiente festivo lo tenía de buen humor.
De nuevo su mirada fue hacia las gradas en las que Merlot y Barto se habían acomodado y las ansias por tomar asiento se apoderaron de él de repente, así que volvió a sujetar a Miyori del brazo para poder marcharse con ella, aunque, antes se detuvo en seco frente al que se presentó antes como Capitán de los Sepultura.
—Capitán… ¿No? Creo que deberíamos hablar después, en estos mares siempre es bueno tener contactos —. Al terminar de hablar le pasó su den den mushi al pirata, dejó que agregara su contacto y luego hizo une leve inclinación con su cabeza para despedirse del grupo, aunque antes de que pudiera avanzar mucho, Uker lo separó de Miyori por un instante.
—Cocinero, no comas ansias, no creo que este sea el sitio para hablar de esas cosas —. Se acercó para hablar en voz más baja de lo normal, asegurándose de que solo el pelinegro lo escuchara. —Pero te puedo adelantar que encontré otras cosas en Little Garden y Drum…No creo que se acerquen mucho al objetivo de la investigación, pero supe algo de un laboratorio en Arabasta —. Chasqueó la lengua al recordar aquello. —Lamentablemente no pude pasar mucho tiempo en esa isla como para investigarlo o si quiera saber si era real, pero tengo algunas cosas que podrían interesarte —. En ese momento se separó del hombre, apenas un paso. —Llama a Odeth... —Otto. —Si lo crees necesario, de todos modos, seguro será buena idea que se entere de esta isla.
Cuando se separó de Uker volvió a cruzar su brazo con el de Miyori, quien lo guío hasta que se encontraron con dos enormes hombres que, por sus armas, hicieron que el médico caminara más rápido de lo normal para alejarse; sin embargo, en ese pequeño instante, perdió de vista a la pelinaranja. Quedó en blanco y sudando frío por un par de segundos, hasta que escuchó la conocida voz de Miyori, quien no solo le señaló el camino a tomar, si no que volvió a su lado. Pudo suspirar aliviado.
Cuando llegó a las gradas, cerca de Merlot, Barto y una Maki que también parecía acabar de llegar, el médico no dudó en sentarse. Creyó que tendría algo de paz; sin embargo, una polvareda lo hizo alzar su mirada hacia el medio del escenario, luego escuchó una risa peculiar y una voz que retumbó en el estadio. El médico se quedó quieto, observando aquel espectáculo maravilloso, pues… ¿Quién diría que una nube podría servir como medio de transporte?
Ese sujeto enmascarado, “El Gobernante” —nombre que solo existía en la mente del pelirrosa —, se ganó al público en segundos, tanto que tuvo que taparse los oídos cuando todos lo recibieron con un pregón que parecía más que ensayado.
—¿Emperador? Oh… ¡Cierto! Las caracolas hablaron de algo así…Jmmm, aunque estoy decepcionado, creí que veríamos al tal emperador… ¿Qué sabes tu de esto, Beto? —Beto era Barto, en su intento por memorizar el nombre que el enorme sujeto antes le dijo, terminó pronunciando cualquier otra cosa. —¿Quiénes crees que sean esos dichosos participantes? —El médico preguntó de nuevo al hombre, pero lo cierto es que era más una pregunta retórica.
—¿Y crees que haya un concurso de belleza? Porque si es así, Merlot debería inscribirse, seguro ganaría sin dudar…Ni en la tierra ni aquí en el cielo tendría competencia digna —. Le sonrió a la chica antes de empezar a escuchar como el Dirigente empezaba a llamar a grupos de gente…Había nombres conocidos…Incluso alzó una ceja cuando llamaron a Jin y a Uker…¿Por qué ninguno le dijo que participaría en los juegos? Al menos si sabía que “Beto” participaría, pero… ¿Maki?
—¿Eeeeh? ¿Maki? ¿Cuándo entraste y por qué gritas como si quisieras matar a alguien? ¡Y no me mires así! ¿Qué fue lo que te hizo Uker? Apenas hablé con él hace poco y parecía bien, si es lo que te preocupa —. Quiso detener a la chica de que bajara a la arena, quiso preguntarle cuándo se inscribió, pero fue lo bastante rápida para bajar, así que el médico, prácticamente, se quedó con la palabra en la boca. Suspiró y se hundió en su silla…Todo le parecía tan extraño.
Y más extraño le pareció cuando escuchó su nombre.
Parpadeó un par de veces, se irguió en su silla… ¿Cuándo se inscribió él en esos juegos? —Es un error ¿verdad? —Miró a Merlot, buscando respuesta en su mirada, pero dudaba que la chica supiera lo que sucedía. —No, no, no…no pueden hacerme jugar y ensuciarme, vine a lucirme no a esto… ¡Ah! ¿Debería bajar y decir que es un malentendido?
Apenas y terminó de hablar cuando dio un salto que lo hizo aterrizar sobre la arena y luego de caminar casi en círculos, rodear el área de otros grupos y refunfuñar por todo el camino, terminó en el cubículo que le habían señalado.
Se cruzó de brazos, mordió su lengua y esperó a que el resto del grupo llegara para presentarse y comunicarles que él no pretendía participar en nada…Bueno, ese era su plan hasta que escuchó sobre aquel premio.
—¿Un deseo? —Pudo imaginar miles de cosas que necesitaba y que podría pedir. —Je, eso mejora las cosas, parece que ahora si nos estamos entendiendo —. Habló para si mismo mientras que sonreía con algo de malicia…es verdad que no recordaba haberse inscrito en nada, pero si era un error, ya no quería remediarlo, así que se quedó en su sitio hasta que el resto del grupo apareciera, tal vez tenía suerte y sus compañeros serían verdaderos prodigios en… ¿En qué exactamente? Ni siquiera sabía que tipo de juegos se supone que eran estos.
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