15-07-2026, 10:10 AM
Aquel lugar se derrumbó a mi espalda, como una imagen de mi pasado, como si una proyección de mi vida se tratase. Todo lo que pisaba se convertía en cenizas que alimentaban mi humo.
- Churrita... - Nicolás empezó a desvanecerse a la par que las calles de la ciudadela se llenaban de gentío y se arremolinaban a nuestro alrededor - Recuérdales por qué nosotros - acabó de pronunciar mientras caía perdiendo su cuerpo de mono humeante.
Mi haki sentía a todos a 100 metros alrededor, pero aún así no había un aura que llamase mi atención, nadie poderoso ni que me alertase, nada que debería cambiar la situación ¿verdad?. Hasta que no fue un aura si no unas palabras.
Mi ojo lo buscó entre la multitud...
- De... - el humo escapó por mi boca, afogonado, paré el ataqué en seco mientras Quetzalli le decía que lo buscábamos. Debía esperar y saber por qué estaba pasando. Caminé hacia él sin miedo, fijándome en su aura intentando averiguar sus intenciones, ante la respuesta de aquel hombre en mi solo encontraría hostilidad y ante su hostilidad si es que llegaba a sentirla... Solo respondería con mi espada, la cual mantenía en mi mano diestra como acostumbraba.
- ¿Quién manda en esta isla? - le pregunté con una voz firme, una pregunta sencilla, sin complicaciones, un recordatorio de que Hachinosu era TERRITORIO MUSHOKU.
- Churrita... - Nicolás empezó a desvanecerse a la par que las calles de la ciudadela se llenaban de gentío y se arremolinaban a nuestro alrededor - Recuérdales por qué nosotros - acabó de pronunciar mientras caía perdiendo su cuerpo de mono humeante.
¿Seguro que cerraste con llave? Jajajajaja
Agarré a Nicolás al vuelo mientras asentía, atándolo en los cordones de mi cintura como acostumbraba. Miré a Quetzalli con un mirada fría, era uno de mis generales. Un hombre que me acompañaba hacia la destrucción, desde la muerte de Gaeru cuando lo sentía con mi haki sentía su alma herida, como si el mundo hubiera arrancado de ella la bondad y ahora quedase un cascarón de rabia escondida bajo su alegría natural. Era un gran hombre, Quetzalli se había convertido en la viva imagen de un Mushoku y había pagado con creces el precio de la fruta que tragó cuando nos conocimos. Pero mi mirada era fría, fría como el hielo de mi espada, el sabía bien que era serio un hombre con el que no se podía o mejor dicho no se debía bromear, pero tanto korg, como él y el cachorro habían sobrepasado la muralla que me separaba del resto, pudiendo acercarse a mi, sintiendo algo que solo Lily me había dado... La complicidad del dolor con el que nos machaca el mundo. Mi haki sentía a todos a 100 metros alrededor, pero aún así no había un aura que llamase mi atención, nadie poderoso ni que me alertase, nada que debería cambiar la situación ¿verdad?. Hasta que no fue un aura si no unas palabras.
¿Quién me busca?
Mi ojo lo buscó entre la multitud...
- De... - el humo escapó por mi boca, afogonado, paré el ataqué en seco mientras Quetzalli le decía que lo buscábamos. Debía esperar y saber por qué estaba pasando. Caminé hacia él sin miedo, fijándome en su aura intentando averiguar sus intenciones, ante la respuesta de aquel hombre en mi solo encontraría hostilidad y ante su hostilidad si es que llegaba a sentirla... Solo respondería con mi espada, la cual mantenía en mi mano diestra como acostumbraba.
- ¿Quién manda en esta isla? - le pregunté con una voz firme, una pregunta sencilla, sin complicaciones, un recordatorio de que Hachinosu era TERRITORIO MUSHOKU.
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