16-07-2026, 08:28 AM
[personajeinvalido=3941]
Dos piratas de recompensas grandes y un marine, lamentablemente. Cualquiera podría pensar que teniendo a estas personas en su mismo grupo podría lograr algo más que un resultado promedio.
Gran error. La vida no te da ni una oportunidad de brillar.
La explicación del primer juego llegó, junto a una explosión de humo que, como si de un acto de magia se tratara, dejó tras de sí unos troncos preparados para medir el rendimiento de cada participante. Un golpe potente, una cosa simple y que cualquiera podría entender. Para Uker, esto significaba que podrían ganar varios puntos con facilidad, pues tenían a una moles de 4 metros de altura en su equipo.
Pudo sonreír al menos un poco, pues asumía un buen puesto para su equipo en esta prueba.
Varios se apresuraron a participar. No le sorprendió ver como un topo se acercaba a uno de los troncos, pues rápidamente asumió que se trataba de Eros, quien hizo una demostración excelente. Varios participantes más se unieron al juego, entre ellos se encontraba Maki, y todos eran igual de ruidosos y extravagantes, cosa que el cocinero no sabía si catalogar como una actitud normal o anormal a este punto de la historia.
Cuando ya varios se habían animado a participar, Uker echó la vista hacia atrás, esperando ver al gigante de su equipo para que participara. Lo que vio no fue mucho mejor, pues en la cara del hombre se le notaba tímido, casi como si el destino quisiera decirle algo al navegante. Observó a sus compañeros restantes, ninguno parecía muy dispuesto tampoco a participar. Las fichas fueron cayendo en su cabeza mientras sus dientes se presionaban y una vena se marcaba en su frente.
En cuanto confirmó, con palabras o no, que esto debía manejarlo él, llevó sus palmas a su cara con fuerza y suspiró pesadamente. Se quedó así unos segundos, intentando calmarse, hasta que sus manos se resbalaron por su rostro lentamente, como si no quisiera despegarlas. - Váyanse a la mierda -.
Se dió la vuelta y caminó hacia el tronco que le correspondía. Su sangre hervía, su labio inferior era víctima de una mordida generada por su enojo, incluso en sus ojos se podía ver esa furia que nadie más entendería. En los Cabos Gemelos ya había tenido que superar a un usuario de esas frutas mágicas, de milagro no salió muerto de ese encuentro. Ahora también, debía encargarse de una prueba de fuerza pura cuando esos tipos habían conseguido ser bendecidos con poderes. Eros y Maki, cuyos poderes podrían parecer una broma del destino, habían conseguido con sus formas animales muchísima más fuerza que un humano común. Uker era fuerte, estaba seguro de poder pelear sin problemas con la mayoría de esos participantes. Su habilidad con la espada, su visión, todo lo que era, pero debía enfrentarse a los bendecidos.
Su labio terminó por ceder, generando una pequeña herida que rápidamente llenó su boca de sabor a hierro. Cuando por fin llegó frente al tronco, escupió a un lado para quitarse la sangre de la boca. - ¡Váyanse a la mierda! -.
Su puño izquierdo se cerró, su brazo se impulsó hacia atrás y rápidamente, como si de un resorte se tratara, volvió hacia adelante, impulsando el puño en un golpe que impactó directamente en el dial. No era el ataque de una persona común, Uker era capaz de hacer relucir su fuerza bruta, pero no era nada comparado con los golpes que habían demostrado el resto. En cuanto su puño se separó del objetivo, apretó los dientes, se dió media vuelta y comenzó a caminar de vuelta hacia al lugar donde estaba antes.
El destino no era más que una perra.
Dos piratas de recompensas grandes y un marine, lamentablemente. Cualquiera podría pensar que teniendo a estas personas en su mismo grupo podría lograr algo más que un resultado promedio.
Gran error. La vida no te da ni una oportunidad de brillar.
La explicación del primer juego llegó, junto a una explosión de humo que, como si de un acto de magia se tratara, dejó tras de sí unos troncos preparados para medir el rendimiento de cada participante. Un golpe potente, una cosa simple y que cualquiera podría entender. Para Uker, esto significaba que podrían ganar varios puntos con facilidad, pues tenían a una moles de 4 metros de altura en su equipo.
Pudo sonreír al menos un poco, pues asumía un buen puesto para su equipo en esta prueba.
Varios se apresuraron a participar. No le sorprendió ver como un topo se acercaba a uno de los troncos, pues rápidamente asumió que se trataba de Eros, quien hizo una demostración excelente. Varios participantes más se unieron al juego, entre ellos se encontraba Maki, y todos eran igual de ruidosos y extravagantes, cosa que el cocinero no sabía si catalogar como una actitud normal o anormal a este punto de la historia.
Cuando ya varios se habían animado a participar, Uker echó la vista hacia atrás, esperando ver al gigante de su equipo para que participara. Lo que vio no fue mucho mejor, pues en la cara del hombre se le notaba tímido, casi como si el destino quisiera decirle algo al navegante. Observó a sus compañeros restantes, ninguno parecía muy dispuesto tampoco a participar. Las fichas fueron cayendo en su cabeza mientras sus dientes se presionaban y una vena se marcaba en su frente.
En cuanto confirmó, con palabras o no, que esto debía manejarlo él, llevó sus palmas a su cara con fuerza y suspiró pesadamente. Se quedó así unos segundos, intentando calmarse, hasta que sus manos se resbalaron por su rostro lentamente, como si no quisiera despegarlas. - Váyanse a la mierda -.
Se dió la vuelta y caminó hacia el tronco que le correspondía. Su sangre hervía, su labio inferior era víctima de una mordida generada por su enojo, incluso en sus ojos se podía ver esa furia que nadie más entendería. En los Cabos Gemelos ya había tenido que superar a un usuario de esas frutas mágicas, de milagro no salió muerto de ese encuentro. Ahora también, debía encargarse de una prueba de fuerza pura cuando esos tipos habían conseguido ser bendecidos con poderes. Eros y Maki, cuyos poderes podrían parecer una broma del destino, habían conseguido con sus formas animales muchísima más fuerza que un humano común. Uker era fuerte, estaba seguro de poder pelear sin problemas con la mayoría de esos participantes. Su habilidad con la espada, su visión, todo lo que era, pero debía enfrentarse a los bendecidos.
Su labio terminó por ceder, generando una pequeña herida que rápidamente llenó su boca de sabor a hierro. Cuando por fin llegó frente al tronco, escupió a un lado para quitarse la sangre de la boca. - ¡Váyanse a la mierda! -.
Su puño izquierdo se cerró, su brazo se impulsó hacia atrás y rápidamente, como si de un resorte se tratara, volvió hacia adelante, impulsando el puño en un golpe que impactó directamente en el dial. No era el ataque de una persona común, Uker era capaz de hacer relucir su fuerza bruta, pero no era nada comparado con los golpes que habían demostrado el resto. En cuanto su puño se separó del objetivo, apretó los dientes, se dió media vuelta y comenzó a caminar de vuelta hacia al lugar donde estaba antes.
El destino no era más que una perra.
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