16-07-2026, 02:29 PM
(Última modificación: 16-07-2026, 02:33 PM por Akira Raito.)
Nuestra llegada provocó un poco de impacto, por un lado, el aparecer con uniformes de la Marina pareció generar sensaciones agridulces tanto al gigante como al chico de pelo despeinado hacia arriba. Sigurd y Ryota, despectivamente, de lujo, buen equipo pensé con esa primera impresión. Volví a mirar a Shin y a ellos rápidamente, girando la cabeza y pasando la mirada por cada uno de ellos varias veces. Se conocían entre todos… Menos yo. Pero bueno, la vida, tiempo al tiempo, al final simplemente era un soldado raso, acompañando a un comandante, y cara a cara frente al “Carnicero de Whiskey Peak” y el capitán de los “Hanu Mahana”.
—Gracias amigo, a mi también se me da bien navegar, fíjate. Creo que te he visto por Baterilla, de hecho… ¡¡¡AHHH, CLARO!!! ¡¡Tú eres el hijo del pescador, quiero decir, tu familia es pesquera, SISISI!!! —grité señalando a Ryota entre ceja y ceja, ya sabía yo que esa cara me sonaba de algún sitio, a fin de cuentas, nos habíamos criado en la misma isla, y Baterilla al final era como un pueblo, todo el mundo se acababa conociendo. Era un tipo majo, para ser pirata, y empezaba a empatizar con él ya que compartían bastantes cosas, para ser pirata, nos habíamos criado en la misma isla y desempeñábamos el mismo rol en nuestro grupo, para ser pirata.
Por su parte, el comandante se mostraba entre bromista y distante, asegurando que para nada serían amigos y que de ninguna manera se sentiría orgulloso de compartir equipo con ellos—Entendible, comandante, son piratas —aseguré con un gesto de afirmación con la cabeza, esta vez manteniendo las distancias ya que parecía huirme. ¿Le pondría nervioso? Que solo le podían tocar mujeres decía… ¿Y cómo quería compartir el sentimiento de victoria si no es con saltos y abrazos a sus compañeros? Shin era extraño para lo que quería, luego bien que querrá celebrar la victoria.
Mientras tanto, Sigurd, con su enorme altura, parecía tener una voz reverberante cargada de fuerza, orgulloso bucanero y el terror de Grand Line, que se dio un golpe en el pecho ensordecedor animando al resto del equipo, cosa que imité con gusto a pesar de que no resonara con tanta fuerza. Y aunque sus amenazas de muerte en “otras circunstancias” eran claras, hoy éramos parte del mismo equipo, y teníamos que ganar—¡EQUIPO SEIS! ¡EQUIPO SEIS! ¡EQUIPO SEIS! ¡JARUL JUL JUL JUL! —repetí junto con mis compañeros pensando que la risa de Sigurd era una especie de grito de guerra típico de los gigantotes.
—Bueno, ¿y cómo lo hacemos? —empecé al tiempo que volvía el dirigente a provocar que el público enloqueciera—. ¡¡¡LOS JUEGOS DEL EMPERADOOOOORRRRR!!! ¡¡¡LA PRUEBA DEL COLOSO!!! —estaba claro, debía de ir el más fuerte, pero ¿quién era? ¿Lo echaremos a suertes? Yo por mi parte, sabía que no alcanzaba mi máximo potencial en fuerza, podía usar el hasshoken, pero claro, esto no era fuerza en sí, era ignorar resistencias—. ”Hmmm no, no puedo ir yo, además, esta gente… Uno es comandante, otro capitán y el otro tiene un apodo de la hostia, quiero decir, carnicero… Debe ser fuerte también, mide siete jodidos metros…” —pensé mientras volvía a poner la vista en mis compañeros.
—Chicos, yo creo que no soy el más fuerte de aquí… Soy el más bajito… Aunque bueno, puedo ofrecer esto para ayudar a quien se presente, los mejoró mi buen amigo y cangrejo Juancho, y según me dijo, hacen que los golpes se puedan pegar con mucha más fuerza —y entonces me quité ambos guantes de las manos, cogiéndolos con mi mano derecha y elevándolos por encima de mi cabeza para que el buccanner pudiera verlos—. ¡A tí no te valen! —le grité mientras le señalaba con el dedo índice de mi mano izquierda, con el brazo también levantado.
—¡¡¡Venga tú, antes de que empiecen, póntelos!!! —y de un empujón lancé a Ryota al medio del campo mientras le lanzaba los guantes para que los cogiera al vuelo. Desconocía la fuerza de Shin, pero si las pruebas iban de capacidades, seguro que él era el más rápido gracias al poder de su fruta del diablo. Y Sigurd era demasiado grande como para poder ponerse los guantes que me mejoró Juan, y Juan me había dicho que hacían que los golpes fueran mucho más fuertes, y como confío ciegamente en mi cangrejito, el único que podía presentarse era el capitán de los Hanu Mahana. Ya habían empezado y estaban todos los miembros del resto de los equipos con el jugador en medio del campo. Un topo, espera, ¿un topo? El comandante Stroud, otro gigante, este más pequeño que Sigurd pero aun así con sus más de cuatro metros, una mujer calva que se transformó en una iguana de, más o menos, el tamaño de mi pie, y otro tipo vestido de negro con ropa apretada—. ”Otra vez últimos… Bueno pero en las pruebas seguro no. Qué personas más curiosas…” ¡¡Venga, venga, eres capitán, seguro que eres fuerte!! —¿cómo harán la prueba estos participantes? ¿Cómo serían el resto de pruebas? ¿Tendría la oportunidad de hacer algo?
—Gracias amigo, a mi también se me da bien navegar, fíjate. Creo que te he visto por Baterilla, de hecho… ¡¡¡AHHH, CLARO!!! ¡¡Tú eres el hijo del pescador, quiero decir, tu familia es pesquera, SISISI!!! —grité señalando a Ryota entre ceja y ceja, ya sabía yo que esa cara me sonaba de algún sitio, a fin de cuentas, nos habíamos criado en la misma isla, y Baterilla al final era como un pueblo, todo el mundo se acababa conociendo. Era un tipo majo, para ser pirata, y empezaba a empatizar con él ya que compartían bastantes cosas, para ser pirata, nos habíamos criado en la misma isla y desempeñábamos el mismo rol en nuestro grupo, para ser pirata.
Por su parte, el comandante se mostraba entre bromista y distante, asegurando que para nada serían amigos y que de ninguna manera se sentiría orgulloso de compartir equipo con ellos—Entendible, comandante, son piratas —aseguré con un gesto de afirmación con la cabeza, esta vez manteniendo las distancias ya que parecía huirme. ¿Le pondría nervioso? Que solo le podían tocar mujeres decía… ¿Y cómo quería compartir el sentimiento de victoria si no es con saltos y abrazos a sus compañeros? Shin era extraño para lo que quería, luego bien que querrá celebrar la victoria.
Mientras tanto, Sigurd, con su enorme altura, parecía tener una voz reverberante cargada de fuerza, orgulloso bucanero y el terror de Grand Line, que se dio un golpe en el pecho ensordecedor animando al resto del equipo, cosa que imité con gusto a pesar de que no resonara con tanta fuerza. Y aunque sus amenazas de muerte en “otras circunstancias” eran claras, hoy éramos parte del mismo equipo, y teníamos que ganar—¡EQUIPO SEIS! ¡EQUIPO SEIS! ¡EQUIPO SEIS! ¡JARUL JUL JUL JUL! —repetí junto con mis compañeros pensando que la risa de Sigurd era una especie de grito de guerra típico de los gigantotes.
—Bueno, ¿y cómo lo hacemos? —empecé al tiempo que volvía el dirigente a provocar que el público enloqueciera—. ¡¡¡LOS JUEGOS DEL EMPERADOOOOORRRRR!!! ¡¡¡LA PRUEBA DEL COLOSO!!! —estaba claro, debía de ir el más fuerte, pero ¿quién era? ¿Lo echaremos a suertes? Yo por mi parte, sabía que no alcanzaba mi máximo potencial en fuerza, podía usar el hasshoken, pero claro, esto no era fuerza en sí, era ignorar resistencias—. ”Hmmm no, no puedo ir yo, además, esta gente… Uno es comandante, otro capitán y el otro tiene un apodo de la hostia, quiero decir, carnicero… Debe ser fuerte también, mide siete jodidos metros…” —pensé mientras volvía a poner la vista en mis compañeros.
—Chicos, yo creo que no soy el más fuerte de aquí… Soy el más bajito… Aunque bueno, puedo ofrecer esto para ayudar a quien se presente, los mejoró mi buen amigo y cangrejo Juancho, y según me dijo, hacen que los golpes se puedan pegar con mucha más fuerza —y entonces me quité ambos guantes de las manos, cogiéndolos con mi mano derecha y elevándolos por encima de mi cabeza para que el buccanner pudiera verlos—. ¡A tí no te valen! —le grité mientras le señalaba con el dedo índice de mi mano izquierda, con el brazo también levantado.
—¡¡¡Venga tú, antes de que empiecen, póntelos!!! —y de un empujón lancé a Ryota al medio del campo mientras le lanzaba los guantes para que los cogiera al vuelo. Desconocía la fuerza de Shin, pero si las pruebas iban de capacidades, seguro que él era el más rápido gracias al poder de su fruta del diablo. Y Sigurd era demasiado grande como para poder ponerse los guantes que me mejoró Juan, y Juan me había dicho que hacían que los golpes fueran mucho más fuertes, y como confío ciegamente en mi cangrejito, el único que podía presentarse era el capitán de los Hanu Mahana. Ya habían empezado y estaban todos los miembros del resto de los equipos con el jugador en medio del campo. Un topo, espera, ¿un topo? El comandante Stroud, otro gigante, este más pequeño que Sigurd pero aun así con sus más de cuatro metros, una mujer calva que se transformó en una iguana de, más o menos, el tamaño de mi pie, y otro tipo vestido de negro con ropa apretada—. ”Otra vez últimos… Bueno pero en las pruebas seguro no. Qué personas más curiosas…” ¡¡Venga, venga, eres capitán, seguro que eres fuerte!! —¿cómo harán la prueba estos participantes? ¿Cómo serían el resto de pruebas? ¿Tendría la oportunidad de hacer algo?
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