16-07-2026, 05:37 PM
La llegada de los tres Marines fue poco después de su propia aparición. Los tres, obviamente, juntos. No es que tuviera nada en contra de ellos, al menos por el momento. Su recompensa no había vuelto a aparecer en los carteles, pero no ponía en duda de que, mínimo, podrían estar al tanto de su físico. Sin embargo, la mujer fue quien se adelantó a toda prisa a aceptar su mano. Menos mal, le había seguido la corriente, era mejor fingir ser desconocidos y, en caso de poder tener un espacio a solas, ya se iba a encargar de poder hablar de forma más concreta con ella. ¿Quién sabe? Quizás en algún momento podría resultar de ayuda.
Al no ofrecer su nombre, no lo pronunció. Tampoco lo había hecho el... Miró por encima de la mujer, ahora viendo lo que era una... ¿Tortuga...? Sus palabras ya le dijeron de sobra que su rostro estaba en la mira, como bien sospechaba. —No tema, caballero, aunque no lo parezca, sé hacer trabajos en equipo. — Se mostró igual de calmado y profesional que con la mujer, solo para volver la mirada, esta vez, al último que fue mencionado. La imagen del individuo le resultaba familiar, pero tan lejana... Su forma de hablar tampoco es que tuviera mucha expresividad especialmente.
Su mano quedó en el aire, sabiendo que esa mano no iba a ser aceptada. Por eso, apartó lentamente su mano, cuidadosamente, manteniendo esa faceta calmada y profesional. Los ojos azules de Jin ahora se encontraron, esta vez por primera vez, con los grises del que al menos sí se había molestado a presentarse del mismo modo que él.
Incluso si quisiera, no era lo mejor que podía hacer, mucho menos en los juegos. Tenía algo que cumplir, y por el momento llamar la atención de forma negativa estaba fuera de siquiera de sus pensamientos. —Solo traten de pasarlo bien.
Echó un fugaz vistazo, al menos desde el cubículo en el que se encontraba con sus compañeros, solo para ver si podía ver al rubio por algún casual, aunque fuera cerca. Qué lástima no tener oportunidad de poder hacer equipo con él, pero obviamente eran cosas que tenían que suceder. Más tarde esperaba tener su tan ansiado y amado reencuentro. Una vez más, el que se autodenominó El Dirigente, presentador que, en su opinión, parecía estar lleno de energía y satisfacción, muy bien elegido con el carisma que emanaba, haciendo que los vitoreos de las personas por las que había pasado se volvieran cada vez más y más sonoros.
Al fin se dio el nombre de lo que, aparentemente, iba a ser el primer juego. Se trataba de, ni más ni menos, la Prueba del Coloso. El nombre, de por sí, ya hablaba por todos probablemente. Tenía confianza, y de hecho iba a abrir su boca, pero el Marine que habló primero fue la propia tortuga, quien mencionaba la ausencia de fuerza para superar dicha prueba. Luego, quien interrumpió fue el que se presentó fue el único que se había presentado, Stroud. No había palabras de su parte, solo el acompañante de su confianza y la forma en la que se arremangó, mostrando los músculos de su brazo. Pelear o debatir, por supuesto, estaba fuera de la liga. —Suerte allí fuera entonces, Señor Nanashi. — pronunció al fin, colocando la mano en el bolsillo derecho de su pantalón, retirando del interior su característica cajita de metal. Lo vio adelantarse y salir del cubículo. Aprovechó ese tiempo para abrir el paquete y contar los cigarrillos que aún le quedaban. Al menos la mitad estaban todavía intactos, podía fumar un poco más cuando terminara. Cerró la cajita de metal con una mano, ahora desviando la mirada hacia sus dos acompañantes.
Ya que iban a esperar a ver cómo iba a ser la prueba y tenían que hacer equipo, no vio motivo de no ser “amable”. La zurda ahora se elevó en el cigarrillo que todavía estaba en sus labios y, si cualquiera de los dos aceptaba, les iba a entregar un cigarrillo por cabeza y hasta el mechero. En caso contrario, los dejaría estar y guardaría de nuevo la cajita de metal en el bolsillo. Eso iba a ser interesante de ver. A ver qué tan preparado iba a estar ese Marine que solo se molestó a mostrar el brazo sin despedirse.
Los ojos ahora analizaron el entorno, donde las cuatro esferas iban al centro del campo hasta estallar y, después de que el humo se disipara, poder ver el escenario. ¿Muñecos? ¿Un Den-Den Mushi? Y algo rojo que no lograba reconocer... Curioso... Muy curioso... Dio una larga calada, contemplando no solo a Stroud, sino al primero que pareció adelantarse a él... ¿No era ese el topo fetichista de pantalones? No esperaba reencontrarse a aquel hombre de esa forma. Reveló una media sonrisa, ahora divertida, al ver una actitud que no conocía. ¿Dónde había ido a parar toda esa confianza de la que alardeaba? Ahora parecía estar temblando como una hoja... Ciertamente recordaba que era menos hablador la vez que se conocieron, pero no a ese nivel.
Lo siguió observando, calada tras calada, ahora interesado. ¿Que si iba a apartar la mirada? Oh, por supuesto que no. Iba a disfrutar un poco más, ahora el interés era genuino. No llegó a conocer nunca esa parte de él. Que se transformara además y caminara, después de tomarse el tiempo suficiente, fue entretenido. Una media sonrisa asomaba entre el cigarrillo, sus dedos y sus labios... Y pudo notar el impacto. Brutal, increíble, sin duda pese a los temblores iniciales que tuvo en su forma humana. Sí, lo admitía, probablemente un golpe de ese estilo lo habría dejado mucho más que solo viendo pajaritos. O bien había mejorado, o bien no lo había usado contra él. En cualquier caso, agradeció en silencio que no fuera contra él ese golpe.
El siguiente fue el propio Stroud, quien, a diferencia de Eros, sí estaba mucho más calmado y concentrado. Su mano era... ¿Un mochi? ¿Eso era un mochi? Había akumas que, desde luego, eran de lo más curiosos. Supo que, haberlo dejado ir en vez de a sí mismo había sido una buena idea. No se arrepentía de su elección. Los ojos, pese a que sus compañeros seguían al lado, estaban fijos en el impacto que realizó Stroud. Su postura era perfecta, incluso alguien como él, que no trataba con artes marciales, podía percibirlo, su forma de concentrarse era excelente. Elevó su diestra hacia el cigarrillo, que parecía a punto de terminar de cosumirse, expulsando el humo de sus labios cuando el impacto se hizo escuchar y ver claramente. Miró de reojo a los dos acompañantes, aquella... ¿trotuga?... Se veía completamente como una tortuga, ¿era quizás una mascota? A veces se lo llegó a preguntar, si no fuera porque podía hablar, a diferencia de los animales. Lo mejor era tratarlo como uno más, por si las moscas. Sí, mejor así, y a la Mink de orejas y cola que se veían esponjosas.
Después de la conversación, sus ojos volvieron al frente, solo para ver quién más estaba por llegar. ¿Qué otros participantes estarían dispuestos a participar en la Prueba del Coloso? ¿Habría alguien más que pudiera conocer? Eso estaba por verse... Y no tardó en aparecer. Un individuo que, aunque su recuerdo no era tan borroso, no recordaba su nombre. Aquel que había osado desafiar a su jefe, el propio Sohem. Sus brazos se cruzaron, firmes, fijos en el varón que ahora iba de frente hacia esa prueba. Parecía, más que nervioso o concentrado, claramente divertido, con una confianza que desbordaba. Sus brazos se cruzaron, el cigarrillo entre sus labios se movía de arriba abajo, concentrado en los participantes... Y sus interesantes habilidades. Ese hombre había logrado... ¿Era eso un hueso? ¿Qué tipo de Akuma era ese? El impacto, sin embargo, fue mucho más brutal.
Escuchó a Juan mencionar sobre su estilo, y ciertamente era curioso. Ciertamente no sabía qué tipo de persona era, él y el loco que lo amenazó en conjunto a aquel desconocido. Su índice comenzó a dar leves y suaves toques, uno tras otro, ahora sobre su brazo, el humo volaba. Pequeños recuerdos de reclutamiento en su antiguo trabajo volvían, memorias que ya ahora no iban a regresar, ni mucho menos. Fue calmado, hasta que vio al tercer participante. Lo primero que hizo fue enarcar una ceja al verla. ¿Una calva? No es que fuera la única mujer calva en el mundo, pero sí reconocía de sobra esas quemaduras. ¿No era esa la estúpida joven que olisqueaba el trasero del Rackham como si le fuera a suplicar de rodillas? Hubiera deseado no volver a verla, pero su rostro de disgusto no pasó desapercibido. Ahora, sin embargo, las cosas habían cambiado mucho y su odio hacia la mujer ni siquiera existía. Más bien ahora la consideraba de lo más insignificante. Cómo no, era tan intensa y ruidosa como siempre, uno de los motivos por lo que no la soportaba. Sus ojos, afilados, sin embargo, sí fueron hacia Juan cuando escuchó que la nombraba. Así que... obviamente sí la conocía. El impacto fue duro, pero a diferencia de los otros participantes que acababan de hacer su trabajo, no había sido para tanto.
Y hablando del rey de roma, allí estaba, el cocinero que despertaba su interés desde los Blues, con aquel característico mechón blanquecino. No parecía estar tan contento, a diferencia del resto, de estar allí. Su puño de nuevo golpeó, con una fuerza menos impresionante que los tres primeros, pero sin duda era más notorio que el de la previa participante. El grito de la tortuga por poco lo deja sordo, eso sí. Tuvo que elevar su meñique y frotar su oído para evitar el pitido que se estaba gestando, tratando de calmarlo.
Y, en esta ocasión, fue una mujer más, esta sí que ciertamente no le resultaba en absoluto familiar, pero su aspecto se veía valeroso, firme y seguro con una belleza claramente destacable y sus alas... Se la veía concentrada, no era una cualquiera, eso estaba claro. El dedo dejó de repiquetear en su brazo, separándolos y, finalmente, vio el impacto. ¿Había sido incluso más fuerte que el del Rackham? Qué buena impresión estaba dando esa mujer... ¿De dónde venía? Todavía quedaban un par de participantes más... ¿Qué tipo de personas eran? Estaba curioso y expectante por ver más de las personas que pudieran estar en esos juegos...

—Es usted muy amable, señorita.
Al no ofrecer su nombre, no lo pronunció. Tampoco lo había hecho el... Miró por encima de la mujer, ahora viendo lo que era una... ¿Tortuga...? Sus palabras ya le dijeron de sobra que su rostro estaba en la mira, como bien sospechaba. —No tema, caballero, aunque no lo parezca, sé hacer trabajos en equipo. — Se mostró igual de calmado y profesional que con la mujer, solo para volver la mirada, esta vez, al último que fue mencionado. La imagen del individuo le resultaba familiar, pero tan lejana... Su forma de hablar tampoco es que tuviera mucha expresividad especialmente.
Su mano quedó en el aire, sabiendo que esa mano no iba a ser aceptada. Por eso, apartó lentamente su mano, cuidadosamente, manteniendo esa faceta calmada y profesional. Los ojos azules de Jin ahora se encontraron, esta vez por primera vez, con los grises del que al menos sí se había molestado a presentarse del mismo modo que él.
—Ah, le garantizo que no suelo hacer nada “extraño”, Señor Nanashi.
Incluso si quisiera, no era lo mejor que podía hacer, mucho menos en los juegos. Tenía algo que cumplir, y por el momento llamar la atención de forma negativa estaba fuera de siquiera de sus pensamientos. —Solo traten de pasarlo bien.
Echó un fugaz vistazo, al menos desde el cubículo en el que se encontraba con sus compañeros, solo para ver si podía ver al rubio por algún casual, aunque fuera cerca. Qué lástima no tener oportunidad de poder hacer equipo con él, pero obviamente eran cosas que tenían que suceder. Más tarde esperaba tener su tan ansiado y amado reencuentro. Una vez más, el que se autodenominó El Dirigente, presentador que, en su opinión, parecía estar lleno de energía y satisfacción, muy bien elegido con el carisma que emanaba, haciendo que los vitoreos de las personas por las que había pasado se volvieran cada vez más y más sonoros.
Al fin se dio el nombre de lo que, aparentemente, iba a ser el primer juego. Se trataba de, ni más ni menos, la Prueba del Coloso. El nombre, de por sí, ya hablaba por todos probablemente. Tenía confianza, y de hecho iba a abrir su boca, pero el Marine que habló primero fue la propia tortuga, quien mencionaba la ausencia de fuerza para superar dicha prueba. Luego, quien interrumpió fue el que se presentó fue el único que se había presentado, Stroud. No había palabras de su parte, solo el acompañante de su confianza y la forma en la que se arremangó, mostrando los músculos de su brazo. Pelear o debatir, por supuesto, estaba fuera de la liga. —Suerte allí fuera entonces, Señor Nanashi. — pronunció al fin, colocando la mano en el bolsillo derecho de su pantalón, retirando del interior su característica cajita de metal. Lo vio adelantarse y salir del cubículo. Aprovechó ese tiempo para abrir el paquete y contar los cigarrillos que aún le quedaban. Al menos la mitad estaban todavía intactos, podía fumar un poco más cuando terminara. Cerró la cajita de metal con una mano, ahora desviando la mirada hacia sus dos acompañantes.

—¿Fumáis?
Ya que iban a esperar a ver cómo iba a ser la prueba y tenían que hacer equipo, no vio motivo de no ser “amable”. La zurda ahora se elevó en el cigarrillo que todavía estaba en sus labios y, si cualquiera de los dos aceptaba, les iba a entregar un cigarrillo por cabeza y hasta el mechero. En caso contrario, los dejaría estar y guardaría de nuevo la cajita de metal en el bolsillo. Eso iba a ser interesante de ver. A ver qué tan preparado iba a estar ese Marine que solo se molestó a mostrar el brazo sin despedirse.
Los ojos ahora analizaron el entorno, donde las cuatro esferas iban al centro del campo hasta estallar y, después de que el humo se disipara, poder ver el escenario. ¿Muñecos? ¿Un Den-Den Mushi? Y algo rojo que no lograba reconocer... Curioso... Muy curioso... Dio una larga calada, contemplando no solo a Stroud, sino al primero que pareció adelantarse a él... ¿No era ese el topo fetichista de pantalones? No esperaba reencontrarse a aquel hombre de esa forma. Reveló una media sonrisa, ahora divertida, al ver una actitud que no conocía. ¿Dónde había ido a parar toda esa confianza de la que alardeaba? Ahora parecía estar temblando como una hoja... Ciertamente recordaba que era menos hablador la vez que se conocieron, pero no a ese nivel.
Lo siguió observando, calada tras calada, ahora interesado. ¿Que si iba a apartar la mirada? Oh, por supuesto que no. Iba a disfrutar un poco más, ahora el interés era genuino. No llegó a conocer nunca esa parte de él. Que se transformara además y caminara, después de tomarse el tiempo suficiente, fue entretenido. Una media sonrisa asomaba entre el cigarrillo, sus dedos y sus labios... Y pudo notar el impacto. Brutal, increíble, sin duda pese a los temblores iniciales que tuvo en su forma humana. Sí, lo admitía, probablemente un golpe de ese estilo lo habría dejado mucho más que solo viendo pajaritos. O bien había mejorado, o bien no lo había usado contra él. En cualquier caso, agradeció en silencio que no fuera contra él ese golpe.
El siguiente fue el propio Stroud, quien, a diferencia de Eros, sí estaba mucho más calmado y concentrado. Su mano era... ¿Un mochi? ¿Eso era un mochi? Había akumas que, desde luego, eran de lo más curiosos. Supo que, haberlo dejado ir en vez de a sí mismo había sido una buena idea. No se arrepentía de su elección. Los ojos, pese a que sus compañeros seguían al lado, estaban fijos en el impacto que realizó Stroud. Su postura era perfecta, incluso alguien como él, que no trataba con artes marciales, podía percibirlo, su forma de concentrarse era excelente. Elevó su diestra hacia el cigarrillo, que parecía a punto de terminar de cosumirse, expulsando el humo de sus labios cuando el impacto se hizo escuchar y ver claramente. Miró de reojo a los dos acompañantes, aquella... ¿trotuga?... Se veía completamente como una tortuga, ¿era quizás una mascota? A veces se lo llegó a preguntar, si no fuera porque podía hablar, a diferencia de los animales. Lo mejor era tratarlo como uno más, por si las moscas. Sí, mejor así, y a la Mink de orejas y cola que se veían esponjosas.
—Tienen un compañero de lo más sorprendente.
Después de la conversación, sus ojos volvieron al frente, solo para ver quién más estaba por llegar. ¿Qué otros participantes estarían dispuestos a participar en la Prueba del Coloso? ¿Habría alguien más que pudiera conocer? Eso estaba por verse... Y no tardó en aparecer. Un individuo que, aunque su recuerdo no era tan borroso, no recordaba su nombre. Aquel que había osado desafiar a su jefe, el propio Sohem. Sus brazos se cruzaron, firmes, fijos en el varón que ahora iba de frente hacia esa prueba. Parecía, más que nervioso o concentrado, claramente divertido, con una confianza que desbordaba. Sus brazos se cruzaron, el cigarrillo entre sus labios se movía de arriba abajo, concentrado en los participantes... Y sus interesantes habilidades. Ese hombre había logrado... ¿Era eso un hueso? ¿Qué tipo de Akuma era ese? El impacto, sin embargo, fue mucho más brutal.
Qué interesante...
Escuchó a Juan mencionar sobre su estilo, y ciertamente era curioso. Ciertamente no sabía qué tipo de persona era, él y el loco que lo amenazó en conjunto a aquel desconocido. Su índice comenzó a dar leves y suaves toques, uno tras otro, ahora sobre su brazo, el humo volaba. Pequeños recuerdos de reclutamiento en su antiguo trabajo volvían, memorias que ya ahora no iban a regresar, ni mucho menos. Fue calmado, hasta que vio al tercer participante. Lo primero que hizo fue enarcar una ceja al verla. ¿Una calva? No es que fuera la única mujer calva en el mundo, pero sí reconocía de sobra esas quemaduras. ¿No era esa la estúpida joven que olisqueaba el trasero del Rackham como si le fuera a suplicar de rodillas? Hubiera deseado no volver a verla, pero su rostro de disgusto no pasó desapercibido. Ahora, sin embargo, las cosas habían cambiado mucho y su odio hacia la mujer ni siquiera existía. Más bien ahora la consideraba de lo más insignificante. Cómo no, era tan intensa y ruidosa como siempre, uno de los motivos por lo que no la soportaba. Sus ojos, afilados, sin embargo, sí fueron hacia Juan cuando escuchó que la nombraba. Así que... obviamente sí la conocía. El impacto fue duro, pero a diferencia de los otros participantes que acababan de hacer su trabajo, no había sido para tanto.
Y hablando del rey de roma, allí estaba, el cocinero que despertaba su interés desde los Blues, con aquel característico mechón blanquecino. No parecía estar tan contento, a diferencia del resto, de estar allí. Su puño de nuevo golpeó, con una fuerza menos impresionante que los tres primeros, pero sin duda era más notorio que el de la previa participante. El grito de la tortuga por poco lo deja sordo, eso sí. Tuvo que elevar su meñique y frotar su oído para evitar el pitido que se estaba gestando, tratando de calmarlo.

—Creo que le habrá escuchado perfectamente el señor Rackham, señor Tortuga.
Y, en esta ocasión, fue una mujer más, esta sí que ciertamente no le resultaba en absoluto familiar, pero su aspecto se veía valeroso, firme y seguro con una belleza claramente destacable y sus alas... Se la veía concentrada, no era una cualquiera, eso estaba claro. El dedo dejó de repiquetear en su brazo, separándolos y, finalmente, vio el impacto. ¿Había sido incluso más fuerte que el del Rackham? Qué buena impresión estaba dando esa mujer... ¿De dónde venía? Todavía quedaban un par de participantes más... ¿Qué tipo de personas eran? Estaba curioso y expectante por ver más de las personas que pudieran estar en esos juegos...
Cajita de Tabaco
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