17-07-2026, 12:29 AM
(Última modificación: 17-07-2026, 12:41 AM por Maki D. Zen'in.)
Tenía que escapar entes que los guardias más capaces se cerraran sobre ella. era brutal, tenaz, ruidosa y tenía confianza en sí misma, pero estaba consciente que era una del montón. También podía morir fácilmente con una espada en las tripas o un golpe sorpresa e la nuca. No daba oportunidad para que se enfrentasen a ella y pocos podían prever la brutalidad con la que atacaba por que deseaba solo cumplir su misión de desbaratar su operación a toda costa. Cada uno de estos imbéciles había hecho suficiente como para ganarse una cadena perpetua o una ejecución por si mismos. Maki no tuvo compasión al desmembrarlos.
El muchacho cuando se despidieron parecía algo decepcionado, pero a ella no le importaba, los marines y sobre todo los hombres eran creyentes de que merecían todo del mundo, exigían y nunca se llenaban, aunque se les diera a manos llenas. Maki solo sonrió mientras huía por los pasillos, el fuego, el humo y todo el desastre. Su objetivo estaba próximo y no dejaría que se le arrebatase su premio tan cerca.
Era ruidosa en extremo, descuidada y atolondrada, esta distracción era lo mejor, hacer que la gente se preocupe solo por sus drogas era algo que seguro les desviaba mucho tiempo. Nadie pensaría en una jodida habitación de archivo antes que la fuente de sus ingresos. Era un plan brillante.
Entonces algo la alerto, alguien detrás, una daga salió volando en dirección del sonido, se clavó a poca distancia del enemigo… no, no era el enemigo, era el cerdito de guerra. El disparo de la daga, aunque desviado, parecía que no se había dado cuenta del lanzamiento. —Hey!... no te aparezcas de pronto que me asustas muñeco.— Dijo mientras se apoyaba sobre el escritorio.
Podían escucharse los gritos de la gente, el crepitar del fuego, los hombres corriendo de un lado a otro de manera desesperada y los clientes huyendo y discutiendo unos con otros. Maki obviamente no le temía al fuego, ya había sentido la mordida de las llamas en su piel y aunque eran horrendas marcas de quemaduras estaban especialmente cargadas de una sensualidad desbordante. Sabia manejarlas —Recompensa? No recuerdo dicha promesa de recompensa… que crees tu…— Dijo llevando sus manos detrás de la cabeza, acaricio la nuca y se agarró el cabello para acariciarlo hacia arriba mientras ladeaba la cabeza con ojos afilados llenos de sentimiento. —… que llevo recompensas encima? para ti?— Dijo volviendo su vista hacia el hombre, separando las piernas y esperando su respuesta. ¿Sería un tipo decidido? ¿Escaparía de las llamas? ¿Exigiría su recompensa? Maki le volaría una oreja? Todas las posibilidades siempre le excitaban a Maki, el poder de decidir era lo mejor, explorar los miedos, los traumas y el peligro era algo genial.
El muchacho cuando se despidieron parecía algo decepcionado, pero a ella no le importaba, los marines y sobre todo los hombres eran creyentes de que merecían todo del mundo, exigían y nunca se llenaban, aunque se les diera a manos llenas. Maki solo sonrió mientras huía por los pasillos, el fuego, el humo y todo el desastre. Su objetivo estaba próximo y no dejaría que se le arrebatase su premio tan cerca. Era ruidosa en extremo, descuidada y atolondrada, esta distracción era lo mejor, hacer que la gente se preocupe solo por sus drogas era algo que seguro les desviaba mucho tiempo. Nadie pensaría en una jodida habitación de archivo antes que la fuente de sus ingresos. Era un plan brillante.
Entonces algo la alerto, alguien detrás, una daga salió volando en dirección del sonido, se clavó a poca distancia del enemigo… no, no era el enemigo, era el cerdito de guerra. El disparo de la daga, aunque desviado, parecía que no se había dado cuenta del lanzamiento. —Hey!... no te aparezcas de pronto que me asustas muñeco.— Dijo mientras se apoyaba sobre el escritorio.
Podían escucharse los gritos de la gente, el crepitar del fuego, los hombres corriendo de un lado a otro de manera desesperada y los clientes huyendo y discutiendo unos con otros. Maki obviamente no le temía al fuego, ya había sentido la mordida de las llamas en su piel y aunque eran horrendas marcas de quemaduras estaban especialmente cargadas de una sensualidad desbordante. Sabia manejarlas —Recompensa? No recuerdo dicha promesa de recompensa… que crees tu…— Dijo llevando sus manos detrás de la cabeza, acaricio la nuca y se agarró el cabello para acariciarlo hacia arriba mientras ladeaba la cabeza con ojos afilados llenos de sentimiento. —… que llevo recompensas encima? para ti?— Dijo volviendo su vista hacia el hombre, separando las piernas y esperando su respuesta. ¿Sería un tipo decidido? ¿Escaparía de las llamas? ¿Exigiría su recompensa? Maki le volaría una oreja? Todas las posibilidades siempre le excitaban a Maki, el poder de decidir era lo mejor, explorar los miedos, los traumas y el peligro era algo genial.

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