17-07-2026, 02:43 AM
Maki solía recordar a la gente de forma vaga. Algunos rostros permanecían durante años y otros desaparecían al cabo de unas horas que eran casi todos. Los menos interesantes ni siquiera sobrevivían convertidos en un apodo. O eso creía ella. Porque, por mucho que insistieran, había nombres y rostros que simplemente era incapaz de fijar en la memoria. Incluso los más memorables. ¿A quiénes recordaba para siempre? A aquellos que convertía en canciones que surcaban su mente hasta el fin de los tiempos por que Maki no era una perra, no era una guerrera, ni siquiera pirata. Maki antes incluso que mujer, era una artista. Esclava de las notas, la melodía y el son.
Que le tratase de borracha era el colmo del colmo y parecía que quería fastidiarle, pero. Maki no venía a otra cosa más que relajarse. Su vena retrocedió un poco, la sonrisa insolentemente confiada del paliducho le hizo tornear los ojos algo cansada, se sumergió nuevamente en el agua el insistía en que lo habían pasado bien. ¿Pero ella no recordaba tal cosa o sí?... mierda eso pasaba por que cada jodido día ella lo pasaba bien de espectáculo en espectáculo, de fiesta en fiesta presentando su música, su alegría y su carisma. Aunque cuando no estaba en el era explosiva y pedante, sobre el escenario la cosa cambiaba completamente. Luciéndose con miradas coquetas, suspiros y voces acarameladas como la más seductora de las cantantes
Cada palabra negativa de Maki parecía rebotar en la armadura egocéntrica del hombre que flotaba frente a sí. Le recordaba a demasiados hombres que habían nacido con el mundo servido en bandeja. Sonrisas fáciles. Confianza imposible. Promesas bonitas. Siempre asintiendo hasta la más ridículas de sus ideas para que se lleven a cabo. Nego con la cabeza y se rindió. —Puede que nos hubiéramos divertido… así que dime… tuvimos sexo?... lo hicimos toda la noche o solo fue un revolcón en un callejón algo alejado de la playa? ¿Supongo que quieres repetirlo?... creo que, si lo hubiéramos tenido, lo recordaría?— Pregunto directamente pues varias veces antes se había vuelto a topar con amantes que la volvían a buscar para repetir plato. Como ese dios dorado, o ese otro hombre cuervo. —No soy pequeña, no quiero más oportunidades y tampoco pretendo acertar. Solo es la impresión que me das “Pequeño”— Le devolvió el comentario. Solo faltaba que le llamara muñeca o preciosa. Si le decía preciosa le cortaría algo.
Maki sabia quien era perfectamente, no era una nena, no era preciosa, era un monstruito que daba todo de si para que su personalidad a veces agradable venciera su forma física. Esas marcas, las horrendas marcas que se dibujaban en toda su piel jamás abandonaba su mente y alguien quería llamarla preciosa. Lo tachaba de inmediato de mentiroso y embustero. Con eso perdía puntos completamente con ella.
Eso le hizo reír, claro, porque no, ¿darle oportunidad? —Vaya parece que me gane la lotería. Que me den la oportunidad para conocer al verdadero… verdadero… cual era tu nombre? bah, da igual. Seguro lo volveré a olvidarlo.— Dijo mientras miraba el cuerpo desnudo del hombre alzándose y demostrando que estaba en perfecto estado. ¿Lo malo? Tenía toda la pinta de ser un chico noble, bueno, dulce y con confianza. Demasiado limpio. Demasiado educado. Demasiado correcto. Los hombres así siempre terminaban decepcionándola antes de que pudiera decepcionarlos ella.
—Si gritarnos? Claro que si… no soy ningún animal, pero… que me agrade es otra cosa? Además… para que deseas acercarte— Menciono mientras volvía al nado, aunque el agua era baja, era perfecta para con pocos movimientos serpentear entre rocas y la suave corriente entre salir y entrar del agua temperada.
Como si se tratase de un reptil volvió sobre el hombre, debajo del agua toco sus piernas, endurecidas por el entrenamiento mientras chapoteaba por el agua sutilmente, comenzó a reptar lentamente sobre su cuerpo, convencida de que aquello era exactamente lo que él esperaba ¿Esto era lo que quería? ¿Usarla, dominarla? Se acerca, invade su espacio, le toma la barbilla como quien toma una manzana roja y lustrosa para evaluarla y le habla al oído mientras con un sutil movimiento ronda sus labios de rubí de rojo carmesí,
Pero...
Se detuvo apenas a unos milímetros de sus labios. —No deberías alegrarte cuando un monstruo se acerca. Los monstruos nunca buscan compañía... buscan saciar su hambre.— Sus labios carnosos y danzantes se movieron nuevamente a escasos milímetros mientras hablaba entre suspiros y su cuerpo bamboleante comenzaba a acercarse al señor de la luz. El chico bueno. Se apartó apenas un cuerpo de distancia y apoyó un codo sobre la piedra. Uno de sus pechos emergía apenas sobre la superficie del agua, suficiente para tentar a cualquiera... o para demostrarle que ella decidía exactamente hasta dónde podía mirar.
Que le tratase de borracha era el colmo del colmo y parecía que quería fastidiarle, pero. Maki no venía a otra cosa más que relajarse. Su vena retrocedió un poco, la sonrisa insolentemente confiada del paliducho le hizo tornear los ojos algo cansada, se sumergió nuevamente en el agua el insistía en que lo habían pasado bien. ¿Pero ella no recordaba tal cosa o sí?... mierda eso pasaba por que cada jodido día ella lo pasaba bien de espectáculo en espectáculo, de fiesta en fiesta presentando su música, su alegría y su carisma. Aunque cuando no estaba en el era explosiva y pedante, sobre el escenario la cosa cambiaba completamente. Luciéndose con miradas coquetas, suspiros y voces acarameladas como la más seductora de las cantantes
Cada palabra negativa de Maki parecía rebotar en la armadura egocéntrica del hombre que flotaba frente a sí. Le recordaba a demasiados hombres que habían nacido con el mundo servido en bandeja. Sonrisas fáciles. Confianza imposible. Promesas bonitas. Siempre asintiendo hasta la más ridículas de sus ideas para que se lleven a cabo. Nego con la cabeza y se rindió. —Puede que nos hubiéramos divertido… así que dime… tuvimos sexo?... lo hicimos toda la noche o solo fue un revolcón en un callejón algo alejado de la playa? ¿Supongo que quieres repetirlo?... creo que, si lo hubiéramos tenido, lo recordaría?— Pregunto directamente pues varias veces antes se había vuelto a topar con amantes que la volvían a buscar para repetir plato. Como ese dios dorado, o ese otro hombre cuervo. —No soy pequeña, no quiero más oportunidades y tampoco pretendo acertar. Solo es la impresión que me das “Pequeño”— Le devolvió el comentario. Solo faltaba que le llamara muñeca o preciosa. Si le decía preciosa le cortaría algo.
Maki sabia quien era perfectamente, no era una nena, no era preciosa, era un monstruito que daba todo de si para que su personalidad a veces agradable venciera su forma física. Esas marcas, las horrendas marcas que se dibujaban en toda su piel jamás abandonaba su mente y alguien quería llamarla preciosa. Lo tachaba de inmediato de mentiroso y embustero. Con eso perdía puntos completamente con ella.
Eso le hizo reír, claro, porque no, ¿darle oportunidad? —Vaya parece que me gane la lotería. Que me den la oportunidad para conocer al verdadero… verdadero… cual era tu nombre? bah, da igual. Seguro lo volveré a olvidarlo.— Dijo mientras miraba el cuerpo desnudo del hombre alzándose y demostrando que estaba en perfecto estado. ¿Lo malo? Tenía toda la pinta de ser un chico noble, bueno, dulce y con confianza. Demasiado limpio. Demasiado educado. Demasiado correcto. Los hombres así siempre terminaban decepcionándola antes de que pudiera decepcionarlos ella.
—Si gritarnos? Claro que si… no soy ningún animal, pero… que me agrade es otra cosa? Además… para que deseas acercarte— Menciono mientras volvía al nado, aunque el agua era baja, era perfecta para con pocos movimientos serpentear entre rocas y la suave corriente entre salir y entrar del agua temperada.
Como si se tratase de un reptil volvió sobre el hombre, debajo del agua toco sus piernas, endurecidas por el entrenamiento mientras chapoteaba por el agua sutilmente, comenzó a reptar lentamente sobre su cuerpo, convencida de que aquello era exactamente lo que él esperaba ¿Esto era lo que quería? ¿Usarla, dominarla? Se acerca, invade su espacio, le toma la barbilla como quien toma una manzana roja y lustrosa para evaluarla y le habla al oído mientras con un sutil movimiento ronda sus labios de rubí de rojo carmesí,
Pero...
Se detuvo apenas a unos milímetros de sus labios. —No deberías alegrarte cuando un monstruo se acerca. Los monstruos nunca buscan compañía... buscan saciar su hambre.— Sus labios carnosos y danzantes se movieron nuevamente a escasos milímetros mientras hablaba entre suspiros y su cuerpo bamboleante comenzaba a acercarse al señor de la luz. El chico bueno. Se apartó apenas un cuerpo de distancia y apoyó un codo sobre la piedra. Uno de sus pechos emergía apenas sobre la superficie del agua, suficiente para tentar a cualquiera... o para demostrarle que ella decidía exactamente hasta dónde podía mirar.

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