17-07-2026, 03:50 AM
(Última modificación: 17-07-2026, 08:10 AM por Ryota Miyamoto.)
[personajeinvalido=3941]

“Siempre puedes elegir no participar, así te ahorras el disgusto de ganar con nosotros.”
Respondió con tono amable tras la presentación de Shin, quien se mostró como una persona segura de sí misma, con una evidente mentalidad extremista y una extraña bipolaridad al cambiar tan rápido de actitud.
Por otro lado, Ryota desconocía que ya tenían admiradores marines. En verdad fue una afirmación que le agradó y respecto a Tezca, sintió una ligera gratitud en el pecho. “A veces no lo valoro lo suficiente.” Ahora que sabía cómo se autoproclamó capitán, no se sentiría tan mal cuando nombrara al “Mejor Tezca” como el Tezca Oficial para molestarle.
No solo el comandante de la marina mostró sus colores, también estaba el gigantesco Sigurd que tomó asiento para facilitar la conversación. De los otros tres miembros del grupo, era el más difícil de encasillar con una interacción tan limitada pues, si bien mostro interesantes rasgos de sabiduría al tener en cuenta la fuerza de los demás contendientes; hizo evidente una mentalidad agresiva que denotaba un gusto impulsivo por la batalla.
Sabiendo qué esperar de cada uno de ellos, Ryota se unió a las risas e interacciones con Akira entre los vítores que ofrecían al equipo seis.

“Ah no inventes, pos sí, sí que soy yo. ¿Les rompí la ventana a tus viejos? ¿o me ligue a tu hermana? Perdón.”
Personalidades complicadas, explosivas y divertidas, las cuales, por obra del mandato real, debían convivir entre sí. “Zarutsuki debe ser un tipo increíble para permitirse estas cosas kekeke… sería divertido conocerlo.” Cayó en elogios por el poder real, que abría las puertas de un reino tan místico con la seguridad de que nada podría dañarles.
La voz del dirigente volvió a hacerse escuchar cuando todos los participantes estaban en sus posiciones. Tanto Ryota como los demás presentes alzaron la vista para apreciar la imperturbable oratoria del anfitrión, el cual usó movimientos vivaces y un impecable sentido del timing para crear dramatismo por los juegos del emperador.
El primer juego, entonces, fue denominado la prueba del coloso.
De la mano del maestro de ceremonias cayeron cuatro esferas sobre la arena, cuyas vivaces explosiones de humo, dieron paso a cuatro troncos de dos metros de altura, con la mitad superior adornada por una cubierta acolchada. En cada uno destacaba una caracola rojiza a modo de diana y, unida a ellas por un cable, había un pequeño cartel ubicado en la parte superior del tronco.
Cada uno de los nueve equipos debería elegir a un representante para enviarlo a golpear aquellas extrañas dianas y conseguir el mayor número de Skykilos. Si bien la elección sonaba evidente al tener un hombre de siete metros en el equipo, la efusividad del rubio impidió cualquier análisis previo al ya haber dejado descartada la elección de la suerte.
Akira profesó un ligero malestar por su estatura, pero lejos de apartarse de la elección, ofreció de manera amable y desinteresada sus guantes. Ryota no supo elegir entre estupidez o amabilidad, como los factores que guiaron al marine a compartir, dicho por él mismo, un hermoso regalo de su compañero Juancho.

“Bro, ¿que estas…”
Tras descartar a Sigurd, la dinamita rubia no vio otro candidato mejor que el castaño para llevar la antorcha de sus guantes y sin esperar una afirmación del mismo, lo empujó del cubículo hacia el escenario. “¡Hey no que ha…!” Tarde llegaron las quejas, pues fue lanzado una pequeña distancia (8M) y tuvo que atrapar los relucientes guantes de color blanco tras detenerse en el suelo. “Kekeke cielos, en serio es energía pura, me recuerda a Yuuki.” Sonrió para sí, aceptando los caprichos del rubio.
“Hubiera preferido tirarlo a la suerte… pero ya que estamos, será mejor hacer un buen papel.” Afirmó, iniciando por quitarse los guantes propios para poder ponerse los del Marine.
En ese transcurso, pudo observar a los dos participantes iniciales. El primero fue Eros, el capitán de los Sepultura, quien se veía algo descompuesto en un inicio, hasta convertirse en el pequeño topo que tan amablemente les informó sobre las presencias enemigas en la selva.
Su golpe desató los vítores iniciales del público, sorprendidos al ver cómo los números en la pequeña pantalla se elevaban. “Fiiuuu, qué bueno que no peleé con ellos.” Bromeó, viendo ahora cómo el segundo individuo, un marine de melena rubia, se posaba de manera solemne frente a su tronco. “Stroud Nanashi…” La fama de ese hombre lo precedía, por lo que ver su poderoso impacto y números no fue una sorpresa para los que hubiesen leído los periódicos en los últimos años.
“Cielos, va a estar difícil.” Dijo guardando los propios guantes en sus bolsillos, para comenzar a colocarse los de Akira.
En ese lapso de tiempo vinieron sujetos igual de formidables. “Ubbe, 290 millones… ” El maldito coloso, precedido por su fama, se transformó frente a todos en la arena en un jodido dinosaurio que azoto el tronco con tal violencia que desencadeno una pesada ráfaga de viento sobre los cabellos del resto.
“¿De qué co$”# está hablando?” Se preguntó a sí mismo cuando la mujer sin cabellera comenzó a emitir una melodía acompañada por delirios. “¿Qué prensa? ¿de qué habla?” el castaño no pudo reconocer que se trataba de Maki D. Zenin una novata pirata bastante popular, la falta de la cabellera sin lugar a dudas la hacían alguien difícil de identificar a su versión anterior. No obstante, el impacto sobre la caracola si que se percibió por los números, que, si bien no fueron tan intensos como los demás, demostraban que eran alguien a tener en cuenta.
Ya habiéndose puesto los guantes del rubio, Ryota esperó a que los dos siguientes participantes se presentaran. Uker a quien conoció en su caminata por la selva y otra novata Bai Mudan. Los dos, ensimismados en sus propias preocupaciones, ofrecieron un emotivo impacto sobre las caracolas. “Vamos Bro… ¿por qué esa mala vibra?” Suspiro al ver el malestar mostrado por el espadachín de cabellos bi tono.
Finalmente llegó su turno, los pasos del novicio “Slam Sun” le llevaron poco a poco hasta uno de los troncos. En el transcurso pudo escuchar de buena gana los ánimos de la gente y entre ellos, opacados por la gran mayoría, pudo reconocer las voces, siseos y relinchos de sus mejores elementos.
La espectacular imagen de la mejor hinchada en todo el paraíso se hizo ver en las gradas, robando la atención de su capitán.

“Idiotas… ahora sí estoy nervioso…”
Desde lo más profundo de su corazón, el pirata dio gracias por los ánimos de su gente. Sabía a la perfección que todos ellos lo alentaban en ese momento y que, a diferencia de Runin y Barald, él poseía los ataques más ligeros entre los tres. “Si ella participa aquí, el primer lugar ya está decidido… kekeke, qué mala suerte…” Maldijo el infortunio de llegar a encontrársela en la prueba. Sin embargo, una vez se posó frente al tronco, su cuerpo comenzó a temblar involuntariamente sabiendo lo que estaría por ocurrir.
Por más que Ryota usara ese poder, continuaba siendo desagradable recurrir a él. La sensación del hueco en el estómago, la garganta seca, los escalofríos y la incesante angustia eran sensaciones que no lo definían en absoluto, pero necesitaba para afrontar los peligros de esos mares.

“¡Slam Party!”
Grito extendiendo sus brazos, los cuales se tornaron de un tono oscuro debido a diminutos bellos que nacieron de su piel, al mismo tiempo, otros cuatro brazos emergían sobre y debajo de los originales hasta formar un total de seis. El movimiento fue rápido tras la transformación que solo hizo mutar sus brazos. Un potente gancho de izquierda, cargado con cada gramo de fuerza destructiva que el pirata podía generar, impactó de lleno contra la caracola usando uno de los guantes de Akira.
Los números de los Skykilos comenzaron a elevarse y sin terminar de ver la cifra a la que llegaban. Ryota dio la espalda al tronco e hizo desaparecer los brazos creados por su akuma no mi, luego, ya más relajado por dejar atrás esos malditos poderes, elevó su puño con el pulgar arriba. Era su forma de elogiar los guantes de un increíble manitas.

“¡No sé quién seas, Juancho! ¡Pero estos guantes son increíbles!”
Sonrió tras escuchar los vítores de la población, no porque hubiera hecho algo para ganárselos; tan solo disfrutaba de estar allí y de escuchar los alientos de los suyos.
De regreso a su casilla, se topó en el camino con la mujer de cabellera negra. “Qué mala suerte…” Comento pasando junto a ella. No iba a ganar con la kuya en pista, pero a diferencia de lo que muchos llegaran a pensar, Ryota sabía lo divertido que era llegar a ser un actor secundario en el estelar de alguien más.
“Runin…” comentó, quitándose los guantes de Akira. “Úsalos.” Se los lanzo. “Ah, y por favor regrésalos cuando termines, son del chico rubio que está en mi cubículo. Su nombre es Akira.” Sin decir más, continúo caminando hasta su cubículo.
El motivo de su actuar fue sencillo, al saber que iba a perder contra la Kuja en la prueba, porque era el único que sabía de lo que era capaz. No quiso dar cabida a la posibilidad de que ella fracasara. Si él no ganaba, como capitán y amigo, le enorgullecería que uno de los suyos lo hiciera. Además, siempre era una posibilidad en el aire poder crear una alianza entre grupos.
Una vez llegó hasta la casilla y vio al rubio, mantuvo una expresión sonriente, esperando que no se enojara por lo que acababa de hacer.

“Lo di todo… aunque golpear no es lo mío.”
Menciono frente a sus compañeros, aun sabiendo que fue más un capricho del Marine que algo realmente pensado. “Akira, te debo una disculpa, le presté tus guantes a Runin. Es mi nakama y es mucho más fuerte que yo si nos referimos a la fuerza bruta, así que sabiendo que de todas formas quedaría detrás de ella, quise echarle una mano.” Llevo su diestra a sus cabellos, tratando de no darle tantas vueltas al asunto. “Lo siento, bro, pero no te preocupes. Te prometo que los regresara ni bien termine y te daré 300 mil berrys, ¿qué tal?” Sonrió amigablemente, esperando que la buena actitud del oji azul no se viera interrumpida por su atrevimiento. "¿No te parece un buen trato?"

“Siempre puedes elegir no participar, así te ahorras el disgusto de ganar con nosotros.”
Respondió con tono amable tras la presentación de Shin, quien se mostró como una persona segura de sí misma, con una evidente mentalidad extremista y una extraña bipolaridad al cambiar tan rápido de actitud.
Por otro lado, Ryota desconocía que ya tenían admiradores marines. En verdad fue una afirmación que le agradó y respecto a Tezca, sintió una ligera gratitud en el pecho. “A veces no lo valoro lo suficiente.” Ahora que sabía cómo se autoproclamó capitán, no se sentiría tan mal cuando nombrara al “Mejor Tezca” como el Tezca Oficial para molestarle.
No solo el comandante de la marina mostró sus colores, también estaba el gigantesco Sigurd que tomó asiento para facilitar la conversación. De los otros tres miembros del grupo, era el más difícil de encasillar con una interacción tan limitada pues, si bien mostro interesantes rasgos de sabiduría al tener en cuenta la fuerza de los demás contendientes; hizo evidente una mentalidad agresiva que denotaba un gusto impulsivo por la batalla.
Sabiendo qué esperar de cada uno de ellos, Ryota se unió a las risas e interacciones con Akira entre los vítores que ofrecían al equipo seis.

“Ah no inventes, pos sí, sí que soy yo. ¿Les rompí la ventana a tus viejos? ¿o me ligue a tu hermana? Perdón.”
Personalidades complicadas, explosivas y divertidas, las cuales, por obra del mandato real, debían convivir entre sí. “Zarutsuki debe ser un tipo increíble para permitirse estas cosas kekeke… sería divertido conocerlo.” Cayó en elogios por el poder real, que abría las puertas de un reino tan místico con la seguridad de que nada podría dañarles.
La voz del dirigente volvió a hacerse escuchar cuando todos los participantes estaban en sus posiciones. Tanto Ryota como los demás presentes alzaron la vista para apreciar la imperturbable oratoria del anfitrión, el cual usó movimientos vivaces y un impecable sentido del timing para crear dramatismo por los juegos del emperador.
El primer juego, entonces, fue denominado la prueba del coloso.
De la mano del maestro de ceremonias cayeron cuatro esferas sobre la arena, cuyas vivaces explosiones de humo, dieron paso a cuatro troncos de dos metros de altura, con la mitad superior adornada por una cubierta acolchada. En cada uno destacaba una caracola rojiza a modo de diana y, unida a ellas por un cable, había un pequeño cartel ubicado en la parte superior del tronco.
Cada uno de los nueve equipos debería elegir a un representante para enviarlo a golpear aquellas extrañas dianas y conseguir el mayor número de Skykilos. Si bien la elección sonaba evidente al tener un hombre de siete metros en el equipo, la efusividad del rubio impidió cualquier análisis previo al ya haber dejado descartada la elección de la suerte.
Akira profesó un ligero malestar por su estatura, pero lejos de apartarse de la elección, ofreció de manera amable y desinteresada sus guantes. Ryota no supo elegir entre estupidez o amabilidad, como los factores que guiaron al marine a compartir, dicho por él mismo, un hermoso regalo de su compañero Juancho.

“Bro, ¿que estas…”
Tras descartar a Sigurd, la dinamita rubia no vio otro candidato mejor que el castaño para llevar la antorcha de sus guantes y sin esperar una afirmación del mismo, lo empujó del cubículo hacia el escenario. “¡Hey no que ha…!” Tarde llegaron las quejas, pues fue lanzado una pequeña distancia (8M) y tuvo que atrapar los relucientes guantes de color blanco tras detenerse en el suelo. “Kekeke cielos, en serio es energía pura, me recuerda a Yuuki.” Sonrió para sí, aceptando los caprichos del rubio.
“Hubiera preferido tirarlo a la suerte… pero ya que estamos, será mejor hacer un buen papel.” Afirmó, iniciando por quitarse los guantes propios para poder ponerse los del Marine.
En ese transcurso, pudo observar a los dos participantes iniciales. El primero fue Eros, el capitán de los Sepultura, quien se veía algo descompuesto en un inicio, hasta convertirse en el pequeño topo que tan amablemente les informó sobre las presencias enemigas en la selva.
Su golpe desató los vítores iniciales del público, sorprendidos al ver cómo los números en la pequeña pantalla se elevaban. “Fiiuuu, qué bueno que no peleé con ellos.” Bromeó, viendo ahora cómo el segundo individuo, un marine de melena rubia, se posaba de manera solemne frente a su tronco. “Stroud Nanashi…” La fama de ese hombre lo precedía, por lo que ver su poderoso impacto y números no fue una sorpresa para los que hubiesen leído los periódicos en los últimos años.
“Cielos, va a estar difícil.” Dijo guardando los propios guantes en sus bolsillos, para comenzar a colocarse los de Akira.
En ese lapso de tiempo vinieron sujetos igual de formidables. “Ubbe, 290 millones… ” El maldito coloso, precedido por su fama, se transformó frente a todos en la arena en un jodido dinosaurio que azoto el tronco con tal violencia que desencadeno una pesada ráfaga de viento sobre los cabellos del resto.
“¿De qué co$”# está hablando?” Se preguntó a sí mismo cuando la mujer sin cabellera comenzó a emitir una melodía acompañada por delirios. “¿Qué prensa? ¿de qué habla?” el castaño no pudo reconocer que se trataba de Maki D. Zenin una novata pirata bastante popular, la falta de la cabellera sin lugar a dudas la hacían alguien difícil de identificar a su versión anterior. No obstante, el impacto sobre la caracola si que se percibió por los números, que, si bien no fueron tan intensos como los demás, demostraban que eran alguien a tener en cuenta.
Ya habiéndose puesto los guantes del rubio, Ryota esperó a que los dos siguientes participantes se presentaran. Uker a quien conoció en su caminata por la selva y otra novata Bai Mudan. Los dos, ensimismados en sus propias preocupaciones, ofrecieron un emotivo impacto sobre las caracolas. “Vamos Bro… ¿por qué esa mala vibra?” Suspiro al ver el malestar mostrado por el espadachín de cabellos bi tono.
Finalmente llegó su turno, los pasos del novicio “Slam Sun” le llevaron poco a poco hasta uno de los troncos. En el transcurso pudo escuchar de buena gana los ánimos de la gente y entre ellos, opacados por la gran mayoría, pudo reconocer las voces, siseos y relinchos de sus mejores elementos.
La espectacular imagen de la mejor hinchada en todo el paraíso se hizo ver en las gradas, robando la atención de su capitán.

“Idiotas… ahora sí estoy nervioso…”
Desde lo más profundo de su corazón, el pirata dio gracias por los ánimos de su gente. Sabía a la perfección que todos ellos lo alentaban en ese momento y que, a diferencia de Runin y Barald, él poseía los ataques más ligeros entre los tres. “Si ella participa aquí, el primer lugar ya está decidido… kekeke, qué mala suerte…” Maldijo el infortunio de llegar a encontrársela en la prueba. Sin embargo, una vez se posó frente al tronco, su cuerpo comenzó a temblar involuntariamente sabiendo lo que estaría por ocurrir.
Por más que Ryota usara ese poder, continuaba siendo desagradable recurrir a él. La sensación del hueco en el estómago, la garganta seca, los escalofríos y la incesante angustia eran sensaciones que no lo definían en absoluto, pero necesitaba para afrontar los peligros de esos mares.

“¡Slam Party!”
Grito extendiendo sus brazos, los cuales se tornaron de un tono oscuro debido a diminutos bellos que nacieron de su piel, al mismo tiempo, otros cuatro brazos emergían sobre y debajo de los originales hasta formar un total de seis. El movimiento fue rápido tras la transformación que solo hizo mutar sus brazos. Un potente gancho de izquierda, cargado con cada gramo de fuerza destructiva que el pirata podía generar, impactó de lleno contra la caracola usando uno de los guantes de Akira.
Los números de los Skykilos comenzaron a elevarse y sin terminar de ver la cifra a la que llegaban. Ryota dio la espalda al tronco e hizo desaparecer los brazos creados por su akuma no mi, luego, ya más relajado por dejar atrás esos malditos poderes, elevó su puño con el pulgar arriba. Era su forma de elogiar los guantes de un increíble manitas.

“¡No sé quién seas, Juancho! ¡Pero estos guantes son increíbles!”
Sonrió tras escuchar los vítores de la población, no porque hubiera hecho algo para ganárselos; tan solo disfrutaba de estar allí y de escuchar los alientos de los suyos.
De regreso a su casilla, se topó en el camino con la mujer de cabellera negra. “Qué mala suerte…” Comento pasando junto a ella. No iba a ganar con la kuya en pista, pero a diferencia de lo que muchos llegaran a pensar, Ryota sabía lo divertido que era llegar a ser un actor secundario en el estelar de alguien más.
“Runin…” comentó, quitándose los guantes de Akira. “Úsalos.” Se los lanzo. “Ah, y por favor regrésalos cuando termines, son del chico rubio que está en mi cubículo. Su nombre es Akira.” Sin decir más, continúo caminando hasta su cubículo.
El motivo de su actuar fue sencillo, al saber que iba a perder contra la Kuja en la prueba, porque era el único que sabía de lo que era capaz. No quiso dar cabida a la posibilidad de que ella fracasara. Si él no ganaba, como capitán y amigo, le enorgullecería que uno de los suyos lo hiciera. Además, siempre era una posibilidad en el aire poder crear una alianza entre grupos.
Una vez llegó hasta la casilla y vio al rubio, mantuvo una expresión sonriente, esperando que no se enojara por lo que acababa de hacer.

“Lo di todo… aunque golpear no es lo mío.”
Menciono frente a sus compañeros, aun sabiendo que fue más un capricho del Marine que algo realmente pensado. “Akira, te debo una disculpa, le presté tus guantes a Runin. Es mi nakama y es mucho más fuerte que yo si nos referimos a la fuerza bruta, así que sabiendo que de todas formas quedaría detrás de ella, quise echarle una mano.” Llevo su diestra a sus cabellos, tratando de no darle tantas vueltas al asunto. “Lo siento, bro, pero no te preocupes. Te prometo que los regresara ni bien termine y te daré 300 mil berrys, ¿qué tal?” Sonrió amigablemente, esperando que la buena actitud del oji azul no se viera interrumpida por su atrevimiento. "¿No te parece un buen trato?"
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