17-07-2026, 07:27 AM
Narrador / María Merlot
Emoción.
Alegría.
Expectativa.
Alegría.
Expectativa.
María Merlot se dirigió al cubículo número nueve, lugar dónde debía aguardar hasta qué... ¿Fuera su turno? Eso imaginó, considerando que disoció durante la explicación del enmascarado. No la mal entiendan, era todo un showman increíble pero las indicaciones/instrucciones la aburrían y hacían perder rápidamente la atención, y mas considerando si tenía la distracción del objeto de su fanatismo obsesivo cerca.
Mientras iba caminando al sitio, pensó que algo similar le había comentado su Unnie en una oportunidad, una idea lejana que retumbaba en su corazón como un sueño imposible: coliseos, campeones, retos. Si su hermana lograba volver realidad aquello que anhelaba, quizás ella podría actuar como Maestra de Ceremonias, ser igual de amada y aclamada por él público como El Dirigente mismo le mostró que se podía.
La sonrisa en sus labios se mantuvo, la ensoñación de los grillos le hizo prometerse así misma luchar por lo que la Valkiria Besada Por El Sol deseaba. Sus pensamientos fueron interrumpidos por las personas que conformaban el grupo nueve: Una mujer con rasgos primatescos y otra mujer con rasgos de haber salido de una selva tropical en taparrabos.
— Encantada de conocerlas, mi nombre es María Merlot pero mis amigos me llaman MM, pueden decirme así — comentó a ámbas señoritas guiñandoles uno de sus orbes ámbar con su divina manera de ser — ... te vi antes, en el camino desde la playa. Venías con el burro y la mujer alada. ¿Viste el río y los peces? ¡Hermoso! ¿Morderán? No pude descubrirlo estaba trenzado el cabello de Mi Campeón... ¿Debería trenzarle el cabello a Algodón de Azúcar? — empezó a divagar. Lo último lo dijo pensativa llevando la diestra a su mentón.
Entonces, llegó el último participante. Un hombre. ¡Olviden el grupo unicamente de chicas! ¡Buh! El pobre tipo parecía salido de un hueco esclavista de una organización contable y muy burocrática, hasta tenia corbata y una bufanda blanca. María inclinó la cabeza unos grados a la izquierda evaluándolo — ... encantada de conocerte, soy MM — correspondiendo a su saludo verbal, un poco confundida por la formalidad de su presentación. Cuando estuvo a punto de pedirle que relajará la pelvis y se soltará figurativamente la "corbata" presentó a una pequeña mascota... ¡No era una bufanda! Los ojos de la mestiza brillaron con alegría, le encantaban los animales: Cara Melo, Rochallor, Rassmusen, La Mona, La Iguana, La Cebra, y ahora esto — Encantadisima de conocerte Nubecita — comentó acercándose al hombre, quedando a medio metro de él mientras llevaba las manos hacia atrás e inclinaba la parte superior de su cuerpo hacia adelante —... eres una cosita muy linda. ¿Lo puedo tocar? ¿Abrazar? ¿Muerde? ¿Qué come? ¿Cómo duerme? ¿Ronca? ¿Es blanco natural? ¿Cuál es su comida favorita? ¿Le gusta nadar? ¿Sabe leer? Cara Melo no sabe leer, le he intentando enseñar pero prefiere que invierta ese tiempo en acicalarlo... — lo bombardeo con varias preguntas mostrando interés genuino por el animal, sin embargo su atención se perdió rápido cuando la voz de Él Dirigente se volvió a escuchar. Dejo de prestarle atención a la mascota — ¡Parece que dará inicio! ¡Que emoción! Apuesto 1000 berrys a mi campeón EL MACHO — comento a nadie en particular uniendo sus manos frente a ella en forma de plegaria mientras una sonrisa traviesa pasaba por sus labios: Si apostaba en la casa de apuesta Merlot siempre ganaría sin importar el resultado porque era ella contra... ella. Cuatros esferas, humo y la aparición de un cachivache con una caracola roja.
Mientras iba caminando al sitio, pensó que algo similar le había comentado su Unnie en una oportunidad, una idea lejana que retumbaba en su corazón como un sueño imposible: coliseos, campeones, retos. Si su hermana lograba volver realidad aquello que anhelaba, quizás ella podría actuar como Maestra de Ceremonias, ser igual de amada y aclamada por él público como El Dirigente mismo le mostró que se podía.
La sonrisa en sus labios se mantuvo, la ensoñación de los grillos le hizo prometerse así misma luchar por lo que la Valkiria Besada Por El Sol deseaba. Sus pensamientos fueron interrumpidos por las personas que conformaban el grupo nueve: Una mujer con rasgos primatescos y otra mujer con rasgos de haber salido de una selva tropical en taparrabos.
— Encantada de conocerlas, mi nombre es María Merlot pero mis amigos me llaman MM, pueden decirme así — comentó a ámbas señoritas guiñandoles uno de sus orbes ámbar con su divina manera de ser — ... te vi antes, en el camino desde la playa. Venías con el burro y la mujer alada. ¿Viste el río y los peces? ¡Hermoso! ¿Morderán? No pude descubrirlo estaba trenzado el cabello de Mi Campeón... ¿Debería trenzarle el cabello a Algodón de Azúcar? — empezó a divagar. Lo último lo dijo pensativa llevando la diestra a su mentón.
Entonces, llegó el último participante. Un hombre. ¡Olviden el grupo unicamente de chicas! ¡Buh! El pobre tipo parecía salido de un hueco esclavista de una organización contable y muy burocrática, hasta tenia corbata y una bufanda blanca. María inclinó la cabeza unos grados a la izquierda evaluándolo — ... encantada de conocerte, soy MM — correspondiendo a su saludo verbal, un poco confundida por la formalidad de su presentación. Cuando estuvo a punto de pedirle que relajará la pelvis y se soltará figurativamente la "corbata" presentó a una pequeña mascota... ¡No era una bufanda! Los ojos de la mestiza brillaron con alegría, le encantaban los animales: Cara Melo, Rochallor, Rassmusen, La Mona, La Iguana, La Cebra, y ahora esto — Encantadisima de conocerte Nubecita — comentó acercándose al hombre, quedando a medio metro de él mientras llevaba las manos hacia atrás e inclinaba la parte superior de su cuerpo hacia adelante —... eres una cosita muy linda. ¿Lo puedo tocar? ¿Abrazar? ¿Muerde? ¿Qué come? ¿Cómo duerme? ¿Ronca? ¿Es blanco natural? ¿Cuál es su comida favorita? ¿Le gusta nadar? ¿Sabe leer? Cara Melo no sabe leer, le he intentando enseñar pero prefiere que invierta ese tiempo en acicalarlo... — lo bombardeo con varias preguntas mostrando interés genuino por el animal, sin embargo su atención se perdió rápido cuando la voz de Él Dirigente se volvió a escuchar. Dejo de prestarle atención a la mascota — ¡Parece que dará inicio! ¡Que emoción! Apuesto 1000 berrys a mi campeón EL MACHO — comento a nadie en particular uniendo sus manos frente a ella en forma de plegaria mientras una sonrisa traviesa pasaba por sus labios: Si apostaba en la casa de apuesta Merlot siempre ganaría sin importar el resultado porque era ella contra... ella. Cuatros esferas, humo y la aparición de un cachivache con una caracola roja.
ADRENALINA
Ignorando su ignorancia como manitas María se quedó de pie observando y escuchando, también reaccionando al público, el ánimo del coliseo la contagiaba haciéndola aplaudir y corear las consignas de los pollos blancos y negros. ¿Una prueba de fuerza? La joven miró sus manos enguantadas, apretó los puños, recordó los cráneos que aplastó en defensa propia... no, definitivamente no era lo suyo, los músculos eran para los hombres, las mujeres debían ser suaves, femeninas, delicadas, así que descartó ese juego. Iba a decirle al hombre que fuera pero la dama morena decidió hacerlo ella. ¿Cómo fue que dijo que se llamaba? ¿Acaso siquiera usaría su nombre? Nunca llamaba a las personas por su nombre —... ¡Fuertísimo y buenísimo, Bombóncita! — la animó con risas encantadoras al tiempo que le asignaba el mote de un dulce preparado con chocolate... justo como ella.
Cuando el hombre flacucho y tímido empezó a animar, liberándose de la corbata para usarla como pompom María sonrió aún más. ¡Que hilarante! Sin pensarlo se unió a él, aunque ella no tenía nada para hondear lo hizo subiendo sus brazos y moviéndolos de un lado a otro con suavidad como si fueran las olas del mar — Vamos, Bombón, Vamos. Arriba grupo nueve. Nosotros si vemos, si vamos, somos nuevos y no huevos... — ciertamente ella lo estaba disfrutando, y su alegría lo certificaba, aunque eso no evitaba que divagará.
Luego de dar un par de saltos sobre su propio eje, respiró y sonrió aún más. En ese momento, y quién sabe, por acción de la adrenalina, se sintió más fuerte y resistente. ¡La prueba de los musculitos le estaba dando poder! Se miro las manos, se tocó la cara, apretó sus biceps, miro su abdomen... se veía igual pero pero pero se sentía superpoderosa — ¡Hasta yo me siento fuertísima! ¿Que dices tu Monita? ¿Sientes el poder? — buscó con la mirada a su otra compañera, luego regresó su atención a la arena — superpoderosa, supermusculona, superhermosota... grrrrrrrrrrrrr — fue diciendo a la par que hacía poses de fisicoculturista: levantando los brazos y apretando los puños, colocando una mano en la cintura de medio lado y la otra flexionando el brazo, y por último bajando los brazos a la altura del tronco para formar una especie de semicírculo y mover la cabeza haciendo "grrrrrrrrr".
En el momento, y por la adrenalina de su imaginación o no de SUPERMUSCULOSA y con más fuerza de lo normal, se volteo hacia el hombre oficinista, le sonrió con travesura... e hizo lo impensado, lo agarró y alzó como una pluma por encima de su cabeza — ... YO SIENTO EL PODER. YEHEEEEEI. VAMOS EQUIPO NUEVE GRRRRR — declaró girando con él en el lugar, luego lo bajo entre risas con gentileza. Se la estaba pasando muy bien, se notaba en su hermoso rostro — Fideo Dulce. Deberías comer más, no pesas nada de nada. Cuando esto acabe te invitaré un tazón de tofu... de frutas no, las frutas te maldicen y... luego no te dejan nadar... me gusta mucho nada ¿Sabes? — le invito a comer sacándole la lengua con simpatia. La declaración que siguió a la invitación fue dicha bajando el tono revelando su confusión y tristeza por la maldición que entendía tenía por haber comido una fruta, aunque toda su vida hubiera comido frutas. María Merlot era ignorante del conocimiento del mundo, por eso la desconcertaba "su maldición"...
La tristeza que se reflejo en sus ojos, se borró cuando vio entrar a la arena caras conocidas... ¿Acaso de sus queridos nakamas participarían en esa prueba? La sonrisa volvió a sus labios, ahora llena de expectativas por el futuro incierto... pero dulcemente musculoso.
Cuando el hombre flacucho y tímido empezó a animar, liberándose de la corbata para usarla como pompom María sonrió aún más. ¡Que hilarante! Sin pensarlo se unió a él, aunque ella no tenía nada para hondear lo hizo subiendo sus brazos y moviéndolos de un lado a otro con suavidad como si fueran las olas del mar — Vamos, Bombón, Vamos. Arriba grupo nueve. Nosotros si vemos, si vamos, somos nuevos y no huevos... — ciertamente ella lo estaba disfrutando, y su alegría lo certificaba, aunque eso no evitaba que divagará.
Luego de dar un par de saltos sobre su propio eje, respiró y sonrió aún más. En ese momento, y quién sabe, por acción de la adrenalina, se sintió más fuerte y resistente. ¡La prueba de los musculitos le estaba dando poder! Se miro las manos, se tocó la cara, apretó sus biceps, miro su abdomen... se veía igual pero pero pero se sentía superpoderosa — ¡Hasta yo me siento fuertísima! ¿Que dices tu Monita? ¿Sientes el poder? — buscó con la mirada a su otra compañera, luego regresó su atención a la arena — superpoderosa, supermusculona, superhermosota... grrrrrrrrrrrrr — fue diciendo a la par que hacía poses de fisicoculturista: levantando los brazos y apretando los puños, colocando una mano en la cintura de medio lado y la otra flexionando el brazo, y por último bajando los brazos a la altura del tronco para formar una especie de semicírculo y mover la cabeza haciendo "grrrrrrrrr".
En el momento, y por la adrenalina de su imaginación o no de SUPERMUSCULOSA y con más fuerza de lo normal, se volteo hacia el hombre oficinista, le sonrió con travesura... e hizo lo impensado, lo agarró y alzó como una pluma por encima de su cabeza — ... YO SIENTO EL PODER. YEHEEEEEI. VAMOS EQUIPO NUEVE GRRRRR — declaró girando con él en el lugar, luego lo bajo entre risas con gentileza. Se la estaba pasando muy bien, se notaba en su hermoso rostro — Fideo Dulce. Deberías comer más, no pesas nada de nada. Cuando esto acabe te invitaré un tazón de tofu... de frutas no, las frutas te maldicen y... luego no te dejan nadar... me gusta mucho nada ¿Sabes? — le invito a comer sacándole la lengua con simpatia. La declaración que siguió a la invitación fue dicha bajando el tono revelando su confusión y tristeza por la maldición que entendía tenía por haber comido una fruta, aunque toda su vida hubiera comido frutas. María Merlot era ignorante del conocimiento del mundo, por eso la desconcertaba "su maldición"...
La tristeza que se reflejo en sus ojos, se borró cuando vio entrar a la arena caras conocidas... ¿Acaso de sus queridos nakamas participarían en esa prueba? La sonrisa volvió a sus labios, ahora llena de expectativas por el futuro incierto... pero dulcemente musculoso.
ESQUIZO ESQUIZO MERLOT
Karma Fanático: Hyakinthos.
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